YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA

VOL 2


 

Capítulo 1

 

El Significado de Samadhi

 

 

XVII

 

Samprajnata samadhi es el samadhi que va acompañado de razonamiento, reflexión, felicidad y un sentimiento de puro ser.

 

XVIII

 

En el asamprajnata samadhi cesa toda actividad mental y la mente solamente retiene las impresiones inmanifestadas.

 

XIX

 

Los videhas y prakriti-layas alcanzan el asamprajnata samadhi porque dejaron de identificarse con sus cuerpos en vidas precedentes. Renacen porque las semillas del deseo permanecieron.

 

XX

 

Otros que alcanzan el asamprajnata samadhi lo alcanzan mediante el esfuerzo, el recogimiento, la concentración y la discriminación.

 

 

Patanjali es el más gran científico de lo interior. Su enfoque es el de una mente científica; no es un poeta. Y esto es algo muy extraño porque casi todos aquellos que penetran en el mun­do de lo interior son casi siempre poetas; aquellos que penetran en el mundo exterior son casi siempre científicos.

Patanjali es una flor poco común. Posee una mente científica pero su viaje es hacia el interior. Por eso se convirtió en la primera y la última palabra: él es el alfa y el omega. Durante cinco mil años nadie ha podido mejorarlo. Parece que nadie podrá mejorarlo. Seguirá siendo la última palabra porque esa misma combinación es algo imposible. Tener una actitud científica y penetrar en lo inte­rior es casi una posibilidad imposible. El habla como un matemáti­co, como un lógico. Habla como un Aristóteles y es un Heráclito.

Trata de comprender todas y cada una de sus palabras. Será difícil; será difícil porque emplea los términos de la lógica, del razonar, pero apunta hacia el amor, hacia el éxtasis, hacia Dios. Su terminología es la del hombre que trabaja en un laboratorio científico, pero su laboratorio es el del ser interior. Que no te confunda pues su terminología y retén contigo el sentimiento de que él es un matemático de la suprema poesía. El es una paradoja, pero nunca utiliza un lenguaje paradójico. No puede. El perma­nece fiel a un trasfondo absolutamente lógico. Analiza, diseccio­na, pero su meta es la síntesis. Analiza tan sólo para sintetizar.

Recuerda siempre pues que el objetivo es alcanzar lo Supremo a través de un enfoque científico; que no te confunda el camino. Por eso Patanjali ha causado una profunda impresión en la mente occidental. Patanjali siempre ha sido un factor influyente. Allí donde su nombre ha llegado, se ha convertido en una influencia porque eres capaz de comprenderlo fácilmente. Pero compren­derle no es suficiente. Comprenderle es tan fácil como compren­der a Einstein. El habla al intelecto, pero su objetivo, su blanco, es el corazón. Has de recordar esto.

Nos estaremos moviendo en un terreno peligroso. Si te olvi­das de que también es un poeta, resultarás confundido. Entonces resultarás atraído en exceso por su terminología, por su lenguaje, por su razonamiento, y te olvidarás de su objetivo. Quiere condu­cirte más allá del razonar, pero a través del razonamiento. Esa es una posibilidad. Pueda que agotes tan completamente el razonar, que lo trasciendas. Razonas; no lo evitas. Empleas la razón como un paso para trascenderla. Escucha ahora sus palabras. Cada pa­labra ha de ser analizada.

 

Samprajnata samadhi es el samadhi que va acompañado de razonamiento, reflexión, dicha y un sentimiento de puro ser.

 

El divide al samadhi, a lo Supremo, en dos pasos. Lo Supre­mo no puede ser dividido. Es indivisible, por lo tanto no hay, en realidad, pasos. Pero, simplemente para ayudar a la mente, al bus­cador, lo divide primeramente en dos. Al primer paso lo denomi­na samprajnata samadhi. Es un samadhi en el que la mente es retenida en toda su pureza.

En este primer paso, la mente ha de ser refinada y purificada. No puedes sencillamente deshacerte de ella, dice Patanjali. Es imposible deshacerse de ella porque las impurezas tienen tenden­cia a aferrarse. Solamente podrás desprenderte de ella cuando la mente sea absolutamente pura; tan refinada, tan sutil, que no ten­ga tendencia a apegarse.

No dice que abandones la mente como dicen los Maestros Zen. El dice que eso es imposible y que si afirmas eso estás diciendo tonterías. Estás diciendo la verdad, pero eso no es posible porque la mente impura posee un peso. Al igual que una piedra, pesa. Y una mente impura tiene deseos, millones de deseos insatisfechos, esperando ser satisfechos, pidiendo ser satisfechos. En ella hay millones de pensamientos incompletos. ¿Cómo vas a deshacerte de ella? Lo incompleto siempre trata de ser completado.

Recuérdalo: Patanjali dice que solamente podrás desprender­te de algo cuando se haya completado. ¿Lo has observado? Si eres un pintor y pintas, no podrás olvidarte del cuadro a menos que lo hayas acabado. Te persigue, te acecha. No puedes dormir bien; está ahí. En la mente existe una corriente subyacente. Se mueve, solicita ser completada. Una vez ha sido completada, se ha acabado. Puedes olvidarte de ella. La mente tiene una tenden­cia a completar las cosas. La mente es una perfeccionista y todo aquello que esté incompleto es una tensión para la mente. Patan­jali dice que no puedes deshacerte del pensar a menos que el pen­sar haya alcanzado tal perfección que no puedas hacer con él nada más. Entonces simplemente lo abandonas y lo olvidas.

Esto es un camino completa y diametralmente opuesto al Zen, a Heráclito. El primer samadhi -que es samadhi solamente de nombre- es el samprajnata samadhi, el samadhi con una mente sutilmente purificada. El segundo samadhi es el samprajnata samadhi; el samadhi de la no-mente. Pero Patanjali dice que, cuando desaparece la mente, cuando deja de haber pensamientos, también entonces, quedan retenidas en el inconsciente sutiles semillas procedentes del pasado.

La mente consciente es divida en dos. Primero, samprajnata; la mente en un estado purificado, como la mantequilla refinada. Posee su propia belleza, pero está ahí. Y por muy bella que sea, la mente es repugnante. Por muy pura y silenciosa que sea, el mismo fenómeno mental es impuro. No puedes purificar un veneno. Sigue siendo veneno. Más bien al contrario, cuanto más lo purificas, más venenoso se vuelve. Puede que parezca muy, muy hermosa. Puede tener su propia coloración, sus tonalidades, pero es aún impura.

Primero purifícala; luego abandónala. Pero tampoco enton­ces se ha completado el viaje porque todo esto sucede en la mente consciente. ¿Qué harás con el inconsciente? Justo detrás de las capas del consciente se encuentra el inmenso continente del in­consciente. En el inconsciente se encuentran semillas de tus vi­das pasadas.

Entonces Patanjali divide al inconsciente en dos. Habla del sabij samadhi, del samadhi en el cual el inconsciente permane­ce mientras que la mente ha sido ya abandonada conscientemen­te. Es un samadhi con semillas, sabij. Luego esas semillas tam­bién son quemadas; entonces alcanzas la perfección, el nirbij samadhi; el samadhi sin semillas.

De modo que el consciente es dividido en dos pasos y luego el inconsciente es dividido en dos pasos. Y cuando se da el nirbij samadhi, el éxtasis supremo, sin que en ti existan semillas de ninguna clase que puedan germinar y florecer y conducirte a más viajes en la Existencia, entonces desapareces.

 

En estos sutras dice,

 

"Samprajnata samadhi es el samadhi que va acompañado de razonamiento, reflexión, dicha y un sentimiento de puro ser."

 

Pero este es el primer paso y muchos resul­tan confundidos. Creen que éste es el último porque es muy puro. Te sientes tan extático, tan feliz, que crees que no hay ya nada más que alcanzar. Si le preguntas a Patanjali te dirá que el satori del Zen es simplemente el primer samadhi. No es el final, no es lo máximo. Lo supremo aún queda lejos.

Las palabras que emplea no pueden ser traducidas exactamen­te porque el sánscrito es el lenguaje más perfecto; no hay ningún lenguaje que se le aproxime. Así que tendré que explicártelo. La palabra que emplea es vitarka. En castellano se traduce como ra­zonar. Es una pobre traducción. Ha de comprenderse lo que es vitarka. "Tarka" quiere decir "lógica" y Patanjali dice que exis­ten tres clases de lógica. A una la denomina kutarka, el razonamiento orientado hacia lo negativo, siempre pensando en función del "no", en el cuál tú niegas, dudas, eres nihilista.

El hombre que vive en kutarka, en la lógica negativa, siem­pre piensa en cómo negar cualquier cosa que digas, cómo puede decir "no" a eso. El mira hacia lo negativo. Siempre está que­jándose, refunfuñando. Siempre siente que hay algo que está mal, ¡siempre! No puedes enderezarle porque ésta es su orienta­ción. Si le dices que mire al sol, no verá el sol. Verás las man­chas en el sol; siempre encuentra el lado oscuro de las cosas. Eso es kutarka. Eso es kutarka, el falso razonamiento; pero se parece al razonar.

Finalmente conduce al ateísmo. Entonces niegas a Dios, por­que si no puedes ver lo bueno, si no eres capaz de ver el lado iluminado de la vida, ¿cómo vas a ver a Dios? Simplemente lo niegas. Entonces toda la Existencia se oscurece. Entonces todo está mal y tú creas un infierno a tu alrededor. Si todo anda mal, ¿cómo puedes ser feliz? Y eso es lo que tú creas, y siempre encuentras algo que está mal en la vida porque la vida consiste en dualidad.

En el rosal hay hermosas flores, pero también espinas. Un hombre de kutarka contará las espinas y luego llegará a la conclusión de que esa rosa debe ser una ficción; no puede existir. Entre tan­tas espinas, entre millones de espinas, ¿cómo puede existir una rosa? Es imposible. Niega esa misma posibilidad. Alguien debe de estar engañándonos.

Mulla Nasrudin estaba muy, muy triste. Acudió al sacerdote y le dijo, "¿Qué he de hacer? Mi cosecha ha quedado destruida. No llueve". El sacerdote le dijo, "No te aflijas, Nasrudin. Mira la cara alegre de la vida. Puedes ser feliz porque aún te queda mu­cho. Y cree siempre en Dios que es el que nos lo da todo. Se preocupa hasta de los pájaros que vuelan, ¿por qué te preocupas tú tanto?" Nasrudin le dijo muy amargamente, "¡Sí! ¡Con mi co­secha! ¡Dios se preocupa de los pájaros dándoles mi grano!"

No puedes ver nada más. Su cosecha ha sido destruida por esos pájaros y Dios les está ayudando, así que el dice, "Mi cose­cha ha quedado destruida". Esta clase de mente siempre encon­trará una cosa u otra y siempre estará tensa. La ansiedad le segui­rá como una sombra. A esto Patanjali lo llama kutarka, la lógica negativa, el razonamiento negativo.

Luego existe tarka, el simple razonamiento. El simple razona­miento no te conduce a ninguna parte. Se mueve en círculos por­que no tiene ninguna meta. Puedes continuar razonando y razonando y razonando, pero sin llegar a ninguna conclusión porque el razonar puede obtener una conclusión sólo cuando existe un objetivo desde un comienzo. Si vas en una dirección determina­da, entonces llegas algún sitio. Si vas en todas direcciones, a ve­ces hacia el sur, a veces hacia el este, a veces hacia el oeste, des­perdicias la energía.

El razonar sin una meta se denomina tarka; razonar con una actitud negativa es denominado kutarka; el razonar desde lo po­sitivo se denomina vitarka. "Vitarka" quiere decir "razonar de modo especial". Así pues, vitarka es el primer elemento del samprajnata samadhi. Un hombre que quiere alcanzar la paz in­terior ha de ser adiestrado en vitarka, en el razonamiento espe­cial. Siempre mira hacia lo positivo, hacia el lado bello de la vida. Se fija en las flores y se olvida de las espinas. No es que no existan espinas, sino que a él no le preocupan. Si amas las flo­res y te fijas en las flores llegará un momento en que no podrás creer en las espinas, porque ¿cómo es posible que puedan exis­tir espinas allí donde se encuentran tan bellas flores? Debe de haber algo ilusorio.

Un hombre de kutarka se fija en las espinas; entonces las flo­res se convierten en una ficción. El hombre de vitarka se fija en las flores; las espinas se vuelven ficticias. Por eso Patanjali dice que vitarka es el primer elemento. A través de él, el éxtasis es posible. A través de vitarka uno alcanza el cielo. Uno crea a su alrededor su propio cielo.

Lo que cuenta es tu opinión. Todo aquello que encuentras a tu alrededor es tu propia creación; cielo o infierno. Y Patanjali dice que puedes trascender la lógica y el razonamiento únicamente mediante el razonamiento positivo. Mediante lo negativo nunca podrás trascenderla, porque cuanto más digas "no", más moti­vos encontrarás para estar triste. Si dices "no" y niegas, poco a poco, te volverás en tú interior un "no" constante; una noche oscura. Solamente podrán florecer en ti, espinas y no flores. Serás un desierto.

Cuando dices "sí' encuentras más y más motivos para decir "sí'. Cuando dices "sí', siempre dices "sí'. Reafirmas la vida y mediante tu "sí', absorbes todo lo bueno, lo hermoso, todo lo auténtico. El "sí' se convierte en la puerta que hay delante de ti para que penetre lo Divino. El "no" se convierte en una puerta cerrada. Con tu puerta cerrada, eres un infierno. Si abres tus puer­tas, si tienes todas tus puertas abiertas, la Existencia fluye hacia ti. Estás fresco, vital, vivo; te vuelves una flor.

Vitarka, vichar, ananda. Patanjali dice que si estás en sinto­nía con vitarka, con el razonamiento positivo, entonces puedes ser un pensador; nunca antes. Entonces surge el pensar. El le da al pensar un significado muy diferente. Tú también crees que pien­sas. Patanjali no está de acuerdo. El dice que tú tienes pensamien­tos, pero no que piensas. Por eso digo que es difícil traducirlo.

Dice que tú tienes pensamientos, pensamientos errantes como una multitud, pero que no "piensas". Entre dos de tus pensamien­tos no hay una corriente interior. Están desconectados, no existe un plan interior. Tu "pensar" es un caos. No es un cosmos, no tiene una disciplina interior. Es simplemente como un rosario. Son cuentas mantenidas unidas por un hilo invisible que las atra­viesa. Los pensamientos son cuentas; el pensar es el hilo. Tú tie­nes las cuentas; de hecho, demasiadas, más de las que necesitas, pero no hay ningún hilo que las una atravesándolas. Ese hilo inte­rior es llamado "pensar" por Patanjali; vichar. Tú tienes pensa­mientos, pero no "pensar". Y si esto sigue así, te volverás loco. Un loco es un hombre que tiene millones de pensamientos y que no piensa; y el samprajnata samadhi es un estado en el que no hay pensamientos, pero en el que el "pensar" es perfecto. Se ha de comprender esta diferencia.

Tus pensamientos, en primer lugar, no son tuyos. Los has re­cogido, de la misma forma que a veces en una habitación oscura, un rayo de luz entra por el tejado y ves millones de partículas de polvo flotando en el rayo. Cuando miro en tu interior, veo el mis­mo fenómeno: millones de partículas de polvo. Tú las llamas pen­samientos. Entran y salen de ti. De una mente pasan a otra, y así continúan. Tienen su vida propia.

Un pensamiento es un objeto, tiene su propia existencia. Cuan­do muere una persona, todos sus locos pensamientos son libera­dos de inmediato y empiezan a buscar cobijo en algún otro lugar. Inmediatamente entran en aquellos que hay por allí. Son como gérmenes, tienen su vida propia. Incluso estando vivo, continúas dispersando tus pensamientos a tu alrededor. Cuando hablas, lan­zas tus pensamientos hacia los demás. Pero cuando estás en si­lencio, también entonces estás proyectando tus pensamientos a tu alrededor. No son tuyos; eso es lo primero.          .

Un hombre de razonamiento positivo descartará todos los pen­samientos que no sean suyos. No son auténticos; no los ha encontrado a través de su propia experiencia. Los ha tomado de los demás; son prestados. Son sucios. Han pasado por muchas ma­nos y mentes. Un hombre de "pensar" no pedirá prestado. Le gus­tará tener sus propios pensamientos originales. Y si eres positivo, y si contemplas la belleza, la verdad, la bondad, las flores, si te vuelves capaz de ver, incluso en la noche más oscura, que la ma­ñana está cerca, te vuelves capaz de pensar.

Entonces puedes crear tus propios pensamientos. Y un pensa­miento que es creado por ti es realmente potente; posee un poder propio. Esos pensamientos que tú has tomado prestados están casi muertos porque han estado viajando y viajando durante mi­llones de años. Su origen se ha perdido; han perdido todo contac­to con su origen. Son sólo partículas de polvo flotando a tu alre­dedor. Tú los coges. Pareces incluso consciente de ellos, pero tu consciencia es tal que no puede ver a través de las cosas.

A veces estás sentado. De repente te pones triste sin ninguna razón. No puedes descubrir la razón. Miras a tu alrededor y no hay razón alguna. No hay nada, nada ha sucedido. Eres el mismo. De repente la tristeza te invade. Un pensamiento pasa; tú estabas en su camino. Es un accidente. Pasaba un pensamiento como una nube; un pensamiento triste liberado por alguien. Es un accidente. Tú estás en sus manos. A veces un pensamiento perdura. Tú no te das cuenta de por qué sigues pensando en él. Parece absurdo, parece algo inútil. Pero te sientes impotente. Sigue golpeando a tu puerta. "Piénsame", dice. En tu puerta hay un pensamiento espe­rando y pidiendo entrar. Dice, "Déjame sitio. Me gustaría entrar".

Cada pensamiento tiene vida propia. Se mueve. Y tiene un gran poder y tú sientes mucha impotencia porque eres muy in­consciente, de modo que estás a merced de los pensamientos. Toda tu vida consiste en esos accidentes. Te encuentras a alguien y toda la pauta de tu vida cambia. Algo entra en ti. Entonces eres poseído y te olvidas de adónde ibas. Cambias tu dirección; sigues ese pensamiento. Y esto es sólo un accidente. Eres como un niño.

Patanjali dice que esto no es "pensar". Este es el estado de ausencia de "pensar". Esto no es pensar. Tú eres una multitud. No tienes un centro en tu interior que pueda pensar. Cuando uno entra en la disciplina de vitarka, del verdadero razonar, entonces uno, poco a poco, va volviéndose capaz de pensar. El pensar es una capacidad; los pensamientos no lo son. Los pensamientos pueden ser adquiridos de otros; el pensar, nunca. Has de aprender a pensar por ti mismo.

Y ésta es la diferencia entre las antiguas escuelas hindúes de aprendizaje y las modernas universidades. En las universidades modernas adquieres pensamientos. En las antiguas escuelas de aprendizaje, en las escuelas de sabiduría, ellos enseñaban a pen­sar, no a adquirir pensamientos.

El pensar es una cualidad de tu ser interior. ¿Qué quiere decir "pensar"? Quiere decir retener tu consciencia, permanecer alerta y consciente, encarar un problema. Ahí hay un problema: lo enca­ras con total consciencia. Y entonces surge una respuesta, una contestación. Esto es pensar. Se plantea una pregunta y tú ya tie­nes una respuesta preparada. Antes de que la hayas planteado, la respuesta aparece. Alguien dice, "¿Existe Dios?" No acaba de decirlo y tú dices, "sí'. Asientes con tu cabeza de madera; dices, "Sí, Dios existe".

¿Es tuya esa idea? ¿Has pensado ahora mismo en el problema o acarreas con una respuesta preparada en tu memoria? Alguien te la ha dado: tus padres, tus maestros, tu sociedad. Alguien te la ha proporcionado y tú la guardas como un valioso tesoro, y esta respuesta llega desde esa memoria. Un hombre de "pensar" utili­za su consciencia cada vez que se plantea un problema. Emplea su consciencia rejuvenecida. Encara el problema y entonces sur­ge un pensamiento en su interior que no forma parte de la memo­ria. Esa es la diferencia. Un hombre de ideas es un hombre de memoria; no posee la capacidad de pensar. Si le planteas una pre­gunta nueva, se queda perplejo. No sabrá contestar. Si planteas una pregunta de la cual él conoce la respuesta, contestará de in­mediato. Esta es la diferencia entre un pandit y un hombre que sabe, un hombre que es capaz de pensar.

Patanjali dice que vitarka, el verdadero razonar, conduce a la reflexión, vichar. La reflexión, vichar, conduce al éxtasis. Este es el primer destello, desde luego, y es un vislumbre. Vendrá y se irá. No podrás mantenerlo durante mucho tiempo. Solamente será un vislumbre, como si durante un instante un rayo iluminara y vie­ras desaparecer toda la oscuridad. Pero de nuevo la oscuridad está ahí. Es como si desaparecieran las nubes y durante un segundo contemplaras la luna; después, otra vez, aparecen las nubes.

O, en una soleada mañana cerca de los Himalayas, puedes, durante un instante, vislumbrar el Gourishankar, la cumbre más alta. Pero luego aparece la niebla y más tarde aparecen nubes, y la cima deja de verse. Esto es un satori. Por eso nunca traducimos satori como samadhi. Satori es un vislumbre. Después de obtener­lo queda mucho por hacer. De hecho, el verdadero trabajo empieza después del primer satori, del primer vislumbre, porque entonces has probado el sabor del infinito. Ahora empieza una verdadera, una auténtica, búsqueda. Hasta ahora, era solamente a medias, ti­biamente, porque no confiabas plena y absolutamente en lo que hacías, no sabías hacia adónde ibas, qué era lo que sucedía.

Antes, había fe, confianza. Antes se necesitaba de un Maestro para guiarte, para reconducirte una y otra vez. Pero después de que el satori haya ocurrido, deja de haber fe. Se ha convertido en saber. Ahora el confiar no es un esfuerzo. Ahora confías porque tu propia experiencia te lo ha demostrado. Después del primer vislumbre, empieza la verdadera búsqueda. Antes, simplemente dabas vueltas y más vueltas. El verdadero razonamiento conduce a la verdadera reflexión; la verdadera reflexión conduce al estado de éxtasis, y este estado de éxtasis conduce a un estado de puro ser.

Una mente negativa siempre es egoísta. Este es el estado im­puro del ser. Tú sientes el "yo", pero sientes el "yo" por motivos equivocados. Simplemente observa. El ego se alimenta del "no". Siempre que dices "no", surge el ego. Siempre que dices "sí", el ego no puede aparecer porque el ego necesita lucha, el ego nece­sita del reto, el ego necesita ponerse a sí mismo contra alguien, contra algo. No puede existir en solitario; necesita de la duali­dad. Un egoísta siempre busca la pelea; con alguien, con algo, con alguna situación. Siempre trata de encontrar algo a lo que decir "no", sobre lo que imponerse, sobre lo que salir victorioso.

El ego es violento y el "no" es la violencia más sutil. Cuando dices "no" a los hechos corrientes, incluso ahí surge el ego. Un pequeño le dice a la madre, "¿Puedo salir a jugar?", y ella dice, "¡No!". No era realmente importante, pero cuando la madre dice, "¡No!", siente que es alguien. Vas a la estación de ferrocarril y pides un billete. El que los despacha ni siquiera te mira. Conti­núa trabajando aunque no haya nada que hacer. El está diciendo, "¡No! ¡Espera!" Se siente alguien, algo. Por eso, en las oficinas de todo el mundo, siempre escucharás "no". El "sí" es muy raro, muy raro. Un oficinista corriente puede decir "no" a cualquiera, no importa quién seas. El se siente poderoso.

El "no" te da una sensación de poder; recuerda esto. A menos que sea absolutamente necesario, nunca digas "no". Incluso aun­que sea absolutamente necesario, dilo de una manera tan afirma­tiva que el ego no pueda surgir. Puedes hacerlo. Incluso el "no" puede ser dicho de tal forma que parezca un "sí”. Puedes decir "sí” de una manera que parezca un "no". Depende del tono, de­pende de la actitud, depende de los modales.

Recuerda esto: los buscadores han de recordar en todo mo­mento que han de vivir continuamente en el aroma del "sí”. Esto es ser un hombre de fe. El dice "sí”. Aunque sea necesario el "no", él dice "sí”. No aprecia que exista ningún antagonismo en la vida. El afirma. Dice "sí” a su cuerpo, dice "sí” a su mente, dice "sí” a todo el mundo, dice "sí” a la Existencia absoluta. El flore­cimiento supremo sucede cuando puedes dar un "sí” categórico sin ninguna condición. Entonces, de repente, el ego se desmoro­na, no puede soportarlo. Necesita el sostén del "no". La actitud negativa crea el ego. Con la actitud positiva el ego desaparece y entonces el ser es puro.

El sánscrito tiene dos palabras para el "yo": ahankar y asmita. Son difíciles de traducir. Ahankar es el falso sentimiento del "yo" que surge del decir "no". Asmita es el verdadero sentimiento del "yo" que procede del decir "sí”. Ambos son" yo". Uno es impu­ro; el "no" es la impureza. Niegas, destruyes. El "no" es destruc­tivo, es una destrucción muy sutil. Nunca lo emplees. Deshazte de él tanto como puedas. Siempre que estés alerta, no lo uses.

Trata de encontrar otro camino. Incluso aunque tengas que decir "no", dilo de tal forma que parezca un "sí”. Poco a poco te irás sintonizando y sentirás una inmensa pureza llegando a través del "sí”.

Luego está asmita. Asmita es el sentimiento de "ser" sin ego. Entonces no hay sentimiento de "yo" en oposición a nadie. Es como sentirse a uno mismo sin tener que situarse en oposición a nadie. Es sentir simplemente tu absoluta soledad, y la soledad absoluta en el estado más puro. Cuando digo "yo soy", "yo" es ahankar, "soy" es asmita. Solamente existe el sentimiento de "ser" sin ningún "yo" junto a él; simplemente el sentimiento de ser, de existir. El "sí” es hermoso, el "no" es repugnante.

 

En el asamprajnata samadhi cesa toda actividad mental y la mente solamente retiene las impresiones inmanifestadas

 

Samprajnata samadhi es el primer paso. Implica el verdadero razonar, la verdadera reflexión, un estado de éxtasis, un vislum­bre del éxtasis, y un sentimiento de "ser"; pura y simplemente "ser", sin trazas de ego. Esto conduce al asamprajnata samadhi. El primero es pureza; el segundo es una desaparición. Incluso lo más puro es impuro porque está ahí. El "yo" es falso; "soy" tam­bién es falso. Es mejor que "yo", pero existe una posibilidad superior cuando también el "soy" desaparece; no sólo el ahankar, sino también el asmita. Tú eres impuro; luego te purificas. Pero si empiezas a sentir "yo soy puro", la pureza misma se ha conver­tido en impureza. Eso también ha de desaparecer.

La desaparición de la pureza es asamprajnata samadhi. La desaparición de la impureza es samprajnata samadhi. La desapa­rición de la pureza como tal, es asamprajnata. Es el cese de toda actividad mental. En el primer estado los pensamientos desapare­cen. En el segundo estado, el pensar también desaparece. Las espi­nas desaparecen en el primer estado. En el segundo estado, desapa­recen también las flores. Cuando el "no" desaparece en el primer estado, subsiste el "sí”. En el segundo estado, el "sí” también desaparece porque el "sí” está también relacionado con el "no". ¿Cómo puedes retener el "sí” sin el "no"? Van juntos, no puedes separarlos. Si el "no" desaparece, ¿cómo puedes decir "sí”? En lo profundo, "sí” es decir "no" al "no". Es una negación de la nega­ción. Existe un sutil "no". Cuando dices "sí”, ¿qué es lo que ha­ces? Estás diciendo "no", pero el "no" es interior. No lo exterio­rizas; permanece inmanifestado.

Tu "sí” no puede significar nada si en tu interior no tienes un "no". ¿Qué significado tendrá? No tendrá ninguno. El "sí” tiene un significado solamente en función del "no". El "no" posee un significado solamente en función del "sí”. Son una dualidad. En el samprajnata samadhi, el "no" es abandonado; todo lo falso es abandonado. En el asamprajnata samadhi, el "sí” es abandona­do. Todo lo que es verdadero, todo lo que es bueno, eso, también es abandonado. En el samprajnata samadhi te deshaces del Dia­blo; en el asamprajnata samadhi te deshaces también de Dios, porque, ¿cómo puede existir Dios sin el Diablo? Son dos aspec­tos de la misma moneda.

Toda actividad cesa. El "sí” también es una actividad, y la ac­tividad es una tensión. Algo subsiste. Puede que incluso sea her­moso, pero todavía algo continúa. Y al cabo de un tiempo, inclu­so lo hermoso se vuelve feo. Después de un tiempo te sientes aburrido incluso con las flores. Después de un tiempo, la activi­dad, aunque sea muy sutil y pura, te hace estar en tensión; se convierte en ansiedad.

 

En el asamprajnata samadhi cesa toda actividad mental y la mente solamente retiene las impresiones inmanifestadas

 

Pero todavía no es la meta, porque, ¿qué sucederá con todas las impresiones que has acumulado en el pasado? Has vivido mu­chas, muchas vidas, has hecho y has deshecho. Has hecho mu­chas cosas, has deshecho muchas cosas. ¿Qué sucederá con ellas? La mente consciente se ha vuelto pura; la mente consciente ha abandonado incluso la actividad de la pureza. Pero el inconscien­te es inmenso y allí cargas con todas las semillas, con todas las impresiones. Están dentro de ti.

El árbol ha desaparecido; lo has cortado por completo. Pero las semillas que han caído, yacen en el suelo. Germinarán cuando llegue la estación. Vivirás otra vez; nacerás otra vez. Desde luego que tu calidad será ahora distinta, pero nacerás otra vez porque    esas semillas aún no han sido quemadas.

Has cortado lo que se había manifestado. Es fácil acabar con algo que se manifiesta; es fácil derribar todos los árboles. Puedes ir al jardín y levantar todo el césped, toda la hierba, por completo; puedes acabar con todo. Pero al cabo de dos semanas la hierba, de nuevo, brotará porque tú solamente arrancaste lo manifestado. Las semillas que yacen en el suelo, permanecen sin ser tocadas. Eso ha de ser hecho en el tercer estado.

Asamprajnata samadhi es aún sabij; con semillas. Y hay mé­todos para quemar esas semillas, para encender el fuego; el fuego del que Heráclito habla: cómo encender el fuego y quemar las semillas del inconsciente. Cuando también desaparezcan, enton­ces el suelo será absolutamente puro; nada podrá brotar de él. Entonces no habrá nacimiento ni muerte. Entonces toda la rueda se detendrá para ti; te habrás salido de la rueda. Y el salirte de la sociedad no te ayudará a menos que salgas de la rueda. Entonces te convertirás en uno que ha salido de ella por completo.

Buda salió por completo; Mahavira, Patanjali, salieron por completo. Ellos no salieron de la sociedad o de lo establecido. Ellos salieron por completo de la rueda misma de la vida o de la muerte. Pero eso solamente sucede cuando todas las semillas han sido quemadas. El final es el nirbij samadhi; sin semillas.

 

En el asamprajnata samadhi cesa toda actividad mental y la mente solamente retiene las impresiones inmanifestadas

 

Los videhas y prakriti-layas alcanzan el asamprajnata samadhi porque dejaron de identificarse

con sus cuerpos en vidas precedentes.

Renacen porque las semillas del deseo permanecieron.

 

Incluso un Buda nació. En su vida anterior, él alcanzó el asamprajnata samadhi, pero las semillas estaban ahí. Tuvo que volver una vez más. Incluso un Mahavira nace; las semillas le traen. Pero ésta será su última vida. Después del asamprajnata samadhi, solamente es posible una vida. Pero entonces la calidad de la vida será totalmente diferente porque este hombre no se identificará con el cuerpo. Y este hombre no tendrá realmente nada que hacer porque la actividad mental habrá cesado. Enton­ces, ¿qué hará? ¿Para qué se necesita esta vida? El solamente ha de dejar que esas semillas se manifiesten, y permanecer como un testigo. Este es el fuego.

Un hombre fue ante Buda y le escupió; estaba enfadado. Buda se limpió la cara y le preguntó, "¿Tienes algo más que decir?" El hombre no podía comprenderle. Estaba realmente enfadado; hir­viendo. No podía ni siquiera comprender lo que Buda le decía. Y la escena parecía absurda, porque Buda no reaccionó. El hombre no sabía qué hacer, qué decir. Se fue; durante toda la noche no pudo dormir. ¿Cómo puedes dormir cuando insultas a alguien y no hay una reacción? Entonces tu insulto recae sobre ti. Has dis­parado la flecha, pero no ha sido recibida. Regresa; no encuentra dónde ir y regresa a su origen. El insultó a Buda, pero el insulto no pudo encontrar cobijo en Buda. ¿Dónde irá pues? Regresa a su primer amo.

Toda la noche estuvo inquieto; no podía creer lo que había sucedido. Y entonces empezó a sentirse arrepentido, a sentir que se había equivocado, que no había actuado correctamente. A la mañana siguiente, temprano, fue otra vez y le pidió perdón. Buda le dijo, "No te preocupes por eso. Debo de haberte causado algún mal en el pasado. Ahora hemos ajustado cuentas. Y yo no voy a reaccionar. Si no, lo mismo ocurrirá una y otra vez. ¡Se acabó! No he reaccionado. Debido a que en alguna parte había una semilla, tenía que ser eliminada. Ahora mi cuenta contigo se ha cerrado".

En esta vida, un videha, uno que ha comprendido que él no es el cuerpo, que ha alcanzado el asamprajnata samadhi, regresa al mundo solamente para liquidar sus cuentas. Toda su vida consis­te en cerrar cuentas. Millones de vidas, muchas relaciones, mu­chos compromisos y relaciones: todo ha de cerrarse.

Sucedió que Buda llegó a un pueblo. Todo el pueblo se reunió; estaban ansiosos por escucharle. Era una rara oportunidad. Inclu­so los principales del pueblo continuamente invitaban a Buda y él nunca acudía. Pero había llegado a ese pequeño pueblo que estaba lejos de su camino, y sin una invitación, porque la gente del pueblo nunca pudo reunir el coraje suficiente para acudir a él y pedirle que fuera a su pueblo. Era simplemente un pequeño pueblo con unas cuantas chozas, y él había ido sin ser invitado. Todo el pueblo estaba absolutamente ansioso y él estaba sentado bajo un árbol sin hablar.

Le dijeron, "¿A quién estás esperando ahora? Todo el mundo está aquí; todo el pueblo está aquí. Empieza". Buda dijo, "He de espe­rar porque he venido buscando a alguien que no está aquí. He de cumplir una promesa, he de cerrar una cuenta. Estoy esperando a esa persona". Entonces llegó una chica y Buda empezó. Después de hablar, le preguntaron, "¿Estabas esperando a esa chica?".

La chica pertenecía a los "intocables"; la clase más baja. Na­die podía pensar que Buda pudiera estar esperándola a ella. El dijo, "Sí, la estaba esperando. Cuando venía me encontró por la carretera y me dijo, "Espera, porque tengo algo de trabajo en el otro pueblo. Pero pronto volveré". Y en vidas pasadas, le había prometido que, en cierta manera, cuando me iluminara, regresaría y le contaría eso que me habría sucedido. La cuenta ha de ser cerrada. Esa promesa pendía sobre mí. Y si no la hubiera satisfe­cho, hubiera tenido que regresar otra vez".

Un videha o un prakriti-laya; las dos palabras son hermosas. "Videha" significa "uno que vive sin cuerpo". Cuando alcanzas el asamprajnata samadhi el cuerpo está ahí, pero tú no tienes cuerpo. Dejas de ser el cuerpo. El cuerpo se convierte en la mora­da; no estás identificado.

Esos dos términos son hermosos: videha y prakriti-laya. "Videha" significa "uno que sabe que él no es el cuerpo"; que lo sabe, que lo recuerda; no que lo cree. Un "prakriti-laya" es uno que sabe que él no es el cuerpo; él no es ya la prakriti, la naturaleza.

El cuerpo pertenece a lo material. Una vez dejas de identifi­carte con la materia, una vez sabes que no estás identificado con la materia, con lo exterior, tu naturaleza es disuelta. Un hombre que alcanza el estado en el que ya no es más un cuerpo, que alcan­za el estado en el cual deja de ser ya lo manifestado, la prakriti, su naturaleza es disuelta. Para él deja de existir el mundo; no está identificado. Se ha convertido en su testigo. Un hombre así rena­ce también, al menos una vez más, porque tiene que saldar mu­chas cuentas. Hay muchas promesas que cumplir, muchos karmas que abandonar.

Sucedió que el primo de Buda, Devadatta, estaba contra él. Trató de matarlo de diferentes formas. Buda se encontraba bajo un árbol meditando. Le lanzó una enorme roca desde lo alto de una colina. La roca rodaba hacia él; todo el mundo escapó co­rriendo. Buda permaneció allí sentado bajo el árbol. Era peligro­so y la roca pasó casi tocándole, rozándole.

Ananda le preguntó, "¿Por qué no escapaste cuando todos es­capábamos? Había tiempo suficiente".

Buda le dijo, "Para ti hay tiempo suficiente. Mi tiempo se ha acabado. Y Devadatta tenía que hacerlo. De alguna vida, de algún tiempo anterior, perduraba algún karma. Debo de haberle causa­do algún dolor, o angustia, o ansiedad. Tenía que saldarlo. Si escapo, si hago algo, de nuevo empieza una nueva línea".

Un videha, un hombre que ha alcanzado el asamprajnata samadhi, no reacciona. Simplemente observa, contempla. Y este fuego del ser testigo es el que quema todas las semillas del in­consciente. Entonces llega un momento en que el suelo se en­cuentra absolutamente puro. No hay semilla esperando germinar. Entonces no hay necesidad de regresar. Primero la naturaleza se disuelve, y luego, él se disuelve a sí mismo en el universo.

 

Los videhas y prakriti-layas alcanzan el asamprajnata samadhi porque dejaron de identificarse

con sus cuerpos en vidas precedentes.

Renacen porque las semillas del deseo permanecieron.

 

Yo estoy aquí para cumplir con algo; tú estás aquí para cerrar mi cuenta. No estás aquí por accidente. Hay millones de personas en el mundo. ¿Por qué estás tú aquí y no algún otro? Algo ha de ser cancelado.

 

Los otros que alcanzan el asamprajnata samadhi lo alcanzan mediante la fe, el esfuerzo, el recogimiento,

la concentración y la discriminación.

 

De modo que ésas son las dos posibilidades. Si has alcanzado el asamprajnata samadhi en tu vida anterior, en esta vida renacerás casi un Buda. Solamente habrá algunas semillas que tendrán que ser desarrolladas, que tendrán que ser quemadas, abandonadas. Por eso digo que tú has nacido casi un Buda. No hay necesidad de que hagas nada; simplemente tienes que observar lo que suceda.

De ahí la continua insistencia de Krishnamurti en que no hay necesidad de hacer nada. Para él es correcto; no es cierto para sus oyentes. Para sus oyentes, queda mucho que hacer y esa afirma­ción les confundirá. El está hablando de sí mismo. El nació como un asamprajnata Buda. El nació siendo videha, él nació siendo prakriti-laya.

El estaba bañándose cuando tenía cinco años en Adyar, en Madras, la India, y uno de los teósofos más importantes, Leadbeater, le observaba. Era un chico de una clase totalmente diferente. Si alguien le lanzaba fango, él no reaccionaba. Había muchos niños jugando. Si alguien le empujaba hacia el río, sim­plemente se dejaba llevar. No se enfadaba, no empezaba a pelear. Tenía una calidad totalmente distinta, la calidad de un asamprajnata Buda.

Leadbeater llamó a Annie Bessant para que observara a ese niño. No era un niño corriente y todo el movimiento teosófico pivotó entorno a él. Esperaban que se convirtiera en un Avatar, aquél que sería el Maestro perfecto para esta época. Pero el pro­blema era importante. Habían escogido acertadamente, pero es­peraban vanamente, porque un hombre que ha nacido como un asamprajnata Buda no puede ser activo, ni incluso como Avatar. Toda actividad ha cesado. Simplemente puede observar, puede ser un testigo. No puede ser muy activo. Solamente puede ser pasivo. Habían escogido la persona correcta, pero aún así, se equivocaban.

Y tenían muchas esperanzas. Todo el movimiento se originó en tomo a Krishnamurti. Cuando él lo abandonó, dijo, "No pue­do hacer nada porque no es necesario que haga nada". Todo el movimiento se colapsó porque habían depositado demasiadas es­peranzas en ese hombre y luego resultó algo completamente dis­tinto. Pero esto podía haber sido previsto.

Annie Bessant, Leadbeater y los demás, eran muy, muy buena gente, pero no estaban al corriente de los métodos orientales. Habían aprendido mucho de los libros, de las escrituras, pero no conocían con exactitud el secreto que nos revela Patanjali: que un asamprajnata Buda, un videha, nace, pero no es activo. Es pasivo. A través de él puede suceder mucho, pero eso solamente puede suceder si alguien acude a él y se le entrega. Al ser él pasi­vo, no puede obligar a nadie a hacer nada. El es accesible, pero no puede ser agresivo.

Su invitación es para todos y cada uno. Es una invitación abier­ta, pero él no puede invitarte a ti particularmente, porque no pue­de ser activo. Es una puerta abierta; si quieres, puedes entrar. La última vida es una absoluta pasividad. Es simplemente ser un tes­tigo. Este es un camino: los asamprajnata Budas pueden renacer como resultado de su situación en su vida anterior.

Pero uno puede llegar a ser un asamprajnata Buda también en esta vida.

 

Para ellos Patanjali dice,

 

Shradha virya smriti samadhi prajna

 

Los otros que alcanzan el asamprajnata samadhi lo alcanzan mediante la fe, el esfuerzo, el recogimiento,

la concentración y la discriminación.

 

Es casi imposible traducirlo de modo que lo voy a explicar, más que a traducir; sólo para transmitirte el sentimiento, porque las palabras te confundirán.

Shradha no es exactamente fe. Es más como confianza. La confianza es muy, muy diferente de la fe. La fe es algo con lo que has nacido; la confianza es algo que crece en ti. Ser un hindú es un acto de fe, ser un cristiano es un acto de fe, ser un musulmán es un acto de fe. Pero ser un discípulo aquí, conmigo, es confian­za. No puedo exigir fe, recuerda. Jesús tampoco pudo exigir fe porque la fe es algo con lo que naces. Los judíos tenían fe, eran fieles y, de hecho, por eso acabaron con Jesús, porque pensaron que les estaba apartando de su fe, que estaba destruyendo su fe.

El pedía confianza. La confianza es algo íntimo y personal; no es un fenómeno social. Llegas a ella mediante tu respuesta. Nadie puede nacer confiando, pero uno puede nacer en el seno de una fe. La fe es una confianza muerta; la confianza es una fe viva. Trata pues de entender la diferencia.

Shradha, confianza, es algo en lo que uno ha de crecer. Y es siempre personal. Los primeros discípulos de Jesús alcanzaron la confianza. Nacieron judíos, eran judíos. Dejaron su fe. Fue una rebelión. La fe es una superstición; la confianza es una rebelión. La confianza te aleja primero de tu fe. Ha de ser así porque si estás viviendo en un cementerio, primero has de ser sacado de él. Solamente entonces te puede ser mostrada de nuevo la vida. Jesús trataba de llevar a sus discípulos hasta shradha, la confianza. Siempre parece como si estuviera destruyendo su fe.

Ahora, cuando un cristiano viene a mí, se repite la misma si­tuación. El cristianismo es una fe, de la misma forma que el ju­daísmo era una fe en tiempos de Jesús. Cuando un cristiano acu­de a mí, he de sacarlo de su fe de nuevo para ayudarle a crecer hacia la confianza. Las religiones se basan en la fe, pero ser reli­gioso es confiar. Y ser religioso no quiere decir ser cristiano, hin­dú, o musulmán, porque la confianza no tiene un nombre, no está etiquetada. Es como el amor. ¿Es el amor, cristiano, hindú o mu­sulmán? ¿Es el matrimonio, cristiano, hindú o musulmán? ¿El amor? El amor no conoce clases, ni distinciones. El amor no co­noce ni hindúes, ni cristianos.

El matrimonio es como la fe; el amor es como la confianza. Has de crecer en ella. Es una aventura. La fe no es una aventura. Naces en su seno; es algo útil. Si estás buscando comodidad y practicidad, es mejor permanecer en la fe, ser un hindú o un cris­tiano; seguir las reglas. Pero continuará siendo algo sin vida a menos que respondas desde tu corazón, a menos que entres en la religión bajo tu propia responsabilidad y no debido a que naciste cristiano. ¿Cómo puedes nacer ya cristiano?

¿Cómo puede asociarse la religión al nacimiento? El nacer no puede proporcionarte ninguna religión. Puede darte una socie­dad, un credo, una secta, puede darte una superstición. La pala­bra "superstición" es muy, muy significativa. Significa "fe inne­cesaria". La palabra "super" quiere decir "innecesario", super­fluo; la fe que se vuelve innecesaria, la fe que se vuelve algo sin vida. Alguna vez pudo estar viva, pero la religión ha de nacer una y otra vez.

Recuerda: no naces en el seno de una religión; la religión ha de nacer en tu seno. Entonces es confianza. No puedes dar tu religión a tus niños. Ellos han de buscar y descubrir la suya. Todo el mundo ha de buscar y descubrir la suya. Es una aventura, la mayor aventura. Has de entrar en lo desconocido. Shradha, dice Patanjali, es lo primero si deseas alcanzar el asamprajnata samadhi. Para el samprajnata samadhi, necesitas del razonamien­to, del verdadero razonamiento. ¿Ves la diferencia? Para el samprajnata samadhi, el verdadero razonamiento, el verdadero pensar, es la base. Para el asamprajnata samadhi, lo es la verda­dera confianza, no el razonar.

No existe el razonar, sino el amor. Y el amor es ciego. A la razón le parece ciego porque es un salto hacia la oscuridad. La razón dice, "¿Adónde vas? Quédate en territorio conocido. ¿Qué ganas con entrar en algo nuevo? ¿Por qué no permanecer con lo viejo?" Es cómodo, práctico, y todo lo que necesitas, te lo pro­porciona. Pero todo el mundo ha de encontrar su propio templo. Solamente entonces estás vivo.

Estás aquí conmigo; esto es confianza. Cuando yo ya no esté, puede que tus niños estén conmigo. Eso será fe. La confianza sucede únicamente con un Maestro vivo; la fe, con los Maestros muertos que ya no están aquí. Los primeros discípulos tienen la religión. La segunda y tercera generación, poco a poco, van per­diendo esa religión. Entonces se convierte en una secta. Entonces simplemente sigues en ella porque naciste en su seno. Es un de­ber, no amor. Es una formalidad social. Ayuda, pero no es nada profundo en ti. No te aporta nada, no te ha sucedido. No es un profundo desarrollo en ti. Es solamente un rostro, una fachada. Ve a la iglesia y observa. La gente de los domingos, acude e incluso reza. Pero están esperando a que acabe.

Un niño estaba sentado en una iglesia. Había ido por primera vez y sólo tenía cuatro años. La madre le preguntó, "¿Te gusta?" El contestó, "La música es buena, pero los anuncios son dema­siado largos".

Cuando no tienes confianza, es un anuncio. Shradha es la verdadera fe; la fe es la falsa confianza. No adquieras la religión de otro. No puedes pedirla prestada; eso es un engaño. La estarás obteniendo sin pagar, y todo tiene un precio. No es fácil alcanzar el asamprajnata samadhi. Has de pagar todo el precio, y el pre­cio es todo tu ser.

Ser cristiano es solamente una etiqueta; ser religioso no es una etiqueta. Todo tu ser se halla implicado. Es un compromiso. La gente viene a mí y me dice, "Te amamos. Digas lo que digas, está bien. Pero no queremos tomar sannyas porque no queremos comprometernos". Pero a menos que te comprometas, a menos que te impliques, no podrás crecer, porque no habrá una relación. Entonces entre tú y yo sólo habrá palabras, no una relación. En­tonces podré ser un profesor, pero no seré para ti un Maestro. Entonces tú podrás ser un estudiante, pero no un discípulo.

Shradha, confianza, es la primera puerta. La segunda es virya. Eso también es difícil. Es traducido como esfuerzo. No lo es; el esfuerzo es simplemente una parte suya. La palabra virya signifi­ca muchas cosas, pero en lo más profundo significa bio-energía. Uno de los significados de virya es semen; la potencia sexual. Si quieres traducirlo con exactitud, virya es bio-energía, tu totali­dad energética; tú como energía. Desde luego, esta energía sola­mente puede ser obtenida mediante el esfuerzo; de ahí que uno de sus significados sea esfuerzo.

Pero eso es algo pobre, no es tan rico como la palabra virya. Virya significa que toda tu energía ha de implicarse. Con sólo la mente no resultará. Puedes decir sí desde la mente, pero no será suficiente. Se requiere tu totalidad, sin que retengas nada; ése es el significado de virya. Y eso es posible solamente cuando existe confianza. Si no, retendrás algo simplemente para sentirte segu­ro, a salvo. Sentirás, "Puede que este hombre me esté llevando en una dirección equivocada y quiero poder dar marcha atrás en cual­quier instante. Quiero poder decir en cualquier instante «Es suficiente. Ya basta»".

Retienes una parte de ti simplemente para observar dónde te lleva este hombre. La gente viene a mí y me dice, "Estamos obser­vando. Primero déjanos observar qué es lo que sucede". Son muy inteligentes, tontos inteligentes, porque estas cosas no pueden ser observadas desde el exterior. Lo que está sucediendo es un fenómeno interior. En muchas ocasiones no puedes ni siquiera ver lo que está sucediendo. Muchas veces solamente yo puedo ver lo que ocurre. Tú sólo te das cuenta después de que haya sucedido.

Los demás no pueden observar. Desde el exterior no hay posi­bilidad de observar. ¿Cómo vas a observar desde el exterior? Ves gestos, ves a la gente meditando. Pero lo que está sucediendo interiormente, es meditación. Lo que están haciendo exteriormente solamente es crear la situación.

Sucedió que había un gran Maestro sufí, Jalaludin. Tenía una pequeña escuela de alumnos poco corrientes. Eran poco comunes porque él era un Maestro muy selecto. No aceptaba a nadie a menos que él lo hubiera elegido. Trabajaba con muy pocos, pero la gente que pasaba por allí a veces se acercaba a ver qué sucedía. Una vez se acercó un grupo; profesores. Son siempre gente muy inteligente, gente que está muy alerta, y se pusieron a observar.

En la casa del Maestro, en el jardín, estaba sentado un grupo de unas cincuenta personas y estaban gesticulando de forma extraña. Uno reía, otro lloraba, otro saltaba. Los profesores los miraban.

Dijeron, "¿Qué está pasando? Este hombre les está condu­ciendo a la locura. Ya están realmente locos, y son tontos porque una vez uno se vuelve loco no puede volverse atrás. Y esto es absurdo. Nunca hemos visto nada igual. Cuando la gente medita, se sienta en silencio."

Y se entabló una gran discusión entre ellos. Unos decían, "No debemos hacer juicios de valor, porque no sabemos qué es lo que está sucediendo". Un tercer grupo decía, "Sea lo que sea, vale la pena verlo. Nos gusta observarlo. Es hermoso. ¿Por qué no podemos disfrutar con ello? ¿Por qué nos hemos de preocupar por lo que están haciendo? Estar simplemente observándolos es algo hermoso".

Entonces, al cabo de unos meses, el mismo grupo acudió de nuevo a la escuela para observar qué era lo que estaba sucediendo. Todos estaban en silencio. Estaban los cincuenta; el Maestro estaba allí. Estaban sentados en silencio, tan en silencio que parecía que no hubiera nadie. Eran como estatuas. De nuevo surgió la discu­sión. Un grupo decía, "Ahora están perdiendo el tiempo. ¿Qué hemos de ver? ¡Nada! La primera vez que vinimos resultó hermo­so. Disfrutamos. Pero ahora es aburrido". El otro grupo decía, "Pero ahora parece que están meditando. La primera vez estaban sencillamente locos. Ahora están haciendo lo correcto; así es cómo se debe meditar. Así está escrito en las escrituras; lo describen de esta forma". Pero había todavía un tercer grupo que decía, "No sabemos nada de meditación. ¿Cómo podemos juzgarlos?".

Más adelante, a los pocos meses, el grupo volvió. Allí no ha­bía nadie. Solamente estaba el Maestro sentado y sonriente. To­dos los discípulos habían desaparecido. De modo que pregunta­ron, "¿Qué es lo que ocurre? La primera vez que estuvimos aquí había una multitud enloquecida y creímos que no tenía sentido, que estabas volviendo loca a la gente. La vez siguiente que vini­mos todo estaba bien. La gente estaba meditando. ¿Dónde se han ido todos?"

El Maestro les dijo, "El trabajo ha sido realizado; por lo tan­to, los discípulos han desaparecido. Y estoy feliz y sonriente por­que "eso" sucedió. Y vosotros sois unos tontos. ¡Lo sé! Os he estado observando; no sólo vosotros observabais. Sabía que esta­bais discutiendo y lo que estabais pensado la primera y la segunda vez.", dijo Jalaludin. "El esfuerzo que habéis realizado al venir aquí en las tres ocasiones hubiera sido suficiente para que os hubierais vuelto meditadores. Y la energía que habéis volcado en la discusión que entablasteis, toda esa energía, hubiera sido sufi­ciente para volveros silenciosos. Y en ese mismo período, esos discípulos han desaparecido y vosotros estáis en el mismo sitio. ¡Entrad! No os quedéis observando desde afuera". Ellos le con­testaron, "¡Sí! Por eso hemos venido una y otra vez a observar lo que hacíais. Cuando estemos seguros, entonces lo haremos. Si no, no podemos comprometernos".

La gente inteligente nunca quiere comprometerse, pero ¿hay vida sin compromiso? Pero la gente inteligente piensa que el com­prometerse es esclavizarse. Pero, ¿existe libertad sin esclavitud? Primero has de establecer una relación; solamente entonces po­drás trascenderla. Primero has de comprometerte profundamente, absolutamente, de todo corazón, y solamente entonces podrás tras­cenderlo. No hay otra forma. Si solamente sales y observas, nun­ca podrás entrar en el templo. El templo implica compromiso. Y entonces podrá dejar de existir esa relación.

Un Maestro y un discípulo viven una relación de amor. Es el más elevado amor posible. A menos que exista esa relación, no podrás crecer. Patanjali dice, "Primero está la confianza, shradha, y en segundo lugar está la energía, el esfuerzo". Has de implicar toda tu energía; sólo una parte no servirá. Puede que resulte inclu­so destructivo para ti si vienes de forma parcial y permaneces fuera parcialmente, porque eso se convertirá en ti en una brecha. Creará una tensión en ti; se convertirá en angustia más que en gozo.

El gozo aparece cuando estás presente en tu totalidad; la an­siedad aparece cuando estás sólo parcialmente, porque entonces estás dividido y hay una tensión. Las dos partes van por caminos distintos. Entonces estás en dificultades.

 

Los otros que alcanzan el asamprajnata samadhi lo alcanzan mediante la fe, el esfuerzo, el recogimiento, la concentración y la discriminación

 

  Esta palabra, recogimiento, es smriti, "recuerdo de sí, lo que Gurdjieff llama "recordarse a uno mismo". Eso es smriti.

No te recuerdas a ti mismo. Puede que recuerdes millones de cosas, pero continuamente estás olvidándote de ti mismo, de que tú existes. Gurdjieff empleaba una técnica. La recogió de Patan­jali. Y, de hecho; todas las técnicas vienen de Patanjali. El es el Maestro de todas las técnicas del pasado. Smriti es recuerdo de sí; recuérdate a ti mismo en todo momento. Caminas; recuerda en lo profundo de ti que "Yo estoy caminando", que "Yo soy". No te pierdas en el caminar. El caminar está ahí, el movimiento, la acti­vidad, y el centro interior está ahí; simplemente observando, siendo consciente, siendo el testigo.

Pero no repitas mentalmente, "Estoy caminando". El repetir­lo, no es recuerdo de sí. Sin verbalizar has de ser consciente de que "Estoy caminado, estoy comiendo, estoy hablando, estoy escu­chando. Hagas lo que hagas no has de olvidarte del "Yo" interior; ha de estar ahí. No es ser consciente de "yo". Es ser consciente del "Yo". La consciencia de "yo" es ego. La consciencia del "Yo" es asmita; pureza, solamente ser consciente de que "Yo soy".

Por lo general, tu consciencia se dirige hacia el objeto. Tú me miras: toda tu consciencia se dirige hacia mí como una flecha. Pero tú eres lanzado hacia mí. El recuerdo de sí significa que has de ser una flecha con una doble punta: una apuntando hacia a mí y la otra apuntándote a ti. Una flecha de doble punta es smriti, recuerdo de sí.

Es muy difícil, porque es fácil recordar el objeto y olvidarte de ti mismo. Lo opuesto también es fácil: recordarte a ti mismo y olvidarte del objeto. Los dos son fáciles; por eso aquellos que están en el mercado, en el mundo, y aquellos que viven en el mo­nasterio, fuera del mundo, son lo mismo. Los dos son flechas de una sola punta. En el mercado observan los objetos, las cosas. En el monasterio se observan a ellos mismos.

Smriti no es estar ni en el mercado, ni en el monasterio. Smriti es el fenómeno del recuerdo de sí, cuando sujeto y objeto están ambos en la consciencia. Eso es lo más difícil del mundo. Si lo logras aunque sea por un solo instante, por un solo momento, de inmediato tendrás un vislumbre de satori. Inmediatamente habrás salido del cuerpo hacia alguna otra parte.

Inténtalo. Pero, recuerda, que si no tienes confianza aparece­rá una tensión. Esos son los problemas que conlleva. La tensión puede ser tan grande que puedes volverte loco, porque es un esta­do muy tenso. Por eso es difícil recordar ambos, el objeto y el sujeto, lo exterior y lo interior. Recordar ambos es muy, muy difí­cil. Si hay confianza, esa confianza disminuirá la tensión porque la confianza es amor. Te suavizará, será una fuerza suavizadora a tu alrededor. Si no, la tensión puede llegar a ser tanta que seas incapaz de dormir. No serás capaz de estar tranquilo en ningún momento porque habrá un problema constante. Y continuamente estarás ansioso.

Por esto solamente haces una de las dos cosas; eso es fácil.

Puedes irte al monasterio, cerrar tus ojos, recordarte a ti mismo y olvidarte del mundo. Pero, ¿qué estarás haciendo? Simplemente estás invirtiendo todo el proceso; nada más. Nada cambia. O, puedes olvidarte de los monasterios y de los templos y de los Maestros, y permanecer en el mundo, disfrutar del mundo. Eso también es fácil. Lo difícil es ser consciente de ambos. Y cuando eres consciente de ambos y la energía es simultáneamente cons­ciente y va dirigida en direcciones diametralmente opuestas, apa­rece una tensión, una trascendencia. Tú simplemente te convier­tes en el tercero; te conviertes en el testigo de ambos. Y cuando el tercero aparezca, trata primero de ver al objeto y a ti mismo. Si intentas ver ambos, lenta, lentamente, sentirás que algo está sucediendo en tu interior, porque tú te estás convirtiendo en una ter­cera cosa: estás entre los dos, entre el objeto y el sujeto. Ahora ni eres el objeto, ni el sujeto.

 

... lo alcanzan mediante la fe, el esfuerzo, el recogimiento,       la concentración y la discriminación.

 

"Shradha" es "confianza", "virya" es "compromiso total", "esfuerzo total". Toda la energía ha de verse implicada, todas tus potencialidades han de ser implicadas. Si eres realmente un bus­cador de la Verdad, no puedes ir tras otra cosa. Es un implicarte totalmente. No puedes hacer de esto una ocupación a tiempo par­cial y decir, "A veces, por la mañana, medito y luego me voy". No, para ti la meditación se ha de convertir en una continuidad durante las veinticuatro horas. Hagas lo que hagas, la meditación ha de estar ahí continuamente en el trasfondo. Se necesitará energía, se necesitará toda tu energía.

Y ahora unas cuantas cosas. Si se necesita toda tu energía, automáticamente el sexo desaparece porque no tendrás energía para desperdiciarla en él. Brahmacharya, para Patanjali, no es una disciplina. Es una consecuencia. Implicas toda tu energía en la práctica espiritual, de forma que no te queda nada de energía para el sexo. Y esto también sucede en la vida corriente. Observa un gran pintor se olvida de las mujeres por completo. Cuando está pintando no existe el sexo en su mente, porque toda su ener­gía está inmersa en el pintar. No posee nada de energía extra para dirigirla hacia el sexo.

Un gran poeta, un gran cantante, un bailarín, que se implique totalmente en lo que hace, automáticamente se convierte en célibe.

No tiene una disciplina para ser célibe. El sexo es una energía superflua; el sexo es una válvula de seguridad. Cuando tienes demasiada energía en ti y no puedes hacer nada con ella, la na­turaleza ha diseñado una válvula de seguridad para que puedas expulsarla. Puedes liberarla, pues si no te volverías loco o esta­llarías; explotarías. Y si tratamos de reprimirla, entonces, tam­bién, enloquecerás, porque reprimirla no te servirá de nada. Se necesita una transformación, y esa transformación llega con un compromiso total. Un guerrero, si es realmente un guerrero, un impecable guerrero, está más allá del sexo. Toda su energía esta en otra parte.

Hay una historia muy, muy hermosa. Hubo un gran filósofo, un pensador, que se llamaba Bachaspati. Estaba totalmente absorto en sus estudios. Un día su padre le dijo, "Me estoy volvien­do viejo y no sé cuándo moriré; en cualquier instante puede ocu­rrir. Tú eres mi único hijo y me gustaría verte casado". Bachaspati estaba tan absorto en sus estudios que le dijo, "De acuerdo", sin escuchar lo que su padre le estaba diciendo. De modo que le ca­saron. Se casó, pero olvidó por completo que tenía una mujer, tan absorto estaba en sus estudios.

Y esto sólo puede suceder en la India. No puede suceder en ninguna otra parte: la esposa le amaba tanto que no quería moles­tarle. Se dice que pasaron doce años. Ella le servía como una sombra, cuidaba de todo, pero no le molestaba. No le decía, "Estoy aquí, ¿Qué estás haciendo?" Bachaspati estaba escribiendo siem­pre un comentario, uno de los mayores nunca escritos. Estaba escribiendo un comentario sobre los Brahma Sutras de Badarayán, y estaba tan absorto, tan absolutamente absorto, que no solamente se olvidó de su mujer, sino que ni tan sólo se daba cuenta de quién le traía la comida, de quién le retiraba los platos, de quién, por la noche, le encendía la lámpara, de quién le preparaba su cama.

Pasaron doce años, y llegó la noche en que completó sus comentarios. Iba a escribir la última palabra, y había hecho el voto de que cuando hubiera acabado con ese comentario, se converti­ría en un sannyasin. Entonces no estaría ocupado con la mente y todo se habría acabado. Este comentario era el único karma que tenía que cumplir.

Esa noche estaba en cierto modo relajado, porque había escri­to la última frase al dar las doce. Por primera vez se dio cuenta de lo que le rodeaba. La lámpara se estaba apagando y necesitaba más aceite. Una bella mano empezó a llenarla. El la miró y vio quién era. No pudo reconocer su cara y le dijo, "¿Quién eres y qué estás haciendo aquí?" La esposa le dijo, "Ahora que lo has preguntado, debo decirte que hace doce años me tomaste como esposa. Pero estabas tan absorto, tan enfrascado en tu trabajo, que no quise interrumpirte, ni molestarte".

Bachaspati empezó a llorar, sus lágrimas empezaron a brotar. Su mujer le preguntó, "¿Qué pasa?" El dijo, "Es algo muy com­plejo. Me siento perdido porque he acabado el comentario y ya soy un sannyasin. No puedo ser el señor de la casa, no puedo ser tu marido. El comentario está completo y he hecho un voto. Ya no queda tiempo para mí. He de partir de inmediato. ¿Por qué no me lo dijiste antes? Podía haberte amado. Ahora, ¿cómo puedo pa­garte tu ayuda, tu amor, tu devoción?"

El llamó a sus comentarios sobre los Brahma Sutras, Bahamati. Bahamati era el nombre de su mujer. El nombre es absurdo, es absurdo llamar a un comentario sobre los Brahma Sutras de Badarayana, Bahamati. El nombre no guarda ninguna relación. Pero, él dijo, "Ahora ya no hay nada que pueda hacer. Lo último que resta es escribir el nombre del libro, de modo que lo llamaré Bahamati para que tu nombre sea siempre recordado".

Dejó la casa. Su esposa estaba llorando, sollozando, pero sin asomo de dolor, en una dicha absoluta. Ella dijo, "Con esto es suficiente. Este gesto, este amor en tus ojos, es suficiente. Tengo suficiente, de modo que no te sientas culpable. ¡Vete! Olvídame por completo. No me gustaría ser una carga sobre tu mente. No has de acordarte de mí".

Eso es posible. Si estás totalmente sumergido en algo, el sexo desaparece porque el sexo es una válvula de seguridad. Cuando tienes energía sin usar, entonces el sexo te acecha. Cuando empleas toda tu energía, el sexo desaparece. Y ése es el estado de brahma­charya, de virya, de todo tu potencial florecimiento energético.

"Esfuerzo, recogimiento, concentración y discriminación". Son: shradha, confianza; virya, toda tu bio-energía, tu esfuerzo e implicación total; smirti, recuerdo de sí; y samadhi. La palabra "samadhi" significa un estado mental en donde no hay proble­mas. Proviene de la palabra" samadhan", un estado mental en el que estás absolutamente bien, en el cual no hay problemas, no hay preguntas. Es un estado mental sin problemas, sin preguntas. No es concentración. Concentración es solamente una cualidad que llega a la mente cuando ésta está sin problemas. Esa es la dificultad al traducirlo.

La concentración es parte de este estado mental. Simplemente sucede. Observa a un niño cuando está absorto en sus juegos; se concentra sin ningún esfuerzo. No se está concentrando en su juego. El concentrarse es un subproducto. Está tan absorto en el juego que la concentración surge. Si te concentras en algo a propósito, entonces hay esfuerzo. Entonces hay tensión. Enton­ces te cansas.      

Si estás absorto, el samadhi sucede automáticamente, espon­táneamente. Si me estás escuchando, es samadhi. Si me escuchas totalmente, no hay necesidad de otra meditación. Se vuelve con­centración. No es que tú te concentres. Si me escuchas con amor, aparece la concentración. En el asamprajnata samadhi, cuando la confianza es completa, cuando el esfuerzo es total, cuando el recuerdo de sí es profundo, sucede el samadhi. Hagas lo que ha­gas, lo haces con concentración total, sin ningún esfuerzo por concentrarte. Y si la concentración requiere esfuerzo, se vuelve fea. Es como tener una enfermedad; serás destruido por ella. La concentración debería ser una consecuencia. Amas a alguien, y sólo con estar con él te concentras. Recuerda, nunca te concen­tres en nada. Más bien, escucha profundamente, escucha total­mente, y la concentración llegará por sí misma.

Luego está la discriminación, prajna. Prajna no es discrimi­nación; la discriminación es solamente una parte de prajna. De hecho, prajna significa sabiduría, una conciencia que sabe. Buda ha dicho que cuando la llama de la meditación arde en lo alto, la luz que rodea esa llama es prajna. En el interior será el samadhi y a tu alrededor, una luz, un aura, te sigue. En todos tus actos eres sabio. No es que intentes ser sabio. Simplemente sucede, porque eres totalmente consciente. Hagas lo que hagas, es acertado; no estás pensando continuamente en hacer lo correcto.

Un hombre que continuamente está pensando en hacer lo co­rrecto no será capaz de hacer nada. No será capaz ni siquiera de hacer lo incorrecto porque acumula mucha tensión en su mente. Y, ¿qué está bien y qué está mal? ¿Cómo vas a decidirlo? Un hombre de sabiduría, un hombre de comprensión, no elige. Sim­plemente siente. Simplemente desparrama su consciencia en to­das direcciones y bajo esa luz se mueve. Vaya donde vaya, es correcto.

Lo correcto no pertenece a las cosas; te pertenece a ti, al que se mueve. No es que Buda hiciera lo correcto, ¡no! Hiciera lo que hiciera era correcto. "Discriminación" es una palabra inadecua­da. Un hombre de comprensión posee discriminación. No piensa en ello; simplemente es fácil para él. Si quieres salir de esta habi­tación, simplemente sales por la puerta. No vas a tientas. No te diriges primero a la pared y tratas de encontrar la salida. Simple­mente sales. Ni siquiera piensas que ésa es la puerta.

Pero cuando un ciego ha de salir, pregunta, "¿Dónde está la puerta?" E incluso entonces trata de encontrarla. Tantea por to­das partes con su bastón, va a tientas y continuamente piensa, "¿Es esto la puerta o es la pared? ¿Voy bien o mal?" Y cuando llega a la puerta piensa, "Sí, ésta es la puerta".

Todo esto sucede porque está ciego. Has de discriminar por­que estás ciego; has de pensar porque estás ciego; has de creer en lo bueno y en lo malo porque estás ciego; has de mantenerte bajo la disciplina y la moralidad porque estás ciego. Cuando florece la comprensión, cuando la llama está ahí, simplemente ves y todo resulta claro. Cuando posees esa claridad interior, todo resulta claro; te vuelves perceptivo. Hagas lo que hagas, sencillamente está bien. No es que sea lo correcto y por eso lo hagas; lo haces con comprensión, y resulta correcto.

De modo que son, shradha, virya, smriti, samadhi, prajna. Los demás que alcanzan el asamprajnata samadhi lo alcanzan mediante la confianza, la infinita energía, el esfuerzo, el absoluto recuerdo de sí, con una mente que no pregunta y con la llama de la comprensión.    



YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA, VOL 2

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