YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA

VOL3 


 

CAPÍTULO 5

 

La Mirada Pura

 

XLIII

 

Se alcanza el nirvitarka samadhi cuando la memoria es purificada y la mente es capaz de ver la verdadera naturaleza de las cosas sin obstrucciones.

 

XLIV

 

Las explicaciones dadas

para los samadhis savitarka y nirvitarka,

también explican los estados superiores del samadhi, pero en esos estados superiores de savichara y nirvichara samadhis, los objetos de meditación son más sutiles.

 

XLV

 

La dimensión del samadhi

conectada con esos objetos más delicados se extiende hasta el nivel sin forma de las energías sutiles.

 

La mente es memoria; es como un ordenador. Para ser exactos, es un ordenador biológico. Acumula todo aquello que es experimentado, conocido. A través de muchas vidas, a través de millones de experiencias, la mente acumula recuerdos. Es un fenómeno inmenso. Millones y millones de recuerdos son almacenados en ella. Es un gran almacén.

Todas tus vidas pasadas se encuentran almacenadas en ella. Los científicos dicen que en un solo instante miles de recuerdos están siendo almacenados, continuamente; sin tú saberlo, la mente continua funcionando. Incluso mientras estás dormido, está generando recuerdos. Incluso mientras duermes... alguien grita y llora y tus sentidos están funcionando grabando la experiencia. Puede que por la mañana no seas capaz de recordarla porque no eras consciente, pero en hipnosis profunda puede ser recordada. En profunda hipnosis todo aquello que a sabiendas o sin saberlo has experimentado, puede ser recordado; también tus vidas pasadas. La capacidad de la mente es realmente inmensa. Esos recuerdos son buenos si sabes utilizarlos, pero esos recuerdos son peligrosos si empiezan a utilizarte a ti.

Una mente pura es aquella mente que es el amo de sus propios recuerdos. Una mente impura es aquella mente que está siendo continuamente manejada por los recuerdos. Cuando ves un hecho, puedes verlo sin interpretarlo. Entonces la consciencia está en contacto directo con la realidad. O puedes verlo a través de la mente, a través de interpretaciones. Entonces no estás en contacto con la realidad. La mente es buena como instrumento, pero si la mente se convierte en una obsesión y la consciencia resulta reprimida por la mente, también la realidad resultará reprimida por la mente. Entonces vives en maya, entonces vives una ficción.

Siempre que ves un hecho directamente, de forma inmediata, sin que ni la mente ni la memoria se entrometan, solamente entonces es real. Si no, se convierte en una interpretación, y todas las interpretaciones son falsas porque todas las interpretaciones se encuentran cargadas de tus pasadas experiencias. Solamente puedes ver aquello que sintoniza con tus pasadas experiencias. No puedes ver aquello que no sintoniza con tus pasadas experiencias y tus pasadas experiencias no lo son todo. La vida es mayor que tus pasadas experiencias. Por muy grande que la mente pueda ser, es solamente una pequeña parte comparada con toda la Existencia; es muy pequeña. Lo conocido es muy poco; lo desconocido es vasto e infinito. Cuando tratas de conocer lo desconocido mediante lo conocido, yerras. Ésta es la impureza. Cuando tratas de conocer lo desconocido utilizando lo desconocido que hay en tu interior, entonces es una revelación.

Sucedió. Mulla Nasrudin pescó un pez muy, muy grande en el río. Una multitud se arremolinó porque nadie había nunca pescado un pez tan grande. Mulla Nasrudin contemplaba el pez; no podía creer que fuera posible. ¡Un pez tan grande! Con ojos asombrados daba vueltas alrededor del pez pero ni aun así podía creérselo. Tocaba el pez, pero no podía creérselo porque solamente había oído de peces así en los cuentos de pescadores. La multitud estaba allí con ojos incrédulos. Entonces Mulla Nasrudin dijo, «Por favor, ayudadme a arrojar de nuevo este pez al río. No es un pez; es una mentira».

Cualquier cosa es cierta si encaja con tu experiencia pasada; si no encaja, es una mentira. Tú no puedes creer en Dios porque no encaja con tu experiencia anterior. No puedes creer en la meditación porque siempre has vivido en el mercado y solamente conoces la realidad del mercado, de la mente calculadora, de la mente negociante. No sabes nada del celebrar puro, simple, sin razón alguna, sin causa. Si vives en un mundo de científicos no puedes creer que pueda haber nada espontáneo porque el científico vive en el mundo de las causas y los efectos. Todo es causado; nada es espontáneo. De forma que cuando el científico oye que algo es posible de forma espontánea-y cuando decimos espontáneo queremos decir incausado, surgido de la nada de repente-el científico no puede creérselo. Dice, «No es un pez; es una mentira. Tíralo de nuevo al río».

Pero aquellos que han trabajado en el mundo interior saben que existen fenómenos que son incausados. No sólo esto, no sólo saben esto; saben también que la totalidad de la Existencia es incausada. Es un mundo distinto, totalmente distinto al de la mente científica.

Veas lo que veas, incluso antes de que lo hayas visto, la interpretación se ha introducido. Continuamente observo a la gente. Mientras les estoy hablando, si lo que digo encaja con ellos, incluso aunque no hayan dicho nada ya han asentido interiormente, han dicho «Sí». Están diciendo, «Correcto». Si no encaja con sus actitudes, aunque no hayan dicho nada, el «no» está escrito en sus rostros. En su interior han empezado a decir, «No, no es verdad».

Justo la otra noche estaba hablando con un amigo. Había llegado hacía sólo unos días, recientemente. Él cree en el ayuno y le estaba diciendo, «El ayunar puede ser peligroso y tú no deberías hacerla a tu aire. Deberías consultar con un experto. Y si me escuchas, verás que no estoy en absoluto a favor del ayuno porque el ayunar es una clase de represión. El cuerpo es real. El hambre del cuerpo es real; la necesidad corporal es real. Tampoco comas demasiado, porque eso también va a en contra del cuerpo y es una clase de represión. Y no ayunes porque también eso es irreal y represivo. Tampoco eso está de acuerdo con la naturaleza. Por esto digo que es irreal».

Algunos están obsesionados con el comer; están locos. Y otros están obsesionados con el no comer; también están locos. Están destruyendo sus cuerpos; son su enemigo. Y el ayunar ha sido utilizado como estratagema.

Siempre que ayunas, tu energía baja. Y es así porque la comida es necesaria para mantenerla constantemente fluyendo. Después de tres o cuatro días de ayuno, tu energía es tan baja que la mente no puede obtener nada de ella, pues la mente es un lujo. Cuando el cuerpo tiene demasiada, entonces se la da a la mente. La mente apareció en el mundo con posterioridad, mucho después que el cuerpo. El cuerpo es básico y fundamental. Primero han de satisfacerse las necesidades corporales; solamente entonces lo serán las mentales.

Es como cuando se pasa hambre. Entonces no se puede tolerar a un filósofo en la ciudad. Cuando se pasa hambre, el filósofo ha de emigrar; no puede vivir ahí. La filosofía aparece solamente cuando la sociedad es opulenta, rica. La religión aparece cuando la sociedad es rica, cuando las necesidades fundamentales han sido satisfechas. Y lo mismo ocurre con la economía del cuerpo. Primero va el cuerpo; en segundo lugar la mente. Si el cuerpo atraviesa problemas y no tiene su mínimo necesario, entonces la parte destinada a la mente será inmediatamente eliminada.

Y éste es el truco que la gente ha estado utilizando con sus propios cuerpos. Cuando la cuota destinada a la mente ha sido eliminada, la mente es incapaz de pensar porque el pensar necesita energía. Y la gente cree que se ha vuelto meditativa porque la mente ha dejado de tener pensamientos. No. Dales comida y los pensamientos volverán. Cuando la energía no fluye, la mente se convierte en una especie de lecho de río en verano. El río no fluye pero sus orillas están allí; todo está preparado. Cuando llueva, de nuevo el río fluirá. Cuando vuelva a haber energía, de nuevo la serpiente alzará su cabeza. La serpiente no está muerta; simplemente está en coma porque no se le suministra energía.

El ayunar es un truco para crear un falso estado meditativo, y el ayunar es también un truco para crear un falso brahmacharya, un falso celibato, porque cuando ayunas, la energía es baja y el centro sexual no puede obtener energía.

Aquí aparece de nuevo la cuestión de la economía. El individuo vive mediante la comida; la sociedad vive a través del sexo, la raza vive a través del sexo. Tú estás aquí porque tus padres se amaron uno al otro, se adentraron en el sexo. Tus niños estarán aquí, si te adentras en el sexo; tú te habrás ido. Si no te adentras en el sexo, entonces no habrá futuro. No ayudarás a que la raza subsista. Si todo el mundo se convirtiera en un brahmachari, en célibe, entonces la sociedad desaparecería.

Mediante la comida, el cuerpo del individuo sobrevive; mediante el sexo, lo hace el cuerpo de la raza. Pero lo primero es el individuo, porque si el individuo no existe, entonces ¿cómo sobrevivirá la raza? De forma que el individuo es lo primero; la ­raza es lo segundo. Cuando estás lleno de energía y el cuerpo se siente bien, de inmediato la energía es suministrada al centro sexual. Ahora tienes suficiente y puedes compartirla con la raza. Cuando la energía está baja, el sexo desaparece. Simplemente ayuna durante diez días y al décimo día descubrirás que no estás interesado en las mujeres. Si continúas el ayuno durante quince días, al decimoquinto día, incluso aunque tengas las revistas del Playboy o del Playgirl no serás ni capaz de abrirlas. Estarán ahí, tiradas y cubiertas de polvo. No te tentarán. Al vigésimo primer día, si sigues ayunando, incluso aunque delante de ti haya mujeres desnudas bailando, te sentarás en la postura del Buda. No es que te hayas convertido en una especie de Buda... come durante un solo día, y al día siguiente estarás interesado en el Playboy y en el Playgirl. Y al tercer día, la energía surgirá de nuevo; estarás interesado en las mujeres.

En realidad los psicólogos lo han convertido en su criterio: si un hombre no está interesado en las mujeres, entonces algo va mal. Si una mujer no está interesada en los hombres, entonces algo va mal; hay poca energía. Y de cada cien casos, en noventa y nueve es correcto; están en lo cierto. Solamente el que hace cien es incorrecto, porque es un Buda. No es que su energía esté baja; su energía está en lo más alto, en su cima, en su punto máximo. Pero ahora él es un hombre distinto moviéndose en una dimensión distinta en la cual no está interesado en el otro por que se ha saciado consigo mismo. No hay un movimiento hacia el otro; no es que carezca de energía.

Cuando estaba hablando a este recién llegado observaba en su rostro que él decía «no». No había pronunciado una sola palabra, pero sabía que estaba diciendo, «No puedo creer esto». Y entonces él dijo, «Pero yo creo en el ayuno y he venido aquí porque creo en el ayuno y no puedo sintonizar con nada de lo que estás diciendo».

Eres incapaz de escucharme debido a tu memoria; eres incapaz de ver debido a tu memoria; eres incapaz de ver la realidad del mundo debido a tu memoria. Los recuerdos aparecen: el pasado, tus conocimientos, lo que has aprendido, tus experiencias,... y colorean la realidad. El mundo no es ilusorio, pero cuando lo interpretas vives en un mundo ficticio. Recuerda esto.

Los hindúes dicen que el mundo es maya, una ilusión. Cuando dicen esto no se refieren al mundo que hay aquí; se refieren simplemente al mundo que está dentro de ti, al mundo de tus interpretaciones. El mundo de los hechos no es irreal; es el brahma mismo. Es la suprema realidad. Pero el mundo que has creado a través de tu mente y de tus recuerdos y en el cual vives, el que te rodea como una atmósfera y en el que te mueves y con el que te mueves... siempre lo llevas a tu alrededor donde quiera que vayas. Es tu aura y a través de ella observas el mundo. Entonces todo lo que miras no es la realidad, es una interpretación.

Patanjali dice,

 

Se alcanza el nirvitarka samadhi cuando la memoria es purificada y la mente es capaz de ver la verdadera naturaleza de las cosas sin obstrucciones.

 

El interpretar es lo que obstruye. Interpretas y pierdes la realidad. Observa sin interpretar y la realidad estará ahí, siempre ha estado ahí. La realidad está ahí a cada instante. ¿Cómo va a ser de otra forma? La realidad significa eso que es real. No se ha movido de su lugar ni siquiera por un solo instante. Tú vives en tus interpretaciones y creas tu propio mundo. La realidad es común; la ficción es privada.

Debes de haber oído la historia, una historia hindú muy antigua. Cinco ciegos fueron a ver un elefante. No sabían lo que era; era una novedad absoluta en la ciudad. Los elefantes no existían en esa parte del país. Todos ellos lo tocaron, todos palparon al elefante y todos interpretaron lo que sintieron. Interpretaron a través de su experiencia. Uno dijo, «Un elefante es como una columna», porque estaba palpando las patas del elefante; y estaba en lo cierto. Las tocaba con sus propias manos y entonces se acordó de las columnas; y eran exactamente como las columnas. Y así sucesivamente todos dieron su interpretación.

Sucedió en una escuela primaria en América. Una maestra les contó esta historia a sus niños sin decirles que las cinco personas que habían ido a ver al elefante eran ciegas. Y la historia es tan conocida que ella esperaba que los niños la comprendieran. Entonces les preguntó, «y ahora decidme, ¿quiénes eran esas cinco personas que habían acudido a ver al elefante?» Un pequeño levantó su mano y dijo, «Eran expertos».

Los expertos están siempre ciegos. Ese chico era un genio. Ésta es la esencia de toda la historia. En realidad, eran expertos porque un experto sabe demasiado de demasiado poco. Se vuelve más y más agudo, estrecho, concentrado, casi ciego al resto del mundo. Solamente tiene ojos en una dirección determinada; hacia lo demás está ciego. Su visión se vuelve más y más y más limitada. Cuanto más grande es un experto, más limitada es su visión. Y un experto absoluto ha de estar completamente ciego. Dicen que un experto es un hombre que sabe más y más sobre cada vez menos y menos.

Durante siglos los médicos, los doctores, eran los que lo sabían todo sobre el cuerpo. No había expertos. Ahora, si algo va mal con tu corazón entonces has de ir a un experto; si algo va mal con tus dientes, vas a otro experto. Y he oído una historia sobre un hombre que fue a un doctor y le dijo, «Tengo problemas. Veo mal. Lo veo todo brumoso». El doctor le dijo, «Lo primero es lo primero. Dime en primer lugar qué ojo es el que tiene problemas, porque soy experto solamente en el ojo derecho. Si es tu ojo izquierdo el que va mal, ves al experto que hay justo delante de mi puerta». En breve, los expertos del ojo izquierdo y los expertos del ojo derecho estarán separados. Ha de ser así porque el experto se va limitando y limitando y limitando. Todos los expertos son ciegos, y la experiencia hace de ti un experto.

Para conocer la realidad no has de ser un experto. Para conocer la realidad no has de estar limitado, no has de ser exclusivo. Para sintonizar con la realidad has de abandonar todo conocimiento, has de dejarlo de lado y mirar con los ojos de un niño, no con los ojos de un experto, porque esos ojos están siempre ciegos. Sólo un niño posee verdaderos ojos; su mirada es amplia, mira a todas partes a su alrededor, en todas direcciones. Porque él no sabe nada. Se mueve en todas direcciones en todo momento. En el instante en que sabes, te quedas aferrado a algo. Si eres capaz de convertirte de nuevo en un niño y contemplar la realidad sin

ninguna obstrucción, sin ninguna interpretación, experiencia, conocimiento, o dominio, entonces Patanjali dice que se alcanza el nirvitarka samadhi. Porque cuando no existe interpretación la memoria resulta purificada y la mente es capaz de ver la verdadera naturaleza de las cosas.

Patanjali divide el samadhi en muchos niveles. Primero habla del savitarka samadhi. Se refiere al samadhi con razonamiento. Tú eres aún una persona racional, lógica. Luego denomina al segundo, nirvitarka samadhi, el samadhi sin razonamiento. Ahora, no razonas sobre la realidad. Ni siquiera estás contemplando la realidad desde tu conocimiento. Simplemente observas la realidad.

El hombre que contempla la realidad a través de la lógica, del razonamiento, nunca contempla la realidad. Proyecta su propia mente sobre la realidad. La realidad funciona para él como una pantalla sobre la que se proyecta a sí mismo. Y todo aquello que proyectas, lo encuentras allí. Primero lo colocas allí y luego lo descubres allí. Es una falsedad porque fuiste tú mismo quien lo puso ahí y luego lo descubres. No es real.

Nasrudin me dijo una vez, «Mi esposa es la mujer más hermosa del mundo». Yo le pregunté, «¿Cómo lo sabesÉl dijo, «¿Cómo? Simplemente, ¡mi esposa me lo dijo!»

Así es como se introduce la mente: la proyectas sobre la realidad y luego la descubres allí. Ésta es la actitud de la mente savitarka. La mente nirvikalpa, la mente nirvitarka, no proyecta nada. Simplemente observa cualquier cosa que se presente.

¿Por qué continúas proyectando sobre la realidad algo procedente de tu propia mente? Porque temes a la realidad. Ahí hay un profundo temor a la realidad. Puede que no te guste. Puede que vaya en contra de ti, de tu mente. Porque la realidad es natural; no le preocupa quién eres. Tú le temes; la realidad puede que no satisfaga tus deseos, de modo que es mejor no verla, continuar viendo lo que tú deseas. Así es como has desperdiciado muchas vidas: con engaños. Y no estás engañando a nadie; te estás engañando a ti mismo porque con tus interpretaciones y proyecciones no cambiarás la realidad. Solamente sufrirás innecesariamente. Crees que allí hay una puerta y no hay tal puerta; hay una pared y tratas de atravesarla. Entonces sufres y te sorprendes.

A menos que veas la realidad nunca serás capaz de hallar la puerta para salir de la prisión en la que estás. La puerta existe, pero la puerta no puede existir en función de tus deseos. La puerta existe; si abandonas los deseos podrás verla. Y ése es el problema: sigues queriendo satisfacer tus deseos. Sigues creyendo y proyectando. Y a cada momento es destruida una creencia y se derrumba una proyección. Y sucederá muchas veces porque tus sueños no pueden ser satisfechos por la realidad. Siempre que un sueño es destrozado, siempre que un arco iris se derrumba, que un deseo muere, sufres. Pero inmediatamente empiezas a crear otro deseo, otro arco iris, con tus anhelos. Empiezas otra vez a crear un nuevo puente de arco iris entre tú y la realidad.

Nadie puede caminar por un arco iris. Parece un puente; no es un puente. En realidad el arco iris no existe; sólo lo parece. Si vas hasta allí no encontrarás ningún arco iris. Es parecido a un sueño.

La madurez consiste en haber alcanzado la certeza de que «Ahora ya no más proyecciones, ya no más interpretaciones. Estoy dispuesto a ver lo que tenga que ver».

Wittgenstein, uno de los intelectos más penetrantes de esta época, empieza su tremendamente valioso libro Tractatus con la frase, «El mundo es lo que es. Puedes seguir soñando sobre él; no servirá de nada. Deja de soñar y mira. El mundo es lo que es». No trates innecesariamente de desperdiciar tu vida y tu tiempo y tu energía tratando de ver algo que no existe. Deja de soñar y contempla la realidad. Éste es el significado del nirvitarka samadhi, del samadhi sin razonamiento. Es simplemente mirar. No has de razonar al respecto; simplemente has de observar. No has de hacer nada al respecto, simplemente has de dejar que esté allí y te penetre.

En el savitarka samadhi tratas de penetrar en la realidad. En el nirvitarka samadhi permites que la realidad te penetre. En el savitarka samadhi tratas de que la realidad esté de acuerdo contigo. En el nirvitarka samadhi tratas de estar tú de acuerdo con la realidad.

Las explicaciones dadas

para los samadhis savitarka y nirvitarka,

también explican los estados superiores del samadhi, pero en esos estados superiores de savichara y nirvichara samadhis, los objetos de meditación son más sutiles.

 

Luego, Patanjali introduce otras dos palabras, savichara y nirvichara. Savichara significa «con contemplación», y nirvichara significa «sin contemplación». Son los estados superiores del mismo fenómeno al que él denomina savitarka y nirvitarka. Si se persiste en el savitarka samadhi, se convertirá en savichara.

Si piensas de forma lógica y continúas pensando y pensando, te encontrarás con el límite de la lógica. No es infinita. La lógica no puede ser infinita. En realidad, la lógica niega todo infinito. La lógica posee siempre un límite. Solamente entonces puede seguir siendo lógica, porque con el infinito entra lo ilógico, con el infinito entra lo misterioso, con el infinito entra lo milagroso. Con su entrada, la caja de Pandora es abierta. De forma que la lógica nunca habla del infinito. La lógica dice que todo es finito, que todo puede ser definido. Todo existe dentro de unos límites, todo puede ser comprendido. La lógica teme siempre al infinito; le parece que es una vasta oscuridad. La lógica tiembla sólo de pensar penetrar en él. La lógica se mantiene en cielo despejado, nunca penetra en la selva. En cielo despejado todo resulta seguro y sabes hacia dónde vas. Un paso a un lado y entras en lo salvaje y no sabes adónde vas. La lógica es un miedo profundo.

Si me preguntas a mí, te diré que la lógica es el mayor cobarde. La gente que es valiente siempre trasciende la lógica. La gente que es cobarde permanece siempre dentro de los límites de la lógica. La lógica es una prisión bellamente decorada, pero no es como el inmenso cielo. El cielo no está en absoluto decorado. Nada lo embellece, pero es inmenso. Es la libertad y la libertad posee su propia belleza; no necesita de embellecimientos. El cielo es suficiente en sí mismo. No necesita ningún pintor que lo pinte, ni ningún decorador que lo decore. Su misma inmensidad es su belleza. Pero la inmensidad es también terrorífica, porque es apabullante. La mente simplemente vacila ante ella; la mente parece algo insignificante. Ante ella, el ego queda hecho pedazos, de forma que el ego crea la hermosa prisión de la lógica, de las definiciones, de la experiencia-todo perfectamente preciso, todo conocido. Y cierra sus puertas a lo desconocido. Crea un mundo propio, un mundo separado, un mundo privado. Ese mundo no pertenece al Todo; ha sido separado. Toda relación con el Todo ha sido eliminada.

Por eso la lógica nunca conducirá a nadie a lo Divino, porque la lógica es humana y ha destruido todos los puentes hacia lo Divino. Lo Divino es salvaje; es un misterium y un tremendum. Es un gran misterio que no puede ser resuelto. No es un acertijo que puedas resolver; es un misterio. Su naturaleza es tal que no puede ser resuelto. Pero si continúas pensando de forma lógica, entonces llega un momento en el que alcanzas el límite de la lógica. Si continúas pensando más y más, entonces el pensamiento lógico se convierte en contemplación, en vichara.

El primer paso es el pensamiento lógico y si continúas, el último paso será la contemplación. Si un filósofo continúa, si sigue moviéndose, si no se detiene en ningún sitio, se convertirá algún día en un poeta, porque cuando se cruza el límite, de repente aparece la poesía. La poesía es contemplación, es vichara.

Considéralo de esta forma. Un filósofo lógico se encuentra sentado en el jardín y observa una rosa. La interpreta. La clasifica. Sabe qué clase de rosa es, de dónde proviene, conoce la fisiología de la rosa, la química de la rosa. Piensa en ella de forma lógica, la clasifica, la define, la mira por uno y otro lado, y en realidad nunca toca en absoluto a la rosa. Simplemente da vueltas y vueltas y vueltas y vueltas, revisándolo todo, pero dejando a la rosa intacta.

Porque la lógica no puede tocar una rosa. Puede cortarla, puede etiquetarla, puede clasificarla, puede encasillarla, pero no la puede tocar. La rosa no permitirá que la lógica la toque. Y aunque la lógica lo quiera, no es posible. La lógica no posee corazón y solamente el corazón puede tocar la rosa. La lógica es solamente un asunto mental. La mente no puede tocar la rosa. La rosa no abrirá sus misterios a la mente, porque lo mental es como una violación. Y la rosa se abre únicamente por amor, no para ser violada.

La ciencia es violación; la poesía es amor. Si uno continúa -­como Einstein-entonces el filósofo, o el científico, o el lógico, se convierte en un poeta. Einstein, en sus últimos días, se convirtió en un poeta. Eddington, en sus últimos días, se convirtió en un poeta. Empezaron a hablar de lo misterioso. Habían alcanzado los límites de la lógica. La gente que permanece siempre dentro de la lógica es la gente que no ha alcanzado sus límites, el verdadero final de todo su razonamiento lógico. No son realmente lógicos. Si lo fueran, entonces llegaría un momento en el que la lógica acabaría y empezaría la poesía.

Vichara es contemplación. ¿Qué hace un poeta? Contempla. Simplemente mira la flor; no piensa sobre ella. Ésta es la diferencia; es muy sutil: el lógico piensa sobre la flor; el poeta «piensa la flor», no sobre ella. Y pensar «sobre ella», no es la flor. Puede hablar y hablar, pero no es la flor. El lógico da vueltas y vueltas; un poeta va directo y golpea la realidad misma de la flor. Para un poeta, una rosa es una rosa, es una rosa, es una rosa. No es «algo sobre» la rosa. Él va hacia dentro, hacia el interior de la flor. Entonces la memoria no se introduce. La mente es dejada de lado; es un contacto directo.

  Es un nivel superior del mismo fenómeno. La calidad se ha refinado, pero el fenómeno es el mismo.

  Por eso Patanjali dice,

 

Las explicaciones dadas

para los samadhis savitarka y nirvitarka,

también explican los estados superiores del samadhi, pero en esos estados superiores de savichara y nirvichara samadhis, los objetos de meditación son más sutiles.

 

En el savichara, el poeta-y todo aquél que penetra en el savichara se convierte en un poeta-«piensa la flor»; no sobre ella, sino de forma inmediata y directa. Pero aún persiste una división. El poeta está separado de la flor. El poeta es el sujeto y la flor es el objeto. La dualidad persiste. La dualidad no ha sido trascendida. El poeta no se ha convertido en la flor; la flor no se ha convertido en el poeta. El observador es el observador y lo observado es aún lo observado. El observador no se ha convertido en lo observado; lo observado no se ha. convertido en el observador. La dualidad existe.

En el savichara samadhi la lógica ha sido abandonada, pero no la dualidad. En el nirvichara samadhi incluso la dualidad ha sido abandonada. Uno simplemente mira la flor, sin pensar en él y sin pensar en la flor. Sin pensar en absoluto. Eso es nirvichara: sin contemplar, más allá de la contemplación. Uno simplemente es la flor; no piensas sobre ella. No piensas ni como el lógico, ni como el poeta.

Ahora surge el místico, el sabio, el que simplemente es uno con la flor. No puedes decir que piense sobre ella o que simplemente piense. No. Simplemente está con ella. Permite que la flor esté allí y se permite a sí mismo estar allí. En ese momento de apertura, de repente surge una unidad. La flor deja de ser la flor y el observador deja de ser el observador. De repente, las energías se encuentran y mezclan y se convierten en uno. Ahora, la dualidad ha sido trascendida. El sabio no sabe quién es la flor y quién la está observando. Si le preguntas al sabio dirá, «No lo sé. Puede que sea la flor la que me está mirando. Puede que sea yo el que está mirando la flor. Depende». Te dirá, «Depende. Y ni soy yo, ni es la flor. Los dos desaparecemos. Sólo queda un campo unificado de energía. Yo me convierto en la flor y la flor se convierte en mí». Éste es el estado de nirvichara, de no contemplación, de ser.

El savitarka es el primer paso; el nirvitarka es el último paso en la misma dirección. El savichara es el primer paso; el nirvichara es el último paso en la misma dirección, en planos distintos. Pero Patanjali dice que la misma explicación es aplicable. Lo superior, hasta ahora, es el nirvichara.

Patanjali llegará también ha estados superiores, porque algunas cosas más han de ser explicadas. Y él va muy lento, porque si fuera rápido, no te sería posible comprenderle. Profundiza más y más a cada instante. Te está conduciendo poco a poco hasta el océano infinito; paso a paso. Él no cree en la Iluminación instantánea, sino en la gradual. Por esto es tan atractivo.

Ha existido mucha gente que ha hablado de la Iluminación instantánea, pero no han atraído a las masas porque es sencilla­mente increíble que sea posible esa Iluminación instantánea. Puede que Tilopa lo diga, pero no importa lo que Tilopa diga. Lo importante es: ¿hay alguien capaz de comprenderle? Por eso muchos Tilopas han desaparecido. El atractivo de Patanjali continúa porque nadie puede entender esas flores silvestres como Tilopa. De repente aparecen de la nada y dicen, «En un instante tú también puedes convertirte en alguien como nosotros». Esto es incomprensible. Bajo su magnética personalidad puede que les escuches, pero no podrás creerles. En el instante en que les dejes dirás, «Este hombre está diciendo algo que me trasciende, que está más allá de mi mente».

Los Tilopas han vivido, han hablado, lo han intentado, pero no han sido capaces de ayudar a mucha gente. En muy escasas ocasiones alguien les ha comprendido. Por eso Tilopa ha de irse al Tíbet para encontrar un discípulo. En este inmenso país no pudo encontrar un sólo discípulo. Y Bodhidharma ha de irse a la China para encontrar un discípulo. En este viejo país-que durante miles de años ha estado trabajando en la dimensión religiosa-no pudo encontrar un sólo discípulo. Sí... es difícil para Tilopa, es difícil para Bodhidharma encontrar un sólo discípulo.

Encontrar a alguien que pueda comprender a Tilopa es difícil porque él habla de la meta y dice, «No hay camino y no hay método». Se sitúa en lo alto de la cima y dice, «No hay camino». Y tú estás en el valle, oscuro, húmedo, con tu sufrimiento. Miras a Tilopa y dices, «Puede ser... pero ¿cómo? ¿Cómo puede uno llegar?» Y continúas preguntando «¿Cómo?»

Krishnamurti continúa diciendo a la gente que no existe método alguno, y después de cada charla alguien le pregunta «Entonces ¿cómo hacerlo? ¿Cómo llegar?» Y él se encoge de hombros y se enfada. «Te he dicho que no hay método, de modo que no preguntes, porque el cómo es preguntar de nuevo por el método».

Y esos que preguntan no son recién llegados. Krishnamurti tiene a gente que le ha estado escuchando durante treinta, cuarenta años. En sus charlas encontrarás a gente muy vieja, mayor. Le han estado escuchando continuamente; le han estado escuchando religiosamente. Acuden siempre dondequiera que esté; siempre acuden y le escuchan. Descubrirás casi las mismas caras durante años y años y años, y una y otra vez preguntan desde sus valles, «Pero ¿cómo?» y Krishnamurti simplemente encoge sus hombros y dice, «No hay cómo. Simplemente compréndelo y llegarás. No hay camino».

Los Tilopa, Bodhidharma, Krishnamurti, vienen y se van. No ayudan mucho. La gente que les escucha disfruta escuchándoles. Incluso llegan a una cierta comprensión intelectual, pero siguen estando en el valle. Yo mismo me he encontrado con mucha gente de la que acude a escuchar a Krishnamurti, pero no he visto nunca una sola persona que haya salido de su valle escuchándole. Sigue en su valle, empieza a hablar como Krishnamurti. Eso es todo. Empieza a decirles a los demás que no hay camino y que no hay método, y él sigue estando en el valle.

Patanjali ha sido una ayuda tremenda, incomparable. Millones de personas han pasado por este mundo gracias a la ayuda de Patanjali, porque él no habla en función de lo que sabe; él te acompaña. A medida que tu comprensión crece, él profundiza más y más y más. Patanjali sigue al discípulo. A Tilopa le gustaría que el discípulo le siguiera a él. Patanjali se acerca a ti; a Tilopa le gustaría que tú te acercaras a él. Y desde luego, Patanjali te lleva de la mano y, poco a poco, te acompaña hasta la cima más elevada, de la cual Tilopa habla, pero a la que no puede conducirte porque nunca descenderá a tu valle. Él permanece en su cima y desde allí sigue gritando. Y de hecho irritará a muchos porque no se detendrá; seguirá gritando desde la cima «¡Esto es posible! Y no hay camino ni hay método. Simplemente ven. Sucede. ¡No puedes provocarlo!».Eso molesta a la gente.

Al no tener método, la gente se enfada y desearía que dejara de gritar, que se detuviera. Porque, si no hay camino, ¿cómo ir desde el valle hasta la cima? Está diciendo tonterías. Pero Patanjali es muy sensible, muy cuerdo, va paso a paso, te coge desde donde estás, desciende al valle, toma tu mano y te dice, «Da un paso cada vez».

Patanjali dice, «Existe un camino; hay métodos». Y en realidad es muy, muy sabio. Lentamente, al final te convence de que abandones el método y abandones el camino-no hay ninguno. Pero sólo al final, justo en la cima, cuando ya has llegado. Cuando Patanjali te deja, entonces no hay problema; llegarás por ti mismo. En el último momento se vuelve absurdo. Antes, es sensible. Y durante todo el camino ha sido tan sensible que cuando se vuelve absurdo, también entonces sigue atrayéndote, también entonces aparenta ser muy sensible, porque un hombre como Patanjali no puede decir tonterías. Se puede confiar en él.

 

Las explicaciones dadas

para los samadhis savitarka y nirvitarka,

también explican los estados superiores del samadhi, pero en esos estados superiores de savichara y nirvichara samadhis, los objetos de meditación son más sutiles.

 

Poco a poco, el objeto de meditación se ha de ir haciendo más y más sutil. Por ejemplo: puedes meditar sobre una roca, o puedes meditar sobre la fragancia de una flor, o puedes meditar sobre el meditador. Así, las cosas van haciéndose más y más y más sutiles. Por ejemplo, puedes meditar sobre el sonido AUM. La primera meditación es entonarlo en voz tan alta que todo resuene a tu alrededor. Se ha de convertir en un templo de sonido que te rodee: AUM, AUM, AUM. Crea vibraciones a todo tu alrededor; burdas. Es el primer paso. Entonces cierra tu boca. Ahora no lo digas en voz alta. Di en tu interior: AUM, AUM, AUM. No dejes que los labios se muevan; ni siquiera la lengua. Di, sin utilizar ni labios, ni lengua, AUM. Ahora estás creando una atmósfera interior, un clima interior para el AUM. El objeto se ha vuelto más sutil. Entonces viene el tercer paso. No has ni siquiera de recitarlo; simplemente escúchalo. Cambia la posición, desde el que actúa, desplázate a la pasividad del que escucha. En el tercer estado no has de pronunciar ni siquiera el AUM interiormente. Simple­mente siéntate y escucha el sonido. Aparece, porque está ahí. No estás en silencio; por eso no puedes oírlo.

El AUM no es una palabra perteneciente a ningún lenguaje humano. No significa nada. Por eso los hindúes no lo escriben en el orden alfabético corriente. No. Han diseñado una expresión aparte solamente para distinguirlo, una expresión que no es parte del alfabeto. Existe por sí misma, separada, y no quiere decir nada. No es una palabra perteneciente al lenguaje humano. Es el sonido mismo de la Existencia, el sonido sin sonido, el sonido del silencio. Cuando todo está en silencio, es oído. De forma que conviértete en el que escucha. Has de continuar y continuar, más y más sutilmente. Y en la cuarta etapa simplemente olvídate de todo: del que hace, del que escucha y del sonido. De todo. En la cuarta etapa no existe nada.

Debes de haber visto las pinturas de los diez bueyes del Zen. En el primer cuadro un hombre está buscando su buey. El buey se ha perdido en la espesura del bosque; no hay señales, no hay huellas. Él busca a su alrededor; árboles y árboles y árboles. En el segundo cuadro el hombre parece más feliz. Ha encontrado huellas. En el tercero está asombrado; solamente ve la parte trasera del buey junto a un árbol, pero es difícil distinguirla. El bosque es espeso, denso. Puede que la visión de su trasero sea sólo una alucinación, puede que sea solamente una parte del árbol y que él lo esté proyectando. En el cuarto, lo ha atrapado por la cola. En el quinto lo ha controlado con el látigo. Ahora el buey está en sus manos. En el sexto, cabalga sobre el buey. En el séptimo, regresa a su hogar con una flauta, cantando una canción, cabalgando sobre el buey. En el séptimo, el buey está en el establo; él está en su hogar, feliz. El buey ha sido hallado. En el octavo no hay nada. El buey ha sido hallado y el buey y el buscador, el buscador y lo buscado, ambos han desaparecido. Se acabó la búsqueda. En los tiempos antiguos, ésos eran los ocho dibujos. Formaban una colección completa. El vacío es lo último, pero entonces un gran Maestro añadió dos dibujos más. El noveno: el hombre regresa, vuelve de nuevo. Y en el décimo no sólo el hombre ha regresado, sino que ha ido a comprar algunas cosas al mercado. Y no sólo algunas cosas; ¡lleva una botella de vino! Es realmente hermoso. Ahora está completo. Si acaba con el vacío, algo está incompleto. El hombre ha regresado otra vez. Y no sólo ha regresado: está en el mercado. No sólo en el mercado: ha comprado una botella de vino.

Todo se vuelve más y más sutil, más y más sutil. Llega un momento en que sientes que es perfecto, lo más sutil. Cuando todo se convierte en vacío y deja de haber cuadro, el buscador y lo buscado desaparecen. Pero éste no es el verdadero final. Todavía permanece una sutileza. El hombre regresa al mundo totalmente transformado. Ha dejado de ser el viejo yo; ha renacido. Y cuando has renacido, el mundo tampoco es el mismo. El vino ya no es vino, el veneno ya no es veneno, el mercado no es más el mercado. Ahora todo es aceptado, es hermoso. Ahora él celebra. Ése es el símbolo: el vino.

La búsqueda se vuelve más y más sutil, más y más fuerte se vuelve la consciencia. Y llega un momento en que la consciencia es tan fuerte que vives como un hombre corriente en el mundo, sin miedo. Pero muévete junto a Patanjali paso a paso. Los objetos de la meditación son más y más sutiles.

 

La dimensión del samadhi conectada con esos objetos más delicados se extiende hasta el nivel sin forma de las energías sutiles.

 

Este es el octavo dibujo. La dimensión del samadhi conectada con esos objetos más delicados se vuelve más y más sutil. Y llega un momento en el cual la forma desaparece; carece de forma.

 

...se extiende hasta el nivel sin forma de las energías sutiles.

 

Las energías son tan sutiles que no puedes representarlas en un cuadro, no puedes esculpirlas. Sólo el vacío puede revelarlas. Un cero; el octavo cuadro. Poco a poco irás comprendiendo cómo van apareciendo los otros dos cuadros restantes.

A Patanjali le llamo el científico del mundo religioso, el matemático del misticismo, el lógico de lo ilógico, aquél en el que se encuentran dos opuestos. Si un científico lee los Yoga Sutras de Patanjali los comprenderá inmediatamente. Un Wittgenstein, una mente lógica, sentirá de inmediato una afinidad con Patanjali. Él es absolutamente lógico. Y si te conduce hacia lo ilógico, lo hace a través de unos pasos tan lógicos que nunca descubrirás que ha dejado la lógica y te ha hecho trascenderla. Avanza como un filósofo, como un pensador, e introduce unas distinciones tan sutiles que no serás capaz de determinar el instante en que has dado el salto, cuándo te ha llevado a la no contemplación, al nirvichara. Ha descompuesto el salto en muchos y pequeños escalones. Con Patanjali nunca tendrás miedo, porque él sabe dónde puedes tener miedo. Va haciendo los peldaños más y más cortos, casi como si estuvieras andando por terreno llano. Te hace ir tan lentamente que eres incapaz de distinguir cuándo has dado el salto, cuándo has cruzado el límite. Y él también es un poeta, un místico; una combinación muy extraña. Existen los místicos como Tilopa y existen grandes poetas como los rishis de los Upanishads; grandes lógicos como Aristóteles, pero no puedes encontrar a otro Patanjali. Es una combinación tal que desde que existió nadie ha podido compararse con él. Es muy fácil ser un poeta porque entonces eres de una sola pieza. Es muy fácil ser un lógico, porque éstas hecho de una sola pieza. Es casi imposible seguir a un Patanjali porque comprende muy diferentes opuestos y los combina de una forma sumamente armoniosa. Por eso se ha convertido en el alfa y el omega de toda la tradición del Yoga.

En realidad, no fue él quien inventó el Yoga. El Yoga es mucho más antiguo. El Yoga ha existido desde muchos siglos antes que Patanjali. Él no es su descubridor, pero casi se convirtió en el descubridor y fundador debido a esta rara combinación en su personalidad. Mucha gente había trabajado antes que él y ya se conocía casi todo, pero el Yoga estaba esperando a Patanjali. Y de repente, cuando Patanjali habla de él, todo encaja y él se convierte en el fundador. Él no fue el fundador, pero su personalidad es tal combinación de opuestos, contiene en sí mismo elementos tan inabarcables, que se convierte en el fundador; casi en el fundador. Desde ahora el Yoga será siempre conocido por Patanjali. Desde Patanjali muchos han seguido trabajando y muchos han alcanzado nuevos rincones del mundo del Yoga, pero Patanjali se alza como un Everest. Parece casi imposible que nadie pueda elevarse más alto que Patanjali; casi imposible. Esta rara combinación es imposible. Ser un lógico y ser un poeta y ser un místico, y no de los corrientes... es posible. Tú puedes ser un lógico, un gran lógico, y un poeta muy corriente. Puedes ser un gran poeta y un lógico muy ordinario, de tercera clase. Esto es posible; no es muy difícil. Patanjali es un genio de la lógica, un genio de la poesía, y un genio de la mística. Aristóteles, Kalidas y Tilopa todos en uno. De ahí su atractivo.

Trata de comprender a Patanjali tanto como puedas, porque te ayudará. Los Maestros Zen no te servirán de mucha ayuda. Puedes disfrutar con ellos; son hermosos. Puedes quedarte asombrado, puedes estar lleno de admiración, pero no te ayudarán. En muy raras ocasiones alguien podrá acumular el coraje suficiente y saltar al abismo. Patanjali será de mucha ayuda. Se puede convertir en la base misma de tu ser y puede conducirte poco a poco. Te comprende más que nadie. Te observa y trata de hablar el lenguaje que el último de entre vosotros es capaz de comprender. No sólo es un Maestro; también es un gran profesor.

Los educadores saben que un gran profesor no es aquél capaz de ser comprendido sólo por los mejores estudiantes de la clase, sólo por los más destacados; cuatro o cinco en una clase de cincuenta. Éste no es un gran profesor. Un gran profesor es aquél que puede ser comprendido por los más atrasados. Patanjali no sólo es un Maestro, también es un profesor. Krishnamurti es un Maestro, Tilopa es un Maestro, pero no son profesores. Solamente pueden ser comprendidos por los más adelantados. Éste es el problema: los más adelantados no necesitan comprender nada. Pueden andar por sí solos. Aún sin Krishnamurti entrarán en el océano y llegarán a la otra orilla; unos días antes, unos días después, eso es todo. Los últimos de la clase son los que no pueden andar solos. Patanjali es para ellos. Empieza desde lo más bajo y llega hasta lo más alto. Su ayuda es para todos. No es sólo para los pocos escogidos.


 



YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA, VOL 3

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