LA BUSQUEDA: LOS DIEZ TOROS DEL ZEN- 2

Osho: Charlas sobre Zen


CAPÍTULO 2

 

PERCIBIENDO AL TORO.

CAPTURANDO

AL TORO

 

1.   PERCIBIENDO AL TORO

 

Oigo la canción del ruiseñor.

El sol es cálido, el viento es suave, los sauces son verdes junto

a la orilla.

¡Aquí no puede esconderse ningún toro!

¿Qué artista puede dibujar esa cabeza imponente, esos cuernos

majestuosos?

 

Comentario:

Cuando uno oye la voz, uno puede sentir su origen.  En cuanto

se funden los seis sentidos, se entra por la puerta. ¡Dondequiera

que uno entre, ve la cabeza del toro!  Esta unidad es como sal en el

agua, como el color en el tinte. La cosa más ligera no está separa-

da del ser.

 

 

2.   CAPTURANDO AL TORO

 

Lo agarro con una lucha tremenda.

Su gran voluntad y poder son inagotables.

Embiste hacia la alta meseta muy por encima de la niebla de

las nubes,

o se para en un barranco impenetrable.

 

Comentario:

Vivió mucho tiempo en el bosque, pero ¡hoy lo capturé!  El deseo de paisaje interfiere con su sentido de

la dirección.  Anhelando hierbas más dulces, se aleja. 

Su mente aún es obstinada y desenfrenada.  Si deseo que se someta, debo elevar mi látigo.

 

Me pregunto si lo habéis observado o no: que el hombre es el único animal que dibuja su imagen, su propia imagen.  Ningún otro animal lo ha hecho nunca.  No sólo dibuja imágenes de sí mismo; se para ante el espejo, se mira a sí mismo reflejado.  No sólo eso, se para ante el espejo, mira su reflejo y se mira a sí mismo mirando su reflejo, y así sucesivamente.  A causa de esto surge la autoconciencia.  A causa de esto nace el ego.  A causa de esto, al hombre le llegan a interesar más los reflejos que la realidad.

¡Observa tu propia mente!  Te llega a interesar más una imagen pornográfica que una mujer auténtica.  Las imágenes tienen un control tremendo sobre la mente humana; por eso el hombre vive en una ficción.  Y el autoconocimiento no es posible en la ficción.  Te tiene que interesar más lo real que lo reflejado.  Hay que romper los espejos.  Tienes que volver a casa; si no, seguirás alejándote más y más de ti mismo.

Este interés en reflejos, ficciones, sueños, pensamientos, imágenes, es la causa básica por la que el hombre no puede conocerse a sí mismo.  No está interesado en absoluto en sí mismo.  Está más interesado en la opinión de los demás, en lo que piensan de él.  Eso, de nuevo, es un espejo.  Estás continuamente preocupado por lo que la gente piensa de ti.  No estás preocupado en absoluto por saber quién eres –esa no es una búsqueda real-, sino por lo que la gente piensa que eres.  Por eso continúas decorándote.  Tu moralidad, tu virtud, no es más que una decoración para poder parecer bello, bueno, honrado, religioso, a los ojos de los demás.  Pero eso es una gran pérdida.

Que la gente piense que eres religioso no te hace religioso.  Que la gente piense que res feliz no te hace feliz.  Y una vez que estás en la pista falsa, puedes desperdiciar toda tu vida.

Ten más interés en ser feliz que en que piensen que eres feliz.  Ten más interés en ser bello que en que piensen que eres bello, porque los pensamientos no pueden satisfacer tu sed, los pensamientos no pueden satisfacer tu hambre.  Que la gente piense que estás bien alimentado o no, no es la cuestión; no puedes engañar al cuerpo.  Se necesita comida real, las imágenes de comida no bastarán.  Se necesita agua real, las imágenes de agua, las fórmulas del agua, no bastarán. H2O no puede saciar tu sed.  Una vez que comprendes esto, comienza el descubrimiento; entonces estás buscando al toro.

Obsérvate a ti mismo.  Te pillarás con las manos en la masa muchas veces al día, pensando en ficciones en vez de en la realidad.  Mirarse en el espejo y pensar que te estás mirando a ti mismo es una de las cosas más absurdas.  El rostro que se refleja no es tu rostro; es sólo la superficie, es sólo la periferia.  Ningún espejo puede reflejar tu centro.  Y la circunferencia no es tú.  La circunferencia sigue cambiando a cada momento; es un flujo.

¿Por qué estás tan atraído por la forma?  ¿Por qué no por lo real?  Un hombre que se busca a sí mismo, al que ha llegado a interesarle el autoconocimiento, va rompiendo todos los espejos.  No sonríe porque la gente le está mirando y una sonrisa causará una buena impresión, sonríe cuando lo siente.  Su sonrisa es auténtica.  No depende de la gente, no depende de quién esté mirando. Él vive su vida.  No está siempre intentando convencer a una audiencia de que “soy de tal o cual manera”.

Recuerda: la gente que está demasiado interesada en convencer a los demás es gente vacía, hueca por dentro.  No tienen nada auténtico.  De otra forma, el deseo desaparecerá.  Si eres feliz, eres feliz, y no piensas en ello, en que tienes que verlo reflejado en los ojos de los demás.  No vas recogiendo opiniones.  Cualquier identidad que creas tener, simplemente analiza y verás que miles de personas han dicho cosas sobre ti y tú las has recogido.  Algo que dijo tu madre, algo que dijo tu padre, tu hermano, los amigos, la sociedad, y tú has recogido todo eso.  Por supuesto, va a ser contradictorio, a causa de tanta gente, tantos espejos.  Tu identidad es autocontradictoria.  No puedes llamarla un “yo”, porque un “yo” sólo es posible cuando ya has dejado de vivir en contradicciones.  Pero para eso tienes que entrar en tu interior.  Lo primero que hay que comprender es que tu ser ya te está esperando, dentro de ti.  No necesitas mirar a los ojos de nadie más.

No creas en los espejos, cree en la realidad.

He oído que sucedió una vez:

 

Un viejo clérigo aconsejó a un político que se pusiera bajo la lluvia y elevase la cabeza hacia el cielo:

-Le traerá una revelación –le prometió.

Al día siguiente, el político volvió.

-Seguí su consejo –le dijo-, y el agua cayóme por el cuello y me sentí un tonto.

-Bueno –dijo el clérigo-, para ser la primera vez, ¿no le parece bastante revelación?

Si puedes comprender tu necedad, eso es ya toda una revelación; sí, lo es, porque el viaje comienza en ese punto.

Un hombre que está constantemente preocupado por la impresión que causa en otros, qué aspecto tiene en los espejos, es un necio, porque está desperdiciando una gran oportunidad en la que son posibles tremendas experiencias.  Pero no ha dado el primer paso, por miedo a parecer tonto.  No tengas miedo a la necedad porque, si no, continuarás siendo un necio.

Un día u otro tienes que aceptar el hecho de que hasta ahora has estado viviendo en una profunda estupidez.  Y si continúas viviendo de esa forma –a través de espejos, reflejos, opiniones-, poco a poco pierdes tu individualidad, te haces parte de las masas, pierdes tu alma.  Entonces no eres un individuo auténtico.

La palabra “masa” proviene de la raíz latina massa.  Massa significa algo que puede ser moldeado, amasado.  Y cuando digo que te conviertes en masa, quiero decir que constantemente estás siendo moldeado por los demás, amasado por los demás.  Pero tú lo permites, tú cooperas con ello.  Tú te tomas todo tipo de molestias para hacerte parte de la masa, de alguna multitud, porque al estar solo pierdes tu identidad.  Toda tu identidad depende de la masa.

Es por eso que la gente, cuando se jubila, muere antes.  Los psicoanalista dicen que se cortan al menos diez años de vida.  Los políticos, cuando están en el poder, están muy sanos; en cuanto ya no están en el poder, su salud desaparece, mueren pronto, porque sin poder, toda su identidad empieza a desaparecer como un sueño.  Sin el cargo, de pronto ya no eres nadie.  No has sido nadie en toda tu vida, pero sigues creyendo en las ficciones que creas en torno a ti.

Un hombre que es un gran oficial piensa que es insigne; en cuanto ya no ocupa ese puesto, toda la eminencia desaparece.  Un hombre que es rico cree que es rico por su riqueza; siente que es alguien.  Si de pronto va a la bancarrota, no es sólo que su salud desaparezca, su propia alma desparece, toda su identidad desaparece.  Era un barquito de papel, era una casa de naipes, una pequeña brisa, y todo desaparece.

Autoconocimiento significa que has llegado a comprender una cosa: que tienes que conocerte a ti mismo inmediata, directamente, no a través de los demás, no pasando por los demás.  No hay necesidad de preguntar a nadie; es muy estúpido preguntar a alguien: ¿Quién soy?  ¿Cómo podría alguien responder?  Entra en tu interior, esa es la búsqueda del toro.  Entra en tu propia energía; está ahí.  Simplemente, saboréala, fúndete con ella.

Una vez que has comprendido que tienes que buscar tu identidad dentro de ti, en total soledad, te estás liberando de las masas, de la multitud.  Ha nacido la individualidad, te estás haciendo un individuo, único.  Y recuerda: cuando digo “individuo” no quiero decir egoísta.  Un egoísta siempre es parte de las masas.  El ego e la suma de todas las opiniones de los demás sobre ti que has ido recogiendo; de ahí que el ego sea tan contradictorio.  A veces dice que no eres bello, que eres muy feo; a veces dice que eres muy bello, muy encantador; a veces dice que eres un tonto; a veces dice que eres un sabio, porque en tantas situaciones se han dicho tantas cosas sobre ti, y tú las has recogido todas.

El ego siempre está en dificultades. Es una entidad falsa.  Parece que existe, pero no existe.

Cuando te haces individuo... La palabra es buena: significa indivisible.  Individuo significa lo que no puede ser dividido, lo que no puede sufrir ninguna escisión, lo que no puede ser dos, dual o múltiple, lo que es absolutamente uno, sin que exista ninguna división; entonces eres un individuo.  No tiene nada que ver con el ego.  El ego es una barrera para ello, porque el ego siempre está dividido, tanto que muchas veces hay personas que vienen a mí y les pregunto: ¿Eres feliz?, y se encogen de hombros.  Yo les pregunto: ¿Eres desgraciado?, y de nuevo se encogen de hombros.  No están seguros sobre el estado de ánimo en que se encuentran, porque hay muchos estados de ánimo juntos en su interior.  Les gustaría decir tanto sí como no a cada pregunta.

Me han contado de un líder político que sufría de desdoblamiento de la personalidad, el comienzo de la esquizofrenia.  Fue hospitalizado.  También en las cosas muy corrientes se había vuelto muy indeciso. No podía tomar decisiones corrientes: si ir al baño o no, comer esto o no, ponerse esa ropa o no, pequeñeces, trivialidades.  Y cualquier cosa que tenía que decidir le producía temblores.  Le trataron seis meses en el hospital, y cuando los médicos decidieron que estaba perfectamente bien, le dijeron:

-Ahora puede irse.  Ya está normal; el problema ha desaparecido.  ¿Qué dice usted?

Él dijo:

-Sí y no.

El ego es múltiple, nunca es uno.  No puede ser uno porque ha sido recogido de muchísima gente diferente.  Tú eres uno, el ego es múltiple.  Y si piensas que eres el ego, vas camino de la locura.  Una vez que comprendes esto, puedes ver las huellas del toro.

Una vez viajé por todo el país con un amigo.  Él estaba continuamente con su cámara.  En el Himalaya no estaba interesado en el Himalaya, estaba interesado en sacar fotos.  Una noche de luna llena estábamos mirando el Taj Mahal, y lo que le interesaba era sacar fotos.  Después de estar unos momentos juntos, le pregunté:

-¿Qué estás haciendo? El Taj Mahal está aquí; no te veo mirar el Taj Mahal.  Estás ocupado continuamente por tus fotos, si saldrán o no, si la luz es adecuada o no.

Él dijo:

-¿Por qué preocuparse por el Taj Mahal?  Después voy a hacer un bello álbum  de todo el viaje.  Entonces podré sentarme y ver cosas.

Eso es “kodakmanía”; estar más interesado en las fotos que en la realidad.  Interésate más por la realidad.  Y cuando la mente trate de separarte de la realidad, en imágenes, ficciones, sueños, estate alerta, vuelve.  Vuelve al momento presente.

Un médico solía venir aquí; ahora lo han trasladado fuera de Puna.  Él estaba tomando notas constantemente; mientras yo hablaba, él tomaba notas.  Yo le dije:

-Cuando estoy hablado, trata de comprender lo que digo.

Él dijo:

-Pero tomar notas está bien, porque después, en casa, tranquilamente, puedo repasarlas y comprender.

Pero este hombre nunca podrá comprender lo que digo, porque no es cuestión de tomar notas; es una transmisión de una cierta visión.  Él nunca me miró porque estaba mirando su papel.  Y no creo que pudiera escribir notas tampoco, porque para cuando escribía, ya se había dicho otra cosa y él se la perdía.  Sus notas serán fragmentarias.  Y luego él las convertiría en un todo; ese todo sería suyo, no mío.

Tienes que estar aquí conmigo en realidad, totalmente aquí conmigo.  Entonces... Entonces surge un nuevo entendimiento.  Y tal debería volverse tu modo de vida, el estilo mismo.  Estar constantemente involucrado en la realidad, participando en la realidad.  No seas un espectador, y no te intereses demasiado en imágenes; de otra forma, poco a poco perderás la capacidad de ser consciente de la realidad.  Pero la mente tiene hábitos viejos, profundos, y al principio va a ser una lucha constante.  La mente es como un vendedor.

He oído una anécdota:

 

El vendedor de una enciclopedia para jóvenes puso el pie en la puerta y estaba intentando enredar con su charla a una joven madre de un niño de cinco años para que comprase un lote de libros.

-Estos libros responderán todas las pregunta que su hijo pueda hacer –le aseguró-.  Con ellos, nunca estará sin saber qué contestar.  –Dio unas palmaditas en la cabeza del niño-: A ver, muchacho.  Pregúntame algo, cualquier pregunta, y le mostraré a tu madre lo fácil que es responder mirando en uno de estos libros...

El chico pensó un momento, y preguntó:

-¿Qué tipo de coche conduce Dios?

 

La vida es así.  Y la mente es como el vendedor y la Enciclopedia Británica.  La mente sigue acumulando cosas, catalogando todas las experiencias, categorizando, clasificando, archivando, para poder usarlas en el futuro, cuando llegue el momento.  Pero la vida está tan viva que nunca pregunta las mismas preguntas otra vez.  Y si estás demasiado en la mente, lo que respondes nunca es apropiado, nunca puede serlo.  La vida sigue cambiando a cada momento.  Es como un niño que pregunta “¿Qué tipo de coche conduce Dios?”.

Te las puedes arreglar para encontrar alguna respuesta –un Rolls Royce, o lo que fuere-, pero el niño no va a hacer la misma pregunta de nuevo.  En el siguiente momento estará preguntando alguna otra cosa. La curiosidad del niño es mayor que cualquier enciclopedia.  Y la vida es tan innovadora que ningún libro puede responder a las situaciones reales.

Así que intenta estar más alerta en vez de tener más conocimientos.  Si almacenas demasiados conocimientos, estarás coleccionando imágenes, memorias; irás tomando notas; irás comparando con tus notas.  Llegarás ante una bella rosa y la compararás con otras rosas que has visto en el pasado; o puede que la compares con otras rosas que esperas ver en el futuro, pero nunca mirarás esa rosa.  ¡Y sólo esa rosa es real!  Las rosas que hay acumuladas en tu memoria no son reales, y la rosas con las que sueñas tampoco son reales.   Sólo esa rosa es real.  Recuerda esto, aquí y ahora.

Si desplazas tu energía de la mente hacia la consciencia, inmediatamente serás consciente de las huellas del toro.  Normalmente, sigues a la multitud.  Resulta conveniente, cómodo; es como un sedante.  Con la multitud no necesitas preocuparte; la responsabilidad recae en la multitud.  Puedes dejar todas las preguntas a los expertos.  Y puedes fiarte de una larga tradición, la sabiduría de los siglos.  Cuando tanta gente está haciendo lo mismo, es mas fácil imitarles que hacer lo que tú quieres, porque una vez que empiezas a hacer lo que tú quieres, surgen a dudas: quizá... ¿vas bien o mal?  Con una gran multitud que hace lo mismo, te haces parte de ella.  Nunca surge la pregunta si vas bien o mal.  “Tanta gente no puede estar equivocada –sigue diciendo la mente-, deben de tener razón.  Y han estado haciendo lo mismo durante tantos siglos; debe haber algo de verdad en ello”.  Si surge en ti la duda, entonces esa duda es culpa tuya.  Durante siglos y siglos una multitud ha estado haciendo cierta cosa.  Uno puede seguir fácilmente, imitar.  Pero en cuanto imites a otros, nunca podrás saber quién eres.  Entonces, el autoconocimiento resulta imposible.

En lengua malaya hay una palabra, lattah.  Es muy bella.  La palabra significa: la gente imita a los demás porque tiene miedo; por miedo, la gente imita a los demás ¿Lo has observado?  Si estás sentado en el teatro y de pronto  hay fuego en el teatro y la gente echa a correr, seguirás a la multitud, donde quiera que vaya.  Sucede cuando un barco se está hundiendo; el mayor problema es éste: que toda la multitud corre en una dirección, se juntan en un lado, lo que hace que el barco se hunda antes.

Cuando te asustas, pierdes individualidad.  Entonces no hay tiempo para pensar y meditar, entonces no hay tiempo para decidir por ti mismo; hay poco tiempo y se necesita una decisión.  En momentos de miedo, la gente imita a los demás.  Pero, normalmente, también vives en lattah, vives en un estado de miedo continuo.  Y a la multitud no le gusta que seas diferente, porque eso crea sospechas también en la mente de otros.

Si una persona va contra la multitud –un Jesús o un Buda-, la multitud no se siente bien con ese hombre, la multitud lo destruirá; o, si la multitud es muy culta, lo adorará.  Pero ambas cosas son lo mismo.  Si la multitud es un poco salvaje, inculta, Jesús será crucificado.  Si la multitud es como los indios, muy culta, con siglos de cultura, de no violencia, de amor, de espiritualidad, adorarán a Buda.  Pero al adorarlo están diciendo: Somos diferentes; tú eres diferente.  No podemos seguirte, no podemos ir contigo.  Eres bueno, muy bueno, pero demasiado bueno para ser verdad.  No eres uno de nosotros.  Eres un dios, te adoraremos.  Pero no nos perturbes; no digas cosas que puedan trastornarnos, que puedan alterar nuestro placentero sueño.

Matar a un Jesús o adorar a un Buda, ambas cosas son lo mismo.  Se mata a Jesús para que la multitud pueda olvidar que existió un hombre así, porque si ese hombre es de verdad... Y este hombre es de verdad.  Todo su ser está tan lleno de gozo y bendición que es de verdad; porque la verdad no se puede ver, sólo se puede sentir la fragancia que surge de un hombre verdadero.  Ese gozo lo pueden sentir los demás, y esa es la prueba de que ese hombre es de verdad.  Pero si este hombre es de verdad, entonces toda la multitud está equivocada, y eso es demasiado.  La multitud no puede tolerar una persona semejante; es una espina, dolorosa.  Hay que destruir a ese hombre, o adorarlo, para así poder decir: Tú vienes de otro mundo, no eres uno de nosotros.  Eres un bicho raro, no eres normal.  Puede que seas la excepción, pero la excepción tan sólo confirma la regla.  Tú eres tú, nosotros somos nosotros: seguiremos nuestro camino.  Está bien que hayas venido –te respetamos muchísimo-, pero no nos molestes.  Pones al Buda en el templo para que no tenga que venir al mercado; si no, creará problemas.

Vas siguiendo a los demás por miedo.  No te puedes hacer un individuo por miedo.  Así que, si realmente estás buscando al toro, abandona el miedo, porque es una búsqueda tal que entrará en peligro, tendrás que tomar riesgos.  Y la sociedad y la multitud no se van a sentir bien.  Y la sociedad te creará todo tipo de dificultades, para que puedas volver en ti y volverte normal de nuevo.

Lo primero que os digo acerca del hombre es que está más interesado en imágenes que en la realidad, más interesado en su imagen que en sí mismo.  Y la segunda cosa básica sobre el hombre que hay que recordar es: el hombre es el único animal que está erguido, el único animal que camina con sus dos piernas traseras.  Esto ha creado una situación muy única para el hombre.

Los animales caminan con sus cuatro patas.  Sólo pueden mirar en una dirección.  El hombre se alza sobre sus dos pies, puede mirar en todas las direcciones simultáneamente.  No necesita girar todo su cuerpo; simplemente girando la cabeza puede mirar en todas las direcciones.  A causa de esta posibilidad, el hombre se vuelve un escapista.  En cuanto hay un peligro, en vez de luchar y confrontar el peligro, se escapa.  En la misma situación en la que el animal tendría que enfrentarse al enemigo, el hombre trata de escapar.  Todas las direcciones están disponibles.  El enemigo viene del norte –hay un león ahí-; ahora bien, todas las direcciones están disponibles para el hombre; puede huir, puede escapar.

El hombre es el único animal escapista.  No hay nada de malo en ello en lo que respecta a luchar con los animales, el hombre ya ha estado en la naturaleza salvaje durante mucho tiempo.  Y aún sigue escapándose de los leones y de los tigres; debe de haber tenido grandes experiencias en el pasado.  Pero ese escapismo se ha convertido en un mecanismo profundamente enraizado en el hombre.  Y sigue haciendo lo mismo con las cosas psicológicas.

Si hay miedo, en vez de confrontarlo va en otra dirección, reza a Dios, pide ayuda.  Al sentir la pobreza, en la pobreza, en vez de enfrentarse a ella, va acumulando riquezas, para así poder olvidar que se siente pobre por dentro.  Al ver que no se conoce a sí mismo, en vez de enfrentarse a esta ignorancia, va recogiendo conocimientos, como un loro, y va repitiendo cosas prestadas.

Todo esto son escapes.  Si realmente quieres enfrentarte a ti mismo, tendrás que aprender a no escaparte.  Llega la ira; no te escapes de ella.  Cuando te sientes enfadado, comienza a hacer algo para estar ocupado.  Por supuesto, si tu energía se mueve en otra dirección, la ira se reprime.  No le das ninguna energía; vuelve a caer en el inconsciente.  Pero se vengará; tarde o temprano encontrará una oportunidad de nuevo y saldrá de manera desproporcionada con respecto a la situación.

Si surge en ti el sexo, empiezas a hacer otra cosa, empiezas a repetir un mantra.  Pero todo eso son escapes.  Y recuerda: la religión no es un escape.  Las religiones que conoces son todas ellas escapes; pero la religión de la que yo hablo no es un escape, es un encuentro.  Hay que enfrentarse a la vida.  Todo lo que se presente ante ti, tienes que examinarlo en profundidad, porque esa profundidad misma se convertirá en tu autoconocimiento.

Detrás de la ira están las huellas del toro.  Detrás del sexo están las huellas del toro.  Si te escapas del sexo, de la ira, de la avaricia, de esto y de aquello, te estarás escapando de las huellas del toro, y entonces te resultará imposible descubrir quién eres.

Estas dos cosas: que el hombre está más interesado en ficciones...¿Has visto a las gentes en el cine, viendo una película, lo diferentes que son?  Lloran si algo sucede en la pantalla, fluyen lágrimas de sus ojos.  En la vida real no los encuentras tan bondadosos, tan compasivos.  En la vida real puede que sean muy duros.  Pero viendo una película –y no hay nada en la pantalla; sólo luz y sombra, un juego, un sueño- lloran y gimen y se ríen, y se emocionan.  En vez de mirar la película, resultará más valioso mirar a los espectadores.  ¿Qué les está pasando a esas gentes?

El hombre parece estar más interesado en lo ilusorio que en la realidad.  Y si intentas despertar a alguno de su mundo ilusorio, se enfada; nunca te perdonará.  Se vengará, le has perturbado.  Estas ficciones de la mente y la constante voluntad de escapar son los dos problemas que hay que confrontar.

He oído que:

Una madre quería pasar el sábado por la tarde de compras por el centro, y el padre, de profesión estadístico, aceptó de mala gana sacrificar su partida de golf y quedarse con los niños.  Cuando volvió, el padre le entregó el siguiente informe sobre la tarde:

“Secar lágrimas, nueve veces.  Atar zapatos, trece veces.  Comprar globos, tres veces por niño.  Duración media del globo, trece segundos.  Decir a los niños que tengan cuidado y no crucen la calle, veintiún veces.  Número de sábados que volveré a hacer esto, cero”.

 

Un estadístico es un estadístico.  La mente es muy matemática; por eso la mente se ha vuelto tan poderosa.  Por eso resulta tan difícil salirse de la mente.  Has invertido tanto en ella: toda tu eficacia, todo tu calibre, toda tu carrera, todo depende de la mente.  Y en la meditación tienes que salirte de ella.  De ahí que muchas veces decidas salirte, pero en lo profundo de ti sigues aferrándote.

La mente recompensa de muchas formas.  Especialmente en el mundo, si existes en un estado de no mente, no podrás competir, no podrás luchar violentamente; no puedes tomar parte en la implacable competición por salir adelante que tiene lugar continuamente.  En esta multitud de locos, no podrás participar.  Irás por la calle a un lado; encontrarás un camino propio.

Por supuesto, te harás rico, tremendamente rico, pero la sociedad no lo contará como riqueza.  Serás bello, tremendamente bello, pero tu belleza será incomprensible para las mentes mediocres de que consta la sociedad.  Serás muy, muy feliz, dichoso, silencioso, pero la gente creerá que te has vuelto loco, porque a ellos la desdicha les parece el estado normal de la mente humana.  Ser desdichado les parece bien, pero ser dichoso les parece un tipo de locura.  ¿Quién ha oído alguna vez de un hombre que sea feliz sin estar loco?  No sucede nunca.

Así que, si realmente estás buscando al toro, tendrás que tomar el riesgo de salirte de la masa.  Y sólo puedes salir de la masa si sales de la mente, porque la masa ha creado tu mente.

La mente es la masa interna.  La masa ha creado un mecanismo dentro de ti; desde ahí se te controla.  La sociedad cree en ciertas cosas; la sociedad ha inculcado esas creencias en ti.  En lo profundo de ti, cuando apenas te dabas cuenta, te hipnotizó para seguir un cierto papel.  Si haces algo en contra de ese papel, la conciencia inmediatamente te dirá que no.  Esa conciencia no es realmente consciencia; es un sustituto, un truco social, política.  La sociedad ha creado ciertas reglas en tu mente, y si vas contra ellas, la voz de la sociedad surge inmediatamente en tu interior: No lo hagas.  Está mal.  Es pecado.  La sociedad te fuerza desde dentro para que te sientas culpable.

Si quieres salirte de lo que llaman conciencia, y lograr una consciencia  real y auténtica, necesitas hacer un gran esfuerzo.  Y todo el esfuerzo va a ser éste: llevar la consciencia desde la mente a la no-mente, de la conciencia a la conciencia.

La conciencia te la da la sociedad; la consciencia surge en ti.  La conciencia es prestada, rancia, podrida; la conciencia viene del pasado, que ya no existe, la vida ha cambiado completamente.  La consciencia viene de ti.  La consciencia  siempre es del presente, siempre es fresca.  La consciencia te hará más íntegro, la consciencia  es integridad.

La palabra “integridad” es una palabra latina; proviene de dos raíces, in y tangere.  Tangere significa puro, entero, incorrupto, virgen.  Un hombre íntegro está entero; no es múltiple, es uno.  Un hombre íntegro es puro, sin corromper por el pasado, virgen.  Y de esa virginidad surge la fragancia que llamamos religión.

Moralidad no es lo mismo que religión.  La moralidad es un truco social.

La religión es un descubrimiento individual, tienes que descubrir la religión.

La moralidad puede ser dada; la religión, nunca.

Ahora, los sutras:

 

El tercer sutra.  Percibiendo al toro.

 

Oigo la canción del ruiseñor.

El sol es cálido, el viento es suave, los sauces son

verdes junto a la orilla.

¡Aquí no puede esconderse ningún toro!

¿Qué artista puede dibujar esa cabeza imponente,

esos cuernos majestuosos?

 

El cuarto sutra.  Capturando al toro.

 

Lo agarro con una lucha tremenda.

Su gran voluntad y poder son inagotables.

Embiste hacia la alta meseta muy por encima

de la niebla de las nubes,

o se para en un barranco impenetrable.

 

El tercer sutra es sobre la sensibilidad.

 

Oigo la canción del ruiseñor.

El sol es cálido, el viento es suave, los sauces son

verdes junto a la orilla.

 

Cuando te haces sensible, sensible a todo lo que está sucediendo a tu alrededor –LA CANCIÓN DEL RUISEÑOR-, cuando te vuelves sensible a todo lo que está sucediendo a tu alrededor, y te rodea, entonces EL SOL ES CÁLIDO, EL VIENTO ES SUAVE, LOS SAUCES SON VERDES JUNTO A LA ORILLA.

La búsqueda religiosa es diferente de la investigación científica.  En la investigación científica tienes que concentrarte, tanto que te olvidas del mundo.  Se han dado casos: un científico estaba trabajando en su laboratorio y la casa comenzó a arder, pero él no se dio cuenta.  Tuvieron que sacarlo de la casa.  Estaba tan concentrado... la consciencia se hace tan estrecha que se excluye, se ignora todo lo demás: sólo un objeto, como una diana.

En India tenemos un gran poema épico, el Mahabarata.  El Bhagavad Gita es tan sólo una parte de él.  Los Pandavas y los Kauravas, los primos hermanos, están siendo instruidos por un maestro de arco, Dronacharya.  Un día, pone la diana en un árbol, y pregunta a todos sus discípulos qué están viendo.  Uno dice:

-Veo el árbol y el cielo y el sol saliendo.

Otro dice:

-Veo el árbol, las ramas, los pájaros que hay en el árbol. –Y continúa hablando así.

Y entonces llega a su discípulo principal, Arjuna, y le pregunta:

-¿Qué ves tú?

Arjuna dice:

No veo nada, sólo la diana.

Y Dronacharya dice:

-Sólo tú puedes ser un gran arquero.

La concentración es un estrechamiento de la conciencia.  Una mente concentrada se vuelve muy, muy insensible a todo lo demás.

Esto es la meditación: volverse sensible a todo lo que está sucediendo, sin elegir nada, simplemente consciencia sin elección.

 

Oigo la canción del ruiseñor.

El sol es cálido, el viento es suave, los sauces son

verdes junto a la orilla.

¡Aquí no puede esconderse ningún toro!

 

 

Con tal sensibilidad, ¿cómo se va a esconder el toro?  El toro puede esconderse si estás concentrado en una dirección; entonces hay muchas direcciones en las que el toro puede esconderse.  Pero cuando no estás concentrado en ninguna dirección, simplemente abierto a todas las direcciones, ¿cómo se va a esconder el toro?  ¡Un sutra muy hermoso!  Ahora no hay ninguna posibilidad, porque no hay ni una sola esquina que quede fuera de tu consciencia.  No hay ningún escondite.

Mediante la concentración puedes eludir cosas.  Te vuelves alerta de una cosa a costa de otras mil y una cosas.  En la meditación, simplemente eres consciente sin ninguna exclusión.  No pones nada de lado.  Simplemente, está disponible.  Si canta el ruiseñor, estás disponible.  Si se siente el sol, toca tu cuerpo y sientes la calidez, estás disponible.  Si pasa el viento, lo sientes, está disponible.  Un niño llora, un perro ladra; simplemente eres consciente.  No tienes un objeto.

La concentración está dirigida a un objeto.  La meditación no tiene objeto.  Y en esta consciencia sin elección, la mente desaparece, porque la mente sólo puede permanecer si la consciencia es estrecha.  Si la consciencia  es amplia, completamente abierta, la mente no puede existir.  La mente sólo puede existir con la elección.

Dices: Este canto del ruiseñor es bello.  En ese momento se excluye todo lo demás, ha entrado la mente.

Permitidme decirlo de esta forma: La mente es un estado de estrechamiento de la conciencia, la consciencia fluyendo a través de un paso muy estrecho, a través de un túnel.

La meditación es estar en el cielo abierto, disponible para todo.

 

¡Aquí no puede esconderse ningún toro!

¿Qué artista puede dibujar esa cabeza imponente,

esos cuernos majestuosos?

 

¡Y de pronto ves el toro!  Con gran sensibilidad, de pronto tomas conciencia de tu energía, pura energía, puro deleite.

 

¿Qué artista puede dibujar esa cabeza imponente,

esos cuernos majestuosos?

 

No, ningún artista puede dibujarlo.  Es el toro real, no es una imagen.

El comentario en prosa:

Cuando uno oye la voz, uno puede sentir su origen.

En cuanto se funden los seis sentidos, se entra por la

puerta.

 

Esto es la sensibilidad, todos tus sentidos se funden en una única sensibilidad. No es que tú seas ojos y nariz y oídos, no, eres ojosnarizoídos todo junto.  No hay grietas.  Ves y oyes y tocas y hueles y saboreas, todo al mismo tiempo, simultáneamente.  No eliges un sentido en particular.

Normalmente, todos elegimos.  Algunas personas tienden a privilegiar los ojos: sólo ven, no pueden oír tan bien, son ciegos al sonido.  Si está sonando alguna música magnífica, simplemente se sienten inquietos: ¿Qué es lo que hay que escuchar?  Si hay algo que ver, están listos.  Puede que disfruten de un baile, pero no disfrutarán cantando.

Hay personas que tienden a privilegiar el oído.  Pueden disfrutar del sonido y cantar, pero sus ojos están embotados.  Y lo mismo con los demás sentidos.  Cada persona ha dedicado su energía a un sentido, y ese se ha vuelto el factor dominante, el factor dictatorial.  Sobre todo, los ojos se han vuelto muy importantes, y el ochenta por ciento de tu energía se dedica a los ojos.  Los demás sentidos sufren enormemente porque sólo queda el veinte por ciento para ellos.  El ojo se ha vuelto un Adolf Hitler.  Se ha perdido la democracia de tus sentidos.

Por eso, cuando ves a un cielo sientes más compasión que la que te inspira un sordo.  De hecho, tu compasión es más necesaria para el sordo, porque un sordo está completamente excluido de la sociedad.  Como la sociedad humana es básicamente lenguaje, toda la comunicación se ha cortado.  Un ciego no está tan excluido de la sociedad.  Un sordo está en una posición más difícil, pero nadie siente tanta compasión por él como por un ciego.  ¿Por qué?  Porque los ojos constituyen el ochenta por ciento de nuestra civilización.

Por eso, si alguien alcanza la verdad, lo consideramos un gran vidente.  ¿Por qué vidente?  La verdad se puede escuchar, la verdad se puede saborear, la verdad se puede oler.  ¿Por qué lo llamamos un gran vidente?  A causa de los ojos.  Privilegiamos los ojos.  Y es ese un estado muy desequilibrado.  Hay que dar completa libertad a cada sentido, y todos los sentidos deberían fundirse en una gran corriente de consciencia, de sensibilidad.

Un verdadero hombre de entendimiento vive a través  de todos los sentidos; su contacto es total.  Si un verdadero hombre de entendimiento te toca, inmediatamente sentirás algo que se ha despertado en tu interior; su energía ha tocado tu energía durmiente.  Algo surge en ti.

Si oyes la voz de un hombre de entendimiento, su contenido es significativo, pero incluso su voz es significativa.  Algo te toca el corazón, algo te calma.  Su voz te rodea como una cálida manta, su voz tiene calidez, no es fría.  Tiene una cualidad cantarina, cierta poesía.

El sutra dice:

 

Cuando uno oye la voz, uno puede sentir su origen.

En cuanto se funden los seis sentidos, se entra por la

puerta.

 

En esto, el zen es magnífico.  Ninguna otra religión, ninguna otra tendencia, ha tocado tan profundamente el camino adecuado.  Los sentidos deberían permanecer vivos, no sólo eso: tus sentidos deberían entrar en profundo ritmo y armonía internos, deberían convertirse en una orquesta.  Sólo entonces se puede conocer la verdad, sólo entonces puedes agarrar al toro.

 

¡Dondequiera que uno entre, ve la cabeza del toro!

 

Y entonces, cuando tus sentidos están totalmente vivos y fundiéndose entre sí, y te has vuelto una balsa de energía ¡DONDEQUIERA QUE UNO ENRE, VE LA CABEZA DEL TORO!

Esta UNIDAD ES COMO SAL EN EL AGUA...

 

Tu consciencia va por todos tus sentidos como sal en el agua.

 

... como el color en el tinte.  La cosa más ligera no

está separada del ser.

 

Y de esta totalidad de la sensibilidad surge el ser, el atman, tu ser auténtico.  Crea un ritmo, crea una armonía, crea una orquesta con tu ser.  Entonces el toro no se puede esconder en ninguna parte.

 

Lo agarro con una lucha tremenda.

 

Va a haber lucha, porque la mente no va a perder su poder fácilmente.  La mente ha sido un dictador durante tanto tiempo; ahora quieres que el dictador baje del trono, es imposible.  La mente se ha acostumbrado a mandarte y a dominarte.  Te presentará una lucha.  Continuará siguiéndote, continuará encontrando los momentos débiles en los que te puede dominar de nuevo.

He oído una anécdota muy bella:

 

La familia estaba reunida para la cena.  El hijo mayor anunció que se iba a casar con la chica de la casa de al lado.

-Pero si su familia no le dejó nada –objetó el padre.

Y se gasta todo el sueldo –añadió la madre.

-¿Y qué sabe de fútbol? –preguntó el hermano pequeño.

-¿Has visto alguna vez una chica con tantas pecas? –inquirió la hermana.

-Lo único que hace es leer libros –refunfuñó el tío.

-Y no se viste con lo que yo llamaría buen gusto –soltó la tía.

-Y nunca olvida pintarse y empolvarse –intervino la abuela.

-Sí –dijo el hijo-, pero tiene una gran ventaja con respecto a todos nosotros.

-¿Cuál? –sonó el coro de voces.

-¡No tiene familia! –replicó el hijo.

 

La familia siempre se resiste.  Ahora el hijo se va a casar; eso significa que otra mujer, una extraña, se va a convertir en la persona más importante de su vida.  La familia se siente conmocionada.  Normalmente, ninguna familia corriente acepta semejante situación, lucha.

En India, el amor no se permite.  El matrimonio tiene que ser concertado por la familia.  El padre tiene que pensar en ello, el tío tiene que pensar, los hermanos, la madre; todos excepto la persona a la que realmente le concierne, la que se va a casar.  A él no se le pregunta, como si no tuviera que ver con ello.  Va a vivir con esa mujer con la que lo están casando, pero ni siquiera le preguntan.  De esa forma, la familia no se siente amenazada; es su propia elección.

Pero si llega un hijo y dice: “Me he enamorado”, toda la familia se siente antagonista.  El antagonismo se debe a que ahora una extraña va a ser muy, muy importante.  La madre nunca se sentirá a gusto con la nuera.  Va a haber riñas y luchas continuas, porque hasta ahora la madre era la soberana, y ahora de pronto la destituyen.  Ahora, otra mujer, una extraña, que no ha hecho nada por este chico, se ha vuelto la soberana.  Surge un conflicto.

Lo mismo sucede con la búsqueda interna: tu mente es tu familia interna.  Siempre quieres hacer algo nuevo, siempre que quieres entrar en lo desconocido, la mente se resiste, la mente dice: No, eso no está bien.  La mente encontrará mil y una racionalizaciones, y va a presentar una dura lucha.  Eso es natural, así que no te preocupes por ello, tiene que ser así.  Pero si persistes, llegarás a ser el que manda.  Sólo se necesita perseverancia, persistencia.

 

Lo agarro con una lucha tremenda.

 

Pero una vez que has visto al toro, la energía de tu ser, puedes agarrarlo.  Por supuesto, va a ser una lucha, porque la mente ha estado en el poder durante tanto tiempo:

 

Su gran voluntad y poder son inagotables.

Embiste hacia la alta meseta muy por encima de la

niebla de las nubes,

o se para en un barranco impenetrable.

 

Y esta energía, este toro, es inagotable.  A veces está en la cima de una montaña, en una experiencia culminante.  A veces, en un valle, en un profundo barranco.

Una vez que te has vuelto sensible al mundo que te rodea, tu sensibilidad puede dirigirse hacia dentro, hacia tu hogar interno.  Es la misma sensibilidad con la que oyes cantar a un ruiseñor, con la que sientes la calidez del sol, con la que hueles la fragancia de una flor.  Es la misma sensibilidad, que ahora ha sido dirigida hacia dentro.  Con la misma sensibilidad vas a saborearte, a olerte, a verte, a tocarte.

Utiliza el mundo como un entrenamiento para la sensibilidad.  Recuerda siempre: si te vuelves más y más sensible, todo va a ir absolutamente bien.  No te embotes.  Deja que todos tus sentidos se agudicen, que tu tono sea intenso, vivo, lleno de energía.  Y no tenga miedo a la vida.  Si tienes miedo a la vida, te vuelves insensible para que nadie pueda herirte.

Muchas personas vienen a mí y me dicen que les gustaría enamorarse de alguien, pero no pueden porque tienen miedo de ser rechazadas.  Si alguien se les aproxima, se cierran llenos de miedo: Quién sabe, puede que la otra persona cree problemas.  Quién sabe, puede que surja algún problema con la otra persona.  Es mejor estar triste y solo que ser feliz con alguien, porque esa felicidad puede traer peligros.

Permitidme contaros una historia:

 

Harto de estar prometido, decidió romper el compromiso de una manera diplomática.

-Cariño –dijo un día-, nunca estuvimos destinados a ser cónyuges.  Nuestros temperamentos son demasiado diferentes.  Sólo estaríamos riñendo y luchando.

-Amor mío –dijo ella-, estás equivocado.  Nos amamos como dos tórtolos.

-De verdad, cariño, nunca estaremos de acuerdo, y siempre habrá fricción entre nosotros.

-No, será como Romero y Julieta.  Yo seré una esposa perfecta y nunca discutiremos.

-Cariño, te digo que nunca va a haber más que disputas entre nosotros.

-Pero, corazón, te digo que...

-¿Lo ves? –gritó él-, ¿qué te decía? ¡Ya estamos peleándonos!

 

La gente tiene miedo.  Si comienzan una relación, puede que los rechacen.  Si comienzan una relación, puede que no den la talla.  Si comienzan una relación, surgirá su realidad y caerán las máscaras.  Tienen miedo porque la otra persona puede irse algún día, así que es mejor no relacionarse; si no, dolerá mucho.  Así, se vuelven insensibles.  Van por la vida con los ojos vendados, y luego preguntan: ¿Dónde está Dios?    Dios está en todas partes.  Necesitas ser sensible, y entonces puedes ver al toro por todas partes.

Detrás de cada árbol, y detrás de cada piedra, se esconde el toro.  Toca con amor, e incluso la piedra responde, y puedes sentir al toro ahí.  Mira amorosamente las estrellas y las estrellas responden; el toro se esconde ahí.

El toro es la energía de la totalidad.  Tú formas parte de ella.  Si estás vivo y eres sensible, puedes sentir la totalidad.

El comentario en prosa:

 

Vivió mucho tiempo en el bosque, pero ¡hoy lo cap-

turé!  El deseo de paisaje interfiere con su sentido de la

dirección.   Anhelando hierba más dulce, se aleja.  Su

mente aún es obsesionada y desenfrenada.  Si deseo que se

someta, debo elevar mi látigo.

 

Existe una dificultad con la palabra látigo.  Normalmente, viene a la mente una asociación, como si tuvieras que ser muy violento, como si tuvieras que tomar el látigo en tus manos.  Pero en el budismo el látigo no es un símbolo represivo, violento.  El látigo es simplemente consciencia.

Por ejemplo: si alguien llega de pronto con una espada para matarte, ¿qué sucede?  En ese momento, la mente se para.  La espada brilla ante tus ojos, y la mente se para.  El momento es tan peligroso que no te puedes permitir el lujo de pensar.  De pronto hay una abertura: la mente ya no está ahí, y surge la no-mente.

En las situaciones peligrosas, la meditación sucede, espontáneamente, por un solo momento.  Volverás de nuevo, pero sucede de pronto.  Estás conduciendo un coche y va a haber un accidente; y un momento, justo un momento antes, tomas conciencia de que ahora va a haber un accidente, tus frenos no funcionan, o el coche está resbalando.  En ese momento se detienen todos los pensamientos.  De pronto, estás en un estado de meditación, despierto, alerta.  Ese es el significado del látigo.

En los monasterios zen, los discípulos meditan y el maestro va andando con una vara, su bastón.  Y cada vez que ve a alguien abandonándose, durmiéndose, le golpea con fuerza en la cabeza.  Una sacudida repentina...  La energía se pone alerta, una vislumbre momentánea.  A veces el satori ha sucedido de esa forma.  El maestro golpea con fuerza; te estabas quedando casi dormido... trata de entenderlo.  Cuando te estás quedando dormido, estás en el umbral.  En ese umbral se abren dos puertas: una puerta va al sueño, la otra va al samadhi.  Ese momento es muy significativo.  Normalmente te dormirás, tu viejo hábito.  Pero estás en el umbral, y si en ese momento se puede hacer que te vuelvas alerta y consciente, puede que tu vida vislumbre el satori el samadhi.

Patanjali, en Los sutras de yoga, también dice que dormir profundamente es como el samadhi, con sólo una diferencia: la consciencia no está allí.  En el samadhi estás tan profundamente dormido como cuando duermes, pero estás alerta.  Todo el mecanismo está dormido; el cuerpo, la mente, ambos están dormidos.  Pero tú estás alerta.  Así que a veces ha sucedido que un hombre fue golpeado en la cabeza por el maestro y se iluminó.  Este es el látigo del zen.

 

Si deseo que se someta, debo elevar mi látigo.

 

La lucha va a ser difícil.  Uno debería ser consciente de ello desde el mismo comienzo, para no descorazonarse durante el viaje.  Va a ser difícil.  La mente tiene una actitud muy negativa con respecto a tu búsqueda interna; está en contra.  Y es mucho más fácil estar en contra de algo que a favor.  Es mucho más fácil decir no que decir sí, la mente siempre dice no.

Me han contado algo acerca de un jurista.  Clarence Darrow.  Era un abogado criminalista muy notorio, famoso en todo el mundo.

Se había encontrado en la parte negativa de la discusiones desde que era joven.  Y ahora iba a debatir con otro abogado.

-¿Estás familiarizado con el tema? –se le preguntó a Darrow.

-No –admitió Darrow.

-Entonces, ¿cómo vas a entrar en el debate?

-Es muy fácil –dijo Darrow-.  Tomaré el lado negativo. Puedo argumentar en contra de cualquier cosa.

 

Es muy, muy fácil argumentar contra cualquier cosa.  Decir que no le resulta muy fácil a la mente.  Una vez que dices “sí”, las cosas se dificultan. “No” simplemente corta todo el asunto; no hay necesidad de continuar.  Por ejemplo, si os digo: Mirad, estos árboles son hermosos, y si decís que sí, y os pregunto por qué -¿Por qué pensáis que son bellos? –va a ser muy difícil probarlo.  Durante miles de años, los filósofos han estado pensando qué es la belleza y aún nadie ha podido definirla.  Así que si pregunto por qué, estaréis en dificultades.  Pero si hubierais dicho que no, entonces no habría problemas, porque ahora el problema se me presentará a mí, para probar que son bellos.  Vosotros simplemente decís que no.

“No” es muy económico.  “Si” es peligroso.  Pero recuerda que cada vez que dices “no” te vuelves menos vital.  Un hombre que va diciendo “no”, “no”, “no”, se vuelve más y más insensible. “No” es un veneno, estate alerta.  Trata de decir “sí” más a menudo, incluso si resulta difícil, porque con el “sí” la mente perderá su control sobre ti.  Con el “no”, el control será cada vez más fuerte.

Y la mente te va a seguir hasta el mismísimo final.  Sólo al final mismo, justo un paso ante el templo de Dios, te deja la mente, nunca antes.  Va siguiéndote.

Un hombre de negocios se había muerto y había ido al infierno.  Apenas había tenido tiempo para acomodarse cuando una mano robusta le golpeó en la espalda.  En su oído retumbó la fuerte voz de un representante muy persistente que le había acosado mientras estaba en la Tierra.

-Bueno –se rió el representante-, he venido a la cita.

-¿Qué cita?

-¿No se acuerda? –preguntó el representante-.  Cada vez que lo llamaba a su oficina en la tierra, ¡usted me decía que me vería aquí!

 

Ahora están en el infierno... La mente te seguirá persistentemente hasta el mismísimo final.  Sólo se va en el último momento.  Por eso la lucha es difícil, pero no imposible.  Difícil, pero posible.

Y una vez que has alcanzado algo de la no mente, vez que cualquier cosa que has hecho no era nada comparada con lo que tienes.  Sentirás como si no hubieras hecho nada, así de preciosa es la experiencia interna de encontrar tu propia energía, tu energía vital.

Lo último: el toro siempre está esperándote.  Ese toro no está fuera de ti.  El toro es tu centro más profundo.  Entre el toro y tú hay el gran muro de la mente, de los pensamientos.  Los pensamientos son los ladrillos, ladrillos transparentes hechos de cristal. De forma que puedes ver a través de ellos y puede que ni siquiera te des cuenta de que hay un muro entre tú y la realidad.

He oído que un pez preguntó un día a la reina de los peces en un océano:

-He oído tantas cosas acerca del océano, hablan tanto del océano, pero ¿dónde está ese océano?

Y la reina de los peces se rió y dijo:

-Has nacido en ese océano, vives en ese océano.  Ahora mismo estás en él y él en ti.  Y un día desaparecerás de nuevo en el océano.

Pero la pregunta resulta relevante, porque ¿cómo puede saberlo el pez?, porque el océano siempre ha estado ahí, sin faltar ni un solo momento.  Ha estado ahí tan obviamente, tan naturalmente, y tan transparentemente.  Una cosa es cierta: que el pez, la mente de un pez, va a ser lo último que sepa algo sobre el océano.  Está tan cerca y, por tanto, tan lejos.  Tan obvio y, por tanto, tan oculto.  Tan disponible y, por tanto, uno no es consciente de ello.

El hombre también vive en un océano de energía, la misma energía dentro, la misma energía fuera.  Has nacido de ella, vives de ella, te disolverás en ella. Y si te la sigues perdiendo, no es porque esté muy lejos, te la estás perdiendo porque está muy cerca.  Te la estás perdiendo porque nunca la has perdido.  Siempre ha estado ahí.  Simplemente, hazte más sensible.

Escucha a los ruiseñores con más atención.  Escucha a los árboles, la música que te rodea.  Escúchalo todo, míralo todo, tócalo todo con tal intensidad y tanta sensibilidad que cuando mires algo te conviertas en los ojos, cuando oigas algo te conviertas en los oídos, cuando toques algo te conviertas en el tacto.  Y no estás estancado en ningún sentido, todos los sentidos se funden en uno.  Todos los sentidos se vuelven una única sensibilidad... y de pronto descubres que siempre has estado en Dios, que siempre has estado con Dios.

Para mí, la práctica entera consiste en cómo volverse más y más sensible.  Otras religiones te han dicho que te vuelvas insensible, que mates y destruyas tu sensibilidad.  Yo te digo que hagas la vida lo más intensa posible, porque, finalmente, Dios no está separado de la vida.  Estar vivo a la vida es estar vivo a Dios.  Y esa es la única oración; toda las demás oraciones son caseras, hechas por el hombre.  La sensibilidad es la única oración dada por Dios.

Estate alerta, consciente.  Oye el canto del ruiseñor.  Deja que el sol te toque y siente su calidez.  Deja que la brisa no sólo pase junto a ti, sino a través de ti, para que vaya limpiando tu corazón.  ¡Mira!  LOS SAUCES SON VERDES JUNTO A LA ORILLA.  ¡AQUÍ NO PUEDE ESCONDERSE NINGÚN TORO!  Es imposible que Dios se esconda.  Dios no está escondido, pero tú vives con los ojos vendados.  ¡No eres ciego!  ¡Dios no se esconde!  Es sólo que hay vendas sobre tus ojos... Esas vendas están hechas de pensamientos, deseos, imaginaciones, sueños, ficciones, todo ficciones.

Si puedes abandonar las ficciones, si puedes renunciar a las ficciones, de pronto estás en la realidad.  Así que no os pido que renunciéis al mundo, os pido que renunciéis a los sueños, eso es todo.  Renuncia sólo a lo que no tienes.  Renuncia sólo a lo que no está realmente en tus manos; lo que simplemente imaginas que está ahí.  Renuncia a tus sueños y la realidad está disponible.

La lucha va ser un poco dura porque a la mente no se la convence fácilmente, porque va a ser la muerte de la mente.  Así que es natural que la mente se resista.  La muerte de la mente es tu vida.  Y la vida de la mente es tu muerte.  Si escoges la mente, te suicidas por lo que respecta a tu ser interno.  Si escoges tu ser, tendrás que dejar la mente.

Eso es la meditación.

Suficiente por hoy.

 



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