Cuándo:“Cuando tengas un momento. No
hace falta que te fijes un tiempo. Usa el tiempo de que dispongas. En el baño,
cuando tengas 10 minutos, siéntate debajo de la ducha y medita. En la mañana, en
la tarde, sólo cuatro o cinco veces, a pequeños intervalos; sólo durante cinco
minutos. Medita y verás que se convierte en un alimento constante.
Duración: Sólo unos pocos minutos.
Primer paso: Relaja la respiración.
Relaja el sistema de respirar, eso es todo. No hace falta relajar todo el
cuerpo. Cuando vayas sentado en el tren o en un avión, o en un automóvil, nadie
se dará cuenta de que estás haciendo algo. Simplemente relaja el sistema de
respirar. Deja que se manifieste con su forma natural de funcionar
Segundo paso: Observa la respiración.
Cierra luego los ojos y observa la respiración entrando, saliendo, entrando.
Relájate simplemente y observa la respiración. Nada se excluye de esta
observación. El automóvil funciona: de acuerdo, acéptalo. El tráfico pasa: está
bien, es parte de la vida. El pasajero que va a tu lado ronca: acéptalo. No hay
nada que rechazar. No se trata de estrechar tu conciencia
La
concentración es un estrechamiento de la conciencia, que te vuelve puntual, pero
en competición con lo demás. Luchas con todo lo demás porque tienes miedo de
perder el punto. Puedes distraerte, y eso se vuelve perturbador.
No hay
necesidad de hacerlo durante 24 horas. Con una taza de meditación es suficiente!
No hace falta beberse todo el río. Solo una taza de té es suficiente. Hazlo tan
fácil como sea posible. Lo fácil es lo correcto. Hazlo tan naturalmente como sea
posible. Y no lo persigas; hazlo solamente cuando tengas tiempo. No lo
conviertas en un hábito, porque todos los hábitos vienen de la mente, y una
persona real no tiene hábitos en realidad.”