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El
siguiente artículo ha sido extraído del Juego de herramientas para probar la
Hipótesis Increíble de D.E. Harding, cuya edición está actualmente agotada.
La
meditación
Los resultados de ver qué y quién eres dependerán, en gran parte, de la práctica
asidua de esta visión. Un vistazo ocasional de nuestra verdadera naturaleza, si
no se toma lo suficientemente en serio como para cultivarlo, no hará
probablemente mucha diferencia. Se necesita de la meditación para romper con el
viejo hábito de percibirnos como una cosa y establecer el nuevo hábito de ver
que no hay nada aquí, el hábito de la conciencia de la primera persona.
Primero, entonces, antes de examinar los posibles resultados, examinemos los
medios, el tipo de práctica que probablemente rendirá beneficios que valgan la
pena. La conciencia de la primera persona es un tipo de meditación (para ser
precisos, el tipo más radical), y la prueba pragmática de nuestra hipótesis
es la práctica sostenida de esta meditación. Su lema es "MIRA QUIEN ESTA
AQUI", y su marca distintiva (de nuevo, te toca a ti probar) es que se
trata de una meditación "terrena". Funciona de igual manera tanto en
la plaza de mercado como en la sala de meditación, cuando estás activo así
como cuando descansas, cuando tienes los ojos abiertos así como cuando los
tienes cerrados.
No
nos abstrae del mundo
Lejos de requerir o inducir algún estado asemejado al trance y el retiro
temporal del mundo y de la gente, más bien agudiza la apreciación de lo que
ocurre a tu alrededor. Te sientes más vivo y alerta: en verdad eres la vista,
sin perderte en ella. No es cuando miras al vidente, sino cuando lo pasa por
alto, que lo visto se oscurece y distorsiona. No sólo el mundo
"externo", sino también tu mundo "interno" de estados sicológicos,
se empaña cuando ignoras al Intimo que los envuelve y a la vez yace debajo de
ellos.
Voluntaria
La visión inicial te provee con la habilidad de renovarla. Ya que la ausencia
de cosas aquí es tan llanamente visible y fríamente factual como su presencia
allí, esta ausencia se puede ver inmediatamente, a cualquier hora, a voluntad.
Al contrario de lo que ocurre con las ideas y sentimientos, puedes disponer de
esta sencilla visión cuando más la necesitas, por ejemplo cuando estás
agitado o preocupado. Está a la mano para lidiar con los problemas en el
momento y lugar en que surgen.
Se expresa físicamente
Esta meditación no requiere posturas ni habilidades físicas especiales. Por
otra parte, sus efectos físicos pueden ser muy notables. Típicamente, incluyen
un estado de alerta quietud, y una relajación muscular que energiza en vez de
debilitar; la respiración se vuelve más pausada, y el cuello y espalda se
enderezan. La piel tiende a mejorar, los ojos a brillar y el cuerpo a
tonificarse. Por supuesto, quizás te sea más fácil empezar por el lado físico,
es decir, cuando te sientes, te sientas derecho: esto de hecho te puede ayudar a
ver quién es el que se sienta derecho.
Continua al cabo de un tiempo
No hay ocasión en que esta meditación resulte inapropiada, momentos en que
puedas abandonar la posición de la primera persona sin correr peligro alguno.
Al final terminas quedándote en casa, donde continúa ininterrumpidamente,
aunque a veces sin sobresalir, como el acompañamiento del bajo en la música.
Integradora
Así, tu vida no se divide en dos compartimientos, uno consciente del Yo
(interior, meditativo, religioso), y el otro inconsciente del Yo (exterior,
discursivo, secular), separados por grandes distancias, difíciles de unir y
reconciliar.
A prueba de tontos
Mientras dura, esta meditación es del orden de todo o nada (de hecho, Todo o
Nada), y no se puede hacer mal. No puedes ver media ausencia, o medio verla. O
ves qué es central en ti, o lo estás pasando por alto.
No es mística
Esta meditación, ciertamente, no es en sí misma una experiencia mística o
religiosa, o de euforia, ni una repentina explosión de amor universal o
conciencia cósmica, ni ningún tipo de sentimiento, pensamiento, o intuición.
Por lo contrario, carece absolutamente de rasgos, es incolora, neutra. Consiste
en contemplar la pura, quieta, fresca y transparente fuente, y simultáneamente
desde ella, el bullente y turbulento mundo, sin ser arrastrado hacia ese mundo.
Puedes asegurarte tu amplia ración de experiencias místicas o espirituales no
al nadar río abajo en pos de ellas, sino sólo al notar que te encuentras para
siempre río arriba en relación a todas ellas, y que solamente pueden ser
difrutadas allí desde su fuente en ti.
No es explosiva
Es cierto que la visión inicial de tu fuente puede presentarse como una
fulgurante y estremecedora revelación: ¿y qué otro evento en tu vida,
ciertamente, merece mayor celebración? Pero los fuegos artificiales no son
necesarios, y el espectáculo, en cualquier caso, pronto se esfuma. Muchos (si
no la mayoría) de los practicantes serios de esta meditación han llegado a
ella sosegadamente, con comentarios como "¡por supuesto, si así es aquí!".
Todo depende de tu temperamento individual, de tu formación y expectativas
cultural-religiosas, y por encima de todo, de cúanta tensión, cuánto estrés
sicológico hayas acumulado,ya sea sin intención, en el curso de la vida
diaria, o deliberadamente, mediante disciplinas religiosas y prácticas de
meditación especiales.
Desprovista de adornos
Cierto es, también, que los días, semanas o meses que siguen a tu visión
inicial (haya llegado ésta explosivamente o no) pueden estar llenos de dicha y
liviandad. Te sientes como recién nacido en un nuevo mundo. Pero antes temprano
que tarde, ay, todo esto se desvanece, para tu gran sorpresa y desilusión.
"¡No me hace nada!". Surge entonces la tentación de abandonar la
meditación, bajo la errónea impresión de que has perdido la habilidad. De
hecho, si persistes de todos modos, llegarás a valorarla menos por sus
apetitosos pero incidentales frutos que por sí misma, por su llana e insabora
verdad, por lo que ciertamente no te hace en vez de por lo que te solía hacer:
y esto es un gran avance. Al empezar a perder interés por los frutos, te
asegurarás de que así crezcan saludablemente, sin ser observados ni
perturbados, y de que maduren a su tiempo. Mientras tanto, y siempre, lo único
que te debe interesar es alimentar su raíz.
Unificadora
Sólo en esta raíz y como esta raíz, somos todos uno y el mismo por siempre.
Esta meditación te une infaliblemente a todas las criaturas en el único lugar
donde todo converge, donde por fin nos descargamos completamente de nuestras
peculiaridades manifiestas, y de los sentimientos y pensamientos ocultos que nos
distinguen y dividen. El vacío, precisamente porque es realmente vacío, es idéntico
en todos los seres en todas partes y en todo momento. Si se pudiese experimentar
como amoroso en mí, brillante en ti, y particularmente vacío en él, serviría
sólo para separarnos aún más. Pero en verdad tú, él y yo somos el mismo, y
sin la menor duda ni ansiedad, encontrarás inmediatamente el único lugar donde
nada se interpone entre nosotros.
Democrática
Una grata consecuencia de esta meditación es que entre aquéllos que la
practican fielmente no pueden existir jerarquías, ni gurúes o chelas, ni
competencia espiritual e intimidación. Ciertamente, ¿qué otra firme base para
la igualdad humana (por no decir democracia) puede existir sino ésta, nuestra
identidad común?
Sin ego
No se logra nada, sólo se descubre. Y lo que descubres te llena de humildad:
cuando realmente ves la nada que eres (en vez de sólo imaginarla o creer en
ella), no puedes dudar más. Sólo esto te arma de convicción. Aquí está el
único lugar, el lugar donde eres real y no una forma, y el cual está
claramente libre de egotismo o cualquier otra cosa; en una palabra, libre.
Segura
Esta meditación es segura, no sólo porque no la puedes malograr, no sólo
porque evita la dependencia de otros por una parte y el orgullo personal por la
otra, sino también porque no es artificiosa. No hay nada de arbitrario o
caprichoso en ella, nada que abuse de tu credulidad, nada que pueda salir mal,
nada que te separe de la gente común, nada especial. Es segura porque se trata
de descubrir cómo son las cosas, y no de manipularlas. ¿Qué podría ser menos
peligroso que dejar de engañarte con respecto a ti mismo? ¿O más peligroso
que continuar haciéndolo??
Natural
Aunque notoriamente natural desde el comienzo, esta meditación se vuelve más
natural aún, y al final completamente natural. Al principio necesitarás
probablemente de pequeños recordatorios para aclararte la vista, tales como
contar tus ojos (¿qué ojos?) y colocarte cara a "no cara" con un
amigo. Pero al cabo de un tiempo (no necesariamente contado en años) prescindirás
de estos artificios: la primera persona se convierte en segunda naturaleza (o tu
primera naturaleza recuperada) y lo último que harás es andar por ahí
preocupado por fijarte de que no tienes cara. Es mucho más simple, es más como
descansar en tu hogar, en el aire maravillosamente diáfano de tu hogar, sin
pensar en ello en absoluto. Así como un hombre no se detiene en el vestíbulo a
estudiar la puerta por la que acaba de pasar, sino que prosigue para disfrutar
de las comodidades de adentro, asimismo pasas tú a disfrutar de la inmensidad
dentro de ti, y las puertecillas que te conducen a ella vienen a ser reconocidas
como triviales y temporales artificios; artimañas, realmente. (Muchos de los
recursos de las religiones tradicionales son tan complicados, misteriosos,
bellos o impresionantes, que distraen tu atención del propósito fundamental, y
los medios terminan reemplazando el fin. Se guarda la esperanza de que la obvia
trivialidad de nuestros artefactos los haga menos propicios a que, con el curso
de los siglos, se conviertan en objetos sagrados a los que se les atribuya valor
por sí mismos.)
No es exclusiva
Esta meditación no excluye ni necesariamente interfiere con ningún otro tipo
de meditación que te parezca provechosa, tal como la práctica de sentarse o
zazen. Lo que sí descarta es la meditación que presume que el meditador no está
ya en su hogar.
Autónoma
Ya que esta meditación es completamente ordinaria, secular, simple, obvia, común,
y como justamente no hay nada que aprender, no se necesita guía experta, ni
manuales de meditación o maestros, ni elegir angustiosamente entre sus sistemas
frecuentemente conflictivos; tampoco hay que cazar al Maestro infalible, ya que
vemos que El se encuentra justo donde tú ya estás. Por otra parte, la compañía
de amigos que practican esta meditación resulta a la vez provechosa y
agradable.
Contagiosa
Y al principio la ayuda de un amigo es prácticamente indispensable. Es raro que
la visión inicial ocurra espontáneamente: casi todos se inician en esta
meditación con la ayuda de alguien que ya la practica, ya que la condición es
sumamente contagiosa, una transmisión directa de persona a persona. Los libros
han mostrado ser casi, si no completamente, incapaces de realizar esta transmisión;
su trabajo consiste en despertar el deseo de descubrir quién está leyendo el
libro, y confirmar el descubrimiento una vez que ya se ha hecho. Pero te toca a
ti decir.
Cura la timidez
El principio de esta meditación es: no pierdas de vista a tu Yo en ninguna
circunstancia, y tus problemas se resolverán, incluyendo, extraño sea decirlo,
el problema de la exagerada conciencia de sí mismo. Porque, encontrar el Yo es
perder el yo. Nuestra meditación cura la turbación, pero no conduciéndote a
perderte dentro del mundo objetivo, sino capacitándote a descubrirte a ti mismo
como su recipiente.
Paradójica
Como persona inconsistente y difícil de complacer que eres, exiges una meditación
que te separe de todas las criaturas y a la vez te una a ellas, que te reduzca
absolutamente y a la vez te exalte absolutamente, que te haga completamente
presente y consciente de ti mismo y a la vez completamente ausente, sin
acordarte de ti mismo, que te dé descanso y a la vez te inspire a la acción,
que no tenga objeto y a la vez tenga propósito, que te deje sin nada que hacer
porque ya llegaste a la meta y a la vez todo por hacer porque aún estás en el
comienzo. Lo que se busca, en breve, es una meditación que reconcilie todas tus
contradicciones internas. ¡Mucho pedir! No obstante, maravilla de las
maravillas, ésta es justamente la meditación que ofrece nuestra hipótesis
["Más cerca está El que la respiración, y más próximo que las manos y
los pies"], si se lleva a la práctica diariamente.
Fascinante
Puedes continuar incansablemente con esta meditación porque es sumamente
interesante, y es sumamente interesante porque se trata del descubrimiento,
siempre nuevo, de lo que, después de todo, más te importa. Si este Sujeto no
es asunto tuyo, ¿qué es? No sería de sorprender que cualquier otro sujeto de
meditación resultara al final incapaz de retener tu atención. En cambio, ¿cómo
puede la verdadera historia, este verdadero corazón tuyo, siempre el mismo y a
la vez siempre fascinantemente nuevo, ser opacado o fallarte? ¿Cómo puedes jamás
llegar al final de su indescriptible y arrobador misterio?
De doble dirección
Por encima de todo esta meditación, a la manera de Jano, mira en ambas
direcciones. Al mirar simultáneamente hacia adentro, al vidente, y hacia
afuera, a lo visto, le abre paso y confiere sentido a lo visto, ya que no
interpone nada en su camino, y le da prioridad a esta nada. Si buscas a la
primera persona, la tercera te será añadida. Si buscas a la tercera, incluso a
ésta la perderás.