
En Roptchitz, la ciudad donde vivía el rabí Neftalí,
la gente rica que vivía en casas aisladas o en las afueras de la
ciudad acostumbraba contratar a alguien para que vigilara sus propiedades
por la noche.
Una noche mientras el rabí Neftalí paseaba por los
bosques que rodeaban la ciudad, se encontró con uno de esos vigilantes
haciendo su ronda.
“¿Para quién trabajas?”, le preguntó.
Una simple pregunta, pero una simple pregunta puede convertirse en una profunda pregunta. Una sencilla situación, pero una sencilla situación puede ser utilizada para Despertar. Lo mundano es también lo sagrado; es lo ordinario y también lo extraordinario. En la materia se encuentra escondido lo inmaterial. Lo único que necesitas es conocer el secreto: cómo utilizarlo.
“¿Para quién trabajas?”, le preguntó.
Una simple pregunta, una formalidad. Pero se convirtió en un vislumbre. Cada instante puede convertirse en una puerta.
El hombre le contestó a su vez preguntándole, “Y tú rabí, ¿para quién trabajas?”
Al caminar el rabí por la misma carretera, el vigilante pensó que quizás también estuviera trabajando como guarda para alguien.
“Y tú rabí, ¿para quién trabajas?”
De nuevo una pregunta corriente, pero a veces, si estás en el estado de ánimo adecuado, sintonizado, algo tan corriente puede convertirse en un mensaje de lo Divino.
Esas palabras golpearon al zadik como un rayo. “No trabajo para nadie, todavía”, musitó a duras penas...
En cierta manera, un hombre tremendamente alerta. Si no, hubiera dicho, “Estoy trabajando para Dios”. Un rabí, un maestro corriente hubiera dicho eso y con ello no hubiera querido significar nada. Este rabí era un hombre sincero, un hombre auténtico. La pregunta adquirió una tremenda importancia,
“Y tú rabí, ¿para quién trabajas?” Esas palabras golpearon al zadik como un rayo. “No trabajo para nadie, todavía”, musitó a duras penas...
¿Cómo va a decir que está trabajando para Dios? Él no trabaja para ningún rico. Es un nombre de Dios, un sacerdote, un rabí, pero no un sacerdote corriente. Él está alerta.
“No trabajo para nadie, todavía”
Es muy difícil decirlo y aún mucho más difícil
que lo diga un rabí, porque por lo general los sacerdotes del templo
piensan y dicen que trabajan para Dios sin saber lo que están diciendo,
lo que están afirmando. Por lo general, los sacerdotes no tienen
dudas.
Recuerda: sólo una persona tremendamente sincera, duda. Los
tontos, los estúpidos, los hipócritas, siempre están
muy seguros, nunca dudan. Son obstinadamente seguros; siempre tienen una
certeza absoluta. Sólo un ser humano muy, muy inteligente... y con
“inteligencia” no quiero decir “intelecto”. Con “inteligencia” me refiero
a “comprensión”. No me refiero a un experto intelectual. Con
“inteligencia” me refiero al resplandor de la comprensión. Un ser
inteligente siempre duda porque la vida es un tremendo misterio. ¿Cómo
vas a tener certeza de algo?
Lao Tse dice, “Mientras que los demás están absolutamente
seguros, yo soy el único que esta confuso”. Lao Tse, un hombre absolutamente
Iluminado, dice, “Mientras los demás están cuerdos, yo parezco
estar loco”. Dice, “Camino, pero de forma vacilante, como alguien que camina
sobre un arroyo helado. Camino, pero temeroso, como alguien rodeado
de enemigos. Pero los demás, simplemente no están preocupados
en absoluto. Parecen tener una seguridad total”.
La vacilación revela una mente tremendamente delicada. Él
no es capaz de afirmar nada que no sea absolutamente cierto, incluso en
una charla corriente, formal. ¿Cómo puede decir un hombre
que aún no ha conocido a Dios, “Estoy trabajando para Dios”? Eso
sería una profanación, sería sacrílego.
“No trabajo para nadie, todavía”
Lo que Neftalí dice es lo siguiente: “Ya no trabajo para
nadie en este mundo. Las metas de este mundo han desaparecido y las metas
del otro mundo aún no están claras. Estoy en una transición.
Aquí, nada parece tener importancia, y para lo de allí, mis
ojos están aún cerrados”. Está diciendo, “No trabajo
para satisfacer ninguna ambición de este mundo. ¿Y del otro
mundo? Está aún muy lejano. Estoy en camino. He dejado lo
viejo y todavía no he entrado en lo nuevo. Estoy simplemente en
medio de un puente. La antigua orilla ha desaparecido para siempre; la
nueva orilla está oculta entre las brumas. No trabajo para nadie,
hasta ahora”.
Llega un momento en la vida de cada meditador en el que el mundo dejar
de tener sentido y en el que Dios todavía no se ha convertido en
algo importante. Éste es el punto más peligroso, el obstáculo
mayor que se ha de cruzar, porque la mente tiende a ir hacia atrás,
porque antes al menos uno estaba ocupado y había algo significativo.
Ahora, las antiguas ocupaciones han desaparecido y lo nuevo parece
que no surge. Uno está en un limbo, está colgado en el medio.
Ése es el punto en el que la paciencia es necesaria, en el que se
necesita un infinita paciencia. Y ése es el punto en el que un Maestro
puede ayudar, persuadiéndote de que no vayas hacia atrás,
porque la mente tendrá la tendencia a hacerlo. Surgirán mil
y una tentaciones para que regreses, porque, ¿qué tontería
estás haciendo? Has abandonado tu antigua vida, pero al menos en
ella había algún significado. Y si no significado, al menos
alguna ocupación, al menos algo que hacer. Al menos no te sentías
vacío. Puede que las cosas no fueran eternas, importantes, puede
que fueran temporales, momentáneas, perecederas, pero al menos poseían
algún significado, al menos tenían un contenido. Eso también
ha desaparecido. Y lo eterno no aparece por ninguna parte.
Esta situación es absolutamente necesaria. A menos que la mente
alcance un estado en el que deje de pensar en el pasado, en regresar
al pasado, lo nuevo no puede surgir. La tentación del pasado revela
una profunda ligadura con ese pasado. Cuando la tentación ha desaparecido
y sigues estando en el vacío, sin apresurarte, sin inquietarte,
entonces dejas que el vacío se asiente. Y de repente, lo eterno
se presenta. Te has convertido en el templo.
Aquí hay muchos que han estado meditando durante mucho tiempo
y que han alcanzado este estado. Entonces sus mentes les dicen, “Vuelve
a casa. Escapa de este nombre. No has ganado nada. Por el contrario, has
perdido mucho. Tu vieja identidad ha desaparecido, tu antiguo nombre ha
desaparecido, no puedes encontrar tu antigua imagen en ninguna parte. ¿Y
lo nuevo? Lo nuevo no ha aparecido. ¿Cuándo aparecerá?”
La mente se encuentra asustada, tiene miedo. ¿Sucederá o
no sucederá? ¿Has llegado a un callejón sin salida?
Solamente sucede cuando te has establecido en el vacío. El
Todo sólo llega cuando te has asentado en la nada. Para que el Todo
descienda, se requiere un vacío absoluto. Incluso un ligero apego,
incluso una ligera tentación de volver al pasado, es un obstáculo.
“No trabajo para nadie, todavía”, musitó a duras penas.
Un hombre realmente sincero.
...y empezó a caminar arriba y abajo por donde estaba aquél hombre, durante un buen rato.
¿Qué estaba haciendo? Debió de estar cavilando. ¿Qué había ocurrido? Este hombre, un vigilante corriente... al menos podía decir que trabajaba para alguien. Neftalí dice, “Soy un hombre religioso, un sacerdote, un rabí, y ni siquiera puedo decir eso. Al menos este vigilante tiene alguna ocupación, trabaja en algo, hace algo importante. Puede que en realidad no sea importante, pero él cree que está haciendo un trabajo importante. Y yo, un hombre religioso, a duras penas puedo decir que no trabajo para nadie, todavía”.
...y empezó a caminar arriba y abajo por donde estaba aquél hombre, durante un buen rato.
Pensando, contemplando, meditando.
Finalmente le preguntó, “¿Quieres ser mi sirviente?”.
“Me gustaría,”—le contestó el hombre—“pero ¿cuáles
serían mis obligaciones?”.
“Hacerme recordar”, le dijo el rabí Neftalí.
“Hacerme recordar” que el mundo ha desaparecido, pero que Dios aún
no ha sido alcanzado. “Hacerme recordar” que lo material ha desaparecido
y que lo inmaterial aún no se ha materializado. “Hacerme recordar”
que lo conocido ya ha dejado de ser importante y que lo desconocido está
todavía muy lejos. “Hacerme recordar” que no he de olvidarme de
esto. Mantenerme alerta una y otra vez. Hacer que resuene en mi interior
esa nota para que no me duerma.
Una hermosa historia, muy significativa; y puede convertirse en parte
de tu tesoro interior. Deja que así sea, porque habrá muchas
situaciones en las que necesitarás que alguien te lo recuerde. Te
dormirás una y otra vez. Es natural, porque el dormirse es el camino
de menor resistencia.
Es muy cómodo dormirse; es muy incómodo Despertar. Y
tu sueño puede obedecer a muchos intereses. A veces, durmiendo profundamente,
tienes hermosos sueños, y cuando te despiertas, todos los sueños
desaparecen y has de encarar la realidad desnuda. Hay la tentación
de seguir dormido, de no encarar la realidad. Y tú puedes crear
sueños muy hermosos.
Esto es lo que hacemos en el mundo: nos construimos una hermosa casa,
un sueño todo de mármol. Pero sigue siendo un sueño.
Antes o después tendrás que dejarlo; aquí, ninguna
casa puede convertirse en tu hogar. Tendrás que dejar tras
de ti todas las casas; a lo sumo te darán descanso por una noche.
Por la mañana tendremos que seguir, de forma que no te apegues excesivamente.
El mundo puede ser a lo sumo un saraya, un dharmashala, un lugar de
descanso para una noche. Por la mañana continuamos. No te aferres,
no te apegues a él. No creas que el sueño es real. Deja que
se te recuerde una y otra vez que esto es un sueño. Todo te induce
a pensar que es una realidad, porque cuando el sueño es hermoso,
¿quién quiere pensar que es un sueño? Desde luego
que cuando un sueño se convierte en una pesadilla, empiezas a sospechar
que debe de ser un sueño. Por eso es que el dolor y la angustia
extrema a veces despiertan la espiritualidad.
Tu esposa ha muerto y tú la amabas, la amabas muchísimo.
Ahora te has quedado solo. No es sólo que tu amada haya muerto,
sino que también algo en tu interior murió con ella porque
mantenías con ella una íntima relación. Habíais
interpenetrado vuestros seres, formabais parte el uno del otro, erais miembros
el uno del otro. Ahora ha muerto. No sólo ha muerto alguien exteriormente;
en tu interior algo de tu corazón también ha muerto. Dejarás
de sentir muchos latidos, nunca volverás a estar tan vivo de nuevo.
Puede que en esta situación el shock provoque un Despertar.
Las desgracias no son siempre desgracias; a veces resultan ser bendiciones,
grandes bendiciones. Y las bendiciones que tú crees que son bendiciones
puede que no sean más que narcóticos, puede no ser más
que drogas. Los hermosos sueños son drogas. Te ayudan a dormir.
Puede que los llames tranquilizantes.
El sufrimiento no siempre es sufrimiento. Dukka, la angustia, la agonía,
puede convertirse en una puerta hacia el éxtasis. Deja que te lo
diga, “Benditos son aquellos lo suficientemente desafortunados para conocer
la angustia, benditos aquellos que están angustiados porque pueden
ser Despertados”. Utiliza tu angustia como una fuerza para Despertarte
porque cuando te sientes cómodo, tiendes a dormirte. Cuando estás
incómodo, existe una mayor probabilidad de Despertar.
Continúa siempre recordando que el mundo en el que vives
es un fenómeno pasajero. Es como una gota de rocío en una
hoja de hierba. En cualquier instante, se levanta la brisa y la gota
se evapora y se pierde para siempre. El mundo es una gota de rocío
en una hoja de hierba. Esto es lo que dijo Mahavira, “Una gota de rocío
en una hoja de hierba”. En cualquier instante... en realidad estás
ya desapareciendo, tú estás ya muriéndote. No morirás
un día en un tiempo futuro. No trates de engañarte a ti mismo.
Has estado muriéndote desde el mismo día en que naciste.
Tu primer aliento lo diste entrando en la muerte. Has estado continuamente
muriéndote. Puede que te lleve setenta años, ochenta años,
cien años, morir completamente, pero estás muriendo a cada
instante. La gota de rocío está desapareciendo. En cualquier
momento habrá desaparecido por completo.
Hace sólo unos días, estaba hablando de una santa mujer,
Sahajo. Ella dice, “El mundo es como la última estrella del amanecer”—jagat
taraiya bhor ki. Sigue observando. Hace sólo un instante estaba
ahí y un momento después ya no está. La última
estrella de la madrugada, desvaneciéndose, desvaneciéndose,
desvaneciéndose por momentos.
Recuerda que el mundo es un sueño. ¿Cuál es la
definición de “sueño”? “Sueño” es aquello que existe
pero que no dura para siempre. Un sueño no existía antes
y no existirá después. Entre dos no-existencias, un fragmento
de un instante... y parece real. “Una existencia entre dos no-existencias”...
ésa es la definición de “sueño”.
¿Y cuál es la definición de “realidad”?
Existencia, existencia, existencia. Pasado, presente, futuro. Existencia.
El sueño no existe en el pasado, ni existe en el futuro. Sólo
existe en el presente. ¿Cómo va a existir entre dos no-existencias?
Es imposible. Y desengáñate. Debes de haberlo proyectado,
ha de ser una proyección, la satisfacción de un deseo. No
está aquí; la pantalla está vacía. La historia
existe en tu interior; el proyector está oculto en tu mente y tú
continúas proyectando. Vives en un sueño y para que exista
un sueño tú has de estar dormido. Por esto te digo, “Estás
dormido profundamente; puedo oírte roncar”.
Cuando hablo de dormir, me refiero a ello metafísicamente. No
me refiero al sueño corriente en el que te deslizas por la noche.
Ése es un sueño con los ojos cerrados, y durante el día
duermes con los ojos abiertos. Unos ojos abiertos o cerrados; ésa
es la única diferencia entre tu día y tu noche.
¿Has observado nunca el hecho de que por la noche te olvidas
completamente de tu vida durante el día? En realidad, por la mañana
puede que recuerdes algo del sueño que tuviste, pero por la noche
nunca recuerdas nada de tu vida durante el día; nada en absoluto.
¿Qué significa esto? Significa que incluso los sueños
que tienes son un poco reales. Puedes recordarlos. Cuando te despiertas
por la mañana puedes recordar los sueños de la noche durante
unos segundos. Su realidad penetra en ti. Pero por la noche cuando te duermes,
no te acuerdas ni siquiera durante unos segundos de tu vida de día,
de quién eres—un presidente de un país, un primer ministro,
un mendigo, o un don nadie. No recuerdas nada en absoluto. Incluso te olvidas
de tu nombre. ¿Estás casado? ¿Eres un padre de familia?
Te olvidas de todo. Rico o pobre, te olvidas de todo.
Chuang Tse comenta que una vez soñó que se había
convertido en mariposa. Por la mañana se encontró aturdido
porque en su corazón surgió la sospecha de que si por la
noche, en sueños, Chuang Tse podía convertirse en mariposa,
la inversa era también posible: la mariposa podía estar soñando
que se había convertido en Chuang Tse. Si Chuang Tse puede convertirse
en una mariposa en sueños, ¿por qué una mariposa no
puede convertirse en un Chuang Tse en su sueño?
Todos los sueños—tanto si Chuang Tse sueña que se ha
convertido en una mariposa, como si una mariposa sueña que se ha
convertido en Chuang Tse—son sueños. Todo devenir es soñar;
llegar a ser algo es en sí soñar. Cuando Despiertas, eres;
el “llegar a ser” desaparece. Entonces no te conviertes en nada. Ni Chuang
Tse se convierte en mariposa, ni la mariposa se transforma en un Chuang
Tse. Cuando eres, inmediatamente te das cuenta que no existe ni Chuang
Tse, ni mariposa. Solamente existe Dios, y Él no es ninguna de las
dos cosas. Las trasciende.
...entonces empezó a caminar arriba y abajo por donde estaba
aquél hombre, durante un buen rato. Finalmente le preguntó,
“¿Quieres ser mi sirviente?”.
“Me gustaría,”—le contestó el hombre—“pero ¿cuáles
serían mis obligaciones?”.
“Hacerme recordar”, le dijo el rabí Neftalí.
Te será difícil encontrar un hombre que pueda ayudarte
a recordarte constantemente. Pero la historia es puramente simbólica,
es una parábola. Puedes convertir a tu mente en el sirviente que
te ayude a recordar. La mente puede convertirse en el vigilante.
El otro día surgió una pregunta, “¿Puede ser utilizada
la mente para el despertar espiritual?” Sí. Ha de ser utilizada.
Puede ser utilizada y ha de ser utilizada. La mente se ha de convertir
en el sirviente para ayudarte a recordar. Por lo general la mente se ha
convertido en el amo y tú te has convertido en el sirviente. Si
la mente se ha convertido en el amo y tú te has convertido en el
sirviente, esto es el estado de sueño. Si la mente se convierte
en el sirviente y tú te conviertes en el amo, entonces estás
en camino de Despertar. Entonces la mente te ayuda a recordarte.
¿Qué es la meditación? La meditación es
un esfuerzo para hacer que la mente te ayude a recordarte a ti mismo.
La meditación es también una función de la mente,
pero la relación que se establece es totalmente distinta.
Tú eres el amo; la mente se convierte en el sirviente. Utilizas
la mente como sirviente y la mente es hermosa. Deja que la mente se convierta
en el amo y todo se estropeará.
El hombre mundano vive en una situación desagradable. La mente
es el amo y él es el sirviente. El sanyasin, el hombre del otro
mundo, simplemente invierte la situación. Todo es lo mismo, pero
se cambia el orden. Ahora la mente es el sirviente y él se convierte
en el amo. Entonces emplea su mente para recordarse a sí mismo.
Y llega un momento en el que no hay necesidad de que se le ayude a recordarse.
Entonces el ser consciente se convierte en algo natural, en algo que fluye
por sí mismo. Entonces puedes retirar la mente, entonces la mente
puede ser relevada.
De modo que hay tres estados: la mente como amo—el noventa y nueve
por ciento de la gente está en este estado; luego la mente como
sirviente—muy pocos, algunos, los buscadores, aquellos que están
en el camino; y por fin, la mente cuando no funciona, cuando se ha retirado
porque el estar despierto se ha vuelto natural. Es el estado de un Buda.
Utiliza tu mente como sirviente y recuerda continuamente que la mente
tendrá que retirarse algún día.
Cuando la mente es retirada por completo, el mundo desaparece. Entonces
no puedes regresar a mundo. Esto es lo que los hindúes denominan
“Detener el ciclo de nacimientos y muertes”. Cuando uno ha Despertado por
completo, esa consciencia no tiene ni nacimiento ni muerte. Es eterna.
Utiliza la mente. Apóyate en la mente, deja que te sirva de
escalón. Simplemente has de invertir el orden.
Te contaré una historia. Sucedió que un hombre, un buscador,
se encontró con un hombre por el camino, el cual le dijo, “Hay un
pozo escondido en una cueva. Ve allí y plantéale una pregunta.
Si preguntas con sinceridad, el pozo te responderá. Y esto es un
milagro que sólo unos pocos grandes adeptos conocen”.
El hombre se puso a buscar. Le fue difícil llegar al pozo, pero,
de alguna manera, se las ingenió. Apoyado en el brocal, le preguntó,
“¿Qué es la vida?”
No surgió respuesta alguna. Sólo se escuchó el
eco. Repitió su pregunta y el pozo le respondió, “¿Qué
es la vida?” Pero el hombre era realmente sincero de modo que continuó.
Se cuenta que durante tres días, día y noche, estuvo preguntando
una y otra vez, “¿Qué es la vida?” Y el pozo solamente resonaba
con su propia voz. Pero él no se dio por vencido; continuó.
Si trabajas con la mente durante muchos días, durante muchos
años, la mente no te dará la clave; simplemente te reverberará.
Pero un buscador sincero continúa y continúa y continúa;
no se cansa.
Después de tres días se cuenta que el pozo se percató
de que el hombre era sincero y de que no iba a desistir. De modo que el
pozo le dijo, “De acuerdo, te diré lo que es la vida. Ve al pueblo
más cercano. Visita las tres primeras tiendas y regresa y cuéntame”.
El hombre se quedó asombrado porque ¿qué clase
de respuesta era ésta? Pero, “De acuerdo, si el pozo lo dice, lo
he de hacer...” Se fue a la ciudad y visitó las tres primeras tiendas,
pero se quedó aún más atónito y asombrado.
No había nada.
En la primera tienda había unas cuantas personas trabajando
con piezas de metal. Fue a la siguiente tienda. Allí había
algunas personas más que estaban preparando unas cuerdas. Entró
en la tercera tienda. Era la tienda de un carpintero y allí había
gente que trabajaba la madera. Se dijo a sí mismo, “¿Es esto
la vida?”
Regresó al pozo y le dijo, “¿Qué quieres decir?
Fui allí y las visité. Y esto es lo que te cuento, pero no
veo la relación”.
El pozo le dijo, “Ahora te he enseñado el camino. Recórrelo.
Algún día descubrirás la clave. Te he mostrado el
camino; ahora recórrelo”.
El buscador se enfadó y dijo, “¡He sido engañado!
¿Qué he obtenido estando durante tres días seguidos
preguntando a este pozo? ¿Que he ganado volcando tan sinceramente
mi corazón ante este pozo? He sido engañado. No he ganado
nada”. Frustrado, se alejó.
Al cabo de muchos años de deambular, un día llegó
cerca de un jardín. Era una noche de luna, una noche de luna llena
y alguien estaba tocando un sitar. Se quedó embelesado. La magia
funcionó. Como si fuera atraído por un imán,
entró en el jardín. No pidió permiso. Se acercó
hasta el que tocaba; aquel hombre se encontraba en profunda meditación,
tocando el sitar. Se sentó allí y se puso a escuchar. A la
luz de la luna observó al hombre, al instrumento. Nunca antes había
visto un instrumento así.
De repente, se dio cuenta que aquellos carpinteros estaban trabajando
en objetos similares. Estaban preparando sitares. Y la gente que laboraba
el metal... esas piezas también pertenecían al sitar. Y las
cuerdas.
De repente, como si las nubes hubieran desaparecido y hubiera descubierto
algo, se puso a bailar. El músico se dio cuenta; dejó de
tocar. Pero nadie podía detener la danza del buscador.
El músico le preguntó,” ¿Qué sucede? ¿Qué
te ha pasado?”
El hombre le dijo, “He comprendido. La vida lo tiene todo. Sólo
se requiere una nueva combinación. Miré en las tres tiendas.
Todo estaba allí, pero no había sitar. Todo existía
por separado. Se necesitaba ordenarlo; todo estaba en un caos. Todo estaba
allí; todo lo que se necesitaba estaba allí. Solamente se
requería una síntesis, una conexión... y entonces
esa música tan hermosa empezaría a brotar. La vida lo tiene
todo. Ahora he comprendido. Solamente se necesita una nueva ordenación”.
Tienes todo lo que necesitas. Dios nunca envía a nadie al mundo
como mendigo. Todo el mundo nace emperador, pero vive como un mendigo sin
saber cómo disponer las cosas.
La mente debe ser el sirviente; la consciencia debe ser el amo. Y entonces
el instrumento queda montado y es posible una gran música.
Y llega un momento en el que el instrumento no es en absoluto necesario.
Se dice que cuando un músico alcanza la perfección, se deshace
del sitar porque entonces es inútil, porque entonces su música
interior ha surgido. El sitar exterior simplemente le ayudaba a ir hacia
dentro. Siempre que un arquero es perfecto, tira el arco. Entonces no lo
necesita. Siempre que surge la perfección, no depende de nada.
Construye el sitar de tu vida y entonces serás capaz de retirar
la mente por completo. Entonces habrás trascendido el círculo
de nacimientos y muertes. Y eso es lo que es Dios.
Eso es lo que esta hermosa historia te cuenta: “Hazme recordar”. No
caigas de nuevo una y otra vez víctima de las antiguas pautas: la
mente como amo y yo como sirviente.
“Hazme recordar” que yo soy el amo.