El amor está aprisionado entre tú y yo

  “La expresión común es, 'te quiero'. Pero sería mejor decir 'estoy enamorado, soy la encarnación del Amor Puro.' Suprime el yo y el tú y encontrarás que solo hay amor. Es como si el amor estuviera aprisionado entre el yo y el tú. Suprime el yo y el tú porque son irreales. Son como muros autoimpuestos que no existen. El abismo entre el yo y el tú es el ego. Cuando se suprime el ego la distancia desaparece y el yo y el tú también desaparecen. Se funden en uno y eso es Amor. Vosotros prestáis su realidad al yo y al tú. Retirad vuestro apoyo y desaparecerán. Entonces os daréis cuenta de que no hay 'te quiero' sino que 'yo soy ese amor que lo abraza todo.' 

“Hijos, siempre que atraveséis dificultades en la vida, pensad para vosotros: 'No espero amor alguno de otros, no soy alguien que necesite ser amado. Yo soy el Amor. Soy una fuente inextinguible de amor, siempre daré amor y nada más que amor a quienquiera que se me acerque.' 

“La presencia de un Maestro perfecto es la presencia del Amor Divino. El amor divino no puede forzarse, está ahí simplemente a nuestra disposición. Ni siquiera el amor mundano puede ser forzado; ¿qué podemos pues decir del Amor Divino, que está más allá de cualquier limitación? 

“Cuando dos personas se enamoran, no hablan de condiciones antes de comenzar a amarse. Si algo así sucediera el amor no sería posible. Cuando dos que se aman se ven, sus corazones desbordan espontáneamente. Están irresistiblemente atraídos uno hacia el otro. No hay en ello  esfuerzo, palabras ni condiciones. El amor surge cuando nada es forzado, cuando estamos plenamente presentes, no hay un  'yo y mío' que bloquee el flujo amoroso. El mínimo uso de fuerza destruye la belleza del amor y así el amor no se produce.