Diálogo con Francis Lucille 

 


 

 Pregunta: ¿ Qué podemos esperar de estas reuniones ?

Respuesta: Aprender a no esperar. No esperar es un gran arte. Cuando dejas de vivir esperando, vives en una nueva dimensión. Eres libre. Tu mente es libre. Un primer paso necesario consiste en comprender intelectualmente que no somos una entidad psico-física  en proceso de devenir. Pero esta comprensión no es suficiente. El hecho de que no somos el cuerpo debe llegar a ser una experiencia real que penetra y libera nuestros músculos, nuestros órganos internos e incluso nuestras células. Una comprensión intelectual que corresponde a un reconocimiento repentino y fugaz de nuestra auténtica naturaleza, nos brinda un destello de alegría pura, pero cuando tenemos la certeza absoluta de que no somos el cuerpo, nosotros somos esa alegría.

 P: ¿ Cómo puedo percibir de forma sensorial que no soy el cuerpo ?

 R: Todos nosotros experimentamos momentos de felicidad que vienen acompañados de expansión y relax . Antes de la percepción del cuerpo nos encontrábamos en una experiencia intemporal, una alegría sin causa y no adulterada, de la cual la sensación física es simplemente la  última consecuencia. Esta dicha se percibe a si misma. En ese momento nosotros no éramos un cuerpo limitado en el espacio, no éramos una persona. Nos conocíamos a nosotros mismos en la inmediatez del momento. Todos conocemos esa felicidad sin causa. Cuando exploramos profundamente lo que llamamos nuestro cuerpo, descubrimos que su verdadera sustancia es esta alegría. De tal modo que ya no tenemos la necesidad, el gusto, o incluso la posibilidad de encontrar la felicidad en los objetos exteriores.

 P:   ¿ Cómo se lleva a cabo esta exploración en profundidad ?

 R: No rechaces las sensaciones corporales y las emociones que se te presenten. Déjalas florecer  completamente en tu vigilancia, sin ningún objetivo ni tampoco interferencia de la voluntad. Progresivamente se libera la energía potencial aprisionada en forma de tensiones musculares, también se agota el dinamismo de la estructura psicosomática y tiene lugar la vuelta a la estabilidad fundamental. Esta purificación de las sensaciones corporales es un gran arte. Requiere paciencia, determinación y coraje. Se traduce a nivel de la sensación en una expansión gradual del cuerpo en el espacio circundante y una penetración concomitante de la estructura somática por este espacio. Este espacio no se experimenta como una simple ausencia de objetos. Cuando la atención se libera de las percepciones que la tenían fascinada, se descubre a si misma como este espacio auto-luminoso que es la verdadera substancia del cuerpo. En este momento la dualidad entre el cuerpo y este espacio queda abolida. El cuerpo se expande hasta el al tamaño del universo, conteniendo en si todas las cosas tangibles e intangibles. Nada es exterior a él. Todos nosotros tenemos este cuerpo de dicha, este cuerpo despierto, este cuerpo de acogida universal. Todos estamos ya completos, sin que nos falte parte alguna. Solamente explora tu reino y toma posesión de él conscientemente. No vivas por más tiempo en esta choza miserable que es este cuerpo limitado. 

P: Tengo breves vislumbres de este reino en momentos de quietud, pero después voy a trabajar y me encuentro en un medio que no es ni real ni pacífico y mi serenidad me abandona inmediatamente. ¿ Cómo podría mantener mi ecuanimidad permanentemente ?

 R: Todo lo que aparece en la conciencia no es más que conciencia, tus compañeros de trabajo, los clientes, tus superiores, absolutamente todo, incluyendo los locales, los muebles y el material. Primero entiende esto intelectualmente y después comprueba que es así. Llega un momento en que este sentimiento de intimidad, este espacio benevolente que te rodea ya no te abandona jamás; en cualquier parte te encuentras en tu casa, incluso en la sala de espera abarrotada de una estación de tren. Sólo lo abandonas cuando te vas al pasado o al futuro. No permanezcas en la choza. Esta inmensidad te esta esperando justo aquí, en este preciso momento. De modo que   estando informada de su presencia y habiendo saboreado ya una vez la armonía que se oculta bajo las apariencias, deja que las percepciones del mundo externo y tus sensaciones corporales se desplieguen libremente en tu conciencia acogedora hasta el momento en que el trasfondo de plenitud se muestre espontáneamente. 

Esta inversión de la perspectiva es análoga a la que permite el reconocer repentinamente la cara de un ángel en un árbol, en una de aquellas láminas de principios de siglo que tanto gustaban a los niños. Al principio sólo vemos el árbol, después, informados por una nota a pie de página que hay un ángel escondido allí, procedemos a un examen minucioso del follaje, hasta que por fin vemos el ángel que había estado siempre allí, delante de nuestros ojos. Lo importante es saber que hay un ángel, donde está escondido y haber experimentado una vez el proceso mediante el cual el árbol pierde progresivamente su forma, se desobjetiva, hasta el punto que las líneas del grabado que lo componían  aparecen como tales y se recomponen para confiarnos el secreto de la imagen  del ángel. Allanado el camino, cada vez son más fáciles las subsecuentes inversiones de la perspectiva hasta que, por decirlo así, vemos simultáneamente el árbol y el ángel. Del mismo modo, una vez que reconocemos nuestra naturaleza real, las distinciones entre ignorancia y despertar se borran progresivamente  y ceden su lugar al ser esencial. 

P: Empiezo a darme cuenta que estoy completamente apegada a mi cuerpo, a mis sensaciones, a mi impresión de ser un individuo separado.

R: ¿Cómo se manifiesta este sentimiento de apego?

 P: Me siento como hipnotizada, tanto por mi orgullo, como por mis emociones, especialmente la ira y por la agitación de mi cuerpo.

 R: Correcto. Tan pronto como seas consciente de que estás hipnotizada, la hipnosis cesa .

 P: ¿ Cómo es eso ? Este punto no está claro para mi.

R: Pregúntate quién está hipnotizada. Interrógate profundamente. ¿ Quién es ? ¿ Dónde está ? Verás que no es posible hallar tal entidad. Si exploras tu mente y tu cuerpo, encontrarás unos pocos conceptos con los que tú te identificas como “yo soy una mujer”, “yo soy un ser humano”, “yo soy una abogada”, etc. También encuentras ciertas sensaciones en tu cuerpo, ciertas áreas que son más opacas, más sólidas, con las que tú también te identificas. Pero cuando miras más de cerca, se vuelve obvio que tú no eres esta sensación en tu pecho, ni este pensamiento de ser una mujer, ya que tanto los sentimientos como los pensamientos van y vienen, pero lo que tú realmente eres es permanente. Justo en este momento la hipnosis cesa. La aparición de estos pensamientos y sensaciones es menos problema que tu identificación con ellos. Tan pronto como eres consciente de ellos, te distancias, eres libre. En esta libertad no te localizas en ningún sitio. Es importante  permanecer en esta no-localización, ya que tenemos la tendencia a aferrarnos rápidamente a una nueva identificación tan pronto hemos abandonado la anterior, como un mono que no suelta una rama antes de haberse asido a otra.

Comprobarás cuán maravilloso es vivir en el aire, de este modo, sin asirse, desapegado. Al comienzo, ésto parece un poco raro, aunque tu nueva actitud no constituye ningún obstáculo para nada. Puedes seguir realizando tus funciones como madre o abogada, sentir tu cuerpo etc. De hecho, ser nada, en el aire, en ninguna parte, es muy práctico. Simplifica muchísimo la vida. No te contentes meramente con entenderlo. Pon tu comprensión en práctica. Intenta ser nadie. Suelta la rama. 

P: Después de ésto,¿ No es difícil volver a tu cuerpo y vivir la vida diaria? 

R: Tú nunca has estado en tu cuerpo, así que la pregunta de tu vuelta a él no tiene sentido. Tu cuerpo está en ti. Tú no estás en él. El cuerpo se te aparece como una serie de percepciones sensoriales y conceptos. Es así como sabes que tienes un cuerpo, cuando tu lo sientes o cuando piensas en él. Estas percepciones y estos pensamientos aparecen en ti, pura atención consciente. Tú no apareces en ellos, contrariamente a lo que te han enseñado tus padres, tus maestros y la práctica totalidad de la sociedad en la que vives, en flagrante contradicción con tu experiencia real. Ellos te han enseñado que tú estás dentro de tu cuerpo como conciencia y que la conciencia es una función que surge del cerebro, un órgano de tu cuerpo. Te sugiero que no des excesivo crédito a este conocimiento de segunda mano, y que investigues directamente  los datos desnudos aportados por tu propia experiencia. ¿ Recuerdas las recetas para ser feliz que esas mismas personas te dieron cuando eras niña, estudia mucho, consigue un buen empleo, cásate con el hombre adecuado, etc. ?. Estas recetas no funcionan, de otro modo no estarías aquí haciendo estas preguntas. No funcionan debido a que están basadas en una perspectiva falsa de la realidad, una perspectiva que te estoy sugiriendo pongas en duda. 

Mira por ti misma, si tú apareces en tu cuerpo o tu mente, o si por el contrario ambos aparecen en ti. Es una inversión de la perspectiva análoga al descubrimiento del ángel en el árbol. Incluso aunque este cambio al principio parece mínimo, es una revolución de consecuencias inimaginables e infinitas. Si tú honestamente aceptas la posibilidad de que el árbol pueda de hecho ser un ángel, el ángel se te revelará y tu vida se volverá mágica.

 P:  ¿ Podrías hablarnos sobre la práctica que consiste en vivir intuitivamente desde el corazón ?

 R: No seas una persona, no seas algo. Habiendo entendido que tú eres nadie, vives la verdad desde la inteligencia. Cuando la idea o la sensación de ser una persona ya no te molesta, sea que estés pensando o no, que estés percibiendo o no, que estés actuando o no, entonces vives la verdad desde la plenitud del corazón.

 P: Llegados a este punto, ¿ Estoy en una relación correcta conmigo misma y con el mundo?

 R: ¡Oh! ¡Si! Tú estás en la relación correcta, que es la de la inclusión. El mundo, así como tu cuerpo y tu mente, están incluidos en tu verdadero ser. El amor es inclusión. Comprender es un paso intermedio, pero el destino final, el centro auténtico es el corazón. 

P: Utilizando la analogía del mono, ¿ El corazón, es el punto entre una rama y la siguiente ?

 R: Si estás de acuerdo en soltar la rama de la que estás colgada, sin agarrarte a otra,  caes dentro del corazón. Tienes que aceptar morir, dejar desaparecer todo lo que tú conoces, todo lo que se te ha enseñado, todo lo que posees, incluso tu vida, o al menos lo que a estas alturas crees que es tu vida. Esto requiere atrevimiento. Es una especie de suicidio. 

P: ¿ Es así de verdad ? Por ejemplo, ¿ Tú recuerdas los momentos que precedieron a tu conocimiento de ti mismo ?

 R: Si.

 P: ¿ Fue así ?

 R: Si.

 P: Gracias. Antes de esto, ¿ Tenías alguna idea de lo que iba a suceder ? 

R: Si y no. Si, porque sentí la invitación. No, porque hasta ese momento yo no había conocido más que felicidades relativas, verdades relativas, conocimientos relativos, y no podía haberme imaginado lo absoluto, lo inefable. El ser está más allá de cualquier concepto, de toda proyección. Es por ésto que no podemos dirigirnos hacia él por nosotros mismos y debemos esperar a que nos solicite. Pero cuando nos invita, debemos decir sí gozosamente, sin dudar. La decisión nos pertenece, es la única decisión en la que realmente tenemos libre elección.

 P: Una de las  razones por las que pospongo la invitación y no me hago accesible a ella,  es mi miedo a que mi vida cambie radicalmente. 

R: ¡Oh! ¡Si! Cambiará. 

P: ¿ También mi familia ? 

R: También tu familia. Todo será cambiado. 

P: Tengo miedo de que ciertas personas me dejen, y de ser reemplazada por otros.

 R: Te puedo asegurar que no lamentarás nada. 

P: ¿ Es posible haber recibido la invitación y haberla rechazado ? 

R: Si, tú eres libre.

 P:  ¿ Seré invitada otra vez ?

 R: Si. Estate preparada. Estate disponible. Tú estás disponible cuando entiendes que no puedes hacer nada por ti misma para restituir al Rey. Cuando reconoces tu total impotencia te conviertes en una habitación vacía. Tan pronto te vuelves una habitación vacía, eres un santuario. Entonces el Rey  entra, se sienta en el trono y te gratifica con su presencia inmortal.
 P: Un día dijiste que no puedo hacer nada para desembarazarme de este ego que se me pega a la piel y del que soy tan devoto.

 R: No hay nada que pueda hacer la persona, esa entidad fragmentaria que tú crees ser.

 P: ¿ Supone ésto que es inútil toda práctica espiritual mientras yo crea en eso ?

 R: Exactamente. No se puede llamar espiritual una práctica que procede de la noción de ser una persona física o mental. Es el proceso de adquisición el que te aleja de lo real. Lo que tú eres realmente no se puede adquirir debido a que tú ya lo eres. El ego es impermanente. Es un pensamiento repetitivo asociado con emociones, sensaciones corporales  y reacciones. El ego te abandona cuando te emocionas con la belleza de una pieza de música, por el esplendor de una puesta de sol o con la delicadeza de un acto de amor. En ese momento estás abierto y completo. Por otra parte, si intentas mejorar tu ego mediante la práctica de tal o cual disciplina,  como un coleccionista que aumenta sin cesar el valor de su colección con adquisiciones nuevas y más sublimes, y haciendo ésto se apega más y más a ella, acabarás en última instancia en el aislamiento y la insatisfacción.

 P: Esta desaparición del ego, ¿ Es gradual o repentina ?

 R: Tú ya sabes quién eres. Incluso alguien, cuyo interés en la realidad más profunda de las cosas no ha despertado conoce momentos de dicha. Durante estos momentos el ego no está presente. Emanan de nuestro ser verdadero que es la dicha misma. Todo el mundo reconoce directamente la alegría. Eso mediante lo cual el ser conoce al ser, es el ser mismo. Sólo el ser tiene acceso al ser, sólo la alegría tiene acceso a la alegría, la eternidad a la eternidad. La idea equivocada de que este ser, esta alegría y esta eternidad aún no están presentes es lo que nos exilia del jardín del Edén, y nos precipita en una búsqueda frenética. La reabsorción del ego en el ser, hecho que desde un punto de vista temporal aparece como un dejar ir seguido de una iluminación repentina pone punto final a esta búsqueda y a este frenesí.

 P: ¿ Qué es lo que produce esta reabsorción ?

 R: No hay respuesta a esta pregunta en el nivel en que es formulada, porque el efecto ya está en la causa y la causa ya está en el efecto. Del mismo modo que, en el cuento, el mendigo es informado por el mago de que él es el hijo del rey, ciertos encuentros aparentemente fortuitos pueden informarnos de nuestra identidad auténtica. Tras el anuncio de estas buenas noticias, de este evangelio en el más correcto sentido de la palabra, un instinto profundo resuena en lo más hondo de nuestro ser poniéndonos en el rastro que nos lleva hasta lo último. Este movimiento interno se corresponde con un reconocimiento velado de nuestro ser real, y la promesa de alegría serena que lo acompaña, canaliza el deseo en una dirección desconocida. Este reconocimiento que no se refiere  a una realidad objetiva y temporal, no se sitúa a nivel de la memoria o del tiempo. Así, esta gracia no  puede ser olvidada. Nos solicita cada vez más a menudo, y cada nuevo reconocimiento aumenta nuestro deseo por lo divino. Como un viajero perdido en una noche de invierno que, al detectar por el resplandor rojizo a través de la ventana de una posada la presencia de fuego, empuja la puerta, entra y se calienta unos pocos momentos al lado del hogar, nosotros entramos en el santuario y descansamos por un momento en el calor de la sagrada luz antes de ponernos en camino de nuevo,  en la noche. Finalmente, cuando nuestro deseo por el absoluto sobrepasa en intensidad al miedo a la muerte, ofrecemos al fuego sacrificial de la conciencia infinita la falsedad de nuestra existencia personal. De aquí en adelante nada interfiere el despertar que despliega progresivamente su esplendor en todos los planos de la existencia fenoménica, la cual nos revela poco a poco su realidad intemporal subyacente. Tal como la mirada contemplativa de Shams de Tabriz que “nunca se posaba sobre un objeto efímero sin volverlo eterno”.
 P: ¿ Cómo puedo superar mi miedo a ver la verdad, que percibo es un obstáculo que me impide conocer mi auténtica naturaleza ?

 R: En primer lugar, debes estar contento de darte cuenta de este miedo visceral, ya que la mayoría de la gente lo reprime o lo evita. Tan pronto como empieza a mostrar su cara en un momento de soledad o inactividad la gente suele encender el televisor, van a ver a un amigo o se embarcan en alguna actividad compensatoria. Descubrir tu miedo ha sido por lo tanto un primer paso crucial.

 P: Yo no se si lo he descubierto, ya que mi percepción no está clara. Quizás yo  siento simplemente su presencia.

 R: Vive con él, interésate en él, no lo reprimas. Adopta hacia él una actitud benevolente, una actitud de dejarlo venir y dejarlo ir. Tómalo por lo que es, una amalgama de pensamientos y sensaciones corporales.  Pregúntate ¿ quién tiene miedo ? y verás como el pensamiento-miedo se va, dejando únicamente a nivel somático algunos residuos de ansiedad localizada, la sensación-miedo. En el fondo, todo ésto no es más que un espectáculo del cual tú eres el espectador. Contémplalo y contempla tus propias reacciones, tus huidas y tu rechazo, que también están implicados. El reconocer tu rechazo ya es el comienzo de la aceptación, del dejar venir, de este modo te sitúas en la posición del contemplador, que es en realidad tu posición natural.

 Así que todo se desarrolla espontáneamente. El miedo es tu ego, el monstruo que arrastras en tus pensamientos y tus sensaciones corporales, el usurpador que te mantiene separado del reino de dicha que te pertenece. Permítele mostrarse en su totalidad. No lo temas, incluso aunque su rostro sea terrorífico. Consigue la fuerza para mirarlo a partir de tu sed de lo absoluto, de tu sed de libertad. Cuando comiences a sentirlo, piensa “ven aquí miedo, muéstrate, siéntete en casa, ya que yo estoy fuera de tu alcance”. La efectividad de este método deriva del hecho de que el miedo es una cosa percibida y por lo tanto limitada. La serpiente más larga del mundo termina en alguna. Una vez que está totalmente fuera de las hierbas altas, es vista en su totalidad, entonces estás libre de peligro porque no puede atacarte por sorpresa. De igual modo, cuando ves la totalidad de tu miedo delante de ti, cuando no queda ninguna parte de él que se te esconda, no hay ninguna parte de ti que pueda identificarse con él. Es un objeto que se ha despegado de ti. El cordón umbilical de ignorancia que nutre al ego deja de funcionar. Este “yo” fantasma, al no seguir siendo nutrido no se puede mantener, y muere en la explosión de tu libertad eterna.

 

***

P: Una vez que hemos  reconocido nuestra realidad más profunda, nos queda permanentemente un recuerdo de aquel despertar, de tal modo que comenzamos a darnos cuenta de que hay momentos en que el ego se interpone y de que somos capaces de entrenarlo para que se mantenga a distancia, permitiéndonos estar más y más abiertos a lo que somos. ¿Podría comentar este punto ?

 R: No hay necesidad de entrenar el ego o eliminarlo. Cuando tratas de entrenarlo o eliminarlo, ¿ Quién es el autor de este intento ?

 P: El ego se elimina a si mismo.

 R: ¿ Cómo podría ser ésto posible ? Este intento por el contrario lo perpetúa. El ego es un obstáculo en la medida en que le prestamos atención. En lugar de enfocar esta búsqueda por el lado negativo, es decir el ego y su eliminación, comienza por el lado positivo. El reconocimiento del que tú hablabas  deja un recuerdo de plenitud en ti. Este recuerdo se refiere a una experiencia no-mental. No viene de la memoria que sólo puede grabar elementos objetivos. Si te permites a ti mismo ser guiado por esa experiencia, si respondes dejando que todo tu ser sea absorbido por su llamada, la sagrada emoción que suscita en ti te guiará directamente al umbral de tu presencia intemporal. Vive con este recuerdo. Olvida las circunstancias objetivas que precedieron o siguieron a este reconocimiento y permanece con el recuerdo mismo, ámalo como tu más preciada posesión y recuerda que el manantial del que emanó está siempre presente, aquí y ahora. Este es el único lugar para encontrarlo, aquí y ahora; no en el pensamiento, antes del pensamiento, antes de pensar en ello, incluso ni pienses en ello.

 P: Simplemente permitiendo ser lo que es.

 R: No hables de ello, no lo formules, no lo evalúes. La intervención del pensamiento te distancia de ello. Incluso no intentes. Todavía estás haciendo demasiados esfuerzos. Son inútiles. Abandónate y sé lo que tú ya eres, tranquilidad absoluta.

 P: Yo he querido estar hoy aquí, y he escogido estar aquí, pero ¿ que puedo aprender en presencia de un maestro que no pueda aprender por mi mismo ?. 

 R: Todo lo que aprendes lo aprendes por ti mismo. Yo no puedo aprender por ti. Cada circunstancia, cada acontecimiento de tu vida te enseña. Lo que puedes aprender haciendo esta pregunta es que no hay maestro en el sentido personal al que te estás refiriendo. A este nivel yo no soy tu maestro. Simplemente estoy contento de ser tu amigo. El maestro auténtico no es una persona, es nuestro ser, el ser de todos los seres. Abandónate a él, ámalo solo a él, no te intereses en nada más que en él, yo siento su presencia vibrando en aquellos que se me acercan con la intención pura de conocerlo, y ellos reconocen esta presencia en mi. Uno podría decir que esta presencia se reconoce a si misma en el que aparentemente es otro por una especie de resonancia simpática. Lo divino en mi reconoce lo divino en ti en el mismo momento y a través del mismo movimiento que lo divino en ti reconoce lo divino en mi. En estas condiciones, ¿quién puede decir quién es el maestro y quién el discípulo, quién es tú y quién es yo ?.

 
***


P: No estoy seguro de si esto es una pregunta. Estuve sentado aquí intentando metódicamente estar calmado. Tan pronto como tú entraste, de repente todo se volvió muy quieto. Me sentí como una persona moribunda intentando desesperadamente atrapar mi último aliento. Mi primer pensamiento fue una expresión de asombro maravillado; después tuve la impresión de que cada pensamiento ulterior era un esfuerzo para escapar de este silencio que me estaba invadiendo espontáneamente... 

 R: Cuando eres invitado así, debes entregarte completamente. No intentes saber donde estás, ni controlar la situación. No lo puedes hacer. Incluso el primer pensamiento que toma nota de esta experiencia ya es demasiado, impide un total soltar. No es suficiente recibir la invitación real. Aún tienes que llegar al palacio y saborear el banquete que te está destinado. El buscador de la verdad en ti está continuamente pendiente de controlar tus pensamientos, sentimientos y acciones. Llegados a un determinado punto, él incluso desaparecerá, ya que sólo es un concepto, un pensamiento. El no es tú. Tú eres esta libertad, esta inmensidad en la que él  aparece y desaparece. Tú eres ésto que estás buscando, o más exactamente, esta inmensidad se busca a si misma en ti. Abandónate a ella sin reservas.
 
***

 

P: ¿ Hasta que punto somos libres para determinar nuestras vidas ?. 

 R: ¿ Como individuos o como lo que somos profundamente ?. 

 P: Como individuos. 

 R: En ese caso estamos enteramente condicionados; por lo tanto no existe libre albedrío. En apariencia elegimos libremente, pero de hecho no hacemos más que reaccionar como autómatas a los estímulos de nuestro medio ambiente y de nuestra memoria, siguiendo sin descanso los mismos patrones de nuestra herencia bio-sociológica que invariablemente nos llevan a las mismas viejas reacciones, como máquinas expendedoras dispensando bebidas en una estación de tren. Como individuos, nuestra libertad es ilusoria, con excepción de la libertad, que es nuestra en cada instante, para dejar de tomarnos por una entidad separada y así poner fin a nuestra ignorancia y sufrimiento. 

 Por el contrario, a nivel de nuestro ser profundo, todo fluye de nuestra libertad. Cada pensamiento, cada percepción, nace por que lo queremos. Nosotros no podemos entender ésto con el pensamiento, pero podemos experimentarlo. Cuando estamos totalmente abiertos a lo desconocido, la entidad personal está ausente y entonces nos damos cuenta de que el universo tangible e inteligible surgen de esta apertura en un presente eterno. Nosotros queremos, creamos y somos, a cada instante, todas las cosas en la unidad de la conciencia. 

 P: Hablas de estar totalmente abierto a nuestros pensamientos y percepciones. ¿ Como podemos acoger todo lo que se presenta a nosotros en medio del ritmo frenético de la vida moderna ? ¿ Es posible ?. 

 R: Realmente no tienes elección, porque tú estás acogiendo de instante en instante cualquier cosa que piensas, percibes o haces. Por ejemplo, cuando aparece un pensamiento, ¿ esta aparición es espontánea, no es así ?. 

 P: No veo adonde quieres llegar. 

 R: Tu no ejerces ninguna acción sobre ti mismo a fin de hacer aparecer este pensamiento. Incluso si efectuases tal acción, esta misma acción seria otro pensamiento espontáneo. De hecho todas las cosas aparecen por si mismas en la conciencia, la cual está siempre totalmente abierta. La conciencia nunca dice "quiero ésto" o "no quiero aquello". No dice nada, ya que continuamente acoge todo lo que surge en su campo. Cuando dices "quiero ésto" o "no quiero eso" no es la conciencia la que está hablando, es simplemente un pensamiento surgiendo en su seno. Después dices " yo no estaba abierto", y ésto que es la irrupción de un nuevo pensamiento. El trasfondo de toda esta agitación mental es la conciencia, siempre abierta, siempre acogedora. Desde el momento que tú estás vivo, tú estás abierto. La apertura es tu naturaleza. Esta es la razón de por qué es tan placentero encontrarla; uno se siente en casa, cómodo, natural. No tienes que hacer nada para encontrarte en esta apertura, excepto entender que ella es tu naturaleza real, que tú ya estás ahí. Tan pronto te estableces como conciencia-testigo, la agitación de este mundo no te perturbará. Entiende el proceso en su conjunto y a través de esa comprensión escapa de él. Das un salto y entras en otra dimensión. Familiarízate con ella. Observa su impacto sobre tu psiquismo y tu cuerpo. Quizá en este momento mis palabras te puedas parecer meras ideas, pero llegará el día en que se disolverán en ti, volviéndose entendimiento vivo. Entonces la cuestión de saber como meditar, como estar abierto o como ser feliz, ya no surgirá porque tu ya serás meditación, apertura y felicidad. 

 P: ¡Pero nosotros lo ignoramos!. 

 R: Investiga, encuentra por ti mismo. Ve si es verdad que tú eres consciente permanentemente. Comprueba si es verdad que lo que tú sabes que eres esencialmente, es conciencia. No tomes mis afirmaciones por hechos establecidos. Cuestiónalas y también cuestiona tus propias creencias. También cuestiona la noción de una conciencia limitada y personal. Vive con estas preguntas, y sobre todo, vive en la apertura silenciosa que sigue a este cuestionar, vive en el creativo "yo no se". Al interior de esta apertura llegan respuestas que modifican y purifican poco a poco la pregunta inicial, haciéndola más y más sutil hasta que es imposible que la formule el pensamiento. Deja que este dinamismo residual se agote por si mismo en tu atención acogedora hasta que llegue el momento en que la última respuesta surja en ti en todo su esplendor.

 P: Ayer por la tarde utilizaste el adjetivo "incoloro" para cualificar la conciencia. Me pregunto donde aparecen el amor y la compasión en este cuadro. 

 R: Las palabras que utilizamos para describir lo indescriptible tienen que ser asimiladas en ese mismo momento. Si las utilizamos fuera de contexto pierden su sabor y acabamos llegando a aparentes contradicciones. Me viene a la mente una historia relacionada con este asunto: un maestro Chan se contradijo, aparentemente, por lo menos unas doce veces en el espacio de una hora. Un discípulo que estaba en la habitación, exasperado, hizo notar la sucesión de contradicciones ante la mirada divertida y benevolente del maestro, cuya única respuesta, sin intentar justificarse en ningún sentido, fue : "¡Realmente que extraño y maravilloso, nunca entenderé por qué la verdad está siempre contradiciéndose a si misma!". 

 P: Estoy de acuerdo. La conciencia es indescriptible. ¿ También la compasión está más allá de las palabras ?. 

  R: Mi comentario se refería a la primera parte de tu pregunta... Primero tenemos que encontrar en nosotros mismos este centro incoloro que es libertad perfecta y autonomía absoluta. Y cuando, desde ese centro, desde esa inteligencia, dirigimos nuestra mirada hacia los seres que nos rodean, no solo vemos sus cuerpos y percibimos sus mentes, si no que volamos directamente más allá de las fronteras psico-somáticas, hasta ese lugar incoloro y sin límites que es nuestra esencia común. Ahí, donde no hay otro. Desde este centro incoloro puede que se desarrolle una acción, o no, dependiendo de las circunstancias. La acción que surge de la comprensión de que fundamentalmente somos un solo y mismo ser, está llena de compasión, asi como de belleza e inteligencia. Esta acción puede manifestar otras cualidades, pero también puede asumir el color de la compasión cuando las circunstancias lo requieren. Siempre en armonía con la situación del momento, no deja huellas y libera a aquellos que toca. La auténtica compasión desafía las ideas preconcebidas que tenemos de ella. Puede parecer estraña, inapropiada, incluso brutal, pero es libre y esa es su belleza. Es un tornado de libertad que sopla donde quiere, arrancando a su paso los apegos efímeros y las falsas ideas a fin de  que solo quede lo indestructible, lo real, lo eterno.
 
 ***

P: ¿ Que puedes decirnos de la inteligencia ?. 

R: La inteligencia ordinaria es una función cerebral. Se manifiesta como la facultad de adaptarse y organizarse. Permite manejar problemas complejos poniendo en juego una gran cantidad de datos. Ligada a los condicionamientos heredados y adquiridos del cerebro, opera secuencialmente, en el tiempo. Este tipo de inteligencia es la responsable de la realización de cálculos algebraicos, de la formulación de razonamientos lógicos, o de jugar al tenis. Opera como un super-ordenador, sobresale en la realización de tareas repetitivas y puede que algún día sea superada por las máquinas. Su fuente es la memoria, lo conocido. 

La inteligencia intuitiva se presenta como comprensión y claridad. Permite ver simplicidad en lo aparentemente complejo. Brilla instantáneamente. Siempre creativa, libre de lo conocido, está en el origen de los descubrimientos científicos y grandes obras de arte. Tiene su fuente en la suprema inteligencia de la conciencia intemporal. 

Cuando la inteligencia intuitiva se vuelve hacia si misma, intentando alcanzar su origen, se pierde a si misma en la percepción instantánea de la inteligencia suprema. El reconocimiento de esta inteligencia superior es una implosión que destruye la ilusión de que somos una entidad personal. 

P: ¿Este reconocimiento, se produce independientemente del nivel de inteligencia general de  uno ?. 

R: Si. La presencia de un intenso deseo por despertar, es la señal cierta de que este reconocimiento ha tenido lugar. 

P: La destrucción del ego provocada por el despertar, ¿ es gradual o repentina ?. 

R: El primer instante de reconocimiento ya contiene en germen su realización, del mismo modo que la semilla ya contiene la flor, el árbol y el fruto. Todavía durante algún tiempo, el ego, golpeado por la visión aún parcial de esa inteligencia, retiene una apariencia de vida. En este estadío, el hábito mantiene todavía las viejas identificaciones, pero ya se ha abierto una brecha irreparable en la creencia de nuestra existencia separada. Se podría decir que el corazón de uno ya no está ahí, en todos los sentidos de la palabra. Repeticiones intermitentes de este reconocimiento, amplían mas todavía esta brecha hasta el momento en que el ego, que es un objeto percibido, se vuelve completamente objetivo antes de disolverse ante nuestros ojos, dejando lugar a la irrupción de lo inefable. 

Después de este despertar, nos encontramos libres de miedo y de deseo; libres de miedo, ya que, habiendo reintegrado nuestro ser inmortal, el espectro de la muerte nos abandona para siempre; y libres de deseo porque, conociendo la plenitud absoluta del ser, cesa espontáneamente la vieja atracción que los objetos ejercían sobre nosotros. Todavía pueden manifestarse durante algún tiempo los viejos hábitos físicos y mentales, que derivan de la anterior creencia en una existencia personal, pero de ahí en adelante es imposible toda identificación con un objeto percibido o pensado. Cuando estos hábitos son contemplados en la asombrosa neutralidad de la conciencia, mueren uno por uno, sin que su recurrencia ocasional  desencadene una vuelta a la ilusión egoica. 

P: ¿ Cuales son los signos que nos permiten reconocer la inteligencia superior ?. 

R: Los pensamientos, sentimientos y  acciones, que brotan de la inteligencia superior hacen referencia a su fuente, el ser. Una vez acabados nos dejan en la orilla de lo absoluto, como la espuma que una ola deposita en la arena. El pensamiento que piensa la verdad procede de la verdad y nos devuelve a la verdad. Este pensamiento tiene muchos aspectos diferentes; aparentemente plantea preguntas diversas como "¿ que es la felicidad ?", "¿ que es Dios ?", "quien soy yo ?". Todas estas preguntas provienen de su fuente común, la dicha eterna, lo divino, nuestro ser. Cuando este pensamiento impregnado con el perfume de la verdad te invita, hazle sitio, dedícale tiempo, entrégate a él, déjate llevar por él. Este pensamiento es como la huella del paso de Dios en tu alma. Déjalo ir adonde quiera. Aquél en quien se ha despertado este pensamiento es muy afortunado. Ningún obstáculo podría impedirle acceder a la verdad. Una vez que el deseo por lo último os ha asido, el universo entero coopera en la realización de este deseo. 

P: ¿ Estás tú en este estado de plenitud en este momento ?. 

R: En este estado no hay nadie. Este no-estado es la ausencia de la persona. 

P: ¿ Entras y sales de ese estado ?. 

R: No es un estado. 

P: En este estado ¿ Estás despierto ?. 

R: Este no-estado está despierto a si mismo. Es conciencia, yo soy conciencia, tú eres conciencia. 

P: En ese caso, ¿eres consciente de que todo está en su lugar ?. 

R: Desde el punto de vista de la conciencia, todo es conciencia, por lo tanto todo está en su sitio. Nada es trágico. Todo es luz, todo es presencia. 

P: Dado que somos luz y que las cosas que nos rodean son también esa luz, ¿ ves las cosas de forma diferente a nosotros ?. 

R: No. Yo veo cada cosa exactamente como vosotros, pero existen cosas que vosotros creéis ver y que yo no veo. Yo no veo una entidad personal en todo ésto que se ve,en el presente. Incluso si surgiese  un viejo hábito proveniente del recuerdo de la antigua personalidad, sería objetivado totalmente, simplemente constituiría una parte de todo lo que se ve, del presente; no es lo que yo soy. Yo  no me tomo a mi mismo por una cosa percibida o pensada. Esto es todo. Tú puedes hacer lo mismo. Eres libre. Es suficiente intentarlo. ¡Inténtalo! ¡Ahora mismo!. 

P: ¿ Como lo puedo hacer ?. 

R: Cada vez que te tomes por un objeto, por ejemplo, por un hombre con una determinada profesión, o que tú eres tu cuerpo, constátalo. 

P: De modo que existe un ser a un nivel  superior que observa la situación. ¿ Es esa la perspectiva ?. 

R: Eso es la comprensión intelectual de la perspectiva, no su realidad. La realidad de la perspectiva es tu atención acogedora, no el concepto de la atención acogedora, o el concepto de ti mismo como atención acogedora, si no simplemente tú presencia luminosa sin tensión y sin resistencia, acogiendo momento a momento el pensamiento o la sensación que está surgiendo, dejándolo desarrollarse libremente, y permitiéndole reabsorverse en si mismo sin dejar rastro. Esta luz original no es una ausencia sino plenitud. Abandónate a ella, déjate invadir.

copyright 1996, Francis Lucille