CHUANG TSE

extractos del libro " El camino de Chuang Tzu," de Tomás Merton


El búho y el fénix

 

 

Hui Tzu era el primer ministro de Liang. Estaba en poseción de información que creía de buena fuente, de que Chuang Tzu aspiraba a su puesto y estaba intrigando para suplantarlo. De hecho, cuando Chuang Tzu fue a visitar a Liang, el primer ministro mandó a la policía para prenderlo. La policía lo anduvo buscando tres días y tres noches, pero mientras tanto Chuang se presentó ante Hui Tzu por su propia cuenta y dijo:

 

¿Has oído hablar del ave

que vive en el sur,

el fénix que jamás envejece?

 

Este fénix inmortal

surge del Mar del Sur

y vuela hasta el Mar del Norte

sin posarse jamás,

excepto en ciertos árboles sagrados.

Jamás prueba bocado

salvo la más exquisita

fruta exótica.

Tan sólo bebe

de los más límpidos arroyos.

 

Una vez, un búho

que roía una rata muerta,

ya medio podrida,

vio al fénix volar sobre él,

miró hacia lo alto,

y chilló alarmado,

aferrándose a la rata

aterrado y sin esperanza.

 

¿Por qué te aferras tan frenéticamente

 a tu minsterio

y me chillas

con tanta consternación?"

 

 

 

 

 La alegría de los peces

 

 

Chuang Tzu y Hui Tzu

estaban cruzando el río Hao

junto a la presa.

Chuang dijo:

"Fíjate qué libremente

saltan y corren los peces.

Ésa es su felicidad."

 

Hui replicó:

"Ya que tú no eres un pez,

¿cómo sabes

qué es lo que hace felices a los peces?"

 

Chuang dijo:

"Dado que tú no eres yo,

¿cómo es posible que puedas saber

que yo no sé

qué es lo que hace felices a los peces?"

 

Hui argumentó:

"Si yo, no siendo tú,

no puedo saber lo que tú sabes,

es evidente que tú,

no siendo pez,

no puedes saber lo que ellos saben."

Chuang dijo:

"¡Espera un momento!

Volvamos

 a la pregunta original.

Lo que tú me preguntaste fue

'¿Cómo puedes tú saber

lo que hace felices a los peces?'

Por la forma en que planteaste la cuestión,

evidentemente sabes que sé

lo que hace felices a los peces.

 

Yo conozco la alegría de los peces

en el río

a través de mi propia alegría, mientras

camino

a lo largo del mismo río."

 

 

 

El gozo perfecto

 

 

¿Existe sobre la Tierra una plenitud de gozo, o acaso no existe tal cosa?

¿Existe alguna manera de hacer que la vida sea realmente digna de vivirse, o es imposible? Si existe esa manera, ¿Cómo es posible encontrarla? ¿Qué debemos intentar hacer? ¿Qué debemos intentar evitar? ¿Cuál debería ser la meta en la que nuestra actividad llega a su fin? ¿Qué debemos aceptar? ¿Qué debemos negarnos a aceptar? ¿Qué debemos amar? ¿Qué debemos odiar?

Lo que el mundo valora es el dinero, la reputación, la larga vida, los logros. Lo que considera goce el la salud y el bienestar del cuerpo, la buena comida, la buena ropa, las cosas bellas de ver, la música agradable que escuchar.

Lo que condena es la falta de dinero, un rango social bajo, la reputación de no valer para nada y la muerte temprana.

Lo que considera desgracia es la incomodidad corporal y el trabajo. La falta de oportunidad de hartarse de buenas comidas, no tener ropas elegantes, no tener miedos para entretener o deleitar la vista ni música agradable para oír. Si la gente se encuentra privada de estas cosas, le entra el pánico o la desesperación. Está tan preocupada por su vida, que su ansiedad se la hace insoportable, incluso cuando tiene todo lo que cree desear. Su propia preocupación por divertirse la hace infeliz.

Los ricos hacen tolerable la vida, esforzándose por conseguir cada vez más dinero que, en realidad, no pueden usar. Al hacer esto, quedan alienados de sí mismos y se agotan a su propio servicio, como si fueran esclavos de alguna otra persona.

Los ambiciosos corren día y noche en persecución de honores, constantemente angustiados por el éxito de sus planes, temiendo el error de cálculo que lo puede echar todo a perder. Así, están alienados de sí mismos, agotando su vida real al servicio de una sombra creada por su insaciable esperanza.

El nacimiento de un hombre es el nacimiento de su dolor.

Cuándo más tiempo vive, más estúpido se vuelve, porque su ansiedad por evitar la inevitable muerte se hace cada vez más aguda. ¡Qué amargura! ¡Vive para algo que está siempre fuera de su alcance! Su sed de supervivencia en el futuro lo hace incapaz de vivir en el presente.

¿Y qué hay de los líderes y los eruditos que tanto se sacrifican? Son honrados por el mundo, porque son hombres buenos, rectos y sacrificados.

Y aun así su buen carácter no los preserva de la infelicidad, ni siquiera de la ruina, la desgracia y la muerte.

¡Me pregunto, en este caso, si su "bondad" es realmente tan buena después de todo! ¿No será tal vez una fuente de infelicidad?

Supongamos que admitimos que son felices, ¿Pero es acaso algo alegre tener un carácter y una carrera que llevan finalmente a la propia destrucción? Por otra parte,  ¿puede llamárselos "infelices", si al sacrificarse salvan las vidas y fortunas de otros?

¡Tomemos el caso del ministro que, consciente y rectamente, se opone a una decisión injusta de su rey! Algunos dicen: "Di la verdad y, si el rey se niega a escuchar, déjalo que haga lo que quiera. Ya   no tienes mayor compromiso."

Por otra parte, Tzu Shu siguió oponiéndose a la injusta política de su soberano. Fue, por consiguiente, destruido. Pero si no se hubiera alzado por lo que consideraba correcto, su nombre no será honrado como lo es.

De forma que ésta es la cuestión: ¿Habrá de considerarse "bueno" el camino que siguió si, al mismo tiempo, le fue fatal?

No puedo decir si lo que las personas consideran "felicidad" es felicidad o no. Lo único que sé es que, cuando considero la manera en que buscan conseguirla, los veo arrastrados de cabeza, adustos y obsesionados por la marea general del rebaño humano, incapacies de detenerse o de cambiar de dirección. Continuamente afirman estar a punto de alcanzar la felicidad.

Por lo que a mí respecta, no puede aceptar sus parámetros, ya sean de felicidad o de infelicidad. Me pregunto si, después de todo, su concepto de la felicidad tiene realmente algún significado.

Mi opinión es que nunca se encuentra la felicidad hasta que se deja de buscarla. Mi mayor felicidad consiste precisamente en no hacer absolutamente nada pensado para obtener la felicidad; y éste, según el criterio de la mayor parte de la gente, es el peor de todos los caminos posibles.

Me remito al dicho de que: "El goce perfecto es carecer de él. La alabanza perfecta es carece de alabanzas."

Si preguntáis "qué hacer" y "qué no debe hacerse" sobre la Tierra para obtener la felicidad, yo contesto que estas preguntas no tienen respuesta. No hay forma de determinar tales cosas.

Y aun así, al mismo tiempo, si dejo de buscar la felicidad, el "bien" y el "mal" resultan inmediatamente evidentes por sí mismos.

El contento y el bienestar se hacen posibles al instante en el momento en que se deja de actuar con ellos en la mente; y, si se practica el no-hacer (wu wei), se consigue tanto la felicidad como el bienestar.

 He aquí cómo resumo todo esto:

 

El Cielo no hace nada: su no-hacer es su

serenidad.

La Tierra no hace nada: su no-hacer es su

reposo.

De la unión de estos dos no-haceres,

proceden todos los actos,

se componen todas las cosas.

¡Cuán vasto, qué invisible

este llegar-a-ser!

¡Todas las cosas vienen a ninguna parte!

¡Cuán vasto, qué invisible...

no hay forma de explicarlo!

Todos los seres en su perfección

nacen del no-hacer.

Es por esto por lo que se dice:

"El Cielo y la Tierra no hacen nada,

y aun así no hay nada que no hagan."

 

¿Dónde estará el hombre capaz de alcanzar

este no-hacer?

 

 

 

Sinfonía para un ave marina

 

 

No se puede poner una carga grande en una

bolsa pequeña,

ni tampoco se puede, con una cuerda corta,

sacar agua de un pozo profundo.

No se puede hablar con un político poderoso

como si fuera un hombre sabio.

Si busca comprenderte,

si mira dentro de sí mismo

para buscar la verdad que le has dado,

no consigue encontrarla.

Al no encontrarla, duda.

Cuando un hombre duda,

matará.

 

¿No habéis oído contar cómo un ave marina

fue arrastrada tierra adentro por el viento y se

posó

afuera de la capital de Lu?

 

El Príncipe ordenó una recepción solemne.

Ofreció al ave marina vino en reducto

 sagrado.

mandó llamar a los músicos

para que interpretaran las composiciones de

 Shun.

Sacrificaron vacas para darle de comer.

Aturdida por las sinfonías, la infeliz ave

 marina

murió de desesperación.

 

¿Cómo se debe tratar a un ave?

¿Cómo a uno mismo

o como a un ave?

 

¿Acaso no debería un ave anidar en los

 bosques profundos,

o volar sobre los valles y las marismas?

¿Acaso no debe nadar en ríos y estanques.

alimentarse de anguilas y pescado,

volar en formación con otras aves marinas

y descansar en los cañaverales?

 

¡Bastante malo es para un ave marina

estar rodeada de hombres

y asustada por sus voces!

¡Pues no fue suficiente para ellos!

¡La mataron con música!

 

Tocad todas las sinfonías que queráis

en los pantanos de Thung-Ting.

Las aves escaparán

en todas las direcciones;

los animales se esconderán;

los peces bucearán hasta el fondo;

pero los hombres

se reunirán en torno para escuchar.

 

El agua es para los peces

y el aire para los hombres.

Las naturalezas difieren, y con ellas las

 necesidades.

 

Por esto los sabios de antaño

no medían todo

por el mismo rasero.

 

 

 

Plenitud

 

 

"¿Cómo puede el verdadero hombre de Tao

atravesar paredes sin obstáculos,

mantenerse en medio del fuego sin

 quemarse?"

 

No a causa de su astucia

o su audacia;

no porque haya aprendido

sino porque ha desaprendido.

 

Todo aquello que está limitado por medio de

 la forma,

aspecto, color, sonido,

es llamado objeto.

De entre todos ellos, tan sólo el hombre

es más que un objeto.

Aunque, como los objetos, tiene forma y

 aspecto,

no se ve limitado a la forma. Es más.

Puede lograr ser sin-forma.

 

Cuando está más allá de la forma y el aspecto,

más allá de "esto" y de "aquello",

¿cómo se lo puede comparar con otros objetos?

¿Dónde está el conflicto?

¿Qué puede obstruir su camino?

 

Reposará en su lugar eterno,

que es el no-lugar.

Estará escondido

en su propio e insondable secreto.

Su naturaleza profundiza hasta la raíz

en el Uno.

Su vitalidad, su poder

se esconden en el Tao secreto.

Cuando es todo uno,

no hay falla en él

por la cual pueda entrar una cuña.

Igualmente un hombre borracho, al caer

de un carro,

queda contusionado pero no destruido.

Sus huesos son como los huesos de los demás

 hombres,

pero su caída es diferente.

Su espíritu es completo. No es consciente

de haber subido a un carro,

ni de haberse caído de él.

 

La vida y la muerte no significan nada para él.

Desconoce la alarma, se encuentra con los

 obstáculos

sin pensar, sin preocupaciones,

los enfrenta sin saber que están ahí.

 

Si existe tal seguridad en el vino,

cuánta más habrá en el Tao.

El hombre sabio está escondido en el Tao,

nada puede tocarlo.

 

 

La necesidad de vencer

 

 

Cuando un arquero dispara porque sí,

está en posesión de toda su habilidad.

Si está disparando por ganar una hebilla de

 bronce,

ya está nervioso.

Si el premio es de oro,

se ciega

o ve dos blancos...

¡Ha perdido la cabeza!

 

Su habilidad no ha variado. Pero el premio

lo divide. Está preocupado.

Piensa más en vencer

que en disparar...

Y la necesidad de ganar

le quita poder.

 

 

El cerdo para el sacrificio

 

 

El Gran Augur, que sacrificaba cerdos y leía presagios en el sacrificio, apareció vestido con sus largas túnicas oscuras en la pocilga y se dirigió a los cerdos de la siguiente manera: "He aquí el consejo que os doy. No os quejéis por tener que morir. Dejad de lado vuestras objeciones, por favor. Tened en cuenta que yo os alimentaré con granos selectos durante tres meses. Yo mismo tendré que observar una estricta disciplina durante diez días y ayunar tres. Después extenderé alfombras de hierba y ofreceré vuestros jamones y vuestras paletillas sobre fuentes, delicadamente talladas, con gran ceremonia. ¿Qué más queréis?

Después, reflexionando, consideró la cuestión desde el punto de vista de los cerdos: "Por supuesto, supongo que preferiríais alimentaros de comida grosera y ordinaria, y que os dejaran en paz en vuestras pocilgas."

Pero de nuevo, viéndolo desde su propio punto de vista, contestó: "¡No, definitivamente no existe un tipo más noble de existencia! Vivir honrado, recibir el mejor de los tratos, montar en carroza con magníficos ropajes, a pesar de que en cualquier momento uno pueda caer en desgracia y ser ejecutado; ése es el noble, aunque incierto, destino que he elegido."

De modo que optó en contra del punto de vista de los cerdos y adoptó su propio punto de vista, tanto para él como para los cerdos.

¡Qué afortunados aquellos cerdos, cuya existencia fue así ennoblecida por alguien que era, a la vez, una autoridad del Estado y un ministro de la religión!

 

 

El gallo de pelea

 

 

Chi Hsing Tzu era un entrenador de gallos de pelea

empleado por el rey Hsuan.

Estaba entrenando un ave magnífica.

El rey no hacía más que preguntar si el ave estaba

preparada para combatir.

"Aún no", dijo el entrenador.

"Está llena de fuego,

dispuesta a pelear

con cualquier otra ave. Es vanidosa y confía

en su propia fuerza."

Diez días más tarde, contestó de nuevo:

"Aún no. Explota

en cuanto oye cantar a otra ave."

Diez días más tarde:

"Aún no. Todavía se le pone

ese gesto iracundo

e hincha las plumas."

De nuevo, diez días,

el entrenador dijo: "Ahora ya está casi listo.

Cuando canta otro gallo, sus ojos

ni siquieran parpadena.

Se mantiene inmóvil

como un gallo de madera-

Es un luchador maduro.

Las demás aves

lo mirarán una sola vez

y echarán correr."

 

 

El tallador de madera

 

 

Ching, el maestro tallador, hizo un soporte de

 campana

con maderas preciosas. Cuando lo hubo

 terminado,

todos aquellos que lo veían quedaban

 asombrados.

Decían que tenía que ser

trabajo de los espíritus.

El Príncipe de Lu preguntó al maestro

 tallador:

"¿Cuál es tu secreto?"

 

Khing replicó: "Yo no soy más que un

 trabajador:

carezco de secretos. Sólo hay esto:

cuando empecé a pensar en el trabajo que

 usted ordenó,

conservé mi espíritu, no lo malgasté en

minucias que no tuvieran nada  que ver con él.

Ayuné para dejar

sereno mi corazón.

Después de tres días de ayuno,

me había olvidado de las ganancias y el éxito.

A los cinco días,

había olvidado los halagos y las críticas.

Al cabo de siete días,

había olvidado mi cuerpo

con todas sus extremidades.

 

A estas alturas, todo pensamiento acerca de

 su Alteza

y la corte se habían desvanecido.

Todo aquello que pudiera distraerme de mi

 trabajo

había desaparecido.

Estaba concentrado en el único pensamiento

del soporte para la campana.

Entonces fui al bosque

para ver los árboles en su propio estado

 natural.

Cuando ante mis ojos apareció el árbol

 adecuado,

también apareció sobre él el soporte,

 claramente, más allá de toda duda.

Todo lo que tuve que hacer fue alarga la mano

y empezar.

 

Si no me hubiera encontrado con este árbol

 en particular,

no hubiera habido soporte para la campana.

 

¿Qué pasó?

Mi pensamiento concentrado

se encontró con el potencial oculto en la

 madera.

De este encuentro vital surgió el trabajo,

que usted atribuye a los espíritus."

 

 

 

Cuando el zapato se adapta

 

 

Ch'ui, el diseñador.

era capaz de trazar círculos más perfectos a

 mano alzada

que con un compás.

 

Sus dedos hacían brotar

formas espontáneas de la nada. Su mente

estaba, mientras tanto, libre y sin

 preocupaciones

acerca de lo que estaba haciendo.

 

No le era necesario aplicarse, pero

su mente era perfectamente simple

y desconocía obstáculo alguno.

 

Al igual que, cuando el zapato se adapta,

se olvida el pie;

cuando el cinturón se adapta,

se olvida el estómago;

cuando el corazón está bien,

el pro y el contra se olvidan.

Sin inclinaciones, sin compulsiones,

sin necesidades, sin atracciones:

entonces los asuntos de uno

están bajo su control

y uno se convierte en un hombre libre.

 

Tomárselo todo con calma es correcto,

 Empieza correctamente

y estarás en calma.

Continúa con calma y estarás en lo

correcto.

La manera correcta de tomárselo todo con

 calma

es olvidarse del camino correcto

y olvidarse de que seguirlo es fácil.

 

 

 El bote vacío

 

 

Aquel que gobierna sobre los hombres vive

 en la confusión.

Aquel que es gobernado por hombres vive en

 el dolor.

Por tanto, Yao deseaba

no influir en los demás

ni ser influenciado por ellos.

El camino para apartarse de la confusión

y quedar libre del dolor

es vivr en el Tao,

en la tierra del gran Vacío.

 

Si un hombre está cruzando un río,

y un bote vacío choca con su esquife,

por muy mal genio que tenga

no se enfadará demasiado;

pero si ve en el bote a un hombre,

le gritará que se aparte.

Si sus gritos no son escuchados, volverá a

 gritar,

una y otra vez, y empezará a maldecir.

Y todo porque hay alguien en el bote.

No obstante, si el bote estuviera vacío,

no estaría gritando, ni estaría irritado.

 

Si uno puede vaciar el propio bote,

que cruza el río del mundo,

nadie se le opondrá,

nadie intentará hacerle daño.

El árbol derecho es el primero en ser talado,

el arroyo de aguas claras es el primero en ser

 agotado.

Si deseas engrandecer tu sabiduría

y avergonzar al ignorante,

cultivar tu carácter

y ser más brillante que los demás,

una luz brillará en torno a ti

como si te hubieras tragado el Sol y la Luna:

no podrás evitar las calamidades.

 

Un hombre sabio ha dicho:

 "Aquel que está contento consigo mismo

 ha realizado un trabajo carente de valor.

 El éxito es el principio del fracaso.

 La fama es el comienzo de la desgracia."

 

¿Quién puede liberarse del  éxito

y de la fama, descender y perderse

entre las masas de los hombres?

Fluirá como el Tao, sin ser visto,

se moverá con la propia Vida

sin nombre ni hogar.

Él es simple, sin distinciones.

según todas las apariencias, es un tonto.

Sus pasos no dejan huella. No tiene poder

 alguno.

No logra nada, carece de reputación.

Cado que no juzga a nadie,

nadie lo juzga.

Así es el hombre perfecto:

su bote está vacío.

 

 

 La Huida de Lin Hui

 

 

Lin Hui de Kia emprendió la huida.

Perseguido por enemigos,

tiró todos los preciosos símbolos

de jade de su rango

y se echó a la espalda a su hijo pequeño.

¿Por qué cogió al niño

abandonando el jade

que valía una pequeña fortuna,

mientras que el niño, de venderlo,

sólo le proporcionaría una suma miserable?

 

Lin Hui dijo:

"Mi atadura al símbolo de jade

y a mi cargo

era la atadura del egoísmo.

Mi atadura al niño

era la atadura del Tao.

 

Allí donde el egoísmo es la atadura,

se disuelve la amistad

cuando la calamidad llega.

Allí donde el Tao es la atadura,

la amistad se hace perfecta

por medio de la calamidad.

 

La amistad de los hombres sabios

es insípida como el agua.

La amistad de los tontos

es dulce como el vino.

Pero la insipidez de los sabios

trae consigo un afecto verdadero,

y el sabor de la compañía de los tontos

acaba convirtiéndose en odio."

 

 

 

Cuando el Conocimiento fue al norte

 

 

El Conocimiento vagó hacia el norte

buscando al Tao, sobre el Mar Oscuro.

y en lo alto de la Montaña Invisible.

Allí en la montaña se encontró

con el No-Hacer, el Sin-Palabras.

 

Preguntó:

"Por favor, señor,¿me podría informar

bajo qué sistema de pensamiento

y qué técnica de meditación

Podría aprehender el Tao?

¿Por medio de qué renuncia

o qué solitario retiro

podría reposar en el Tao?

¿Dónde he de comenzar,

qué camino he de seguir

para alcanzar el Tao?

 

Tales fueron sus tres preguntas.

No-Hacer, el Sin-Palabras,

no respondió.

No sólo eso,

¡ni siquiera sabía

cómo responder!

 

El Conocimiento giró hacia el sur,

hacia el Mar Brillante,

y ascendió la Montaña Luminosa

llamada "Fin de la Duda".

Allí se encontró con

"Actúa-según-tus-impulsos", el Inspirado

 Profeta,

y le hizo las mismas preguntas.

"Ah", exclamó el Inspirado,

"¡Tengo las respuestas, y te las revelaré!"

Pero justo cuando estaba a punto de decirle

 todo,

se le fue de la cabeza.

El Conocimiento no obtuvo respuesta alguna.

 

De modo que el Conocimiento fue por fin

al palacio del Emperador Ti,

y le hizo sus preguntas a Ti.

Ti replicó:

"Ejercitar el no-pensamiento

y seguir el no-camino de la meditación

es el primer paso para empezar a comprender

 el Tao.

No vivir en ninguna parte

y no apoyarse en nada

es el primer paso para descansar en el Tao.

Empezar desde ninguna parte

y no seguir camino alguno

es el primer paso para alcanzar el Tao."

 

El Conocimiento respondió: "Tu sabes esto

y ahora yo también lo sé. Pero los otros dos no lo sabían.

¿Qué te parece eso?

¿Quién está en lo cierto?"

Ti replicó:

"Sólo No-Hacer, el Sin-Palabras,

estaba absolutamente en lo cierto. Él no

 sabía.

 Actúa-según-tus-impulsos, el Profeta

 Inspirado,

sólo parecía estar en lo cierto

porque se le había olvidado.

En cuanto a nosotros,

no estamos ni siquiera cerca de la verdad

dado que tenemos las respuestas."

 

Porque aquel que sabe no habla.

Aquel que habla no sabe.[i]

Y el Hombre Sabio instruye

sin utilizar las palabras,"[ii]

 

Esta historia llegó a los oídos de Actúa-según-tus-impulsos,

que estuvo de acuerdo con la forma

de plantearlo de Ti.

 

Que se sepa.

No-Hacer jamás oyó hablar sobre el asunto

ni hizo comentario alguno.

 

 

 

La importancia de no tener dientes

 

 

Nieh Ch'ueh, que no tenía dientes,

fue a ver a P'i y le pidió una lección sobre el Tao.

(¡Tal vez eso sí pudiera masticarlo!)

 

De modo que P'i comenzó:

"En primer lugar, logra el control del cuerpo

controla la mente. Alcanza

la idea fija. Entonces

la armonía de los Cielos

descenderá y morará en ti.

Reposarás en el Tao.

Tendrás el aspecto simple

de un ternero recién nacido.

Oh, afortunado de ti,

ni siquiera sabrás la causa

de tu estado...

 

Pero mucho antes de que P'i llegara a este punto de su sermón, el desdentado se había quedado dormido. Su mente era simplemente incapaz de masticar la sustancia de la doctrina. Pero P'i quedó satisfecho. Echó a andar cantando:

 

"Su cuerpo está enjuto y seco

como un hueso viejo;

su mente está muerta

como las cenizas consumidas.

¡Su conocimiento es sólido,

su sabiduría es cierta!

En una noche profunda y oscura,

vaga con libertad,

sin objetivos

y sin designios;

¿Quién puede compararse

con este hombre sin dientes?"

 

 

 

¿Dónde está el Tao?

 

 

El Maestro Tung le preguntó a Chuang:

"Muéstrame dónde se encuentra el 'Tao'."

Chuang Tzu replicó:

"No hay lugar alguno donde no se

 encuentre.

El primero insistíó:

"Muestrame al menos algún lugar concreto

donde se encuentre el Tao."

"Está en la hormiga", dijo Chuang.

"Está en algún ser inferior?"

"Está en los hierbajos."

"¿Puede seguir descendiendo en la escala de

 las cosas?"

"Está en este trozo de baldosín."

"Y aún más?"

"Está en este excremento."

Ante esto, Tung Kwo no tuvo nada más que

 decir.

Pero Chuang continuó: "Ninguna de tus

 preguntas

es relevante. Son como las preguntas

de los inspectores del mercado

que comprueban el peso de los cerdos

palpándoles las partes más delgadas.

¿Por qué buscar el Tao bajando la "escala del

 ser'

como si aquello que llamamos 'ínfimo'

tuviera menos Tao?

El Tao es Grande en todas las cosas,

Completo en todas, Universal en todas,

Total en todas. Estos tres aspectos

son distintos, pero la Realidad es una.

Por tanto, ven conmigo

al palacio de Ninguna Parte

donde toda la multitud de cosas son Una;

donde por fin podamos hablar

de lo que no tiene limitación ni final.

Ven conmigo a la tierra del No-Hacer.

¿Qué debemos decir allí? ¿Qué el Tao

es simplicidad, quietud,

indiferencia, pureza,

armonía y serenidad?

Todos estos nombres me dejan

indiferente,

porque sus distinciones han desaparecido.

Mi voluntad carece de objetivo allí.

Si está en Ninguna Parte, ¡cómo iba a ser

 consciente de ella?

Si se va y vuelve, no sé

dónde ha estado descansado. Si vaga

primero por aquí y luego por allá.

no sé dónde irá a parar

al final.

La mente queda indecisa en el gran Vacío.

Allí, el más alto conocimiento

queda liberado. Aquello que da a las cosas

su razón de ser no puede ser delimitado por

 las cosas.

De modo que, cuando hablamos de 'límites',

permanecemos confinados

a cosas limitadas.

El límite de lo ilimitado se llama 'plenitud'.

La carencia de límites de lo limitado se llama

 'vacío'.

El Tao es el origen de ambos. Pero él mismo

 no es

ni la plenitud ni el vacío.

El Tao produce tanto la renovación como la

 descomposición,

pero no es ni renovación ni descomposición.

Causa el ser y el no-ser,

pero no es ni ser ni no-ser.

Tao une y destruye,

pero no es ni la Totalidad ni el Vacío."

 

 

 

La Luz de las Estrellas y el No-Ser

 

 

La Luz de las Estrellas le preguntó al No-Ser:

"Maestro, ¿es usted' ¿O no es usted?

Como no recibió ninguna clase de respuestas,  la Luz de las Estrellas se dispuso a observar al No-Ser. Esperó a ver si aparecía el No-Ser.

Mantuvo su mirada fija en el profundo vacío, con la esperanza de echar una mirada al No-Ser.

Todo el día estuvo a la expectativa, y no

vio nada. Escuchó, pero no oyó nada. Se extendió

para tocar, y no agarró nada.

Entonces, la Luz de las Estrellas exclamó al 

fin: "¡ESTO es!

¡Es lo más distante que hay! ¿Quién podría alcanzarlo?

Puedo comprender la ausencia del Ser,

pero ¿quién puede comprender la ausencia de

la Nada?

Si ahora, encima de todo, el No-Ser Es,

¿quién puede comprenderlo?"

 

 

 

Keng San Chu

 

 

El Maestro Keng San Chu, discípulo de Lao Tzu, se hizo famoso por su sabiduría, y la gente de Wei-Lei comenzó a venerarlo como a un sabio. El esquivó sus homenajes y rechazó sus regalos. Se mantuvo escondido y no les permitía ir a verlo. Sus discípulos discutieron con él y dijeron que, desde los tiempos de Yao y Shun, era tradicional que los hombres sabios aceptaran la veneración, ejerciendo así una buena influencia.

El Maestro Keng replicó:

 

 

Venid aquí, hijos míos, escuchad esto.

Si una bestia lo suficientemente grande para

 tragarse un carro

abandonara su bosque de la montaña,

jamás escaparía a la trampa del cazador.

Si un pez lo suficientemente grande como

para tragarse un bote

deja que la marea baja lo deje varado en la

 arena,

entonces hasta las hormigas podrán

 destruirlo.

Así que las aves vuelan por las alturas, las

 bestias permanecen

sen soledades sin caminos,

se mantienen ocultas de la vista; y los peces

y las tortugas se sumergen

hasta el mismo fondo.

El hombre que tiene algo de respeto por su

 persona

mantiene su carcasa alejada de la vista,

se esconde tan perfectamente como puede.

En cuanto a Yao y Shun: ¿Por qué alabar a

 tales reyes?

¿Qué bien hizo su moralidad?

Hicieron un agujero en la pared

y lo dejaron llenarse de zarzas.

Numeraban los pelos de tu cabeza

antes de peinarlos.

Contaban cada grano de arroz

antes de cocinar su cena.

¿Qué bien le hicieron al mundo

con sus escrupulosas distinciones?

Si los virtuosos son honrados,

el mundo se llenará de envidias.

Si el hombre inteligente es premiado,

el mundo se llenará de ladrones.

No puede hacer buenos y honestos a los

 hombres

alabando la virtud y el conocimiento.

Desde los días del piadoso Yao y el virtuoso

 Shun,

todo el mundo ha estado intentando hacerse

 rico:

un hijo es capaz de matar a su padre por

 dinero;

un ministro, de matar a su soberano

para satisfacer su ambición.

A plena luz del día se roban los unos a los

 otros,

a medianoche derriban paredes:

la semilla de todo esto fue plantada

en tiempos de Yao y Shun.

Sus ramas crecerán durante un millar de eras

y de aquí a mil eras

¡los hombres se estarán comiendo crudos los

 unos a los otros!"

 

 

 

El discípulo de Keng

 

Un discípulo se quejó a Keng:

"Los ojos de todos los hombres parecen

 iguales,

yo no detecto en ellos diferencia alguna:

y aún así algunos hombres son ciegos;

sus ojos no ven.

Los oídos de todos los hombres parecen ser

 iguales,

yo no detecto en ellos diferencia alguna:

y aún así algunos hombres son sordos;

sus oídos no oyen.

Las mentes de los hombres tienen la misma

 naturaleza.

No detecto  diferencia alguna entre ellas;

pero los locos no pueden hacer suya

la mente de otro hombre.

Heme aquí, aparentemente como los demás

 discípulos,

pero hay una diferencia:

ellos captan el significado de lo que usted

 dice y lo ponen en práctica;

yo no puedo.

 

Usted me dice: 'Mantén tu ser seguro y en

 calma.

Mantén tu vida reunida en su propio centro.

No permitas que tus pensamientos

sean alterados.'

Pero, por mucho que lo intente,

el Tao no es más que una palabra para mis

 oídos.

No hace resonar ninguna campana en mi

 interior."

 

Keng San replicó: "No tengo nada más

que decir.

Los gallos no empollan huevos de ganso,

aunque las aves de Lu sí pueden.

No es tanto una diferencia de naturaleza

como una diferencia de capacidad.

Mi capacidad es demasiado escasa

como para transformarte.

¿Por qué no vas al sur

a ver a Lao Tzu?"

 

El discípulo tomó algunas provisiones,

viajó durante siete días y siete noches

solo,

y llegó ante Lao Tzu,

Lao le preguntó: "¿Vienes de parte de Keng?"

"Sí", replicó el estudiante.

"¿Quiénes son todas esas personas que has

 traído contigo?"

El discípulo se volvió rápidamente para mirar.

No había nadie. ¡Pánico!

Lao dijo: "¿No comprendes?"

El discípulo agachó la cabeza. ¡Confusión!

Después un suspiro. "Ay de mí, he olvidado

 mi respuesta."

(¡Más confusión!) "También he olvidado mi

 pregunta."

Lao dijo: "¿Qué estás intentado decir?"

El discípulo: "Cuando no sé, la gente me trata

 como a un tonto.

Cuando sé, el conocimiento me causa

 problemas.

Cuando no logro hacer el bien, hago daño a

 otros.

Cuando lo hago, me daño a mí mismo.

Si esquivo mis deberes, soy un negligente;

pero si los cumplo, me arruino.

¿Cómo puedo escapar de estas

 contradicciones?

Esto es lo que vine a preguntarle."

 

Lao Tzu replicó:

"Hace un momento,

observé tus ojos.

Vi que estabas agobiado

por las contradicciones. Tus palabras

confirman esto.

Tienes un miedo mortal,

como un niño que ha perdido

a su padre y a su madre.

Estás intentando sondear

el centro del océano

con una pértiga de dos metros.

Te has perdido, e intentas

encontrar el camino de vuelta

a tu verdadero ser.

No encuentras más

que señales ilegibles

que indican todas las direcciones.

Siento pena por ti."

 

El discípulo solicitó ser admitido.

Tomó una celda y en ella

meditó,

intentando cultivar cualidades

que consideraba deseables,

y librarse de otras

que le desagradaban.

¡Diez días así!

¡Desesperación!

 

"¡Miserable!", dijo Lao

¡Totalmente bloqueado!

¡Hecho un nudo! ¡Intenta

desatarte!

Si tus obstáculos

están en el exterior,

no intentes agarrarlos de uno en uno

y arrojarlos lejos de ti.

¡Imposible! Aprende

a ignorarlos.

Si están en ti mismo,

no puedes destruírlos,

pero puedes negarte

a dejar que te hagan efecto.

Si están tanto dentro como fuera,

no intentes

aferrarte al Tao.

¡Limítate a tener esperanza en que el Tao

te mantenga sujeto!"

El discípulo gimió:

"Cuando un granjero se pone enfermo

y los otros granjeros vienen a verlo,

si puede al menos decirles

qué es lo que pasa,

su enfermedad no es grave.

Pero yo, en mi búsqueda del Tao,

soy como un hombre enfermo que toma

 medicinas

que le hacen sentirse diez veces peor.

¡Dígame tan sólo

los primeros elementos,

así quedaré satisfecho!

 

Lao Tzu replicó:

"¿Puedes abrazarte al Uno

y no perderlo?

¿Puedes predecir cosas buenas y malas

sin la concha de la tortuga

o los palillos?

¿Puedes descansar donde hay descanso?

¿Sabes cuándo detenerte?

¿Eres capaz de ocuparte de tus asuntos

sin preocupaciones, sin desear informes

acerca del progreso de los demás?

¿Eres capaz de mantenerte sobre tus propios

 pies?

¿Puedes esquivar?

¿Puedes ser como un niño

que llora todo el día

sin quedarse afónico,

o crispa el puño todo el día

sin que le duela la mano,

o que mira todo el día

sin que se canse la vista?

¿Quieres los primeros elementos?

El niño los posee.

Libre de preocupaciónes, inconsciente de sí

 mismo,

actúa sin reflexión.

Se queda donde lo ponen, no sabe por qué,

no se explica las cosas,

se limita a dejarse llevar,

es parte de la corriente.

¡Éstos son los primeros elementos!"

 

El discípulo preguntó:

"¿Es esto la perfección?"

 

Lao replicó: "En absoluto.

No es más que el principio.

Esto es lo que rompe el hielo.

 

Esto te capacita

para desaprender,

de forma que puedas ser guiado por el Tao,

ser un niño del Tao.

 

Si persistes en intentar

alcanzar lo que jamás se alcanza,

(es el regalo del Tao);

si insistes en esforzarte

por obtener lo que ningún esfuerzo puede

 lograr;

si insistes en razonar

acerca de lo que no puede ser comprendido,

serás destruido

por aquello que buscas.

 

Saber cuándo detenerse,

saber cuándo no puedes llegar más allá

por tus propios medios,

¡ésta es la forma correcta de empezar!