JIDDU KRISHNAMURTI

EXTRACTO DEL LIBRO "EL ARTE DE VIVIR"

CAPITULO 1

 ¿Alguna vez han pensado ustedes por qué se les educa, por qué están aprendiendo historia, matemáticas, geografía o lo que fuere? ¿Alguna vez se han preguntado por qué asisten a escuelas y colegios? ¿Acaso no es muy importante averiguar por qué se les atesta con información, con conocimientos? ¿Qué es toda la así llamada educación?  Sus padres les envían aquí, tal vez porque ellos mismos han aprobado ciertos exámenes y han obtenido diversos títulos. ¿Se han preguntado alguna vez por qué están aquí, y los maestros les han preguntado por qué están aquí? ¿Saben los maestros por qué ellos están aquí? ¿No deben ustedes tratar de averiguar qué significa toda esta lucha, esta lucha para estudiar, para aprobar exámenes, para vivir en cierto lugar lejos de sus casas y no tener miedo, para ser hábiles en los deportes y demás? ¿No deberían sus maestros ayudarles a investigar todo esto y no a prepararlos meramente para que aprueben los exámenes?

Los chicos aprueban los exámenes porque saben que tendrán que obtener un empleo, que deberán ganarse la vida. ¿Por qué aprueban los exámenes las chicas? ¿Para poder conseguir con su educación mejores maridos?  No se rían, sólo piensen en esto. ¿Acaso sus padres les envían lejos, a la escuela, porque en su hogar son ustedes un estorbe?  Pasando los exámenes, ¿van ustedes a comprender toda la significación de la vida?  Algunas personas son muy ingeniosas en la aprobación de los exámenes, pero eso no significa necesariamente que sean inteligentes.  Otras, que no saben cómo aprobar los exámenes, pueden ser mucho más inteligentes; pueden ser más capaces con sus manos y pueden considerar las cosas más profundamente que la persona que sólo rellena su cabeza para aprobar los exámenes.

Muchos chicos estudian solamente para tener un empleo y ésa es toda la aspiración que tienen en la vida.  Pero después de que consiguen el empleo, ¿qué sucede?  Se casan, tienen hijos y por el resto de sus vidas están presos en la maquinaria, ¿no es así?  Se vuelven oficinistas, abogados, policías o lo que fuere; viven en perpetua lucha con sus esposas, con sus hijos; la vida que llevan es una batalla constante hasta que mueren.

¿Y qué es lo que ocurre con ustedes, las chicas?  Se casan -aspiran a eso, así como el interés de sus padres es que se casen- y después tienen hijos.  Si disponen de algún dinero se interesan en sus saris y en cómo lucen; se preocupan por las reyertas que tienen con sus maridos y por lo que dirá la gente.

¿Alcanzan a ver todo esto? ¿Acaso no lo advierten en sus familias, en sus vecinos? ¿No han notado cómo esto ocurre todo el tiempo?  Casi ninguno de ustedes averigua cuál es el significado de la educación, por qué necesitan que se les eduque, por qué sus padres quieren que se les eduque, por qué se pronuncian elaborados discursos acerca de lo que se supone que la educación está haciendo en el mundo.  Ustedes quizá puedan leer las obras de Bernard Shaw, quizá puedan citar a Shakespeare o Voltaire o a algún nuevo filósofo, pero si en sí mismos no son inteligentes, si no son creativos, ¿cuál es el sentido de esta educación?

¿No es, entonces, esencial tanto para los maestros como para los estudiantes descubrir cómo ser inteligentes?  La educación no consiste en que sean meramente capaces de leer y de aprobar exámenes; cualquier persona lista puede hacer esto.  La educación consiste en cultivar la inteligencia, ¿no es así?  Por inteligencia no entiendo la astucia o el tratar de ser hábil a fin de superar a otros.  La inteligencia, por cierto, es algo completamente distinto.  La inteligencia existe cuando no sienten temor ¿Y cuándo sienten temor?  El temor surge cuando piensan en lo que la gente puede decir de ustedes o en lo que podrán decir sus padres; temen ser criticados, temen ser castigados o fracasar en la aprobación de un examen.  Cuando el maestro les reprende o cuando no son populares en su clase, poco a poco se introduce furtivamente el temor.

El temor es, obviamente, una de las barreras para la inteligencia, ¿no es así?  Y la esencia misma de la educación consiste en ayudar al estudiante -ustedes y yo- a tomar conciencia de las causas del temor y a comprenderlas, de modo tal que desde la infancia misma en adelante pueda vivir libre de temor.

¿Se dan cuenta de que están atemorizados?  Sienten temor, ¿verdad? ¿O están libres de temor? ¿Acaso no sienten temor de sus padres, de sus maestros, de lo que la gente podría pensar?  Supongamos que hicieron algo que sus padres y la sociedad desaprueban. ¿No sentirían temor?  Supongamos que las chicas quisieran casarse con alguien que no pertenece a la clase o a la casta de ellas, ¿no tendrían miedo de lo que la gente podría decir?  Si el futuro marido no ganara el dinero suficiente o si no tuviera posición o prestigio, ¿no se sentirían avergonzadas? ¿No temerían que sus amigas pudieran pensar mal de ellas? ¿Y no temen todos a la enfermedad, a la muerte?

La mayoría de nosotros tiene miedo.  No digan "no" tan rápidamente.  Quizá no hayamos pensado al respecto; pero si lo hacemos advertimos que casi todos en el mundo, tanto los adultos como los niños, tienen alguna clase de temor que les corroe el corazón. ¿No es función de la educación ayudar a cada individuo a librarse del temor, de modo que pueda ser inteligente?  A eso aspiramos en la escuela, lo cual significa que los propios maestros han de estar realmente libres de temor. ¿De qué sirve que los maestros hablen de no tener miedo si ellos mismos temen lo que sus vecinos podrían decir, si temen a sus esposas?

Si uno está atemorizado, no puede haber iniciativa en el sentido creativo de la palabra.  Tener iniciativa en este sentido es hacer algo original, hacerlo espontáneamente, naturalmente, sin ser forzado, guiado, controlado.  Es hacer algo que uno ama.  Ustedes deben haber visto a menudo una piedra en medio de la carretera y un automóvil que choca contra ella. ¿Alguna vez han quitado esa piedra? ¿O alguna vez, cuando salían a pasear y observaban a la gente pobre, a los paisanos, a los aldeanos, han hecho alguna cosa, la han hecho espontáneamente, naturalmente, por iniciativa propia, sin esperar que alguien les dijera lo que deben hacer?

Vean, si sienten temor, todo esto está excluido de sus vidas; se vuelven insensibles y no observan lo que ocurre alrededor de ustedes.  Si sienten temor están atados por la tradición, siguen a algún líder o gurú.  Cuando están atados por la tradición, cuando temen a sus maridos o a sus esposas, pierden su dignidad como seres humanos individuales.

¿No es, entonces, tarea de la educación liberarlos del temor y no prepararlos meramente para que aprueben ciertos exámenes, por necesario que esto pueda ser?  Esencialmente, profundamente, ése debe ser el propósito vital de la educación y de todos los maestros; ayudarles desde la infancia a que se liberen del temor, de modo que cuando salgan al mundo sean seres humanos inteligentes, plenos de verdadera iniciativa.  La iniciativa se destruye cuando están meramente copiando, cuando están amarrados por la tradición, cuando siguen a un dirigente político o a un swami religioso.  Seguir a alguien es sin duda perjudicial para la inteligencia.

El proceso mismo de seguir crea una sensación de temor; y el temor cierra las puertas a la comprensión de la vida con todas sus extraordinarias complicaciones, sus luchas, sus sufrimientos, su pobreza, su opulencia y su belleza -la belleza de los pájaros o de la puesta del sol sobre el agua-.  Cuando están atemorizados, son completamente insensibles a todo esto.

¿Puedo sugerirles que pidan a sus maestros que les expliquen lo que hemos estado hablando? ¿Lo harán?  Descubran por sí mismos si los maestros han comprendido estas cosas, eso contribuirá a que ellos los ayuden a ser más inteligentes, a no tener miedo.  En cuestiones de esta clase necesitamos maestros que sean muy inteligentes, inteligentes en el verdadero sentido, no sólo en el sentido de haber aprobado los exámenes de maestría o de licenciatura.  Si les interesa, vean si pueden arreglárselas para disponer durante el día de un período en el que discutan y conversen sobre todo esto con sus maestros.  Puesto que se volverán adultos, van a tener maridos, esposas, hijos, y tendrán que saberlo todo acerca de lo que es la vida, la vida con su lucha para ganarse la subsistencia, con sus desdichas, con su belleza extraordinaria.  Todo esto tendrán que conocerlo y comprenderlo; y la escuela es el lugar para aprender acerca de estas cosas.  Si los maestros les enseñan meramente matemáticas y geografía, historia y ciencia, es obvio que eso resulta insuficiente.  Lo importante para ustedes es que estén alerta, que hagan preguntas, que descubran, de modo que puedan despertar la propia iniciativa.

 

CAPITULO 2

 

Hemos estado considerando el problema del temor.  Vimos que casi todos estamos atemorizados y que el temor impide la iniciativa porque hace que nos aferremos a la gente y a las cosas como una enredadera se aferra a un árbol.  Nos aferramos a nuestros padres, a nuestros maridos, a nuestros hijos e hijas, a nuestras esposas y a nuestras posesiones. Ésa es la forma exterior del temor.  Estando internamente atemorizados, tenemos miedo de estar solos.  Podremos poseer muchos saris, joyas y otras propiedades, pero internamente, psicológicamente, somos muy pobres.  Cuanto más pobres somos en lo interno, tanto más tratamos de enriquecemos exteriormente apegándonos a las personas, a la posición, a la propiedad.

Cuando estamos atemorizados nos aferramos no sólo a las cosas externas sino también a las internas, tales como la tradición.  Para la mayoría de las personas de edad avanzada y para las que en lo interno son insuficientes y vacías, la tradición importa muchísimo. ¿Han notado esto entre sus amigos, sus padres y maestros? ¿Lo han notado en sí mismos?  En el momento en que hay temor, temor interno, tratan de ocultarlo bajo la respetabilidad, siguiendo una tradición, y así pierden la iniciativa.  A causa de que les falta iniciativa y sólo siguen a otros, la tradición se vuelve muy importante, la tradición de lo que dice la gente, la tradición de lo que ha sido transmitido desde el pasado, la tradición que carece de vitalidad, del sabor de la vida, porque es una mera repetición sin significado alguno.

Cuando uno tiene miedo, hay siempre una tendencia a imitar. ¿Han notado eso?  Las personas que tienen miedo imitan a otras; se aferran a la tradición, a sus padres, a sus esposas o maridos, a sus hermanos.  Y la imitación destruye la iniciativa. ¿Saben?, cuando dibujan o pintan un árbol, no imitan el árbol, no lo copian exactamente como es, lo cual sería una mera fotografía.  A fin de tener la libertad necesaria para pintar un árbol o una flor o una puesta del sol, tienen que sentir lo que estas cosas les comunican, el significado, el sentido que tienen.  Esto es muy importante: que traten de comunicar el significado de lo que ven y no que meramente lo copien, porque de ese modo están abiertos al proceso creativo. Y para esto tiene que haber una mente que sea libre, que no esté cargada con la tradición, con la imitación. ¡Miren nada más que sus propias vidas y las vidas de quienes los rodean, vean lo tradicionales, lo imitativas que son!

En ciertas cuestiones están ustedes obligados a ser imitativos, tal como en las ropas que visten, en los libros que leen, en el idioma que hablan. Éstas son todas formas de imitación.  Pero es necesario ir más allá de este nivel y sentimos libres para pensar las cosas por nosotros mismos, de modo que no aceptemos irreflexivamente lo que algún otro dice, sin ¡importar quién sea: un maestro en la escuela, un padre o uno de los grandes instructores religiosos.  Es esencial que piensen las cosas por sí mismos y no sigan a nadie, porque el seguimiento indica temor, ¿no es así?  En el momento en que alguien les ofrece algo que ustedes desean -el paraíso, el cielo o un empleo mejor-, hay temor de no obtenerlo; por consiguiente, empiezan a obedecer, a seguir.  En tanto estén deseando algo se hallan atados al temor; y el temor mutila la mente de tal modo, que no pueden ser libres.

¿Saben lo que es una mente libre? ¿Alguna vez han observado la propia mente?  No es libre, ¿verdad?  Siempre están a la expectativa de lo que sus amigos dicen de ustedes.  Esa mente es como una casa cercada por una valla o por un alambre de púas.  En este estado nada nuevo puede acontecer; lo nuevo sólo es posible cuando no hay temor.  Y es extremadamente difícil para la mente estar libre de temor, porque ello implica realmente estar libres del deseo de imitar, de seguir, libres del deseo de acumular riquezas o de amoldarse a una tradición, todo lo cual no quiere decir que hayan de hacer algo extravagante.

La libertad de la mente adviene cuando no hay temor, cuando la mente no desea alardear y no urde intrigas en busca de posición o prestigio.  Entonces no hay sentido de imitación.  Y es importante tener una mente así, una mente de verdad libre de la tradición, la cual constituye el mecanismo formador de los hábitos.

¿Es esto demasiado difícil?  No creo que sea tan difícil como la geografía o las matemáticas de ustedes.  Es mucho más fácil, sólo que jamás han pensado al respecto.  Pasan diez o quince años de sus vidas en la escuela adquiriendo información; sin embargo, nunca se toman tiempo -ni una semana, ni siquiera un día- para pensar plenamente, completamente en algunas de estas cosas.  Por eso parece tan difícil, pero en realidad no lo es en absoluto.  Al contrario, si le dedican tiempo podrán ver por sí mismos cómo trabaja la mente de ustedes, cómo opera, cómo responde.  Y es muy importante que empiecen a comprender su propia mente mientras son jóvenes, de otro modo crecerán siguiendo alguna tradición, lo cual tiene muy poco sentido; imitarán, o sea, que seguirán cultivando el temor y así nunca serán libres.

¿Han advertido lo atados que están a la tradición aquí, en la India?  Deben casarse de cierta manera, sus padres eligen al marido o a la esposa.  Deben practicar ciertos rituales; puede que éstos no tengan ningún sentido, pero están obligados a practicarlos.  Tienen líderes a quienes deben seguir.  Todo alrededor de ustedes, si lo han observado, refleja un estilo de vida en el que la autoridad se halla muy bien afirmada. Está la autoridad del gurú, la autoridad del grupo político, la autoridad de los padres y de la opinión pública.  Cuanto más antigua es una civilización, tanto mayor es el peso de la tradición, con su serie de imitaciones; y, estando agobiada por ese peso, la mente de ustedes jamás es libre.  Pueden hablar de libertad política o de cualquier otro tipo de libertad, pero como individuos nunca son libres para descubrir por sí mismos; siempre están siguiendo, siguiendo un ideal, siguiendo a algún gurú o maestro, alguna superstición absurda.

Por lo tanto, toda la vida de ustedes está restringida, limitada, confinada a ciertas ideas; y muy en lo hondo, está el temor. ¿Cómo pueden pensar libremente, si hay temor?  Por eso es tan importante estar conscientes de todas estas cosas.  Si ven una víbora y saben que es venenosa, se apartan, no se acercan a ella.  Pero ignoran que se hallan atrapados en una serie de imitaciones que impiden la iniciativa; están atrapados en ellas inconscientemente.  Pero si comienzan a tomar conciencia de ellas y de cómo los tienen sujetos, si se dan cuenta del hecho de que quieren imitar porque sienten temor de lo que la gente pueda decir, porque temen a sus padres o a sus maestros, entonces podrán mirar todas estas imitaciones en las que están atrapados, podrán examinarlas como estudian las matemáticas o cualquier otra materia.

¿Están conscientes, por ejemplo, de que tratan a las mujeres de distinta manera que a los hombres? ¿Por qué tratan desdeñosamente a las mujeres?  Al menos los hombres lo hacen con frecuencia. ¿Por qué van a un templo, por qué practican rituales, por qué siguen a un gurú?

Vean, primero tienen que darse cuenta de todas estas cosas y después pueden investigarlas, cuestionarlas, estudiarlas; pero si todo lo aceptan ciegamente porque por los últimos treinta siglos ha sido así, entonces eso no tiene sentido, ¿verdad?  Lo que indudablemente necesitamos son individuos como ustedes y como yo que están comenzando a examinar todos estos problemas, no de manera superficial o casual sino más y más profunda, a fin de que la mente tenga libertad para ser creativa, libertad para pensar, libertad para amar.

La educación es un medio para descubrir nuestra verdadera relación con las cosas, con otros seres humanos y con la naturaleza.  Pero la mente crea ideas.  Y estas ideas se vuelven tan fuertes, tan dominantes, que nos impiden mirar más allá.  En tanto haya temor hay seguimiento de la tradición, hay imitación.  Una mente que sólo imita es mecánica, ¿no es así?  En su funcionamiento es como una máquina: no es creativa, no examina los problemas.  Puede producir ciertas acciones, ciertos resultados, pero no es creativa.

Ahora bien, lo que todos debemos hacer -ustedes y yo igual que los maestros, los directores y las autoridades- es investigar juntos todos estos problemas, de modo que cuando dejen este lugar sean individuos maduros, capaces de considerar las cosas por sí mismos, sin depender de alguna estupidez tradicional.  Entonces tendrán la dignidad de un ser humano verdaderamente libre. Ése es todo el propósito de la educación, no el de prepararles meramente para que aprueben ciertos exámenes y después, por el resto de sus vidas, sean derivados hacia algo que no aman, como el convertirse en abogados o en oficinistas o en amas de casa o en máquinas de engendrar niños.  Tienen que insistir en que se les imparta la clase de educación que les estimule a pensar libremente y sin temor, que les ayude a investigar, a comprender; deben exigirla de sus maestros.  De lo contrario, desperdician la vida, ¿no es así?  Se les "educa", aprueban los exámenes de licenciatura o maestría, obtienen un empleo que les desagrada pero que aceptan a causa de que tienen que ganar dinero, se casan y tienen hijos... y ahí se quedan, clavados por el resto de sus vidas.  Son desdichados, infelices, pendencieros; no tienen nada que esperar, excepto más bebés, más hambre, más desdicha. ¿Llaman a esto el propósito de la educación?  Por cierto, la educación tiene que ayudarles a ser tan agudamente inteligentes que puedan hacer lo que aman y no queden atascados en algo estúpido que les hará desgraciados por el resto de sus vidas.

Por lo tanto, mientras son jóvenes deben despertar en su interior la llama del descontento, deben hallarse en un estado de revolución. Ésta es la época para inquirir, para descubrir, para crecer; por eso insistan en que sus padres y sus maestros les eduquen apropiadamente.  No se satisfagan meramente con sentarse en una aula y absorber información acerca de este rey o de aquella guerra.  Estén descontentos, acudan a sus maestros e inquieran, descubran.  Si ellos no son inteligentes, al inquirir así les ayudarán a que sean inteligentes.  Y cuando ustedes dejen la escuela crecerán en madurez, en verdadera libertad.  Entonces continuarán aprendiendo durante toda la vida hasta que mueran, y serán seres humanos inteligentes, dichosos.

 

 

Interlocutor: ¿ Cómo hemos de adquirir el hábito de vivir sin temor?

K.: Mira las palabras que has usado.  El "hábito" implica un movimiento que se repite una y otra y otra vez.  Si haces algo una y otra vez, ¿asegura eso alguna cosa, excepto la monotonía? ¿Acaso es un hábito la ausencia de temor?  Ciertamente, la ausencia de temor llega solamente cuando uno puede afrontar los acontecimientos de la vida y resolverlos a fondo, cuando puede verlos y examinarlos, pero no con una mente agotada que está presa en el hábito.

Si haces algo habitualmente, si estás preso en el hábito, eres meramente una máquina repetitivo.  El hábito es repetición, es hacer irreflexivamente la misma cosa una y otra vez, lo cual ¡implica construir un muro a nuestro alrededor.  Si a causa de algún hábito has construido un muro a tu alrededor, no estás libre del temor; es el propio vivir dentro del muro el que te hace temer.  Cuando tenemos la inteligencia para mirar todo lo que ocurre en la vida, lo cual implica examinar cada problema, cada suceso, cada pensamiento y emoción, cada reacción, sólo entonces estamos libres del temor.

 

CAPITULO 3

 

Hemos estado hablando acerca del temor y de cómo vernos libres de él, y hemos visto cómo el temor pervierte la mente impidiéndole ser libre, creativa y privándola, por lo tanto, de la enormemente importante cualidad de la iniciativa.

Creo que debemos considerar también la cuestión de la autoridad.  Ustedes saben qué es la autoridad, pero ¿saben cómo nace?  El gobierno tiene autoridad, ¿no es así?  Está la autoridad del estado, de la ley, del policía y del soldado.  Sus padres y sus maestros tienen cierta autoridad sobre ustedes, les hacen hacer lo que ellos piensan que deben hacer: irse a dormir a cierta hora, comer la clase apropiada de comida, conocer la clase correcta de personas.  Les disciplinan, ¿verdad? ¿Por qué?  Dicen que es por el propio bien de ustedes. ¿Lo es?  Investigaremos eso.  Pero primero tenemos que comprender cómo surge la autoridad.  La autoridad es coacción, compulsión, el poder de una persona sobre otra, de los pocos sobre los muchos o de los muchos sobre los pocos.

Por el hecho de que alguien sea mi padre o mi madre, ¿tiene algún derecho sobre mí? ¿Qué derecho tiene cualquiera de tratar a otro como basura? ¿Qué piensan ustedes que da origen a la autoridad?

Obviamente, en primer lugar está el deseo que cada uno de nosotros tiene de encontrar un modo seguro de comportamiento: queremos que se nos diga lo que debemos hacer.  Estando confundidos, preocupados y no sabiendo qué hacer, acudimos a un sacerdote, a un maestro, a un padre o a alguna otra persona buscando una salida para nuestra confusión.  A causa de que pensamos que él sabe mejor que nosotros lo que hay que hacer, vamos a ver al gurú o a algún otro hombre ilustrado y le pedimos que nos diga cómo debemos actuar.  Por lo tanto, es nuestro deseo de encontrar un estilo particular de la vida, una forma de conducta, lo que da origen a la autoridad, ¿no es así?

Digamos, por ejemplo, que voy a ver a un gurú.  Acudo a él porque pienso que es un gran hombre que conoce la verdad, que conoce a Dios y que, por lo tanto, puede darme paz.  No sé nada acerca de todo esto por mí mismo, de modo que acudo a él, me prostemo, le ofrezco flores, le entrego mi devoción.  Deseo ser consolado, que me digan lo que tengo que hacer y, de ese modo, creo una autoridad.  Esa autoridad no tiene una existencia real fuera de mí.

Mientras son ustedes jóvenes, el maestro puede señalarles aquello que no conocen.  Pero si es de verdad inteligente, les ayudará a que crezcan para ser también inteligentes, les ayudará a que comprendan la confusión en que viven a fin de que no busquen la autoridad, ni la de él ni la de ningún otro.

Existe la autoridad externa del estado, de la ley, del policía.  Somos nosotros los que creamos exteriormente esta autoridad, porque tenemos propiedades que proteger.  La propiedad es nuestra y no queremos que ningún otro la tenga, y así creamos un gobierno para que proteja lo que poseemos.  El gobierno se convierte en nuestra autoridad; es nuestra invención, para que nos proteja, para que proteja nuestro estilo de vida, nuestro sistema de pensamiento.  Gradualmente, a través de siglos, hemos establecido un sistema de leyes, de autoridad: el estado, el gobierno, la policía, el ejército, para que "me" proteja y proteja lo "mío".

También está la autoridad del ideal, que no es externa sino interna.  Cuando decimos: "debo ser bueno, no debo ser envidioso, debo sentirme fraternal con todos", creamos en nuestra mente la autoridad de un ideal, ¿no es así?  Supongamos que soy intrigante, estúpido, cruel, que lo quiero todo para mí, que deseo el poder. Ése es el hecho, es lo que realmente soy.  Pero pienso que debo ser fraternal porque así lo han dicho las personas religiosas, y también porque es conveniente, provechoso decir eso; en consecuencia, creo el ideal de la fraternidad.  No soy fraternal, pero por diversas razones deseo serio; de ese modo, el ideal se convierte en mi autoridad.

Entonces, a fin de vivir conforme a ese ideal, me impongo una disciplina.  Me siento muy envidioso de usted porque tiene un abrigo mejor o un sari más bonito o más títulos; por consiguiente, digo: "no debo tener sentimientos de envidia, debo ser fraternal".  El ideal se ha vuelto mi autoridad y trato de vivir conforme a ese ideal.¿Qué sucede entonces?  Que vida se convierte en una batalla constante entre lo que soy y lo que debería ser.  Me disciplino, y el estado también me disciplina; ya sea comunista, socialista o capitalista, el estado tiene ideas acerca de cómo debo comportarme.  Si vivo en un estado así y hago algo contrario a la ideología oficial, soy reprimido por el estado, o sea, por los pocos que controlan el estado.

Existen en nosotros dos partes: la parte consciente y la parte inconsciente. ¿Comprenden lo que eso significa?  Supongan que estoy paseando por el camino y hablo con un amigo.  Mi mente consciente está ocupada con nuestra conversación, pero hay otra parte de mí que está absorbiendo inconscientemente innumerables impresiones: los árboles, las hojas, los pájaros, la luz del sol sobre el agua.  Este impacto de lo externo sobre lo inconsciente ocurre todo el tiempo, aunque nuestra mente consciente esté ocupada.  Y lo que absorbe el inconsciente es mucho más importante que lo que absorbe la mente consciente. Ésta puede absorber comparativamente poco.  Ustedes absorben conscientemente, por ejemplo, lo que se les enseña en la escuela, y eso no es realmente mucho.  Pero la mente inconsciente está absorbiendo de manera constante las acciones recíprocas entre ustedes y el maestro, entre ustedes y sus amigos; todo esto ocurre subterráneamente e importa mucho más que la mera absorción de hechos en la superficie.  De manera similar, durante estas charlas de cada mañana, la mente inconsciente está absorbiendo constantemente lo que se dice, y más tarde, durante el día o durante la semana, de pronto lo recordarán.  Esto tendrá un efecto mayor sobre ustedes que lo que escuchan conscientemente.

Volvamos atrás: nosotros creamos la autoridad, la autoridad del estado, de la policía, la autoridad del ideal, la autoridad de la tradición.  Quiero hacer algo, pero mi padre dice: "No lo hagas".  Tengo que obedecerle, de lo contrario se enojará y dependo de él para alimentarme. Él me controla mediante el temor, ¿no es así?  Por lo tanto, se convierte en mi autoridad.  De igual modo, estamos controlados por la tradición: "debes hacer eso y no aquello, debes vestir tu sari de cierta manera, no debes mirar a los muchachos, o a las chicas..." La tradición les dice lo que deben hacer; y la tradición, después de todo, es conocimiento, ¿verdad?  Están los libros que les dicen lo que hay que hacer, sus padres les dicen lo que hay que hacer, la sociedad y la religión les dicen lo que hay que hacer. ¿Y a ustedes qué les ocurre?  Quedan aplastados, abatidos.  Jamás piensan, jamás actúan y viven vitalmente, porque todas estas cosas les atemorizan.  Dicen que tienen que obedecer, de otro modo estarán indefensos. ¿Qué significa esto?  Significa que han creado la autoridad, a causa de que están buscando un modo seguro de conducirse, una manera segura de vivir.  La persecución misma de la seguridad crea autoridad, y así es como nos volvemos meros esclavos, dientes en las ruedas de una maquinaria, viviendo sin ninguna capacidad para pensar, para crear.

No sé si ustedes pintan.  Si lo hacen, generalmente el maestro de arte les dice cómo pintar.  Ven un árbol y lo copian.  Pero pintar es ver el árbol y expresar sobre la tela o en el papel lo que sienten respecto de ese árbol, lo que significa: el movimiento de las hojas con el susurro del viento que pasa entre ellas. Para hacer eso, para captar el movimiento de la luz y de las sombras, tienen que ser muy sensibles. ¿Y cómo pueden ser muy sensibles a cualquier cosa si tienen miedo y están todo el tiempo diciendo: "debo hacer esto, debo hacer aquello, de lo contrario, ¿qué pensará la gente?".  Toda sensibilidad a lo bello es paulatinamente destruida por la autoridad.

Surge, entonces, el problema de si una escuela de esta clase debe disciplinarles.  Vean las dificultades que los maestros, si son verdaderos maestros, tienen que afrontar.  Alguno de ustedes es una chica o un chico desobediente; si yo soy un maestro, ¿debo imponerle una disciplina?  Si lo hago, ¿qué ocurre?  Siendo más grande, teniendo más autoridad y todo eso, y porque me pagan para hacer ciertas cosas, le obligo a obedecer.  Al hacerlo, ¿no estoy mutilando su mente? ¿No estoy comenzando a destruir su inteligencia?  Si le fuerzo para que haga las cosas porque pienso que eso es lo correcto, ¿no le vuelvo estúpido?  Y a ustedes les gusta ser disciplinados, que les fuercen para que hagan las cosas, aun cuando exteriormente puedan objetarle.  Eso les da una sensación de seguridad.  Si no les forzaran, piensan que estarían realmente mal, que harían cosas incorrectas; por lo tanto, dicen: "por favor, disciplíneme, ayúdeme a comportarme correctamente".

Entonces, ¿debo disciplinarles o más bien ayudarles a que comprendan por qué son desobedientes, por qué hacen esto o aquello?  Esto significa, sin duda, que como maestro o padre no debo tener sentido alguno de autoridad.  Debo ayudarles realmente a que comprendan sus dificultades, por qué son malos, por qué huyen; debo desear que se comprendan a sí mismos.  Si les fuerzo no les ayudo.  Si como maestro quiero ayudarles de verdad a que se comprendan a sí mismos, eso significa que sólo puedo ocuparme de unos pocos niños o niñas.  No puedo tener cincuenta estudiantes en mi clase.  Sólo he de tener unos pocos, de modo que pueda prestar atención individual a cada uno de ellos.  Entonces, no crearé la autoridad que les obligue a hacer algo que probablemente harían por su propia cuenta una vez que se comprendieran a sí mismos.

Espero, pues, que vean cómo la autoridad destruye la inteligencia.  Después de todo, la inteligencia puede advenir sólo cuando hay libertad, libertad para pensar, para sentir, para observar, para investigar.  Pero si les fuerzo, les hago tan tonitos como yo lo soy; y esto es lo que por lo general ocurre en una escuela.  El maestro enseña lo que sabe él y no saben ustedes. ¿Pero qué es lo que el maestro sabe?  Un poquito más de matemáticas o geografía. Él no ha resuelto ninguno de los problemas vitales, no ha investigado las cosas enormemente importantes de la vida, ¡y truena como Júpiter o como un sargento mayor!

Por lo tanto, en una escuela de esta clase es esencial que, en vez de ser meramente disciplinados para que hagan lo que se les dice, se les ayude a comprender, a ser inteligentes y libres, porque entonces serán capaces de afrontar sin temor todas las dificultades de la vida.  Esto requiere un maestro competente, un maestro que se interese realmente por ustedes, que no está preocupado por el dinero, por su esposa y sus hijos; y es responsabilidad tanto de los estudiantes como de los maestros crear un estado de cosas semejante.  No se limiten a obedecer, descubran cómo resolver un problema por sí mismos.  No digan: "hago esto porque mi padre quiere que lo haga".  Descubran más bien por qué quiere él que lo hagan, por qué piensa él que una cosa es buena y alguna otra es mala.  Háganle preguntas, de modo tal que no sólo despierten la propia inteligencia, sino que también le ayuden a él a ser inteligente.

¿Pero qué es lo que suele ocurrir cuando comienzan a hacerle preguntas a su padre? Él les castiga, ¿no es así?  Está preocupado por su trabajo y no tiene la paciencia, el amor para sentarse y conversar con ustedes sobre las enormes dificultades de la existencia, de ganarse la vida, de tener una esposa o un marido.  No quiere tomarse tiempo para examinar todo esto, de modo que les aparta o les manda a la escuela.  Y en esto, el maestro es igual que el padre de ustedes, igual que cualquier otra persona.  Pero es responsabilidad de los maestros, de los padres y de todos ustedes, los estudiantes, contribuir al despertar de la inteligencia.

 

Interlocutor: ¿De qué modo puede uno ser inteligente?

K.: ¿Qué implica esta pregunta?  Quieres un método por el cual ser inteligente, lo cual implica que sabes lo que es la inteligencia.  Cuando vas a algún lugar, ya sabes cuál es tu destino y sólo tienes que averiguar el modo de llegar más allá.  De igual manera, piensas que sabes lo que es la inteligencia y deseas un método por el cual puedas ser inteligente.  La inteligencia es el cuestionamiento del método.  El temor destruye la inteligencia, ¿no es así?  El temor te impide examinar, cuestionar, inquirir; te impide descubrir lo verdadero.  Quizá llegues a ser inteligente cuando ya no sientas temor.  Tienes que investigar todo el problema del temor y estar libre del temor; entonces existe la posibilidad de que seas inteligente.  Pero si preguntas: "¿de qué modo puedo ser inteligente?", estás cultivando meramente un método y así te vuelves tonto.

 

Interlocutor: Todos sabemos que vamos a morir ¿Por qué le tenemos miedo a la muerte?

K.: ¿Por qué le temes a la muerte?  Tal vez sea porque no sabes cómo vivir.  Si supieras cómo vivir plenamente, ¿le tendrías miedo a la muerte?  Si amaras los árboles, la puesta del sol, si amaras a los pájaros, la hoja que cae, si tuvieras conciencia de los hombres y mujeres que lloran, de la gente pobre, si realmente sintieras amor en tu corazón, ¿estarías temeroso de la muerte? ¿Lo estarías?  No te dejes persuadir por mí. Consideremóslo juntos.  Ustedes no viven con alegría, no son dichosos, no son vitalmente sensibles a las cosas; por eso preguntan qué va a pasar cuando mueran.  Para ustedes la vida es dolor, por eso están mucho más interesados en la muerte.  Sienten que tal vez habrá felicidad después de la muerte.  Pero ése es un problema tremendo y ustedes no saben cómo investigarlo.  Después de todo, en el fondo de esto está el temor: temor de morir, temor de vivir, temor de sufrir.  Si no pueden comprender qué es lo que causa el temor y se libran de él, entonces no tiene mucha importancia si están viviendo o si están muertos.

Interlocutor: ¿Como podemos vivir dichosamente?

K.: Cuando estás viviendo dichosamente, ¿lo sabes?  Sabes cuando estás sufriendo, cuando tienes un dolor físico.  Cuando alguien te golpea o se enoja contigo, sabes que sufres.  Pero cuando eres dichoso, ¿lo sabes? ¿Tienes conciencia de tu cuerpo cuando está sano?  Ciertamente, la felicidad es un estado del cual somos inconscientes, del cual no nos percatamos.  En el momento en que nos damos cuenta de que somos felices, dejamos de ser felices, ¿no es así?  Pero casi todos ustedes sufren; siendo conscientes de eso, desean escapar del sufrimiento hacia lo que llaman felicidad.  Quieren ser conscientemente felices; y en el momento en que son conscientemente felices, la felicidad se ha ido. ¿Puedes decir alguna vez que eres dichoso?  Es solamente después, un instante o una semana después cuando dices: " ¡qué feliz fui, qué dichoso he sido!".  En el instante real eres inconsciente de la felicidad, y ésa es su belleza.

 

CAPITULO 4

 

El problema de la disciplina es realmente muy complejo, porque la mayoría de nosotros piensa que mediante alguna forma de disciplina tendremos finalmente la libertad.  La disciplina es el cultivo de la resistencia, ¿no es así?  Pensamos que resistiendo, erigiendo internamente una barrera contra algo que considerarnos malo, seremos más capaces de comprenderlo y de tener libertad para vivir plenamente; pero eso no es un hecho, ¿verdad?  Cuanto más resisten o luchan contra algo, tanto menos lo comprenden.  Ciertamente, es sólo cuando hay libertad, verdadera libertad para pensar, para descubrir, cuando uno puede llegar a saber alguna cosa.

Pero la libertad, obviamente, no puede existir dentro de una estructura.  Y casi todos nosotros vivimos en una estructura, en un mundo creado por ideas, ¿no es así?  Por ejemplo, sus padres y sus maestros les dicen lo que está bien y lo que está mal, qué es dañino y qué es beneficioso.  Y ustedes saben lo que dice la gente, lo que dice el sacerdote, lo que dice la tradición y lo que han aprendido en la escuela.  Todo eso forma una especie de cercado dentro del cual viven, y, viviendo dentro de ese cercado, dicen que son libres. ¿Lo son? ¿Puede un hombre ser libre alguna vez, en tanto esté viviendo en una prisión?

Por lo tanto, uno ha de demoler los muros que lo mantienen preso en la tradición y descubrir por sí mismo qué es lo real, lo verdadero.  Tiene que experimentar y descubrir por su cuenta, y no seguir meramente a alguien, por noble o estimulante que sea esa persona y por feliz que uno pueda sentirse en su presencia.  Lo importante es ser capaz de examinar, no sólo aceptar, todos los valores creados por la tradición, todas las cosas que la gente ha dicho que son buenas, beneficiosas, valiosas.  En el momento en que aceptan, empiezan a amoldarse, a imitar; y el amoldarse, el imitar, el seguir, jamás pueden hacer que uno sea libre y dichoso.

Nuestros mayores dicen que ustedes deben ser disciplinados.  La disciplina se la imponen ustedes a sí mismos y les es impuesta por otros, desde fuera.  Pero lo importante es estar libres para pensar, para inquirir, de modo que puedan empezar a descubrir por sí mismos.  Por desgracia, la mayoría de la gente no quiere pensar, no quiere descubrir; tiene mentes cerradas.  Pensar profundamente, investigar las cosas y descubrir por uno mismo lo que es verdadero, resulta muy difícil; requiere percepción alerta, investigación constante, y la mayoría de las personas no tiene ni la disposición ni la energía para eso.  Dicen: "usted sabe mejor que yo; usted es mi gurú, mi maestro, y yo le seguiré".

Es entonces muy importante que desde la más tierna edad estén ustedes libres para descubrir y no se hallen cercados por un muro de "debes" y "no debes", porque si les dicen constantemente lo que deben y lo que no deben hacer, ¿qué ocurrirá con su inteligencia?  Serán entidades irreflexivas que solamente siguen una carrera, a las que sus padres les dicen con quién deben casarse o no casarse; y eso, evidentemente, no es la acción de la inteligencia.  Ustedes podrán pasar sus exámenes y ser muy prósperos, podrán tener buenas ropas y estar llenos de joyas, podrán gozar de amigos y de prestigio, pero en tanto estén atados por la tradición, no puede haber inteligencia.

La inteligencia, por cierto, adviene sólo cuando tenemos libertad para investigar, para considerar cuidadosamente las cosas y descubrir; de ese modo nuestra mente se vuelve muy activa, muy alerta y clara.  Entonces somos individuos plenamente integrados, no entidades temerosas que, no sabiendo qué hacer, sienten internamente una cosa y exteriormente se ajustan a algo diferente.

La inteligencia les exige que rompan con la tradición y vivan su propia vida, pero están cercados por las ideas de sus padres acerca de lo que deben y lo que no deben hacer y por las tradiciones de la sociedad.  En consecuencia, hay un conflicto desarrollándose internamente, ¿no es así?  Ustedes son todos jóvenes, pero no creo que sean demasiado jóvenes como para no darse cuenta de todo esto.  Quieren hacer algo, pero sus padres y maestros les dicen: "no lo hagas".  Por eso tiene lugar una lucha interna, y en tanto no resuelvan esa lucha estarán atrapados en el conflicto, en la pena, en el dolor, deseando perpetuamente hacer algo y estando impedidos de hacerlo.

Si lo investigan cuidadosamente, verán que la disciplina y la libertad son contradictorias, y que al buscar la verdadera libertad se pone en marcha un proceso diferente que trae su propia clarificación, de modo tal que ustedes simplemente no hacen ciertas cosas.

Mientras son jóvenes, es muy importante que estén libres para descubrir y se les ayude a que descubran lo que realmente quieren hacer en la vida.  Si no lo descubren mientras son jóvenes, jamás lo descubrirán y ya nunca serán individuos libres y dichosos.  La semilla debe ser sembrada ahora, de modo que comiencen ahora a tomar la iniciativa.

En el camino, han pasado frecuentemente junto a aldeanas que llevan pesadas cargas, ¿no es así? ¿Qué sienten respecto de ellas?  Esas pobres mujeres con los vestidos rotos y sucios, con comida insuficiente, que trabajan día tras día por un jornal de hambre, ¿sienten algo por ellas? ¿O están ustedes tan atemorizados, tan ocupados consigo mismos, con sus exámenes, con su apariencia, con sus saris, que jamás les prestan atención?  Cuando las ven pasar junto a ustedes, ¿qué sienten? ¿Sienten que son mucho mejores, que pertenecen a una clase más alta y que, por lo tanto, no necesitan tener consideración por ellas? ¿No quieren ayudarlas? ¿No?  Eso indica cómo piensan. ¿Acaso están todos tan embotados por siglos de tradición, por lo que dicen sus padres y sus madres, son tan conscientes de que pertenecen a cierta clase, que ni siquiera miran a los aldeanos y aldeanas? ¿Están realmente tan ciegos que no saben lo que pasa alrededor de ustedes?

Es el temor, temor a lo que dirán sus padres, sus maestros, temor a la tradición, temor a la vida, lo que destruye gradualmente la sensibilidad, ¿no es así? ¿Saben lo que es la sensibilidad?  Ser sensible es sentir, recibir impresiones, tener simpatía por aquellos que sufren, tener afecto, damos cuenta de las cosas que suceden alrededor de nosotros.  Cuando está repicando la campana del templo, ¿se dan cuenta de ello? ¿Escuchan el sonido? ¿Alguna vez ven la luz del sol sobre el agua? ¿Se dan cuenta de la gente pobre, de los aldeanos que han sido controlados, oprimidos durante siglos por los explotadores?  Cuando ven a un sirviente que lleva una alfombra pesada, ¿le prestan ayuda?

Todo esto implica la sensibilidad.  Pero ya lo ven, la sensibilidad se destruye cuando nos imponen una disciplina, cuando sentimos temor o nos interesamos mucho por nosotros mismos.  Interesamos por nuestra apariencia, por nuestros saris, pensar todo el tiempo en nosotros mismos -cosa que casi todos hacemos en una u otra forma-, es ser insensibles, porque entonces la mente y el corazón están cerrados y perdemos toda apreciación de la belleza.

Ser realmente libre implica una gran sensibilidad.  No hay libertad si estamos cercados por el interés propio o por distintos muros de disciplinas.  En tanto nuestra vida sea un proceso de imitación no puede haber sensibilidad ni libertad.  Es esencial, mientras están aquí, sembrar la semilla de la libertad, lo cual implica despertar la inteligencia; porque con esa inteligencia podrán ustedes abordar todos los problemas de la vida.

Interlocutor: ¿Es factible para un hombre librarse de todo sentimiento de temor y, al mismo tiempo, permanecer en la sociedad?

K.: ¿Qué es la sociedad?  Un conjunto de valores, un conjunto de normas, regulaciones y tradiciones, ¿no es así?  Uno ve estas condiciones externas y dice: "¿puedo tener una relación práctica con todo eso?" ¿Por qué no?  Después de todo, si uno encaja meramente en esa estructura de los valores, ¿es libre? ¿Y qué es lo que entiendes por "factible"?  Hay muchas cosas que uno puede hacer para ganarse la vida; y si eres libre, ¿acaso no puedes elegir lo que quieres hacer? ¿No es eso factible? ¿O considerarías factible olvidar tu libertad y encajar meramente en la estructura convirtiéndote en abogado, banquero, comerciante o barrendero?  Ciertamente, si eres libre y has cultivado tu inteligencia, descubrirás qué es lo mejor para tí.  Dejarás de lado todas las tradiciones y harás algo que amas realmente, sin considerar lo que tus padres o la sociedad aprueben o desaprueben.  A causa de que eres libre hay inteligencia, y harás algo que es completamente tuyo, actuarás como un ser humano integrado.

Interlocutor: ¿Qué es Dios?

K.: ¿Como vas a descubrirlo? ¿Aceptando la información de alguna otra persona? ¿O tratarás de descubrir por tí mismo qué es Dios?  Es fácil formular preguntas, pero experimentar la verdad requiere muchísima inteligencia, muchísima búsqueda e investigación.

Por lo tanto, la primera pregunta es: ¿vas a aceptar lo que otro dice acerca de Dios?  No importa quién lo diga, Krishna, Buda o Cristo, porque todos pueden estar equivocados; del mismo modo puede estar equivocado tu propio gurú particular.  Ciertamente, para descubrir qué es verdadero, tu mente tiene que estar libre para investigar, lo cual significa que no puede meramente aceptar o creer.  Yo puedo darte una descripción de la verdad, pero no será igual que si experimentas la verdad por ti mismo.  Todos los libros sagrados describen lo que es Dios, pero esa descripción no es Dios.  La palabra "Dios" no es Dios, ¿verdad?

A fin de descubrir qué es verdadero, jamás debes aceptar, jamás debes ser influido por lo que puedan decir los libros, los maestros o cualquier otra persona.  Si eres influido por ellos, sólo encontrarás lo que ellos quieren que encuentres.  Y debes saber que tu propia mente puede crear la imagen de lo que ella desea: puede imaginar a Dios con barba o con un solo ojo, puede hacer que sea azul o púrpura.  De modo que has de estar atento a tus propios deseos y no has de dejarte engañar por las proyecciones de tus propias necesidades y anhelos.  Si anhelas ver a Dios de cierta manera, la imagen que verás estará de acuerdo con tus deseos; y esa imagen no será Dios, ¿verdad?  Si estás sufriendo y deseas ser consolado, o si te sientes romántico o sentimental en tus aspiraciones religiosas, a larga crearás un Dios que proveerá lo que necesitas; pero eso tampoco será Dios.

Así que tu mente tiene que estar por completo libre; sólo entonces podrás descubrir lo verdadero, no mediante la aceptación de superstición alguna, no mediante la lectura de los así llamados libros sagrados ni siguiendo a ningún gurú.  Sólo cuando tengas esta libertad, esta verdadera libertad respecto de las influencias externas, y también estés libre de tus propios deseos y anhelos, de modo que tu mente sea muy clara, sólo entonces te será posible descubrir lo que Dios es.  Pero si meramente te sientas y especulas, entonces tu suposición es tan buena como la de tu gurú y es igualmente ilusoria.

Interlocutor: ¿ Podemos darnos cuenta de nuestros deseos inconscientes?

K.: En primer lugar, ¿te das cuenta de tus deseos conscientes? ¿Sabes lo que es el deseo? ¿Te das cuenta de que habitualmente no escuchas a nadie que esté diciendo algo contrario a lo que crees?  Tu deseo te impide escuchar.  Si deseas a Dios y alguien te señala que el Dios que deseas es el resultado de tus frustraciones y temores, ¿le escucharás?  Por supuesto que no.  Tú deseas una cosa y la verdad es algo por completo diferente.  Te limitas a ti mismo dentro de tus propios deseos.  Sólo te percatas a medias de tus deseos conscientes, ¿no es así?  Y mucho más difícil es darse cuenta de los deseos que están muy ocultos.  Para descubrir lo que está oculto, para descubrir cuáles son sus propias motivaciones, la mente que investiga tiene que ser absolutamente clara y estar completamente libre.  Por lo tanto, primero tienes que darte cuenta plenamente de tus propios deseos conscientes; entonces, a medida que te vuelvas cada vez más alerta a lo que está en la superficie, podrás ir penetrando más y más en lo profundo.

Interlocutor: ¿Por qué algunas personas nacen en condiciones de pobreza, mientras que otras son ricas y acomodadas?

K.: ¿Qué es lo que piensas tú?  En vez de preguntármelo y esperar mi respuesta, ¿por qué no averiguas lo que tú sientes al respecto? ¿Piensas que es algún proceso misterioso al que llamas karma?  En una vida anterior has vivido noblemente y, debido a eso, ¡ahora estás siendo recompensado con riqueza y posición! ¿Es así? O habiendo actuado mal en una vida anterior, ¡estás pagando por ello en esta vida!

Mira, éste es realmente un problema muy complejo.  La pobreza es culpa de la sociedad, una sociedad en la que los codiciosos y los astutos prosperan y alcanzan la cúspide.  Y nosotros queremos la misma cosa, también queremos trepar por la escalera y llegar a la parte de arriba.  Y cuando todos queremos llegar arriba, ¿qué sucede?  Pisamos a alguien; y el hombre al que pisan, al que destruyen, pregunta: "¿por qué la vida es tan injusta?  Ustedes lo tienen todo y yo no tengo capacidad, no tengo nada".  En tanto sigamos trepando por la escalera del éxito, siempre existirán el enfermo y el mal alimentado.  Es el deseo de éxito el que tiene que ser comprendido y no por qué hay ricos y pobres o por qué algunos tienen talento y otros no tienen ninguno.  Lo que tiene que cambiar es nuestro deseo de trepar, nuestro deseo de ser grandes, de alcanzar el éxito.  Todos aspiramos al éxito, ¿no es así?  Allí radica la culpa y no en el karma o en alguna otra explicación.  El hecho real es que todos nosotros deseamos estar en la cima; quizá no en la cima misma, pero al menos tan alto en la escalera como seamos capaces de treparla.  En tanto exista este impulso de ser grande, de ser "alguien" en el mundo, vamos a tener al rico y al pobre, al explotador y a los explotados.

Interlocutor: ¿Es Dios un hombre o una mujer, o es algo completamente misterioso?

K.: Acabo de contestar esa pregunta y me temo que no escuchaste.  Este país está dominado por los hombres.  Supongamos que digo que Dios es una señora, ¿qué harías?  Rechazarías eso porque estás lleno con la idea de que Dios es un hombre.  Así que tienes que descubrirlo por ti mismo; pero para descubrir, tienes que estar libre de todo prejuicio.