La Iniciación por el Maestro: La Técnica Suprema


Osho:

El hombre existe como en un sueño. El hombre está dormido. Todo lo que se conoce como estar despierto forma parte del sueño. Iniciación significa mantener un contacto íntimo con alguien que está despierto. A menos que te halles en contacto con alguien que esté despierto, te será imposible salirte del sueño, ya que la mente es incluso capaz de soñar que está despierta. La mente puede soñar que el sueño no existe ya.

Se ha de entender qué quiero decir cuando digo que el hombre está dormido. Estamos dormidos continuamente, las veinticuatro horas del día. Por la noche nos mantenemos cerrados al mundo exterior, soñando interiormente. Durante el día nuestros sentidos están abiertos al mundo exterior, pero el soñar continúa por dentro. Cierra los ojos por un momento y estarás de nuevo en un sueño; es una continuidad en nuestro interior. Eres consciente del mundo exterior, pero esa consciencia no excluye a la mente soñadora; es impuesta a la mente que sueña, pero interiormente el sueño continúa. Por eso no vemos aquello que es real incluso cuando estamos despiertos. Imponemos nuestros sueños a la realidad. Nunca vemos aquello que es; siempre vemos nuestras proyecciones.

Si te miro y en mí hay un sueño, te convertirás en objeto de una proyección. Proyectaré mi sueño sobre ti y todo lo que comprenda sobre ti se hallará entremezclado con mi sueño, con mi proyección. Cuando te amo, me pareces alguien distinto; cuando no te amo, me pareces completamente diferente. No eres el mismo porque te he empleado simplemente como una pantalla sobre la que he proyectado mi sueño.

Cuando te amo, el sueño es diferente, de modo que tú pareces diferente. Cuando no te amo, tú eres el mismo, la pantalla es la misma, pero la proyección es diferente; ahora estoy utilizándote como una pantalla para otro de mis sueños. Y de nuevo el sueño cambia. Otra vez te amo; entonces me parecerás diferente. Nunca vemos aquello que es; siempre vemos nuestros propios sueños proyectados en Eso que Es.

No soy el mismo para cada uno de vosotros; cada uno proyecta sobre mí algo distinto. Solamente soy uno respecto a mí mismo. Y sí estoy soñando, entonces incluso para mí seré alguien distinto a cada momento, porque a cada momento mi interpretación diferirá. Pero si he Despertado, entonces soy el mismo. Buda dijo que la prueba de un Iluminado es que siempre es el mismo, al igual que el agua de mar; en cualquier parte, en cualquier lugar, es salada.

Te has rodeado a ti mismo de una película que te envuelve, de proyecciones, ideas, nociones, conceptos, interpretaciones. Eres un proyector funcionando continuamente, proyectando cosas que no existen, que sólo existen dentro de ti, y todo se convierte en una pantalla. De modo que nunca puedes, por ti mismo, darte cuenta de que estás en un profundo sueño.

Hubo un santo sufí, Hijira. Un ángel se le apareció en un sueño y le dijo que, del pozo, debía almacenar tanta agua como le fuera posible porque a la mañana siguiente toda el agua del mundo iba a ser envenenada por el diablo y todo aquél que la bebiera se volvería loco.

Así que durante toda la noche el fakir estuvo almacenando tanta agua como le fue posible. Y lo predicho sucedió realmente: a la mañana siguiente todo el mundo se volvió loco. Pero nadie sabía que toda la ciudad se había vuelto loca. Solamente el fakir no estaba loco, pero todos hablaban de él como si se hubiera vuelto loco. El sabía lo que había sucedido, pero nadie le creía. De modo que siguió bebiendo su agua y se quedó solo.

Pero no podía seguir así; toda la ciudad vivía en un mundo completamente distinto. Nadie le hacía caso y finalmente se extendió el rumor de que iba a ser hecho preso y enviado a prisión. Decían que estaba loco.

Una mañana fueron a apresarle. O bien aceptaba a ponerse bajo tratamiento como si estuviera enfermo, o bien lo enviaban a prisión, pero no iban a dejarle libre; le tenían por absolutamente loco. Lo que decía no podían comprenderlo; hablaba un lenguaje completamente distinto.

El fakir no sabía qué hacer. Había tratado de ayudar a los demás a recordar su pasado, pero lo habían olvidado todo. No recordaban nada de su pasado, nada de lo que había existido antes de esa maldita mañana. No podían comprenderle; el fakir se había vuelto incomprensible para ellos.

Rodearon su casa y le cogieron. Entonces el fakir les dijo, "Dadme un minuto más. Yo mismo me pondré bajo tratamiento". Corrió hacia el pozo comunitario, bebió del agua y se volvió como todos. Ahora toda la ciudad estaba feliz; ahora el fakir estaba bien, ahora no estaba loco. En realidad, se había vuelto loco, pero ahora formaba parte integrante del mundo corriente.

Si todos están dormidos, nunca te darás cuenta de que tú estás dormido. Si todo el mundo está loco y tú estás loco, nunca lo sabrás.

Con "iniciación" se quiere expresar que te has entregado a alguien que ha Despertado. Dices, "No lo comprendo, no puedo comprenderlo. Formo parte del mundo que está loco y dormido. Estoy soñando todo el tiempo". Este sentimiento puede surgir incluso en una persona que está dormida, porque el sueño no es siempre profundo. Oscila; a veces es muy profundo y luego cambia y se vuelve muy superficial. De la misma forma que el sueño corriente es una fluctuación de muchos niveles, de muchos planos, el sueño metafísico del que estoy hablando también fluctúa. A veces estás justo en la frontera, muy cerca del Buda; entonces eres capaz de comprender algo de lo que el Buda dijo, de lo que habló. Nunca será exactamente lo que dijo, pero al menos tuviste un vislumbre de la Verdad.

Así pues, quien permanece en la orilla del sueño metafísico querrá ser iniciado. Algo puede oír, algo puede entender, algo ve. Todo está como brumoso, pero percibe algo, de modo que se aproxima a uno que ha Despertado y se entrega a él. Esto es todo lo que puede hacer alguien que está dormido. Esta entrega significa que comprende que algo muy distinto de su sueño está sucediendo. De alguna forma es capaz de percibirlo. No puede determinarlo con exactitud, pero lo siente.

Siempre que un Buda se encuentra cerca, aquellos que se hallan en esa línea fronteriza del sueño pueden reconocer algo distinto en ese hombre. Se comporta de forma diferente, habla de forma diferente, vive de forma diferente, camina de forma diferente; algo le ha sucedido. Aquellos que se hallan en la línea fronteriza pueden percibirlo; pero están dormidos y esa consciencia fronteriza no es permanente. Pueden, en cualquier momento, caer de nuevo en el sueño.

De modo que antes de que caigan en una profunda inconsciencia, pueden entregarse al que ha Despertado. Esta es la iniciación desde el lado del iniciado. El dice, "No puedo hacer nada por mí mismo. Soy impotente y sé que si no me entrego en este instante, puedo quedarme de nuevo dormido. Entonces la entrega será imposible". Hay pues, momentos que no pueden ser desperdiciados y uno que desperdicia esos momentos puede que no se los vuelva a encontrar durante siglos, durante vidas, porque no está en las manos de uno el llegar otra vez a la línea fronteriza. Sucede por muchos motivos que se escapan a nuestro control.

Por parte del iniciado, la iniciación es un completo dejarse llevar, una confianza total, una entrega total. Nunca puede ser parcial. Si te entregas parcialmente, no te estás entregando; te estás engañando a ti mismo. No existe la entrega parcial, porque en la entrega parcial estás reteniendo algo y ese retener puede empujarte de nuevo hacia un profundo sueño. Esa falta de entrega puede resultar fatal; en cualquier instante puedes estar otra vez en el sueño profundo.

La entrega es siempre total. Por eso en la iniciación se requiere y siempre se requerirá confianza. Se requiere confianza como condición total, como un requisito absoluto. Y en el instante en que te entregas totalmente, las cosas empiezan a cambiar; ahora no puedes volver a tu vida de sueño. Esta entrega aniquila toda proyección, toda la mente proyectora, porque la mente que proyecta está ligada al ego; no puede vivir sin el ego. El ego es su principal centro, su base. Si te entregas, has entregado la base misma. Has renunciado por completo.

Iniciación es simplemente una persona que está dormida y pide ayuda para ser Despertada. Se entrega a uno que ha Despertado. Es algo muy simple; no es muy complejo. Cuando acudes ante un Buda, a un Jesús, o un Mahoma y te entregas, lo que estás entregando son tus sueños, tu estar dormido. No puedes entregar nada más, porque tú no eres nada más. Entregas esto: tu sueño, tu soñar; entregas toda la estupidez de tu pasado.

De modo que por parte del iniciado es una entrega de su pasado, y por parte del que te inicia es una responsabilidad para el futuro. Se convierte en el responsable.Y sólo él puede ser el responsable; tú nunca puedes ser el responsable. ¿Cómo va a ser responsable uno que está dormido? La responsabilidad llega con el Despertar.

Esta es en verdad una ley fundamental de la vida: el que está dormido no es ni siquiera responsable de él mismo, y aquél que ha Despertado es responsable incluso de los demás. Si acudes a él y te entregas a él, entonces se vuelve particularmente responsable de ti. Así Krishna le pudo decir a Arjuna, "Déjalo todo. Ven a mí, entrégate a mis pies". Y Jesús pudo decir, "Yo soy la Verdad, yo soy la Puerta. Ven a mí, pasa a través de mí. Seré tu testigo en el último día de tu juicio. Responderé por ti".

Esto es una analogía. Cada día es el Día del Juicio, y cada momento es el Momento del Juicio. No habrá un último día. Esas eran palabras para que fueran entendidas por la gente a la que Jesús hablaba. Les estaba diciendo, "Seré responsable por vosotros y responderé por vosotros cuando el Divino os pregunte. Estaré allí como testigo. Entregaos a mí; seré vuestro testimonio".

Esta es una gran responsabilidad. Nadie que esté dormido puede asumirla porque incluso hacerte responsable de ti mismo es algo difícil si duermes. Puedes ser el responsable de los demás solamente si no necesitas ser responsable de ti mismo, si te has descargado completamente, si has dejado de existir. De modo que solamente "uno que ya no existe" es capaz de iniciarte; si no, nadie puede iniciarte. Nadie puede iniciar a nadie, y si esto sucede—y sucede muchas veces, sucede a diario; aquellos que están dormidos inician a otros que también están dormidos: ciegos conduciendo a otros ciegos— ambos caen en la fosa.

Nadie que esté dormido puede dar la iniciación a otro, pero el ego desea darla. Esta actitud egoísta ha resultado ser fatal y peligrosa. Toda la iniciación, todo su misterio, toda su belleza, se ha convertido en algo repugnante por culpa de aquellos que no tenían la capacidad para dar la iniciación. Solamente uno que no tenga ego, que no duerma, puede dar la iniciación. Si no, dar la iniciación es el mayor pecado.

En los viejos tiempos, tomar la iniciación no era nada fácil. Uno tenía que esperar años para ser iniciado; incluso puede que tuviera que esperar toda su vida. Esa espera era una prueba, una disciplina.

Por ejemplo, los sufíes solamente te iniciaban cuando había esperado durante un determinado tiempo. Tenías que esperar, sin preguntar, hasta el momento en que el Maestro en persona te decía que había llegado la hora. El Maestro podía ser un zapatero. Si querías ser inicidado, tenías que ayudarle durante años a hacer zapatos. Y no podías ni poner en duda la importancia de hacer zapatos. Así, podías esperar durante cinco años, ayudando al Maestro a hacer zapatos. Nunca hablaba de rezar o de meditar, nunca hablaba de otra cosa que de hacer zapatos. Esperabas durante cinco años... pero esto era una meditación. Mediante ella eras limpiado.

Esta simple espera, esta fiel espera, preparaba el terreno para la entrega total. Solamente tras una larga espera podía tener lugar la iniciación, pero entonces la entrega era fácil y el Maestro podía asumir la responsabilidad por el discípulo.

Hoy en día, todo es diferente. Nadie está dispuesto a esperar. Nos hemos vuelto tan conscientes del tiempo que no podemos esperar ni un solo instante. Y debido a esta consciencia del tiempo, la iniciación se ha vuelto imposible. No puedes ser iniciado. Pasas corriendo junto a Buda y le preguntas, "¿Me inicias?" Estás corriendo; te encuentras con Buda en la calle mientras corres. Incluso mientras pronuncias estas dos palabras sigues corriendo.

Toda este apresuramiento de la mente moderna se debe al miedo a la muerte. Por primera vez el hombre teme tanto a la muerte, porque por primera vez el hombre se ha vuelto absolutamente inconsciente de la eternidad. Solamente somos conscientes del cuerpo que va a morir; no somos conscientes de la consciencia interior que es eterna.

En los días de antes había gente que era consciente de la ausencia de muerte, y debido a su consciencia, a su eternidad, crearon una atmósfera en la que no existía la prisa. Entonces la iniciación era fácil. Entonces esperar era fácil; entonces entregarse era fácil. Entonces era fácil para el Maestro asumir la responsabilidad por el discípulo. Todo eso se ha vuelto difícil hoy en día, pero aun así no hay alternativa: la iniciación es necesaria.

Si tienes prisa, te daré la iniciación mientras corres, porque si no, no habrá iniciación. No puedo ponerte como condición que esperes. Primero he de iniciarte y luego prolongar tu espera de diversas maneras, mediante inumerables estratagemas; te convenceré de que esperes. Si primero te digo, "Espera cinco años y luego te iniciaré", no podrás esperarlos, pero si te inicio ahora mismo entonces podré crear ardides para que esperes.

Que sea así pues; da lo mismo. El proceso será el mismo. Ya que no puedes esperar, lo cambiaré. Te dejaré que esperés después. Crearé muchos ardides, muchas técnicas, solamente para hacerte esperar. Crearé para tí técnicas, te daré algo con lo que jugar, porque no eres capaz de esperar sin estar ocupado. Puedes jugar con esas técnicas; se convertirán en la espera. Entonces estarás preparado para la segunda iniciación, la que hubiera sido la primera en los viejos tiempos. La primera iniciación es una formalidad; la segunda será informal, sucederá. No me la pedirás; no te la daré, sucederá; en tu ser más interno, sucederá. Y tú sabrás que ha sucedido.

Entrega por parte del discípulo, responsabilidad por parte del Maestro; ése es el puente. Y siempre que te encuentres en condiciones de entregarte, aparecerá el Maestro. El Maestro está aquí. Los Maestros siempre han existido. El mundo nunca ha carecido de Maestros, siempre ha carecido de discípulos. Pero ningún Maestro puede nunca empezar nada a menos que uno se entregue. De modo que siempre que tengas la posibilidad de entregarte, no la desperdicies. Incluso aunque no encuentres a nadie a quien entregarte, entrégate simplemente a la Existencia. Pero siempre que se presente una situación en la que puedas entregarte, no la desperdicies porque entonces estás en la frontera, estás entre el sueño y el estar Despierto. ¡Simplemente entrégate!

Si puedes encontrar alguien a quién entregarte, correcto. Pero si no puedes encontrar a nadie, simplemente entrégate al universo, y el Maestro aparecerá; llegará. Llega siempre que surge la entrega. Te vuelves vacío, hueco, y las fuerzas espirituales se precipitan hacia ti y te llenan.

Recuerda pues que siempre que sientas que has de entregarte, no pierdas la oportunidad. Puede que nunca se presente de nuevo o puede que lo haga solamente después de unos siglos, y muchas vidas serán innecesariamente desperdiciadas. Siempre que llegue el momento, entrégate.

Entrégate a lo Divino, a cualquier cosa, incluso a un árbol, porque lo que cuenta no es a quién te entregas; lo que cuenta es que te entregues. Entrégate a un árbol, y el árbol se convertirá en tu Maestro. Entrégate a una piedra, y la piedra se convertirá en Dios. Lo que cuenta es entregarse. Y siempre que uno se entrega, siempre llega alguien que se responsabiliza por ti. Esto es lo que significa iniciación.


Meditación: el Arte del éxtasis, cap 8


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