YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA

VOL I


 

Vivimos en una profunda ilusión, la ilusión de la esperanza, del futuro, del mañana. El hombre, tal y como es no puede existir sin autoengañarse. Nietzsche dice en algún lugar que el hombre  no puede vivir con lo real: necesita sueños, necesita ilusiones, necesita mentiras para existir. Y Nietzsche está en lo cierto. Tal y como es el hombre, no puede existir con la verdad. Esto se ha de entender completamente porque sin entenderlo no se puede entrar en la indagación llamada Yoga.
La mente ha de ser comprendida en profundidad; la mente que necesita mentiras, la mente que necesita ilusiones, la mente que no puede coexistir con lo real, la mente que necesita de los sueños. No solamente estás soñando durante la noche; incluso despierto, estás soñando continuamente. Puedes estar mirándome, puede que me estés escuchando, pero en tu interior discurre una corriente de sueños. Continuamente la mente está creando sueños, imágenes, fantasías.
Los científicos aseguran ahora que un hombre puede vivir sin dormir, pero que es incapaz de vivir sin soñar. En los tiempos antiguos se suponía que el dormir era una necesidad, pero ahora la investigación moderna asegura que el dormir no es necesario. Dormir es necesario en tanto que te permite soñar. El soñar es lo necesario. Si no se te deja soñar pero sí dormir, por la mañana no te sentirás ni fresco, ni vivo. Te sentirás cansado como si no hubieras podido conciliar el sueño.
La noche tiene períodos, períodos de sueño profundo y períodos de sueños. Existe un ritmo; de la misma manera que el día y la noche, hay un ritmo. Al comienzo caerás en el sueño profundo durante unos cuarenta o cuarenta y cinco minutos. Luego empieza la fase del soñar; entonces sueñas. Luego, de nuevo, el sueño sin sueños; luego otra vez el soñar. Toda la noche sigue así. Si se te molesta en tu sueño cuando estás durmiendo profundamente sin soñar, por la mañana no echarás nada en falta, pero si mientras estás soñando, tu sueño es alterado, entonces por la mañana te sentirás completamente cansado y exhausto.
Hoy en día esto puede ser comprobado desde el exterior. Si alguien está durmiendo, tú puedes juzgar si está soñando o está dormido. Si está soñando, sus ojos se estarán moviendo continuamente, como si estuviera viendo algo con los ojos cerrados. Cuando está profundamente dormido, sus ojos estarán inmóviles, no se moverán. De modo que si mientras tus ojos se están moviendo tu sueño es alterado, por la mañana te sentirás cansado. Cuando los ojos están inmóviles, tu sueño sí puede ser alterado. Por la mañana no te sentirás mal.
Muchos investigadores han demostrado que la mente humana se alimenta de sueños; el soñar es una necesidad, y el soñar es un autoengaño absoluto. Y no ocurre solamente así por la noche. Mientras estás despierto, lo mismo se va repitiendo; incluso durante el día puedes comprobarlo. A veces habrá sueños flotando en la mente; a veces no habrá sueños.
Cuando estén los sueños, estarás haciendo algo, pero estarás ausente. Por dentro estarás ocupado. Por ejemplo, tú estás aquí. Si tu mente atraviesa un estado de ensoñación, me estarás oyendo sin escucharme en absoluto, porque tu mente estará ocupada por dentro. Si no estás en un estado de ensoñación, solamente entonces podrás escucharme.
De día, de noche, la mente se desplaza desde la ausencia de sueños al soñar, y luego del soñar a la ausencia de sueños. Es un ritmo interior. Y no solamente estamos soñando continuamente; en la vida estamos proyectando esperanzas en el futuro.
El presente es, casi siempre, un infierno. Puedes  seguir en él sólo gracias a la esperanza que has proyectado en el futuro. Eres capaz de vivir el hoy gracias al mañana. Estás esperando que algo suceda mañana; que mañana se abran las puertas del Paraíso. Nunca se abren hoy y cuando el mañana llegue nunca llegará como el mañana, llegará como el hoy, pero para entonces tu mente ya se habrá movido de nuevo. Siempre estás yendo delante de ti mismo; esto es lo que significa soñar. No eres uno con lo real, con lo cercano, con lo que está aquí y ahora; estás en alguna otra parte, yendo por delante, saltando hacia delante.
Y a ese mañana, a ese futuro, le has dados numerosos nombres. Unos lo llaman cielo, otros lo llaman moksha, pero siempre está en el futuro. Uno piensa en términos de riqueza, pero esa riqueza está en el futuro. Otro piensa en el Paraíso, y ese Paraíso llegará después de que hayas muerto, muy lejos, en el futuro. Desperdicias tu presente por eso que no existe; esto es lo que significa soñar. No eres capaz de estar aquí y ahora. Estar simplemente en el presente parece ser difícil.
Puedes vivir en el pasado porque, de nuevo, eso es soñar: recuerdos, memorias de cosas que ya no existen. O puedes vivir en el futuro, lo cual es proyectar, lo cual es, otra vez, crear algo desde el pasado. El futuro no es más que el pasado proyectado de nuevo, con más colorido, más hermoso, más placentero, pero es el pasado refinado.
No puedes pensar en nada más que en el pasado. El futuro no es nada más que el pasado proyectado de nuevo, y ambos no existen. El presente existe, pero nunca estás en el presente. Esto es lo que significa soñar. Y Nietzsche está en lo cierto cuando dice que el hombre no es capaz de vivir con la verdad. Necesita mentiras, vive a través de las mentiras. Nietzsche dice que seguimos diciendo que deseamos la verdad, pero nadie la quiere. Nuestras mal llamadas verdades no son más que mentiras, hermosas mentiras. Nadie está dispuesto a contemplar la realidad desnuda.
Esta mente no puede entrar  en el camino del Yoga, porque Yoga significa una metodología para revelar la Verdad. El Yoga es un método para llegar a una mente sin ensueños. El Yoga es la ciencia del aquí y ahora. El Yoga significa que ahora estás dispuesto a no desplazarte al futuro. El Yoga significa que estás dispuesto a no tener esperanzas, a no saltar por delante de tu ser. El Yoga significa encarar la realidad tal y como es.
Por eso uno puede entrar en el Yoga, o en el camino del Yoga, solamente cuando está absolutamente frustrado con su mente tal y como es. Si aún esperas alcanzar algo a través de tu mente, el Yoga no es para ti. Se necesita una total frustración; la revelación de que esta mente que proyecta es inútil, de que la mente que espera no tiene sentido; no te conduce a ninguna parte. Simplemente vela tus ojos, te intoxica, no permite que la realidad te sea revelada. Te protege frente a la realidad.
Tu mente es una droga. Está en contra de Eso-que-Es. De modo que, a menos que estés absolutamente frustrado con tu mente, con tu forma de ser, con lo que has sido hasta ahora, sólo si puedes abandonar todo eso sin condiciones, entonces podrás entrar en el camino.
Por eso es que muchos se interesan, pero muy pocos entran, porque tu interés puede que sea solamente debido a tu mente. Ahora puedes estar esperando ganar algo a través del Yoga,  pero la motivación de lograr algo está ahí. Puedes volverte perfecto mediante el Yoga, puede que alcances el feliz estado del ser perfecto, puede que te unifiques con el Brahman, puede que alcances el sat-chit-anand. Esta puede ser la causa de que estés interesado en el Yoga. Si éste es el motivo, entonces no habrá encuentro entre tú y el camino del Yoga. Entonces estás absolutamente en su contra, moviéndote en una dirección totalmente opuesta.
Yoga significa que ahora no hay esperanzas, que ahora no hay futuro, que ahora no hay deseos. Uno está dispuesto a conocer Eso-que-Es. Uno no está interesado en lo que pudiera ser, en lo que debería ser, o en lo que debiera ser. ¡No se está interesado en eso! Uno está interesado solamente en lo que es, porque sólo lo real puede liberarte, solamente la realidad puede ser la liberación.
Se requiere un desespero total. Ese desespero es llamado dukka por Buda. Y si te encuentras realmente sumido en el sufrimiento, no tengas esperanzas, porque tus esperanzas lo único que harán será prolongar ese sufrimiento. Tu esperanza es una droga. Solamente puede ayudarte a llegar a la muerte y a ninguna otra parte. Todas tus esperanzas solamente pueden conducirte a la muerte. Te están conduciendo ya.
Abandona toda esperanza, todo futuro, toda ilusión. Es difícil. Hace falta valor para encarar lo real. Pero ese instante le llega a todo el mundo, antes o después. A todo ser humano le llega un momento en que se siente en total abandono. Todo carece de sentido para él. Y cuando toma conciencia de que todo cuanto hace es inútil, que vaya donde vaya no va a ninguna parte, que toda la vida no tiene sentido, de repente, la esperanza desaparece, el futuro desaparece y por primera vez se sintoniza con la Existencia, por primera vez te encaras con la realidad.
A menos que ese instante te llegue... puedes seguir practicando asanas, posturas; eso no es yoga. El Yoga es un giro hacia adentro. Es un giro de ciento ochenta grados. Cuando dejas de moverte en el futuro, cuando no vas hacia el pasado, entonces empiezas a moverte hacia tu propio interior porque tu ser está aquí y ahora, no en el futuro. Estás presente aquí y ahora; puedes penetrar esta realidad. Pero en este caso, la mente ha de estar aquí.
Este instante es el indicado por el primer sutra de Patanjali. Antes de que hablemos sobre el primer sutra, hemos de entender algunas cosas más. Primero, el Yoga no es una religión; recuerda esto. El Yoga no es hindú, ni es musulmán. El Yoga es pura ciencia, como las Matemáticas, como la Física o la Química. La Física no es cristiana, la Física no es budista. Aunque los cristianos hayan descubierto las leyes físicas, la Física no es cristiana. Es un accidente el que las leyes de la Física hayan sido descubiertas por cristianos. La Física sigue siendo simplemente una ciencia. El Yoga es una ciencia; es un hecho accidental el que los hindúes la descubrieran. No es hindú. Es pura matemática del ser interior. Por esto un musulmán puede ser un yogui, un cristiano puede ser un yogui, un jaino, un baudha, puede ser un yogui.
El Yoga es ciencia pura y Patanjali es la figura más relevante en el mundo del Yoga. Este hombre es singular. No hay otro comparable con Patanjali. Por primera vez en la historia de la Humanidad, este hombre elevó a la religión al nivel de ciencia, hizo de la religión una ciencia, simples leyes; no se necesita creencia alguna.
Las mal llamadas religiones necesitan creencias. No hay otras  diferencias entre una y otra religión: la diferencia solamente es de creencias. Un musulmán tiene ciertas creencias, un hindú otras, un cristiano otras. La diferencia es de creencias. El Yoga no contiene ninguna creencia, el Yoga no dice que se tenga que creer en nada. El Yoga dice que lo experiencies. Del mismo modo que la ciencia dice que experimentes, el Yoga dice que lo experiencies. El experimentar y el experienciar son lo mismo, pero sus sentidos son diferentes. Experimentar quiere decir algo que puedes hacer en relacíon al exterior; experienciar significa algo que puedes hacer interiormente. El experienciar es un experimento interno.
La ciencia dice: no creas, duda tanto como puedas. Pero tampoco tengas creencias en contra porque el ir contra algo es, de alguna forma, una clase de creencia. Puedes creer en Dios, puedes creer en el concepto de no-Dios. Puedes decir que Dios existe con una actitud fanática; puedes decir exactamente lo contrario – que Dios no existe – con el mismo fanatismo. Los teístas, los ateos, todos son creyentes, y la creencia no pertenece al plano de la ciencia. “Ciencia” quiere decir experimentar algo, eso que existe por sí mismo; no se necesita de ninguna creencia. Por esto, lo segundo que has de recordar es que el Yoga es existencial, experimental, experiencial. No se requiere ninguna creencia, no se necesita de fe alguna; solamente el valor de experienciar. Y de eso es de lo que se carece. Eres capaz de creer con facilidad porque con el creer no vas a ser transformado. La creencia es algo añadido, algo superficial; tu ser no es cambiado, no pasas a través de ninguna mutación. Puede que seas hindú y al día siguiente te conviertas en cristiano. Simplemente cambias, cambias el Gita por la Biblia. Puedes cambiarlo por el Corán, pero el hombre que ensalzaba el Gita y que ahora ensalza la Biblia, es el mismo. Solamente sus creencias han cambiado.

Las creencias son como los vestidos. No se transforma nadasubstancial; permaneces siendo el mismo. Disecciona un hindú, disecciona un musulmán; por dentro son lo mismo. El acude a un templo; el musulmán aborrece el templo. El musulmán acude a la mezquita y el hindú aborrece la mezquita, pero por dentro son el mismo ser humano.
Creer es fácil porque no se te pide que hagas nada; solamente es un vestido superficial, un decorado. Algo que puedes dejar de lado cuando quieras. El Yoga no es una creencia. Por eso es difícil, arduo, y a veces parece imposible. Es un enfoque existencial. Llegarás a la Verdad, pero no a través de la creencia, sino a través de tu propia experiencia, a través de tu propia realización. Eso significa que tendrás que ser totalmente cambiado. Tus puntos de vista, tu modo de vida, tu mente, tu psique, han de ser aniquilados por completo tal como son. Se ha de crear algo nuevo. Solamente con eso nuevo te pondrás en contacto con la realidad.
Por eso el Yoga es ambas cosas: una muerte y una nueva vida. Has de morir a lo que eres y a menos que mueras no podrás renacer de nuevo. Lo nuevo está escondido en tu interior. Eres solamente su semilla y la semilla debe caer y ser absorbida por la tierra. La semilla ha de morir; solamente entonces lo nuevo brotará de ti. Tu muerte se convertirá en tu nueva vida. El Yoga es ambas cosas: una muerte y un nuevo nacimiento. A menos que estés dispuesto a morir, no podrás renacer. Por eso, no es cuestión solamente de cambiar de creencias.
El Yoga no es una filosofía. Afirmo que no es una religión, afirmo que no es una filosofía. No es algo sobre lo que puedas pensar. Es algo que tendrás que ser; el pensar no te servirá de nada. El pensar ocurre en tu cabeza, no está en las raíces de tu ser, no es tu totalidad. Es simplemente una parte, una parte funcional; puede ser adiestrada. Y puedes argumentar con lógica, puedes pensar racionalmente, pero tu corazón seguirá siendo el mismo. Tu corazón es tu centro más profundo; tu cabeza es solamente un ramal. Puedes vivir sin cabeza; no puedes vivir sin corazón. Tu cabeza no es la base.
El Yoga se ocupa de la totalidad de tu ser, de tus raíces. No es algo filosófico. Por eso con Patanjali no vamos a pensar ni a especular. Con Patanjali trataremos de conocer las supremas leyes del ser, las leyes de la transformación, las leyes de cómo morir y cómo renacer de nuevo, las leyes de un nuevo orden del ser. Por eso lo llamo ciencia.
Patanjali es singular. Es un Iluminado como lo son Buda, Krishna, Cristo, Mahavira, Mahoma, Zarathustra, pero es diferente en un aspecto. Buda, Krishna, Mahavira, Zarathustra, Mahoma, ninguno tuvo una actitud científica. Son grandes fundadores de religiones, cambiaron por completo el modelo de la mente humana y su estructura, pero su enfoque no es científico.
Patanjali es como un Einstein en el mundo de los Budas. Es un fenómeno. Fácilmente pudo haber ganado el permio Nobel como Einstein, o Bohr, o Max Planck, o Heisenberg. Tiene la misma actitud, el mismo enfoque de una mente rigurosamente científica. No es un poeta; Krishna es un poeta. No es un moralista; Mahavira es un moralista. Básicamente es un científico y piensa en términos de leyes y llegó a deducir las leyes absolutas del ser humano, la estructura suprema del funcionamiento de la mente humana y de la realidad.
Y si sigues a Patanjali descubrirás que es tan exacto como una fórmula matemática. Simplemente haz lo que dice y llegará el resultado. El resultado tendrá que llegar; es como dos más dos: suman cuatro. Es como si calientas agua hasta los cien grados y se evapora. No se necesita creencia alguna; simplemente hazlo y lo verás. Es algo que hay que hacer y ver. Por eso digo que no hay comparación; nunca ha existido sobre esta Tierra un hombre como Patanjali.
Puedes encontrar poesía en los dichos de Buda; está allí. Muchas veces mientras Buda se expresaba, era poético. El reino del éxtasis, el reino del saber supremo es tan hermoso, que la tentación de ser poético es mucha; la belleza es tal, la felicidad es tal, que uno empieza a expresarse en lenguaje poético.
Pero Patanjali se resiste a esto. Es muy difícil. Nadie ha sido capaz de resistirse. Jesús, Krishna, Buda, todos se volvieron poétas. El esplendor, la belleza, cuando explota en tu interior provoca que te pongas a bailar, que empieces a cantar. En ese estado eres como un enamorado que se ha enamorado del universo entero.
Patanjali resiste eso. No empleará la poesía, ni siquiera empleará un sólo símbolo poético. No tratará nada poéticamente, no hablará en términos de belleza. Hablará en términos matemáticos. Será exacto y te proporcionará máximas. Esas máximas son indicaciones sobre lo que hay que hacer. El no estallará en éxtasis, no dirá cosas que no puedan ser dichas, no intentará lo imposible. Solamente establecerá las bases, y si sigues esas bases llegarás a la cumbre que está más allá. Es un matemático riguroso.
El primer sutra:

Ahora la disciplina del Yoga.
Atha yoga nush asanam

Ahora la disciplina del Yoga. Cada palabra ha de ser entendida por separado porque Patanjali no emplea palabras superfluas.

Ahora la disciplina del Yoga.

En primer lugar trata de comprender la palabra “ahora”. Este “ahora” indica el estado de mente del que te estaba hablando.
Si estás desilusionado, si no tienes esperanzas, si eres consciente de la completa futilidad de todo deseo, si ves tu vida como carente de sentido – todo lo que has estado haciendo hasta ahora ha muerto, nada queda en el futuro – estás en un absoluto desespero; lo que Kierkegaard llama angustia. Si estás angustiado, sufriendo, sin saber qué hacer, sin saber adónde ir, sin saber a quién mirar, al borde mismo de la locura o del suicidio o de la muerte, todo el modelo de tu vida se ha vuelto fútil. Si este momento ha llegado, Patanjali dice, Ahora la disciplina del Yoga; solamente entonces podrás entender la ciencia del Yoga, la disciplina del Yoga.
Si ese momento no ha llegado, puedes continuar estudiando Yoga, puedes convertirte en un gran erudito, pero no serás un yogui. Podrás escribir tesis sobre ello, podrás dar discursos sobre ello, pero no serás un yogui. El momento aún no te ha llegado. Intelectualmente puedes estar interesado; mediante tu mente puedes relacionarte con el Yoga, pero el Yoga no es nada si no es una disciplina. El yoga no es un shastra, no es un texto. Es una disciplina. Es algo que has de hacer. No es curiosidad, no es especulación filosófica. Es algo más profundo que esto. Es cuestión de vida o muerte.
Si ha llegado el momento en que sientes que todas las direcciones se han vuelto confusas, en que todos los caminos han desaparecido, que el futuro es oscuro y que cada deseo se ha vuelto amargo, y que con cada deseo solamente has conocido desencanto, que todo ir en pos de esperanzas y sueños ha cesado,

Ahora la disciplina del Yoga

Este “ahora” puede no haber llegado. Entonces puedo seguir hablando del Yoga, pero tú no escucharás. Solamente podrás escuchar si el momento te ha llegado.
¿Estás absolutamente insatisfecho? Todo el mundo contestará, “sí”, pero esa insatisfacción no es real. Estás insatisfecho con esto, puede que estés insatisfecho con esto otro, pero no estás totalmente insatisfecho. Todavía albergas esperanzas. Estás insatisfecho con tus expectativas pasadas, pero con las futuras aún estás esperando. Tu insatisfacción no es total. Todavía estás suspirando por alguna satisfacción, por alguna gratificación.
A veces te sientes desesperado, pero esa desesperación no es auténtica. Te sientes desesperado porque no has logrado ciertos anhelos; ha habido esperanzas no satisfechas. Pero la esperanza aún está ahí, la esperanza no ha desaparecido. Aún esperas. Estás insatisfecho con esta esperanza, con esa ilusión, pero no estás desencantado del esperar en sí. Si estás desencantado con el esperar mismo, entonces te ha llegado el momento en que puedes penetrar en el Yoga. Y entonces está introducción no será algo mental, especulativo. Esta entrada será una introducción  a una disciplina.
¿Qué es disciplina? Disciplina quiere decir crear un orden en ti. Tal y como eres, eres un caos. Tal y como eres, estás en absoluto desorden. Gurdjieff solía decir – y Gurdjieff se asemeja en muchas maneras a Patanjali; trataba de diversas maneras de hacer de la esencia de la religión una ciencia  – , Gurdjieff dice que no eres uno, que eres una multitud. Ni siquiera cuando dices “yo”, existe el “yo”. Hay muchos “yoes” en ti, muchos egos. Por la mañana un “yo”; por la tarde, otro “yo”; por la noche, un tercer “yo”, pero nunca te das cuenta de esta confusión porque ¿quién será el que vaya a darse cuenta? No existe un centro que pueda llegar a hacerse consciente.
Que “el Yoga es una disciplina” quiere decir que el Yoga quiere crear un centro cristalizado en ti. Tal y como eres, eres una multitud, y una multitud posee muchas características. Una es que no puedes confiar en una multitud. Gurdjieff solía decir que el hombre no puede prometer. ¿Quién será el que prometa? Tú no estás allí. Si tú prometes, ¿quién cumplirá la promesa? Al día siguiente, aquél que prometió ya no estará allí.
La gente acude a mí y me dice, “Ahora haré un voto. Prometo hacer esto”. Yo les digo “Piénsatelo dos veces antes de prometer algo. ¿Confías acaso que el que ha hecho la promesa esté presente dentro de un rato?” Decides levantarte pronto desde mañana en adelante; a las cuatro en punto. A las cuatro en punto, alguien en tu interior dice, “Déjalo. Hace frío afuera. ¿Y por qué tienes tanta prisa? Podemos hacerlo mañana.” Y te duermes de nuevo.
Cuando te levantas te sientes arrepentido, y piensas, “Eso no está bien. Debería haberlo hecho”. Y de nuevo tomas la decisión, “Mañana lo haré”. Y lo mismo sucederá mañana porque a las cuatro de la madrugada aquél que hizo la promesa ya no está allí; otro está en su silla. Y tú eres como el Rotary Club: el presidente va cambiando. Todos los miembros llegan a ser presidentes. Existe una rotación. A cada momento alguien distinto es el amo.
Gurdjieff solía decir, “Esta es la principal característica del hombre: no es capaz de prometer”. No puedes cumplir tus promesas. Sigues prometiendo y sabes bien que no podrás cumplirlo, porque no eres uno; eres un desorden, un caos. Por esto Patanjali dice, “Ahora la disciplina del Yoga”. Si tu vida se ha convertido en puro sufrimiento, si te has dado cuenta de que cualquier cosa que haces se convierte en un infierno, entonces el momento ha llegado. Este momento puede cambiar tu dimensión, tu dirección del ser.
Hasta ahora has vivido como un caos, como una multitud. Yoga significa que ahora tendrás que ser una armonía, tendrás que hacerte uno. Se necesita una cristalización, se necesita un centramiento. Y a menos que logres un centro, todo lo que hagas será inútil. Es desperdiciar vida y tiempo. En primer lugar es necesario un centro, y solamente puede ser dichosa una persona que tiene un centro. Todo el mundo quiere tenerlo, pero tú no puedes pedirlo. ¡Has de ganártelo! Todo el mundo suspira por un estado de felicidad en su ser, pero solamente se puede ser feliz con un centro. Una multitud no puede ser feliz, una multitud no posee un Yo. No tiene un atman. ¿Quién será el que va a ser feliz?
 “Felicidad” significa absoluto silencio y el silencio es posible solamente cuando existe armonía, cuando todos los fragmentos disonantes se han vuelto uno; cuando no se es una multitud,  sino uno. Cuando estás solo en la casa y no hay nadie más allí, entonces eres feliz. Ahora mismo tienes a todo el mundo en tu casa; tú no estás allí. Solamente los invitados están allí; el anfitrión está siempre ausente. Y solamente el anfitrión puede ser feliz.
A este centramiento Patanjali lo llama “disciplina”, anushaa-nam. La palabra “disciplina” es hermosa. Deriva de la misma raíz que “discípulo”. “Disciplina” quiere decir “capacidad de apren-der”, “capacidad de saber”. Pero no puedes saber, no puedes aprender, mientras no hayas alcanzado la capacidad de ser.
Una vez un hombre acudió a Buda y le dijo... debió de haber sido un reformador social, un revolucionario. Le dijo a Buda, “El mundo está sumido en el sufrimiento. Estoy de acuerdo contigo”. Buda nunca dijo que el mundo estuviera sumido en el sufrimiento. Buda dice, “Tú eres tu sufrimiento”, no el mundo. La vida es el sufrimiento, no el mundo. El hombre es el sufrimiento, no el mundo. La mente es el sufrimiento, no el mundo. Pero este revolucionario le dijo, “El mundo está sumido en el dolor. Estoy de acuerdo contigo. Ahora dime exactamente qué es lo que puedo hacer. Tengo una profunda compasión y deseo servir a la Humanidad.”
El servicio debió de haber sido su lema. Buda le miró y permaneció en silencio. Ananda, un discípulo de Buda, le dijo, “Este hombre parece ser sincero. Guíalo. ¿Por qué guardas silencio?” Entonces Buda le dijo a aquel revolucionario, “Quieres servir al mundo, pero ¿dónde estás tú? No veo a nadie en tu interior. Miro en ti y no hay nadie. No posees ningún centro y, a menos que poseas un centro, todo lo que hagas creará más daño”. Todos tus reformadores sociales, todos tus revolucionarios, tus líderes, son los grandes engendradores de sufrimiento, los traficantes de sufrimiento. El mundo sería mejor si no existieran los líderes. Ellos no pueden ayudar. Han de hacer algo porque el mundo está sumido en el sufrimiento. Y al no estar centrados, hagan lo que hagan, creará más sufrimiento. La compasión sola no servirá, el servicio a solas no servirá. La compasión proveniente de  un ser centrado es algo totalmente distinto. La compasión proveniente de una multitud es dañina. Esa compasión es un veneno.

Ahora la disciplina del Yoga

Disciplina significa capacidad de ser, capacidad de saber, capacidad de aprender. Debemos entender estas tres cosas.
La capacidad de ser. Las posturas del Yoga no se ocupan realmente del cuerpo; se ocupan de la capacidad de ser. Patanjali dice que si eres capaz de sentarte en silencio sin mover tu cuerpo durante unas pocas horas, estás creciendo en la capacidad de ser. ¿Por qué te mueves? No puedes sentarte sin estar moviéndote, ni tan sólo unos pocos segundos. Tu cuerpo empieza a moverse. Sientes picor en cierto sitio, las piernas se adormecen, muchas cosas empiezan a pasarte. Esas son solamente excusas para que te muevas.
No eres el amo. No le puedes decir al cuerpo, “A partir de ahora y durante una hora, no voy a moverme”. El cuerpo se rebelará de inmediato. Inmediatamente te obligará a moverte, a que hagas algo y te lo justificará: “Has de moverte porque un insecto te está picando”. Puede que no encuentres al insecto cuando lo busques. No eres un ser; eres una constante agitación, una continua actividad febril. Las asanas de Patanjali, las posturas, no se ocupan  realmente de ningún adiestramiento fisiológico, sino de un adiestramiento interior del ser; simplemente ser, sin hacer nada, sin ningún movimiento, sin actividad alguna, solamente estando allí. Este permanecer allí ayudará al centramiento.
Si eres capaz de permanecer en una postura, el cuerpo se convertirá en un esclavo; te seguirá. Y cuanto más te siga el cuerpo, un mayor ser morará en tu interior, habrá en ti un ser más fuerte. Y, recuerda, si el cuerpo no se mueve, la mente no puede moverse, porque la mente y el cuerpo no son dos cosas; son dos extremos de un mismo fenómeno. Tú no eres cuerpo y mente, eres cuerpo-mente. Tu personalidad es psicosomática; las dos cosas: cuerpo-mente. La mente es la parte más sutil del cuerpo. O puedes decirlo a la inversa, el cuerpo es la parte más burda de la mente.
Por eso cualquier cosa que le pase al cuerpo, le pasa a la mente y viceversa; cualquier cosa que le pasa a la mente le pasa al cuerpo. Si el cuerpo está inmóvil y tú puedes mantener una postura, si puedes decir al cuerpo, “Quédate inmóvil”, la mente guardará silencio. En realidad, la mente empieza a moverse y trata de mover el cuerpo, porque si el cuerpo se mueve, entonces la mente puede moverse. Con un cuerpo inmóvil, la mente no puede moverse; necesita de un cuerpo que se mueva.
Si el cuerpo está inmóvil, la mente está inmóvil; tú estás centrado. Esta postura de inmovilidad no es solamente una habilidad fisiológica. Sirve para crear una situación en la que se dé el centramiento, en la cual te vuelvas disciplinado. Cuando tú eres, cuando te has centrado, cuando sabes lo que esto significa, entonces puedes aprender, porque entonces eres humilde. Entonces puedes entregarte. Entonces ningún falso ego se colgará de ti porque una vez que estás centrado sabes que todos los egos son falsos. Entonces puedes postrarte. Entonces habrá nacido un discípulo.
Ser un discípulo es un gran logro. Solamente a través de la disciplina llegarás a ser un discípulo. Solamente mediante el estar centrado llegarás a ser humilde, te volverás receptivo, te volverás vacío, y el gurú, el Maestro, podrá vertirse en ti. Con tu vacío, con tu silencio, él podrá llegar y alcanzarte. La comunicación se hará posible.
Un discípulo quiere decir uno que está centrado, que es humilde, receptivo, abierto, que está dispuesto, alerta, esperando, en oración. En Yoga, el Maestro es muy, muy importante, absolutamente importante, porque solamente cuando estás en  la íntima cercanía de un ser que está centrado, se despierta tu propio centro.
Ese es el significado de satsang. Conoces la palabra satsang. Está absolutamente mal empleada. Satsang quiere decir íntima-mente cerca de la Verdad, significa cerca de la Verdad, significa próximo a un Maestro que se ha vuelto uno con la Verdad; solamente estar cerca de él, abierto, receptivo y expectante. Si tu espera se ha vuelto profunda, intensa, surgirá una profunda comunión.
El Maestro no hará nada. Simplemente estará allí, asequible. Si estás abierto, fluirá en ti. A este fluir se le llama satsang. Con un Maestro no tendrás necesidad de aprender nada más. Si puedes aprender a estar en satsang, eso es suficiente; simplemente estando cerca de él,  sin preguntar, sin pensar, sin argumentar, solamente allí presente, asequible de tal forma que el ser del Maestro pueda fluir en ti. Y el ser puede fluir. De hecho ya está fluyendo. Siempre que alguien alcanza la integridad, su ser se convierte en una radiación. El fluye. Tanto si lo recibes como si no, no es importante. El fluye como un río. Si estás vacío como una vasija, dispuesto, abierto, él fluirá en ti.
Un discípulo significa uno que está dispuesto a recibir, uno que se ha convertido en un útero; el Maestro puede penetrarle. Este es el significado de la palabra satsang. No es realmente un discurso; el satsang no es un discurso. Puede que haya un discurso, pero el discurso es una excusa. Vosotros estáis aquí y yo hablaré sobre los sutras de Patanjali. Esto es una excusa. Si estás realmente aquí, entonces el discurso, la charla, se convierte en una excusa para que tu estés aquí, para que estés presente. Y si realmente estás aquí, empieza el satsang. Puedo fluir y ese flujo es más profundo que cualquier charla, que cualquier comunicación mediante el habla, que cualquier encuentro contigo a través del intelecto.
Mientras tu mente está ocupada, si eres un discípulo, si eres un ser disciplinado, mientras tu mente está ocupada en escucharme, tu ser puede estar en satsang. Entonces tu cabeza está ocupada; tu corazón está abierto. En un nivel más profundo, surge entonces el encuentro. Ese encuentro es satsang y todo lo demás es una excusa solamente en función  de encontrar formas de estar cercano al Maestro.
La proximidad lo es todo, pero solamente un discípulo puede estar cerca. No todo el mundo puede estar cerca. La cercanía significa una confianza amorosa. ¿Por qué no estamos próximos? Porque tenemos miedo. Demasiado cerca puede ser peligroso, demasiado abierto puede ser peligroso porque te vuelves vulnerable y entonces te será difícil  defenderte. De modo que, como medida de seguridad, nos mantenemos a distancia de todo el mundo, nunca dejamos que se aproximen a partir de una determinada distancia.
Todo el mundo tiene un territorio a su alrededor. Siempre que alguien invade tu territorio, te asustas. Todo el mundo posee un espacio al que proteger. Tú estás sentado a solas en tu habitación. Un desconocido entra en tu habitación. Fíjate simplemente en el instante en que verdaderamente te asustas. Hay una cierta distancia. Si él traspasa ese punto, si va más allá de ese punto, te asustas, te entra miedo. Empiezas a sentir un temblor repentino. El puede moverse dentro de unos ciertos límites.
Estar cercano quiere decir que ahora no tienes ningún territorio propio. Estar cerca quiere decir ser vulnerable; estar cerca quiere decir que suceda lo que suceda no vas a pensar en términos de seguridad.
Un discípulo puede estar cerca por dos razones. Una: él está centrado, está tratando de estar centrado. Una persona, aunque sólo esté tratando de estar centrada, pierde el miedo, se vuelve intrépida. Posee algo que no puede ser matado. Tú no tienes nada; de ahí el miedo. Eres una multitud. La multitud puede dispersarse en cualquier momento. No posees ningún apoyo que vaya a estar allí suceda lo que suceda. Estás existiendo sin un apoyo, sin una base; un castillo de naipes, siempre atemorizado. Cualquier viento, cualquier brisa puede destruirte, de modo que has de protegerte.
Debido a esta constante protección no puedes amar, no puedes confiar, no puedes ser amistoso. Puedes tener muchos amigos, pero no habrá amistad porque la amistad necesita proximidad. Puedes tener esposos y esposas y ésos que llamas amantes, pero no hay amor porque el amor requiere proximidad, el amor necesita confianza. Puedes tener gurús, puedes tener Maestros, pero no serás un discípulo porque no te puedes permitir entregarte por completo a otro, acercarte a su ser, aproximarte a su ser, de modo que pueda inundarte, subyugarte.
Un discípulo quiere decir un buscador que no es una multitud, uno que trata de estar centrado y cristalizado, que al menos lo intenta, que se esfuerza, que se esfuerza sinceramente por convertirse en un individuo, en sentir su propio ser, en llegar a ser su propio amo. Todo la disciplina del Yoga es un esfuerzo para hacerte el amo de ti mismo. Tal y como eres, eres un esclavo de muchos, muchos deseos. Hay muchos, muchos amos ahí y tú eres simplemente un esclavo y eres lanzado en muchas direcciones.

Ahora la disciplina del Yoga

El Yoga es disciplina. Es un esfuerzo de tu parte por cambiarte a ti mismo. Hay muchas más cosas que han de ser comprendidas. El Yoga no es una terapia. En Occidente están ahora en boga muchas terapias psicológicas y muchos psicólogos occidentales piensan que el Yoga es también una terapia. ¡No lo es! Es una disciplina. ¿Y cuál es la diferencia? Esta es la diferencia: se necesita una terapia si estás enfermo, se necesita una terapia si tienes una enfermedad, se necesita una terapia si tienes una patología. Se necesita una disciplina aunque estés sano. En realidad, solamente cuando estás sano puede una disciplina ayudarte. No es para casos patológicos. El Yoga es para aquellos que están completamente sanos, normales, por lo que respecta a la ciencia médica. No  son esquizofrénicos, no están locos, no están neuróticos. Son gente normal, gente sana sin ninguna patología determinada. Y aún así son conscientes de que sea lo que sea esa normalidad, es algo fútil, sea lo que sea, la salud no sirve de nada. Se necesita algo más, se necesita algo más grande, se necesita algo más sagrado y más total.
Las terapias son para la gente enferma. Las terapias pueden ayudarte a llegar al Yoga, pero el Yoga no es una terapia. El Yoga es para una clase de salud superior, para una clase de salud diferente, para una clase de ser y de totalidad diferente. La terapia puede, a lo sumo, reajustarte. Freud dice que no podemos hacer más. Podemos hacer de ti un miembro normal, adaptado a la sociedad. Pero si la sociedad en sí misma es patológica, entonces ¿qué? ¡Y es así! La sociedad está enferma. Una terapia puede normalizarte en el sentido de que te ajusta a la sociedad, ¡pero la sociedad está en sí misma enferma!
Por eso, a veces sucede que en una sociedad enferma una persona que está sana es considerada enferma. Jesús es considerado un enfermo y se hacen todos los esfuerzos posibles para reajustarlo. Y cuando descubren que es un caso sin esperanzas, entonces lo crucifican. Cuando descubren que no pueden hacer nada, que este hombre es incurable, entonces lo crucifican. La sociedad está enferma en sí misma porque la sociedad no es más que tu colectividad. Si todos los miembros están enfermos, la sociedad está enferma y cada uno de los miembros ha de adaptarse a ella.
El Yoga no es una terapia, el Yoga no trata en forma alguna de adaptarte a la sociedad. Si quieres definir al Yoga en términos de adaptación, entonces no es una adaptación a la sociedad, sino que su adaptación es a la Existencia misma. ¡Es sintonizarse con lo Divino!
De modo que puede suceder que un perfecto yogui pueda parecerte un loco. Puede que parezca que no está en sus cabales, que está fuera de su mente, porque ahora él está en comunicación con algo mayor, con una mente superior, con un orden de cosas más elevado. Está en contacto con la mente universal. Siempre ha sucedido así: un Buda, un Jesús, un Krishna, siempre parecen, de algún modo, excéntricos. No pertenecen a lo nuestro; parecen ser forasteros.
Por eso les llamamos avataras, forasteros. Han llegado como si vinieran de otro planeta; no son como nosotros. Pueden ser superiores, pueden ser buenos, pueden ser divinos, pero no son como nosotros. Vienen de alguna otra parte. No son parte de nuestro ser, de la Humanidad. El sentimiento de que son forasteros ha ido persistiendo; ¡no lo son! Ellos son los que verdaderamente están dentro, porque han tocado el núcleo más interno de la Existencia. Pero a nosotros no nos lo parecen.

Ahora la disciplina del Yoga.

Si tu mente se ha dado cuenta de que cualquier cosa que hayas estado haciendo hasta ahora carece de sentido, de que es una pesadilla en el peor de los casos, o un bello sueño en el mejor de los casos, entonces el camino de la disciplina se abre ante ti. ¿Cuál es ese camino?
La definición fundamental es,

Yoga es la cesación de la mente
chitta vritti nirodha.

Te dije que Patanjali es puramente matemático. En una sola frase,  Ahora la disciplina del Yoga, ha acabado contigo. Esta es la única frase que ha sido empleada para ti. Ahora da por sentado que estás interesado en el Yoga, no como una esperanza, sino como disciplina, como una transformación aquí y ahora. El procede a definirlo:

Yoga es la cesación de la mente

Esta es la definición de Yoga; la mejor. El Yoga ha sido definido de muchas formas. Algunos dicen que el Yoga es el encuentro de la mente con lo Divino, por eso se denomina Yoga. Yoga significa encuentro, reunión. Otros dicen que Yoga quiere decir abandonar el ego; el ego es la barrera. En el momento en que te desprendes del ego, te reúnes con lo Divino. Ya estabas unido; sólo que por culpa del ego parecía que estabas separado. Y hay muchas, pero la de Patanjali es la más científica. Dice,

Yoga es la cesación de la mente

Yoga es el estado de no-mente. La palabra “mente” lo cubre todo: tus egos, tus deseos, tus esperanzas, tus filosofías, tus religiones, tus escrituras. “Mente” lo abarca todo. Todo aquello que puedas pensar, es mente. Todo lo que es conocido, todo lo que puede ser conocido, todo lo que es cognoscible, está contenido en “mente”. La cesación de la mente quiere decir la cesación de lo conocido, la cesación de lo cognoscible. Es un salto a lo desconocido. Cuando no hay mente, estás en lo desconocido. El Yoga es un salto a lo desconocido. No es correcto decir “desconocido”, es mejor decir, “incognoscible”.
¿Qué es la mente? ¿Qué es lo que hace la mente? ¿Qué es? Por lo general creemos que la mente es algo substancial que tenemos en la cabeza. Patanjali no está de acuerdo con esto, y nadie que haya conocido las interioridades de la mente lo estará tampoco. La ciencia moderna tampoco está de acuerdo. La mente no es algo substancial dentro de la cabeza. La mente es solamente una función, una actividad.
Caminas y dices que estás caminando. ¿Qué es caminar? Si te detienes, ¿dónde está el caminar? Si te sientas, ¿dónde se ha ido el caminar? El caminar no es nada substancial; es una actividad. Por eso mientras estás sentado nadie te pregunta, “¿Dónde has dejado tu caminar? Hace un momento caminabas, ¿dónde se ha ido ahora?” Te reirías. Le dirías, “El caminar no es algo substancial; es sólo una actividad. ¡Puedo caminar! De nuevo puedo caminar y puedo detenerme. Es una actividad”.
La mente también es una actividad, pero debido a la palabra “mente”, parece como si allí hubiera algo substancial. Es mejor llamarla “mentalizar”, de la misma forma que dices “caminar”. Mente quiere decir “mentalizar”; mente quiere decir pensar. Es una actividad.
He citado una y otra vez a Bodhidharma. Llegó a la China y el emperador de la China fue a verle. El emperador le dijo, “Mi mente está muy inquieta, muy alterada. Tú eres un gran sabio y te he estado esperando. Dime que he de hacer para tranquilizar mi mente”.
Bodhidharma le dijo, “No hagas nada. Primero trae ante mí tu mente”. El emperador no pudo entenderlo. Le dijo, “¿Qué quieres decir?” El contestó, “Ven de madrugada, a las cuatro en punto, cuando aquí no haya nadie. Ven solo y acuérdate de traer tu mente contigo”.
El Emperador no pudo conciliar el sueño en toda la noche. Muchas veces abandonó la idea: “Este hombre parece estar loco. ¿Qué querrá decir cuando dice «Ven con tu mente; no te olvides»?” Pero ese hombre era tan encantador, tan carismático que no fue capaz de anular la cita. Como si un imán le estuviera atrayendo, a las cuatro en punto saltó de la cama y se dijo a sí mismo, “Pase lo que pase, he de ir. Este hombre tiene algo. Sus  ojos dicen que tiene algo. Parece estar un poco loco, pero aún así he de ir a ver que ocurre”.
Cuando llegó, Bodhidharma estaba sentado con su gente. Le dijo, “¿De modo que has venido? ¿Dónde está tu mente? ¿La has traído o no?”
El Emperador le dijo, “Dices tonterías. Cuando estoy aquí, mi mente está aquí y no es algo que pueda olvidar en cualquier sitio. Está en mí”. A lo que Bodhidharma replicó, “De acuerdo. De modo que lo primero está decidido: la mente está dentro ti”. El emperador le dijo, “Cierto, la mente está dentro de mí”. Bodhi-dharma le dijo, “Ahora cierra tus ojos y encuentra dónde está. Y si eres capaz de descubrir dónde está, dímelo de inmediato. La apaciguaré”.
Así que el emperador cerró sus ojos, y lo intentó e intentó, buscó y buscó. Cuanto más miraba, más se daba cuenta que no existía la mente; la mente es actividad. No es algo que haya ahí y que puedas señalarlo. Pero en el instante en que él se dio cuenta de que no era nada, entonces el absurdo de su pregunta le resultó evidente. Si no es nada, no se puede hacer nada con ella. Si es una actividad, entonces no hagas esa actividad; eso es todo. Es como caminar: no camines.
Abrió sus ojos. Se postró ante Bodhidharma y le dijo, “No hay una mente que pueda ser encontrada”. Bodhidharma le dijo, “Entonces te la he tranquilizado. Y siempre que sientas que estás inquieto, simplemente mira dentro de ti y busca donde está esa intranquilidad”. El observar mismo es anti-mente, porque observar no es pensar. Y si observas intensamente toda tu energía se convierte en una mirada y esa misma energía es la que se convertía en movimiento y pensamiento.”

Yoga es la cesación de la mente

Esta es la definición de Patanjali. Cuando no hay mente, estás en el Yoga. Cuando la mente está presente, no estás en Yoga. De modo que puedes practicar todas las posturas, pero si la mente sigue funcionando, si sigues pensando, no estás en el Yoga. Yoga es el estado de no-mente. Si puedes estar sin la mente, sin adoptar ninguna postura, te habrás convertido en un perfecto yogui. Esto ha sucedido a muchos sin adoptar postura alguna, y no les ha sucedido a muchos otros que han estado practicando posturas durante numerosas vidas.
Porque lo fundamental que hay que entender es: cuando la actividad del pensar no está presente, tú estás presente; cuando la actividad de la mente no está presente, cuando los pensamientos han desaparecido, cuando son como nubes, cuando han desaparecido, tu ser, como el cielo, está despejado. Siempre ha estado allí, solamente que cubierto de nubes, cubierto de pensamientos.

Yoga es la cesación de la mente

En Occidente, en la actualidad, hay una gran atracción por el Zen, un método japonés de Yoga. La palabra “zen” proviene de dhyana. Bodhidharma introdujo esta palabra dhyana en China. En China la palabra dhyana se convirtió en jan y luego en chan y entonces la palabra viajó a Japón y se convirtió en zen.
La raíz es dhyana. Dhyana significa no-mente, de forma que todo el adiestramiento zen en Japón no es más que cómo parar la mente, cómo llegar a ser una no-mente, cómo permanecer simplemente sin pensar. ¡Inténtalo! Cuando digo que lo intentes parece algo contradictorio porque no hay otra forma de decirlo. Porque si lo intentas, con sólo intentarlo, el esfuerzo provendrá de la mente. Puedes sentarte en una postura y entonar algún japa, un cántico, un mantra, o simplemente puedes sentarte en silencio, sin pensar. Pero entonces el no pensar se convierte en pensar. Entonces sigues diciendo: “No he de pensar, no he de pensar, he de dejar de pensar”, pero esto es puro pensar.
Trata de entenderlo. Cuando Patanjali dice no-mente, la cesación de la mente, quiere decir una completa cesación. No te permitirá que entones un japa, Ram-Ram-Ram. El te dirá que esto no es dejar de pensar, que estás usando la mente. Te dirá, “¡Simplemente, detente!” Pero tú le preguntarás, “¿Cómo? ¿Cómo he de hacer para simplemente parar?” La mente continua. Aún estando sentado, la mente continúa. Aunque tú no lo hagas, ella sigue actuando.
Patanjali dice que simplemente observes. Deja que la mente actúe, deja que la mente haga lo que sea que haga. Tan sólo observa. No interfieras. Sé simplemente un testigo, sé un observador, sin implicarte, como si la mente no te perteneciera, como si no fuera contigo, como si no fuera asunto tuyo. ¡No te impliques! Solamente observa y deja a la mente que fluya. Está fluyendo debido a su inercia anterior, porque siempre la has ayudado a fluir. La actividad ha almacenado su propia inercia, por eso fluye. Simplemente no cooperes. Observa y deja que la mente fluya.
Durante muchas, muchas vidas, puede que durante millones de vidas, has cooperado con ella, la has ayudado, le has dado tu energía. El río seguirá fluyendo un rato. Si no cooperas, si te despreocupas – la palabra que emplea Buda es upeksha, observando sin implicarte, simplemente observando, sin hacer absolutamente nada – la mente fluirá por un rato y se parará por sí misma. Cuando gasta su inercia, cuando la energía ha fluido, la mente se para. Cuando la mente se para, estás en el Yoga; has alcanzado la disciplina. Esta es la definición: Yoga es la cesación de la mente
 
Entonces el testigo se halla asentado en sí mismo

Cuando la mente cesa, el testigo se encuentra asentado en sí mismo. Cuando puedes simplemente observar, sin estar identificado con la mente, sin juzgar, sin hacer valoraciones, sin condenar, sin escoger, simplemente mirando como fluye la mente, llega un momento en que, por sí misma, la mente se detiene.
Cuando no hay mente, estás asentado en tu posición de testigo. Entonces te has convertido en el testigo; simplemente el que ve, un drashta, un sakshin. Entonces no eres el que actúa, entonces no eres el que piensa. Entonces eres simplemente ser, puro ser, lo más puro del ser. Entonces el testigo se halla asentado en sí mismo.

 En los demás estados  existe una identificación
con las modificaciones de la mente.

Excepto cuando eres un testigo, en todos los demás estados, te hallas identificado con la mente. Te vuelves uno con el flujo de tus pensamientos, te vuelves uno con las nubes; a veces con una nube blanca, a veces con la nube negra, a veces con una nube cargada de lluvia, a veces con una nube vacía, pero siempre te unificas con el pensamiento, te haces uno con la nube y te pierdes la pureza del cielo, la pureza del espacio. Te obnubilas, y esta obnubilación sucede porque te identificas, porque te haces uno.
Llega un pensamiento. Estás hambriento y el pensamiento relampaguea en tu mente. El pensamiento es simplemente que hay hambre, que el estómago se siente hambriento. Inmediatamente te identificas y dices, “Yo tengo hambre”. La mente estaba llena con la idea de que había hambre; tú te has identificado y dices, “Yo tengo hambre”. Esta es la identificación.
Buda también siente hambre, Patanjali también siente hambre, pero Patanjali nunca dirá, “Tengo hambre”. Dirá, “El cuerpo tiene hambre”; dirá, “Mi estómago tiene hambre”; dirá, “El hambre está presente. Yo soy un testigo. Estoy viendo el  pensamiento de que “Tengo hambre” y que ha sido enviado por el estómago al cerebro. La tripa siente hambre; Patanjali permanecerá como testigo. Tú te identificas, te unificas con el pensamiento.

Entonces el testigo está asentado en sí mismo
En los demás estados existe identificación
con las modificaciones de la mente

Esta es la definición,

Yoga es la cesación de la mente

Cuando la mente cesa, estás establecido en tu Yo de testigo. En los demás estados, excepto en éste, surgen las identifi-caciones. Y todas las identificaciones constituyen el samsara; constituyen el mundo. Si estás inmerso en las identificaciones, estás inmerso en el mundo, en el sufrimiento. Si has trascendido las identificaciones, estás liberado. Te has convertido en un sidha, estás en el Nirvana. Has trascendido este mundo de sufrimiento y has entrado en el mundo de la felicidad.
Y este mundo está aquí y ahora, ahora mismo, en este mismo momento. No has de esperar ni un sólo instante. Simplemente conviértete en el testigo de la mente y ya habrás entrado. Identifícate con la mente y te lo habrás perdido. Esta es la definición fundamental.
Recuérdalo todo porque, más adelante, con otros sutras, entraremos en detalles: qué hay que hacer, cómo hay que hacerlo, pero siempre recuerda este fundamento.
Uno ha de alcanzar el estado de no-mente: ésta es la meta.
 



YOGA: LA CIENCIA DEL ALMA, VOL 1

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