KHORDE RUSHEN: SEPARACIÓN DE SAMSARA Y NIRVANA


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Fernando Mora Zahonero
 

Los llamados preliminares específicos del dzogchen constan de una primera sección denominada “separación entre samsara y nirvana” y de una segunda, que se llama “adiestramiento de las tres puertas”. Ambas son, por así decirlo, el apartado del dzogchen que, de algún modo, es posible practicar. El resto pertenece al dominio de la gran no-acción y del estado natural. De hecho, lo que proponen estos ejercicios es llevarnos al descubrimiento del estado natural y de la no práctica a través del “agotamiento” de todas nuestras experiencias. El objetivo de estos ejercicios es preparar la mente para el descubrimiento del estado natural. Éste es el auténtico ngöndro del dzogchen. En la tradición bön se practican ambos tipos de rushen en retiros de cuarenta y nueve días de duración.

 

Los rushen externos tienen como objetivo poner fin a las tendencias habituales condicionadas tratando, por así decirlo, de llevar estas conductas hasta su extremo sin perder la presencia mental. De ese modo, imitando o expresando la conducta de los seres de los seis reinos expresamos las tendencias acumuladas en las capas más profundas de la mente.


Precedidas de la reflexión sobre la transitoriedad, la toma de refugio y el desarrollo del espíritu del despertar, la descripción específica de la práctica es como sigue:


Primeramente, hay que adiestrarse en la llamada conducta de las seis clases de seres y en el comportamiento de las Tres Joyas. En lo que concierne al primer apartado, la tradición sostiene que, visualizando al propio maestro sobre la cabeza, uno debe imitar la conducta de todo tipo de seres, desde los que están sumidos en estados emocionales infernales, pasando por toda la gama intermedia de pretas, animales y demás, hasta arribar al comportamiento propio de los dioses. Con total abandono y sin inhibiciones, gritamos, corremos, saltamos, reímos, lloramos, hacemos cualquier cosa que se nos pase por la cabeza. Nos comportamos como un ser infernal, un dios, un antidios, un fantasma hambriento, un animal, reproduciendo de ese modo las acciones de los moradores de los seis reinos de existencia. Debemos visualizar claramente el entorno en donde viven esos seres, y tratar de hablar y pensar como ellos porque eso facilita la manifestación de las tendencias o samskaras correspondientes.

 

Una vez que hemos concluido la práctica anterior, nos comportamos como bodhisattvas que dan enseñanzas a los seres. Pero no sólo lo imaginamos sino que, como antes, hablamos en voz alta dando enseñanzas, etcétera. Al adoptar el comportamiento de las Tres Joyas, debemos visualizarnos con la forma del Buda Shakyamuni u otros seres iluminados, ejecutando los mudras apropiados mientras se recitan escrituras como la Prajñaparamita, etcétera, imaginando también que se está exponiendo la enseñanza a un gran número de seres pertenecientes a todos los dominios de la existencia.

 

Por otra parte, el comportamiento de las seis clases de seres también es aplicable a la palabra. Para ello, uno debe expresarse en las lenguas y lenguajes propios de las seis clases de seres, con el sonido de los elementos y con el de las deidades pacíficas y coléricas.


Tras haber recorrido todos los reinos y condiciones de la existencias, experimentado todos los estados emocionales y psicológicos posibles, probado todas las experiencias y distracciones, pasado por toda clase de situaciones gozosas y dolorosas, intentado todas las prácticas religiosas —yoga, visualizaciones, mantras, kundalini—, rezado millares de plegarias, leído innumerables libros de filosofía, escuchado a docenas de maestros, e intentado toda clase de estratagemas y ejecutado toda clase de acciones para lograr ser más sabio y más compasivo, aunque sin conseguirlo, sólo resta no hacer nada, es decir, dejar ser a las cosas lo que son, permitir que aflore lo que uno es y lo que no es, interviniendo lo menos posible en el curso de las propias experiencias internas y externas. (Ésta es la esencia del khorde rushen, es decir, tras haberlo buscado todo y después de haberse buscado a uno mismo, no encontrar nada definitivo, ni siquiera a uno mismo).


Por su parte, los rushen internos tienen como objetivo purificar las tendencias kármicas latentes que conducen a nuevos renacimientos en los seis reinos de existencia. En la tradición budista, estas tendencias son visualizadas bajo la forma de determinadas sílabas semillas que son quemadas por la acción de los rayos luminosos emitidos por las letras purificadoras del mantra OM AH HUM.


Las sílabas pertenecientes a cada uno de los mundos y los centros correspondientes donde deben visualizarse son los siguientes: A blanco en el centro de la cabeza, que es la sílaba semilla del reino celestial; SU verde, la semilla del reino de los antidioses, en la garganta, con un color verde amarillento. En el centro del corazón se halla la sílaba NRI de color azul oscuro y perteneciente al dominio humano. Visualizamos la sílaba TRI de color rojo oscuro y relacionada con el reino animal en el centro del vientre. PRE se visualiza en el llamado centro secreto -la zona genital- es de color verde grisáceo y es la sílaba semilla del reino de los espíritus ávidos. Por último, en la planta de cada pie visualizamos un DU de color negro; el de la izquierda se corresponde con los infiernos fríos mientras que el de la derecha con los calientes.


Por su parte, en la tradición bön nos visualizamos sucesivamente como los siete Budas, esto es, los seis Dülshen más Shenla Ödkar. Los seis Budas son los seis aspectos nirmanakaya que se proyectan en los seis mundos. Cada uno de estos Budas es practicado sucesivamente durante siete días visualizándolo y repitiendo su mantra, lo que hace un total de 49 días se visualiza y se recitan en silencio, con idéntico propósito, los mantras de los sabios de los seis reinos. El período durante el que debe efectuarse esta práctica es de cuarenta y nueve días o, al menos, durante una semana o dos y así sucesivamente. Hay que recordar el especial significado simbólico que revisten estas cifras ya que, como todas las enseñanzas del dzogchen, se hallan estrechamente relacionadas con el estado del bardo.


La siguiente sección de los preliminares especiales se denomina el entrenamiento de las tres puertas. Se trata de una serie de ejercicios cuyo efecto es, por así decirlo, el agotamiento y deben dar lugar al abandono del cuerpo, la palabra y la mente en un estado de relajación absoluta. El principal objetivo de estos llamados ejercicios de disyunción entre samsara y nirvana es la distinción entre el estado natural de la mente y su condición relativa.


 

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ENTRENAMIENTO DEL CUERPO


 

El entrenamiento del cuerpo consiste en adoptar una determinada posición que conduce al agotamiento físico y, a continuación, se deja caer el cuerpo en el suelo en un estado de relajación total. Para ello, se utiliza la llamada posición del vajra (que se repite siete, catorce o veintiuna veces) ya que, en ella, el cuerpo adopta la forma de este instrumento. Durante el ejercicio, se debe retener el aire y, al deshacer la postura, exhalar emitiendo un sonoro HA. Al mismo tiempo, mientras permanecemos en esta postura, debemos visualizar el cuerpo como un vajra de color azul envuelto en llamas.


 

 


 

ENTRENAMIENTO DE LA PALABRA


En el entrenamiento de la palabra se emplea la visualización de las llamadas sílabas-semilla. Aunque pueden utilizarse muchas sílabas, describiremos la práctica con la sílaba HUM ya que es la más completa y documentada.


 

1. La imposición del sello.


El sello exterior: La sílaba HUM es un sello para la mente impura. Sentarse con las piernas cruzadas. Mirar al espacio mientras se visualiza la mente como un HUM azul a la altura del corazón. Pronunciar HUM largos que emergen por la fosa nasal derecha y colman el universo. Todo lo que tocan los HUM se transforma en un HUM azul externa e internamente.

 

El sello interior: Ahora emitir el HUM con un ritmo rápido mientras imaginamos que todos los HUM se van fundiendo los unos en los otros y vuelven al corazón a través de la fosa izquierda. Nuestra carne y sangre se transforman en HUM. El cuerpo se llena de HUM. Mantener durante un tiempo esta visión


El objetivo del sello: el objetivo es llegar a percibir que el mundo exterior y el interior están faltos de toda materialidad. Cierto texto budista recomienda practicar sendas partes del ejercicio durante tres días ininterrumpidos.

 

2. La práctica de las visiones como reflejos.


Destruir con el HUM todo lo que aparece. Esta práctica consiste en disolver en la mente todo lo que surge. Para ello, visualizamos un HUM vuelto hacia afuera en el corazón pero, esta vez, pronunciamos los HUM de manera muy fuerte y aguda y los visualizamos como intensos fuegos que proyectan chispas. Estos HUM salen a través de la fosa nasal derecha y destruyen todo lo que tocan. Después, vuelven a nuestro cuerpo, por la fosa nasal izquierda, y destruyen su materialidad. Esto ayuda a superar las enfermedades y los obstáculos. El HUM es la unificación de la visión, el prana y la mente. Desaparecen todas las distinciones de modo que, cuando todo está destruido, no queda a lo que aferrarse. La mente que se apega existe porque hay objetos de apego. El sujeto y el objeto de apego son interdependientes. Todo deviene espacio vacío. Se repite tres veces seguidas todo el ejercicio. En cada ocasión, repetir los HUM veintiuna veces.

 

3. El entrenamiento

 

Visualizamos el HUM en el corazón, al tiempo que una cadena de HUM surge como una serpiente o como un mala y se va enroscando enfrente de nosotros alrededor de un pequeño bastón imaginario del tamaño de un codo. Recitamos sin interrupción HUM suaves mientras se van enroscando en el palo. El primer HUM se queda unos momentos fijo en lo alto del bastón y, posteriormente, retorna a nuestro corazón mientras seguimos recitando HUM (x 21).


 

4. La entrada en la vía


Recitando HUM rítmicos (50 veces o más en cada serie) viajamos mentalmente a cualquier cielo o tierra pura que consideremos y, en un determinado momento, pronunciamos un PHET poderoso y violento y, cortando toda visión, permanecemos en el estado natural. Repetimos el ejercicio un total de tres veces.


El objetivo perseguido con todas esas prácticas es, por un lado, el agotamiento de las tendencias emocionales y mentales y, por el otro, llegar a percibir la verdadera naturaleza del cuerpo, la palabra y la mente. Pero el principal resultado se cifra en la identificación del llamado estado natural o rigpa. De cualquier modo, más allá de las prácticas concretas, lo principal es llegar a la identificación del estado natural.

 

Los métodos dzogchen de adiestramiento mental tratan de determinar principalmente qué es el estado natural. De hecho, todos los ejercicios anteriores tienen la función de acercarnos a este reconocimiento. De modo más específico para poner en práctica el denominado rushen de la mente, tenemos que determinar de dónde surge, dónde permanece y dónde se disuelven los pensamientos y las experiencias. Para ello, remitimos a la sección correspondiente. Al descubrir que la experiencia no se apoya en ningún lado, reposamos en ese estado.