EL PENSAMIENTO ES TU ENEMIGO


 
P.- U.G., me gustaría indagar la esencia misma de tu revolucionaria e intransigente declaración, «No existe el alma».

U.G.- No existe el ego, no existe el yo, no existe el espíritu, no existe el alma y no existe la mente. Esto elimina toda la lista y tú no tienes modo de descubrir lo que te queda. Puedes preguntarme, «¿Por qué vas contando cosas a la gente sobre el modo en que funcionamos?». Sólo lo hago para subrayar el hecho de que hemos estado usando durante siglos un instrumento—o sea, el pensamiento, o mente, o como quieras llamarlo—para liberarnos de todo lo que llamas el «yo» o el «ego» y todas esas cosas. Esto es de lo que trata la búsqueda espiritual. Pero una vez que te das cuenta de que no existe nada de lo que uno tenga que liberarse, entonces estas preguntas nunca aparecen. No tengo forma de descubrir por mí mismo cómo surgió esta comprensión en mí.

P.- A los seres humanos comunes, como yo, nos gustaría saber si puedes encontrar respuestas para nosotros.

U.G.- Las respuestas que doy son sólo para recalcar que lo que queda es el funcionamiento del organismo vivo. Cómo está funcionando es todo lo que intento explicar, recalcar y volver a recalcar todo el tiempo. Mi interés es—en cierta manera—hacerte ver que todo intento por tu parte de entender eso con lo que te quedas, es una batalla perdida.

P.- Lo que intentas decir es que sólo existe el cuerpo físico y nada más, ¿no es así?

U.G.- Incluso esto no puede ser experimentado por eso que queda. Una vez que todo es expulsado de tu sistema, el decir que «Sólo tenemos el cuerpo físico y el universo», tampoco puede sostenerse por más tiempo.

P.- Pero quiero investigar esto....

U.G.- Cuantas más preguntas me plantees más existirá la necesidad de enfatizar los aspectos físicos de nuestra existencia; o sea: saber que no existe nada de todo eso que nos han hecho creer. Todos nuestros problemas han surgido al aceptar que nos es posible entender la realidad del mundo, o la realidad de nuestra existencia. Lo que estoy diciendo es que no existe el modo de experimentar algo que no conozcas. De modo que cualquier cosa que experimentes con la ayuda de tu conocimiento, no tiene sentido. Es una batalla perdida.

P.- Cuando dices que no existe ningún elemento no físico en la naturaleza humana....

U.G.- No te entiendo. ¿Qué quieres decir exactamente cuando dices «ningún elemento no físico en la naturaleza humana»?

P.- Quiero decir que sólo existen el cuerpo físico real y el mundo tal como es.

U.G.- Esta es la razón por la cual digo que el instrumento que estamos usando para entender la realidad de nuestra existencia y la realidad del mundo a nuestro alrededor no forma parte de este mecanismo—este cuerpo—que está aquí. Por esta razón digo que los pensamientos no son generados por ellos mismos y no son espontáneos. Aquí no existen pensamientos. Ni incluso ahora. Si tú quieres descubrir si realmente existe algo así como el pensamiento, la pregunta misma que estamos haciéndonos, «¿Existen los pensamientos?», nace de la suposición de que allí existe un pensamiento. Pero lo que encontrarás será todo «sobre» el pensamiento y no el pensamiento mismo. Todo lo que encuentres «sobre» el pensamiento es lo que la cultura ha puesto allí. La gente que nos dice que es muy importante para ti el liberarte de cualquier cosa de la que estés intentando liberarte utilizando ese instrumento, es la que nos lo introduce. Mi interés es resaltar que ése no es el instrumento y que no existe otro instrumento. Y cuando te des cuenta de eso, verás que el pensamiento no es el instrumento, así que no necesitamos saber si es necesario otro instrumento. No hay necesidad de ningún otro instrumento. Esta misma estructura que utilizamos, el instrumento que estamos utilizando, ha inventado de una forma muy ingeniosa todo clase de cosas como la intuición, la visión correcta, el correcto esto, eso, o lo otro. Y el decir que a través de esta misma intuición hemos llegado a entender algo, es lo que nos obstaculiza. Toda intuición, por muy extraordinaria que pueda ser, es algo inútil porque es el pensamiento el que ha creado eso que llamamos «intuiciones», y a través de ellas está manteniendo su continuidad y su status quo.

P.- Creo que entiendo esto, pero lo que trato de expresar es que todo tiene su lado físico y si puedo observar claramente el organismo humano y sus funciones interrelacionadas...

U.G.- De hecho, no es posible ni siquiera experimentar esto y entenderlo excepto a través del conocimiento que nos proporcionan los fisiólogos.

P.- ¿Quieres decir que ni a través de nuestra propia observación...?

U.G.- No existe algo así como tu propia observación. Tu propia observación nace del conocimiento que ya tienes. Este conocimiento proviene de los fisiólogos. Este conocimiento proviene de los que han estado relacionados con la tecnología médica. Intentan encontrar cómo funciona este cuerpo, cómo funciona el corazón y todas esas cosas con las que nos hemos familiarizado, aunque lo que han descubierto es algo que no podemos experimentar.

P.- Entonces lo que estás diciendo es que no existe la experiencia directa o inmediata...

U.G.- No existe ninguna experiencia sin la ayuda del conocimiento. Esto es todo lo que digo. No hay modo de experimentar la realidad de algo excepto a través de este conocimiento. Así que lo que estoy diciendo es que no puedes experimentar lo que no conoces. Y aun así, proyectas que existe algo más allá del mecanismo de la estructura que experimenta. No existe un «más allá». Pero este «más allá» es—una vez más—aceptado o rechazado por esta estructura experimentadora para mantener su continuidad. Es un juego.

P.- Volvamos a eso. Te lo he preguntado antes: ¿No existe una experiencia a través del tacto?

U.G.- No. El único modo de que puedas experimentar el sentido del tacto es a través de este contacto. Esto es lo que se llama el sentido del tacto. Así que pon tus dedos aquí y tócalo [tocando el brazo de la silla]. El ojo lo está mirando, pero no traduce su movimiento como que alguien está poniendo sus dedos aquí para saber exactamente lo que ocurre cuando lo tocas. El ojo no puede decir eso y el sentido del tacto no es el que lo traduce, bajo ningún concepto. A menos que formules la pregunta...

P.- Sugiero que...

U.G.- El ojo lo está observando.

P.- No, no lo estoy mirando.

U.G.- Tú no existes.

P.- Puedo sentirlo, puedo sentirlo sin...

U.G.- Nace de tu imaginación y de la traducción de este particular sentido del tacto dentro del marco de tus experiencias pasadas. Si en este momento esto no es traducido como un toque suave, o un toque duro, o incluso un toque de tu mano, no tienes modo de separar los dos y experimentar eso.

P.-  No puedes separar los dos...

U.G.- Supón que me haces una pregunta por cualquier motivo,.. el único conocimiento que posees está aquí en la computadora [apuntando a su cabeza] y sale de ahí  y me dice y te dice que tú estás tocando esto. Y el sentido del tacto lo traduce como un toque suave del amigo que está sentado a mi lado.

P.- Puedo estar caminando solo y sentir la brisa. No hago nada pero me acaricia en mi camino.

U.G.- Si no traduces la brisa tocando tu cuerpo...

P.- Estoy sintiendo la brisa.

U.G.- El sentirlo es también un pensamiento. En el momento en que te separas de la brisa, esa actividad sensorial es traducida dentro del marco del conocimiento que tú ya tienes. Ni por un instante afirmo que tú seas la brisa. Lo que estoy afirmando es que todo lo que estás diciendo forma parte del conocimiento que posees. De otra forma no hay modo de que puedas separar la brisa y el cuerpo.

P.- Así que estás diciendo que no existe algo así como una nueva experiencia.

U.G.- No existe ninguna experiencia nueva, pero la exigencia de experimentar lo mismo una y otra vez es la que está desgastando todo el mecanismo de la memoria al utilizarla para propósitos para los cuales no ha sido diseñada.

P.- ¿Es posible para nosotros, ver que la memoria no debería ser el factor operativo en la consciencia?

U.G.- Cuestiono la consciencia porque lo que llamamos consciencia es memoria. Te vuelves consciente de algo a través de la ayuda del conocimiento que posees y este conocimiento está encerrado en la memoria. Así que hablar sobre el subconsciente, el inconsciente, los niveles de consciencia y todo esto, es la ingeniosa invención del mecanismo del pensar. A través de esta astucia, de esta invención, mantiene su continuidad.

P.- Haces alguna distinción entre el estar alerta y el ser consciente.

U.G.- El estar alerta no tiene sentido para mí porque no es un instrumento para ser usado para entender nada y mucho menos para cambiar nada.
Lo primero de todo, es que no existe nada que haya de ser cambiado. Así que si no existe nada que cambiar, que tú utilices el estar alerta o cualquier otro instrumento para cambiar algo, es irrelevante.
El estar alerta nunca puede disociarse de la actividad cerebral. Por esta razón siempre describo lo que sucede aquí [señalándose a él mismo] en términos físicos. «El reflejo de esto [apuntando a un cojín], sea cual sea, en la retina, y experimentarlo sin darle un nombre», es sólo un astuto juego que jugamos con nosotros mismos. Tú crees que el reconocer está separado del nombrar. Esto no es verdad. Reconocer y nombrar son uno y lo mismo. Tanto si  lo nombro como si no lo nombro, el que te reconozca como hombre o reconozca esto como un cojín, significa que el nombrarlo está ya allí, tanto si utilizo la palabra como si no la utilizo. Esta es la razón por la cual le digo a la gente que dice que la palabra no es el hecho, que la palabra sí es el hecho. Si la palabra no es el hecho,  ¿qué demonios es? Está bien para los filósofos sentarse y discutir interminablemente que la palabra no es el hecho. Esto implica que existe algo más que la palabra. Así que no puedes aceptar que la palabra sea el objeto. O sea que, incluso si dices que existe un objeto sin utilizar la palabra, eso significa que allí hay una separación. Lo que intento explicarte es cómo aparece esta división, esta separación.

P.- El separar es realmente el principio de la dualidad.

U.G.- Nunca me digo a mí mismo—ni te diré a ti—que yo soy la mesa. Esto es demasiado absurdo. Lo que digo es que no hay modo que puedas separarte de ti mismo por propia voluntad y queriéndolo, excepto cuando hay una exigencia exterior. Tú preguntas, «¿Qué es eso?» Tú y yo tenemos la misma información en nuestros recuerdos. Cualquier palabra que uses, sea en francés, en inglés, en alemán, en latín, no importa. El punto de referencia es la mesa por la que tú me preguntas. De modo que digo que es una mesa y que es una mesa blanca. Tú y yo tenemos la misma información Cuando la pregunta no existe, en ningún momento voy a tenerla presente y decirme a mí mismo que esto es una mesa. Y eso no quiere decir que sea «consciente sin elección» respecto a ella. Lo que está ahí es sólo el reflejo de este objeto en la retina. Incluso esto que digo no puede ser experimentado por mí, porque estímulo y respuesta son un único movimiento. En el momento en  que dices que surge el estar consciente, existe ya una división.

P.- ¿Por qué mantenemos esta posición, esta dualidad, esta separación?

U.G.- Este es el único modo que el «tú» puede continuar; de otra forma el «tú» desaparecería. El «tú», tal y como te conoces a tí mismo, el «tú» tal y como te experimentas a tí mismo, este «tú» es ahí la identidad. A través del exigir constantemente usar la memoria, mantiene su continuidad. Si este «tú» no existiera, no sabes qué podría ocurrir. Es por esto que la frase «liberarse de lo conocido» es muy atractiva hasta cierto punto. Una vez que estás libre de lo conocido no hay modo de que puedas decir alguna cosa al respecto. De modo que al escuchar a alguien como tú hablar sobre la necesidad de liberarse de lo conocido, tu énfasis en que exista una necesidad de librarte de lo conocido ya se ha convertido en parte de lo conocido. El pensar ha sobrevivido durante millones y millones de años y conoce todos los trucos del mundo y hará cualquier cosa para mantener su continuidad.

P.- Así que el pensar no tiene lugar alguno en la comprensión...

U.G.- No existe el pensar. Si no hay pensador, no existen en absoluto los pensamientos. No puedes decir que existen sólo los pensamientos y que no existe el pensador. Los pensamientos no vienen de aquí [apuntando a su cabeza]; vienen de fuera. El pensamiento es la traducción de una percepción sensorial dentro del marco de tu estructura experimentadora. Y tú estás utilizando esos pensamientos para alcanzar una meta.

P.- Conozco este pensar. Es secuencial...

U.G.- No, no puedes intentar eso. No soy tu maestro. Lo que está sucediendo aquí es una cosa mecánica como con una computadora. Está operando mecánicamente, intentando encontrar si hay alguna información guardada en la computadora [apuntando a su cabeza] en relación con lo que estamos hablando. ¡Déjame ver! ¡Déjame pensar! Eso es lo que estás haciendo ahora, pero no hay una actividad subsecuente y tampoco aparece pensar alguno. Tienes la ilusión de que hay alguien que está pensando y extrayendo la información.
Mira, esto no es distinto del extraordinario instrumento que tenemos; es como la función «buscar» del ordenador. Pulsas una tecla y te dice: «Preparado». Entonces preguntas por una palabra; él te dice: «Buscando». Este buscar es pensar. Pero es un proceso mecánico. En esa función de búsqueda en el ordenador, no hay un pensador. Allí no existe en absoluto el pensador. Si existe alguna información o algo en referencia a lo que se busca, el ordenador lo compila y te lo entrega. Esto es todo lo que sucede. Es algo muy mecánico. No estamos preparados para aceptar que el pensamiento es mecánico porque esto deshace toda la imagen de que no somos simplemente máquinas. Es una extraordinaria máquina. No es diferente de los ordenadores que empleamos. Pero esto [apuntando a su cuerpo] es algo vivo, tiene la cualidad vital. Tiene una vitalidad. No es sólo una repetición mecánica; conlleva la energía de la vida como corriente de energía.

P.- Una de las cosas que usa más frecuentemente el ser humano es la imaginación...

U.G.- La idea de que experimentas la totalidad de tu cuerpo surge de tu imaginación. En verdad, no existe la posibilidad de que puedas experimentar su totalidad. Tu experiencia de la pesadez de tu cuerpo es debida a la fuerza de la gravedad. Algunas veces experimentas la pesadez de tu cuerpo cuando los pensamientos no están operando. A veces los pensamientos se enlentecen en nosotros. Este es el momento en que te sientes más pesado que el objeto más pesado. Sientes como si pesaras seiscientos cuarenta kilos, o de repente te sientes como si caminaras en el aire. Eso son las verdaderas formas de funcionamiento del cuerpo, las cuales han sido descritas en términos espirituales y se les ha dado tanta importancia.

P.- Así que, con respecto a la imaginación, la gente piensa que el pensar sin restricción alguna puede a veces aportar nuevas posibilidades, formas de vivir más productivas, más fáciles o agradables.

U.G.- Esto es algo que no es ni verdadero, ni válido.

P.- Esto es lo que la gente supone. Si uno tiene una oportunidad de hacerlo, uno lo puede hacer. ¿Qué hay de malo en ello?

U.G.- Mira, funciona en algunas áreas, ¿sabes? Nos encontramos con un problema matemático. Reflexionamos sobre él. Tú sales con una respuesta y dices que es el producto de tu pensar. Pero a veces agotas todas las posibilidades, todas las combinaciones y variaciones tratando de descubrir la solución de un determinado  problema matemático o científico. Estás tan  cansado que te vas a dormir. Pero cuando te despiertas la respuesta está allí. Esto sólo es posible en el ámbito de los problemas mecánicos. El pensar no puede ayudarnos a encontrar la solución a problemas vivos. No existe el modo de usar esto para solucionar los problemas humanos. Es por esta razón que ha fracasado a la hora de solucionar nuestros problemas. Ahí no ha tocado nada [apuntando a su cuerpo]. Ahí, todas nuestras creencias no han tocado nada. No sabemos lo que haríamos en una situación dada. Puedes asegurar que serías un hombre no violento, pero lo que puedes hacer en una situación dada, nunca lo sabrás. El exigir estar preparados para todas las acciones y situaciones futuras es la causa de nuestros problemas. Cada situación es muy distinta y nuestra preparación para afrontar esa situación con el conocimiento que tenemos para responder y tratar con tales situaciones, no nos puede ayudar.

P.- Entonces, ¿qué significa la frase «reto vital»?

U.G.- No entiendo el modo en que planteas las preguntas...

P.- Te encuentras en una situación nueva...

U.G.- No es un reto. Aquí no existen ni la inadecuación de usar lo que tienes, preparándote a tí mismo, ni la pregunta de cómo afrontar la situación. Entonces ya no es un desafío. Por esto digo que ahí no existen problemas. Nosotros creamos los problemas. Si las soluciones que nos ofrece esa gente no son realmente las soluciones, realmente no tienes un problema. Pero el hecho es que si no tienes un problema, lo creas. No puedes vivir sin problemas.

P.- Correcto. Lo que dices es que, en cierto sentido, el ser humano no es diferente de los animales.

U.G.- Debo admitir que estamos probablemente mucho más evolucionados que los demás animales. Esto es una ventaja para nosotros al funcionar de un modo mejor. No me gusta usar la palabra «mejor», sino más bien «de un modo más natural». Estamos libres de ciertos peligros. Todos estos problemas pueden ser resueltos con la estructura altamente desarrollada con la cual hemos sido dotados. Es por esto que lo denominamos «poderes psíquicos»—clarividencia, clariaudiencia, etc...—están ya desarrollados en los animales. Nosotros también los tenemos. En el caso de algunos, a través de las técnicas de meditación y otros trucos, el pensamiento se enlentece. Entonces temporalmente experimentan estos mal llamados poderes y piensan que todos son experiencias espirituales. Probablemente en nuestro caso el mecanismo es más sensible que en los animales. No lo sé. No puedo hacer ninguna afirmación definitiva. No existe el modo de poder realmente entender cómo funcionan los animales. Todos estos trucos, todas estas ideas de experimentar tu nacimiento de nuevo, tu renacimiento, esto y lo otro y cosas así, son pura basura, porque intentas retroceder hasta el momento de tu nacimiento y experimentar tu propio nacimiento desde este punto. Lo que estás experimentando no es la experiencia de tu propio nacimiento, sino algo desde el punto donde estás. Usas todas estas experiencias, las coloreas, e imaginas que estás experimentando tu nacimiento. Esto está bien para comercializar el «renacimiento» pero no existe nada en ello.

P.- ¿Por qué los seres humanos han desarrollado algunos rasgos que les han convertido en maestros destructores de la tierra, del aire, del agua y de cualquier cosa a su alrededor?

U.G.- Como dije la última vez, esta separación respecto a la totalidad de lo que nos rodea y la idea que todo ha sido creado para nuestro beneficio y que hemos sido creados según un gran y noble propósito en comparación con las otras especies de este planeta, son las causas de esta destrucción.
Este poderoso uso del pensamiento es destructivo. El pensamiento es un mecanismo de autoprotección. Así que cualquier cosa que nazca del pensamiento es destructiva, sea un pensamiento religioso, un pensamiento científico, o un pensamiento político. Todos son destructivos. Pero no estamos preparados para aceptar que nuestro enemigo es el pensamiento. No sabemos cómo funcionar en este mundo sin usar el pensamiento. Puedes inventarte todo tipo de cosas e intentar liberarte de este absoluto dominio del pensamiento, pero no hay modo de que podamos aceptar el hecho de que no es el instrumento para ayudarnos a funcionar sana e inteligentemente en este mundo. El pensamiento es un mecanismo de auto-perpetuación. Controla, moldea y conforma nuestras ideas y acciones. Idea y acción son una misma cosa. Todas nuestras acciones nacen de nuestras ideas. Nuestras ideas son pensamientos que nos han sido transmitidos de generación en generación. El pensamiento no es el instrumento que pueda ayudarnos a vivir en armonía con la vida que nos rodea. Por esto creáis todos estos problemas ecológicos, problemas de polución y el problema de la posibilidad de aniquilarnos a nosotros mismos con las armas tan destructivas que hemos inventado. Así que no hay salida. Puedes decir que soy un pesimista, que soy un cínico o que soy esto, aquello, o lo otro. Pero espero que un día nos demos cuenta de que el error que hemos cometido, destruirá todas las cosas. El planeta no está en peligro; nosotros estamos en peligro.

P.- Si estamos en peligro, entonces podemos ir a otro planeta. El deseo de sobrevivir... ¿de dónde o cómo es que surge este deseo de sobrevivir más allá de la muerte del cuerpo y de su inevitable destrucción?

U.G.- Porque sabes, de algún modo, que lo que conoces de ti mismo está llegando a un fin. Has vivido sesenta, setenta o cien años de tu vida, has pasado a través de numerosas experiencias, has conseguido muchas cosas, has logrado y alcanzado mucho. «¿Tendrá todo esto un final, sin dejar nada detrás?»  Así, de un modo natural, creamos, algo «más allá».

P.- ¿Por qué crees que hemos permitido que una ilusión y una no-realidad persistan en la conciencia o en el pensamiento humano?

U.G.- Tú no estás separado de esta ilusión. Tú eres la ilusión. Si una ilusión se va es reemplazada siempre por otra ilusión. ¿Por qué? Porque el final de la ilusión es el final del «tú». Esto es la muerte. El final de las creencias es el final del «tú» que está allí. Así que esto no es la romántica y poética muerte de «morir a tu ayer». La muerte física es el único modo por el cual tú expulsas todo lo que la cultura ha puesto allí.

P.- De una forma limitada y menor, puedo ver a través de una ilusión...

U.G.- Esto es otra ilusión. La ilusión es que «el ver es la meta». No hay manera de poder separarte a ti del ver. El ver es la ilusión. El que ve es la ilusión. El que ve se dice a sí mismo que con ver todo se acaba. Pero no acaba. Así que el que ve no quiere llegar a un final. El que ve es la ilusión. No sé; es mejor no discutir estas cosas. El que ve es la ilusión. A través de la invención de lo que se llama «el ver la ilusión es la meta», el que ve está acumulando inercia y continuidad. En el instante en que quieres «ver» algo, te has separado ya de eso, y el que ve ha aparecido y a través de este ver está manteniendo su continuidad. Es por esta razón que el ver no nos ha ayudado. Nada se ha acabado.

P.- Este diálogo, nuestra charla ahora ¿cómo lo llamarías? ¿Es sólo un intercambio físico... esta interacción que está sucediendo ahora?

U.G.- [Risas] No quiero repetirlo una y otra vez. Aquí sentada, sólo hay una marioneta. Y, dos marionetas, dos computadores, dos magnetófonos, están en marcha; eso es todo.

P.- Lo que puedas decir—al escucharte—, ¿no provocará un cambio en nosotros?

U.G.- En absoluto. No. No estás ni escuchando. No existe tal cosa como el arte de escuchar. Tú no escuchas en absoluto. El escuchar no entra dentro de tu interés. Tú estás interpretando.

P.- Soy consciente de esto. Seguramente existe alguna forma de escuchar. Estoy intentando poner la llave en la puerta y...

U.G.- No tenemos que usar estas frases como, «soy consciente de esto, de eso y de lo otro». Si pones en práctica lo que llaman «estado de alerta» te pondrás enfermo del mal de Alzheimer que está atacando a todo el mundo. Leí en alguna revista que está atacando a todo el mundo. Ha golpeado ya al famoso músico—¿cuál es su nombre?—Frank Sinatra. Está allí en uno de tus papeles. El es muy joven. Lo mencionan como ejemplo de cómo funciona una persona que sufre la enfermedad de Alzheimer. Tú tienes la «llave» en tus manos. Pero no sabes como usarla y abrir la puerta.

P.- Entonces lo que realmente estás diciendo es que el cuerpo tiene una enorme inteligencia porque todas sus funciones van interviniendo de una bella forma y a su propio modo.

U.G.- Nuestro interés por enseñar a este cuerpo algo en lo cual no está interesado, está causando y creándole problemas.

P.- ¿Hay algo más que quisieras decir?

U.G.- ¿Decir qué? Ya he dicho mucho .

P.- Ciertamente. Otra cosa que me gustaría preguntarte es sobre el dolor físico, sobre si...

U.G.- Déjalo. Si existe dolor toma pastillas contra el dolor. No estoy diciendo que no debas hacer nada y dejar que el cuerpo sufra y vea a través del sufrimiento. Estás realmente añadiendo más dolor al dolor. Mira, mientras el dolor esté presente, puedo tomar una pastilla y librarme temporalmente del dolor, porque no existe ningún encanto especial, espiritual o de otro tipo, que nos haga probarnos a nosotros y a los demás que podemos aguantar el dolor. No es de esto de lo que estamos hablando. Pero lo que podemos hacer es dejar este dolor sin interferir todo el tiempo. Creemos que sabemos mucho más que este cuerpo. Creemos que sabemos lo que es bueno para este cuerpo y es por esto que le creamos problemas. El sabe lo que quiere saber. No quiere aprender nada de nosotros. Si entendiéramos esta sencilla relación que el pensamiento y el cuerpo tienen, entonces probablemente permitiríamos al cuerpo funcionar y usar el pensamiento sólo para propósitos funcionales. El pensamiento tiene un valor funcional y no nos puede ayudar a conseguir ninguna de las metas que hemos trazado para nosotros o aquello que la cultura ha puesto delante de nosotros.

P.- ¿No tiene el dolor algo así como un propósito físico?

U.G.- Es un sanador. El dolor es un proceso de curación. Pero estamos paranoicos. Estamos super ansiosos por no sufrir. No te estoy diciendo que no debas obtener cualquier ayuda que pueda haber. No hay necesidad de sufrir, como hacen los santos cristianos que sufren y no van al doctor. Esto no es lo que estoy diciendo. De hecho, cualquier cosa que digamos ahora no tiene sentido. Nadie puede decir lo que haríamos en una situación dada.
Paremos y dejémoslo así. Si puedes encontrarle algún sentido, hazlo. Si no, entonces simplemente no lo busques. No deseo que nadie recuerde nada de lo que hemos discutido hasta ahora. Si recuerdas algo, estás perdido. De ningún modo intento decir que lo que digo esté de forma misteriosa afectando la consciencia de toda la Humanidad.

P.- No creo que el dolor sea realmente un sanador. No estoy contradiciendo lo que has dicho, pero el dolor es innato, nace con nosotros.

U.G.- Está allí. Intenta curarnos debido a algún desequilibrio. Pero lo que estoy sugiriendo es que no existe ningún encanto en el sufrimiento. Puede hacerse algo para hacerlo más llevadero. No veo la utilidad de ningún tipo de sufrimiento. Esto es todo lo que digo.

P.- Si te duele tu rodilla, tu espalda o tu cabeza, el dolor ya está allí...

U.G.- ¿Puedo decir algo? Cualquier cosa que discutamos ahora sobre el dolor, no tiene sentido porque ahora no tenemos ningún dolor. Si tuviéramos verdaderamente algún dolor ahora, entonces no lo discutiríamos. Haríamos algo.

P.- Sí, eso es verdad.

U.G.- Tu sistema de valores es el responsable de la enfermedad humana, la tragedia humana, forzando a todo el mundo a encajar en este modelo.
 


U:G: KRISHNAMURTI, El Pensamiento es tu Enemigo

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