SANKARA:

UPADESA SHASRI 

 

(Extracto II)


 

CAPÍTULO XVIII «TÚ ERES ESO»

 

1.— Yo me inclino ante esa Consciencia eterna, el Sí mismo de las modificaciones del intelecto, en el Cual ellas se sumergen y del Cual ellas emergen.

2.— Yo me inclino ante ese gran mendicante, el Maestro de mi Maestro, quien, de gran intelecto, derrotó a centenares de enemigos de la Sruti por medio de palabras comparables a espadas hechas impenetrables a través de razonamientos semejantes al rayo, protegiendo así el tesoro del significado real de los Vedas.

3.— Si la convicción «Yo no soy nada sino Ser y soy siempre libre» fuera imposible de ser obtenida, ¿por qué iba la Sruti a enseñarnos eso tan solícitamente como una madre?

4.— Lo mismo que es negada la idea de una serpiente en lo que es solo una cuerda, así también, todo lo que es de la naturaleza del no-Sí mismo es negado en lo que es el Sí mismo eternamente existente implicado por la palabra «yo», en base a la evidencia de la Sruti «Tú eres Eso», etc., en la cual el significado implícito de las palabras ha sido verificado por el razonamiento (y la escritura).

5.— El Brahman debe ser considerado como el Sí mismo en base a la evidencia de las escrituras, lo mismo que los deberes religiosos son conocidos por la misma fuente. La Ignorancia se desvanece (inmediatamente con la obtención del Conocimiento verdadero), lo mismo que acaba el efecto del veneno cuando se recuerdan los mantras.

6, 7.— Es razonable que de las dos ideas «Yo soy Existencia-Brahman» y «Yo soy un hacedor», que tienen ambas al Sí mismo por su presenciador, la que debe su origen a la Ignorancia deba ser abandonada. Puesto que brota de evidencias que son solo evidencias aparentemente, a saber, las percepciones sensoriales, etc., la idea «yo soy un hacedor » deviene negada como una noción de un significado erróneo por la idea «yo soy Existencia-Brahman» que tiene su fuente en la evidencia verdadera de los Vedas.

8.— Cuando dicen «Haz esto» y «Vosotros sois experimentadores», las escrituras reafirman las concepciones populares. El conocimiento «Yo soy Existencia» surge de la Sruti. El otro (es decir, la idea de ser el hacedor y experimentador que surge de las escrituras precriptivas) es negado por éste. 9.— (Objeción). La liberación absoluta no surge cuando a uno se le dice «Tú eres eso». Por consiguiente, uno debe recurrir a la repetición (de la idea «Yo soy el Brahman») y apoyarla con el razonamiento.

10.— Aunque uno esté familiarizado con el significado literal de «Tú eres Eso», una vez que se le ha dicho, uno no puede conocer su alcance verdadero, sino que requiere las otras dos cosas que hemos dicho (a saber, la repetición mental de la sentencia y apoyarla con el razonamiento).

11.— Lo mismo que es necesaria una prescripción en lo que concierne a las acciones Védicas, así también, esa prescripción no es incompatible en el caso de uno mientras uno no ha conocido el Sí mismo directamente y Su conocimiento no ha sido aprehendido firmemente.

12.— Todos los esfuerzos de uno (a saber, el autocontrol, etc.) devienen inútiles si uno puede conocer al Brahman sin que se le prescriba. Por consiguiente, uno debe continuar la repetición mientras no es conocido el Sí mismo.

13.— Las impresiones firmes que se originan de la percepción sensorial, niegan ciertamente el Conocimiento «Yo soy el Brahman» que surge de la Sruti. Además, un aspirante es atraído hacia los objetos externos debido a las impurezas (tales como el apego y demás).

14.— El conocimiento perceptivo, que tiene como objeto las propiedades particulares de las cosas, contradice ciertamente al conocimiento que surge de oídas y por inferencia y que se relaciona solo con las propiedades genéricas de las cosas.

15, 16.— Nadie se ve liberado de la aflicción de esta existencia transmigratoria comprendiendo simplemente el significado de la sentencia («Tú eres eso»). No obstante, si un hombre raro se ve liberado de tal aflicción por la mera escucha de ella, entonces debe inferirse que él ha practicado su repetición en vidas anteriores. Además, nuestra conducta (la conducta de los mendicantes) tendrá que ser considerada como no-escrituraria (si no se admite la existencia de la prescripción) en este caso (en el caso del que ha devenido familiarizado con la sentencia, pero no con el Sí mismo). Pero eso no es deseable.

17.— Lo mismo que por todas partes en los Vedas, los medios para un fin se prescriben después de exponer el resultado que ha de obtenerse, así también, aquí se expone el resultado «Tú eres Eso», y los medios no pueden ser nada sino esta repetición que es la única que se considera como capaz de revelar una cosa que existe eternamente.

18.— Por consiguiente, practicando el autocontrol, etc., y renunciando a todo (todas las acciones) incompatibles con este fin (el conocimiento directo del Brahman) y los medios para ello, uno debe practicar cuidadosamente la susodicha repetición para conocer el Sí mismo directamente.

19.— (Respuesta). Esto no es así; pues las Upanishads acaban con «No esto, no esto» (y no tratan de nada más, es decir, no prescriben acciones). De los resultados a ser obtenidos por medio de las acciones se habla en la parte anterior de los Vedas (en la parte dedicada a las obras), pero no de la liberación que tiene una existencia eterna (y que no se obtiene por medio de ninguna acción).

20.— Lo mismo que la aflicción experimentada por un hijo es sobreimpuesta sobre sí mismo por el padre, el cual no tiene ninguna aflicción, así también, el ego es sobreimpuesto sobre el Sí mismo, el cual es eternamente libre de toda aflicción.

21.— Esta sobreimposición (del ego sobre el Sí mismo) es negada por la evidencia de la Sruti «No esto, no esto», pues ella no es una realidad. Y de aquí que ninguna prescripción, las cuales se deben todas a la sobreimposición, puede ser nunca razonable (después de que esa negación ha tenido lugar).

22.— Lo mismo que el color es sobreimpuesto sobre el cielo y negado del cielo por las gentes ignorantes, así también hay la sobreimposición (del ego) sobre el Sí mismo y su negación de Él.

23.— Esta negación no es una negación de una realidad, sino solo de una falsa sobreimposición, como la prohibición de colocar fuego en la región más alta del cielo; pues, ciertamente, la liberación habría sido transitoria si fueran negadas cosas realmente existentes.