“Cuando no tengas nada que hacer, siéntate
simplemente y ubícate interiormente en el lugar que está cinco centímetros
debajo del ombligo, y permanece allí.
Fijar la atención en este centro te va a ayudar enormemente, así que, entre más
te situes allí, mejor será. De esta manera se creará un centro para tus energías
vitales. Tú sólo tienes que empezar a observarlo y empezará a funcionar,
empezarás a sentir que toda la vida gira alrededor de este centro. La vida se
inicia en el hara, y en el hara es donde la vida termina. Todos los centros de
nuestro cuerpo están distantes; el hara está exáctamente en el centro que es
donde estamos enraizados y equilibrados, así que una vez uno toma conciencia del
hara, muchas cosas empiezan a suceder.
Cuanta más conciencia tomes del hara, menos miedo tendrás de la vida y de la
muerte, porque éste es el centro de la vida y de la muerte. Una vez estás en
armonía con el centro del hara, puedes vivir valerosamente. El valor surge de
allí: habrá menos pensamientos, más silencio, menos momentos sin control, una
disciplina natural, valor y arraigo, una raigambre.”